Rabino Baruj Plavnick presenta el libro
"Marshall Meyer, el Rabino que le vio la cara al
diablo"

Quiero agradecer a la Comunidad Bet
El la invitación a esta presentación y especialmente a su Rabino y
mi amigo el Rabino Daniel Goldman. También quiero felicitar a Diego
Rosemberg y a la editorial por la iniciativa, es un libro muy
importante y muy necesario, porque revive la memoria de una figura
central para el judaísmo latinoamericano de la Segunda mitad del
siglo 20. Gracias Diego por escribir la biografía de Marshall Meyer,
me alegro que la primera biografía de Marshall en castellano se haya
escrito por alguien que no lo conoció y sea publicada fuera de las
instituciones que él fundó.
Uno de los problemas que tenemos al hablar de Marshall T Meyer, es
que su memoria no se mitifique. En vida, Marshall con su carácter
poderoso, su carisma, su vehemencia y su inagotable energía se
imponía, deslumbraba y cautivaba, pero esas características eran sus
medios para realizar una tarea. En su presencia todos sus seguidores
nos alineábamos para avanzar en alguno de los sentidos que su
liderazgo imponía. Los que no formaban parte de sus seguidores y
circunstancialmente se cruzaban con él no escapaban al respeto y
admiración. Pero después de su partida de Argentina y más aún
después de su muerte, la figura de Marshall se transformó en un mito
cuya veneración reemplazó la acción consecuente.
Dado que Marshall no dejó libros escritos, su enfoque y método no
está plasmado en un documento, aunque su palabra era poderosísima,
su testamento no está escrito, sino actuado. Marshall T. Meyer fue
un gran actor de la historia y su legado solo puede desentrañarse
viendo sus actos, por eso este libro me parece un gran aporte para
ese fin.
La mitificación de Marshall ha hecho que casi 25 años después que se
fuera de la Argentina el Movimiento Conservador haya retrocedido
hasta situaciones impensadas. La mitificación de Marshall Meyer ha
permitido que en su nombre se avale superficialidad intelectual y
vulgaridad religiosa. Aludiendo a su ejemplo hace 25 años que no
pasa nada nuevo en el Movimiento Conservador, ni en el Seminario
Rabínico Latinoamericano. Aludiendo a su ejemplo el Seminario
Rabínico forma rabinos que son gerentes sinagogales y no líderes
espirituales. Aludiendo a su ejemplo hemos presenciado a un rabino
respaldar reclamos de represión.
La magnitud de la personalidad de Marshall, su coraje y
atrevimiento, la espectacularidad de algunos momentos de su vida ha
creado un halo sobre su memoria que cubre la cotidianeidad de un
aporte extraordinario a la condición humana y al judaísmo. Muchos
han intentado imitar sus actos y parecerse a él, pero solo en la
espectacularidad. Para Marshall Meyer, una cámara de televisión o un
micrófono era un medio no un fin; un escenario solo para proyectar
un mensaje. Que triste el mensajero que no tiene ningún mensaje
decía Abraham J Heschel, y Marshall Meyer aprendió la lección de su
maestro y fue un mensajero transportando un mensaje.
El libro cuenta que Marshall quería escribir un doctorado y Heschel
le dijo: “vos queres escribir sobre la historia judía o queres
hacerla?” – la vida de Marshall dará varios doctorados y libros;
pero todavía no se ha escrito como se merece acerca del mensaje que
Marshall portaba, esa es una deuda intelectual fabulosa que tenemos.
Entretanto quiero solo enunciar algunos conceptos que me parecen
integran ese mensaje:
ü La religión es relevante solo cuando se ocupa de los problemas
relevantes del hombre y de la sociedad. No se puede servir a Dios,
si no se sirve a la gente.
ü La belleza no es algo ajeno a la religión, no se trata de algo
cosmético, cultivar el buen gusto y expresarlo tiene que ver con
Dios mismo.
ü La inquietud intelectual y el progreso continuo del conocimiento
es también una condición sine qua non del hombre religioso moderno,
no hay fe donde hay ignorancia.
ü El simple, el humilde merece el mismo respeto que el sabio y el
poderoso.
ü Los rabinos modernos debemos combinar el compromiso ético de los
profetas con el profesionalismo, el conocimiento de las fuentes con
los estándares académicos más elevados y las capacidades
profesionales más estrictas.
ü Aunque aspiramos a la vida después de la muerte, lo que se llama
vida es ésta. Esta vida, la que tenemos antes de la muerte, no se
puede desperdiciar. Mejor es una vida llena de equivocaciones que
una vida superficial y mediocre.
ü Los niños y los jóvenes no son los pasivos receptores de la
educación, son maestros porque lo que más importa no son las
respuestas, sino las preguntas reales y los chicos y los jóvenes por
naturaleza preguntan. Quien apabulla a un niño con información y
conocimientos, está condenando a un ser adulto a la neurosis y la
mediocridad. Lo esencial no son las respuestas (que siempre son
transitorias y cambiantes) lo que importa es encontrar las preguntas
vitales.
El libro nos permite ver en perspectiva algunos datos reveladores,
por ejemplo destaca que cuando Marshall llegó a la Argentina había
solo alrededor de una docena de rabinos, ninguno nacido aquí y casi
no hablaban castellano; a pesar que casi nadie entendía el ritual,
este se cumplía en las pocas Sinagogas que había casi obsesivamente.
Hoy la Sinagoga es la principal institución judía de la Argentina,
ese resurgimiento (incluyendo el de las sinagogas ortodoxas) es obra
de Marshall. Marshall logró algo inaudito, logró que los hijos
atraigan a los padres a la Sinagoga.
La traducción del sidur al castellano fue una revolución, no porque
fuera traducción del idioma sino porque era la primera traducción de
la plegaria; el Sidur y el Majzor que tradujeron juntos Marshall
Meyer y Mordejai Edrei eran para “rezar” y no solo para leer. Cuando
regresábamos de los diferentes lugares donde nos mandaba a oficiar y
le contábamos nuestro éxitos, la cantidad de feligreses que
reunimos, la cantidad de Sidurim, Majshavot, y Majzorim que habíamos
conseguido vender, y las predicas que nos habían salido muy bien
porque mucha gente nos felicitó, Marshall preguntaba “¿y también
rezaste?”.
Marshall que era un maestro elocuente con la palabra, tenía una
capacidad extraordinaria de escuchar. Como consejero era
extraordinario, no por lo que decía sino por lo que te hacía decir,
permitiendo que hablaras, haciéndote hablar, escuchándote con real
interés como si cada uno fuera único en ese momento para él.
Algunas veces parecía ingenuo, él creía que la verdad y la justicia
eran auto-evidentes y si no se imponían era porque la gente estaba
distraída, o aún no habían madurado para comprender, el confiaba en
la gente por eso varias veces fue duramente golpeado. Repetía una
frase de Abraham Joshua Heschel: “La indiferencia al mal es peor que
el mal mismo”. El libro, en la pág. 70, cita a Herman Schiller
diciendo que Marshall sostenía la teoría de los dos demonios. No sé
si Herman dijo exactamente eso, pero yo quiero decir que es erróneo.
La teoría de los dos demonios fue la excusa con la que la
indiferencia y cierta complicidad intentaron justificar el silencio
frente a la desaparición, las torturas y los asesinatos. Marshall
Meyer condenó la violencia de las organizaciones de izquierda,
porque nada justifica tomar la vida de otra persona, ningún ideal
por más altruista puede sostenerse matando a sangre fría, pero nunca
una violencia justifica otra y menos emplear los instrumentos del
Estado para perseguir, torturar y eludir el debido proceso de la
ley.
El libro de Diego Rosemberg es un valiosísimo aporte a la visión
histórica de una etapa determinante del judaísmo argentino y
latinoamericano. Es una contribución extraordinaria al recuerdo
desmitificado que alumbra sobre como la sensibilidad espiritual, la
inteligencia y el coraje moral fueron reunidos en un hombre.
Quiera Dios ayudarnos a aprender el mensaje de la vida del Rabino
Marshall T. Meyer y continuarlo en los actos de nuestra vida.
