La Barrera de Occidente



por Tiberio Yosif Klein

Los turcos musulmanes penetraron en Europa durante la edad media; avanzaron a través de los Balcanes, y siguiendo el río Danubio conquistaron Hungría, llegando a Viena en 1529, el último bastión cristiano, que pudo contener las arremetidas constantes de los invasores. En el año 1683, bajo el mando del visir Mustafá Pachá, los turcos cavaron trincheras bajo las murallas para penetrarlas. Trabajaban de noche para no ser escuchados, pero no contaban con que los panaderos trabajaban a esas horas y escucharon como excavaban. Dieron aviso a los soldados y así pudieron ser repelidos sin lograr conquistar nunca la ciudad. Finalmente la caballería del rey polaco Ian Sobiesky III les expulsó definitivamente. Los panaderos fueron premiados, e inventaron los pastelitos llamados media luna para burlarse de los turcos. La austríaca María Antonieta los llevó a Francia al casarse con Luís XVI, donde fueron adoptados como los conocidos croissants (“crecientes”, por la media luna).

Ya no hay caballerías ni soldados que excaven bajo murallas, pero sí cohetes de largo alcance y bombas nucleares. No se trata de los musulmanes intentando sitiar a Viena, pero sí de un país, Irán, tratando de derribar la última resistencia ante la arremetida que está preparando contra Israel, y por extensión, contra los países occidentales. No ha hecho un secreto de eso, lo dice abiertamente: su sueño es aniquilar a Israel y a los judíos del mundo. Esto último no lo ha expresado literalmente, pero si se toma en cuenta que fue el gobierno iraní el que estuvo tras los atentados sangrientos contra la mutual israelita Amia y la embajada de Israel en Buenos Aires, Argentina, se puede entender sin dificultad que su intención es esa. Más aún si ha nombrado como ministro al infame que organizó los atentados, y que es requerido por Interpol para que de cuenta de su crimen.

Irán tiene a su favor sólo el hecho de ser el tercer productor más importante de petróleo. Esto le ha dado el apoyo de ciertos países que dependen de su producción para funcionar. China, que es uno de ellos, aumentó la importación del crudo iraní el 2011 en un 30% respecto al año 2010, lo que significó alcanzar los 27,76 millones de toneladas, una media de ¡557.000 barriles diarios! Esto hace que China no acepte por ningún motivo que toquen a Irán, ya que eso significaría una merma en su abastecimiento de combustible, imprescindible para su economía.

Por otra parte Rusia, que no depende de igual manera que China del petróleo iraní, tampoco aprueba medidas extremas contra Irán, porque al ser su vecino teme que un ataque bélico desencadene un conflicto regional que pudiera afectarle. Se debe recordar que aún hay muchas etnias subyugadas a los rusos, resabios de la Unión Soviética, y podrían aprovechar la coyuntura para intentar zafarse de estos. El caso de Japón, que también es fuerte importador del petróleo iraní, es diferente, ya que está alineado con occidente en el juego de la política internacional.

No pocos políticos occidentales dicen abiertamente que si Israel cayera, occidente sería el paso siguiente en el dominó que Irán pretende hacer moverse. A pesar de que Israel es un país de encrucijadas culturales, ya que si bien predomina lo occidental en cuanto al desarrollo, estudios e investigación, no está ajeno a lo oriental; esto gracias a la gran cantidad de judíos descendientes de inmigrantes de países árabes, y también por el alto porcentaje de ciudadanos árabes, tanto musulmanes como cristianos.

Esto no parece ser descabellado, si se considera que la poéticamente llamada “primavera árabe” no parece haber llegado a ninguna parte, por lo menos no va encaminada a una democracia occidental. Por el contrario, las organizaciones musulmanas fundamentalistas, muchas de ellas disfrazadas de grupos políticos, han ganado elecciones dondequiera se hayan llevado a cabo, es de esperar que honestamente. De manera que la mayoría de las poblaciones de los países donde las revueltas botaron a sus gobiernos dictatoriales quiere leyes islámicas, lo que no tiene nada que ver con el concepto de democracia que se conoce.

Lo que sucede es que ese concepto de “democracia” es algo que se ha dado en la cultura occidental después de miles de años. Nació en la Grecia antigua como el gobierno de los ciudadanos. Porque los esclavos, base de la economía griega de la antigüedad, no estaban incluidos en este tipo de gobierno. Al igual que cuando se ganó la revolución estadounidense contra Gran Bretaña en 1776, y se declaró que todos los hombres nacen libres, etcétera, eso no incluyó a sus esclavos, que debieron esperar a la guerra civil casi cien años después para ser liberados; y a la época de Martin Luther King y Kennedy para ganar esta libertad definitivamente en los años sesenta del siglo veinte.

Los países árabes tienen altos porcentajes de población muy joven, altos niveles de analfabetismo, poca producción de calidad y diversificada, lo que hace que también sean altos sus niveles de desocupación, o al menos que los trabajos sean mal remunerados. Sus países fueron inventados casi todos por los colonialistas como Gran Bretaña o Francia, lo que hace que no tengan historias comunes. Vienen de una tradición de patriarcado familiar que se convertía en clanes, de manera que no entienden generalmente otro concepto que no sea el del jefe del clan, y por extensión el del país. Este puede y debe ser el que manda y gana más que todo el resto, de otro modo no sería jefe ni respetado. Lo que hace difícil que los países árabes de la región tengan regímenes que no sean dirigidos por líderes fuertes, por no decir dictatoriales. Y esto es extensivo a los países musulmanes, con honrosas excepciones en el lejano oriente, e incluso Turquía; a pesar que su actual gobernante añora ser como sus correligionarios de otros países, lo que es frenado por los militares laicos. El caso de Irán, que no es árabe, pero sí musulmán, es la demostración de cómo los fundamentalistas se aprovechan de las revueltas para obtener las ganancias de los pescadores. Cuando las protestas populares lograron derrocar al Sha Reza Palevi, los fundamentalistas no tardaron un segundo en hacerse del poder.

Israel es el bastión de occidente, o más bien el colchón de este. No es difícil recordar como hace pocas décadas se criticaba el proceder de las respuestas israelíes ante los atentados terroristas que ha sufrido desde antes de la refundación del país judío. Eso era fácil ya que no sabían lo que era tener atentados, ni les interesaba que eso sucediera en Israel. Pero la situación ha cambiado, ahora los países occidentales han recibido la misma medicina extremista musulmana que tantas muertes han ocasionado en Israel, y tienen miedo, están preocupados. Se han dado cuenta de que el país judío es el que detiene de alguna manera la acción del terrorismo musulmán. A pesar de que Europa está siendo invadida por musulmanes de la misma manera que Roma fue siendo poblada por los distintos pueblos bárbaros, hasta que sucumbió. Y también a pesar de que la tecnología de los armamentos hace que las distancias se hagan pequeñas.

Pero tal como es importante que los líderes se reúnan para hablar cara a cara, no se saca nada en la guerra moderna con lanzar cohetes si no llegan después soldados que consoliden el terreno. Así es como Israel se ha convertido en la piedra que detiene el avance que podría dar el golpe final a occidente. Sordamente tiene el apoyo de muchos países occidentales, e incluso se podría sospechar que también el de algunos de la región que temen el predominio shiita de los iraníes.

Desgraciadamente, a pesar de que todos empujan a Israel desde sus espaldas, los que deben sufrir las pérdidas de vidas son los ciudadanos israelíes, y en eso no colaboran los que les apoyan agazapados temerosamente en sus reductos. Pero esta claro que es el país que pone la cara y su gente para protegerse a si mismo, pero también a los otros, aunque no sea lo que le interesa.

Todos temen que si Israel atacara a Irán se armaría una conflagración que incluiría a muchos países que no tienen interés en participar. Pero la contención que se hace para que no actúe acerca cada vez más la posibilidad de que la locura iraní de usar sus bombas atómicas contra Israel sea una realidad. Si o si, Israel deberá hacer algo, eso será en defensa de su existencia. Seguramente lo haría con el apoyo de los occidentales, y no pocos regímenes sunitas silenciosamente. Es de esperar que no produzca efectos en la población israelí.


 

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