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El Papa defiende a Pío XII en su visita a la Sinagoga de Roma
El Papa acudió al Templo Mayor de los judíos de Roma para ofrecer su “contribución a la consolidación de las buenas relaciones entre las dos comunidades y superar cualquier incomprensión y prejuicio”.
En su discurso de
bienvenida, el presidente de la Comunidad Judía de
Roma, Riccardo Pacifici, reconoció la ayuda
“Sin embargo, el silencio del papa Pío XII frente a la Shoá duele todavía como una oportunidad perdida. Tal vez no habría detenido los trenes de la muerte pero habría transmitido una señal, una palabra de compresión, de solidaridad humana a nuestros hermanos llevados al campo de exterminio de Auschwitz”, remarcó Pacifici. El rabino jefe de Roma, Riccardo Di Segni, no citó a Pío XII pero también denunció el supuesto silencio del que acusan al Papa Pacelli al afirmar que “el silencio de Dios o nuestra incapacidad de escuchar su voz ante los males del mundo es un misterio inescrutable, pero el silencio del hombre no se escapa al juicio”. Benedicto XVI condenó el Holocausto y el régimen nazi y sin citar directamente a Pío XII manifestó: “En aquellos momentos críticos muchos católicos reaccionaron con valentía y abrieron sus brazos para socorrer a los judíos acosados y fugitivos”.
“También la Sede
Apostólica desarrolló una acción de socorro, muchas
veces a escondidas y siempre discreta”, agregó. Benedicto XVI fue recibido en el gueto romano y en la Sinagoga por los más importantes líderes judíos italianos, con la excepción del presidente de la Asamblea de Rabinos, Giuseppe Laras, que no acudió en protesta por el proceso de beatificación de Pío XII. Aunque la visita también se vio marcada por las críticas judías a la rehabilitación del obispo tradicionalista Richard Williamson, que niega el Holocausto, el Papa fue acogido con gran cordialidad y su largo discurso fue interrumpido en diez ocasiones por los aplausos de los presentes. El Obispo de Roma dijo que el Concilio Vaticano II representa un punto de no retorno en las relaciones con los judíos y subrayó que la declaración conciliar “Nostra Aetate”, donde se condena el antisemitismo y se reconoce las raíces judías del cristianismo, supone un decisivo impulso al compromiso de recorrer el irrevocable camino de diálogo, hermandad y amistad. Benedicto XVI reiteró que “la Iglesia no dejó de deplorar los daños causados por los cristianos a los judíos a lo largo de los siglos, pidiendo perdón por todo lo que pudo favorecer las llagas del antisemitismo”. “Que sanen para siempre esas llagas”, abogó el Papa, denunciando “las terribles ideologías del siglo pasado que tenían como raíz la idolatría del hombre, de la raza y del Estado”. “El drama de la Shoá representa la cumbre de ese camino de odio que nace cuando el hombre olvida a Dios y se pone como centro del universo. Como dije durante mi visita al campo de concentración de Auschwitz, los poderosos del Tercer Reich querían aplastar a todo el pueblo judío y haciéndolo desaparecer pretendían asesinar a Dios”, remarcó el Papa. Pacifici pidió a Benedicto XVI que se abran los archivos vaticanos para conocer cuál fue el comportamiento de Pío XII entre los años 1936 y 1945 durante el Holocausto. Según el Vaticano, la documentación sobre el Papado de Pío XII (1939-1958) no se publicará hasta dentro de cinco o seis años, y que de la misma emergerá “la increíble caridad con la que ayudó a los judíos”. El Papa colocó una corona de flores ante la lápida que recuerda la deportación de un millar de judíos romanos el 16 de octubre de 1943 a Auschwitz y se detuvo ante la lápida que recuerda el atentado del 9 de octubre de 1982, cuando un comando palestino disparó contra los judíos que salían del templo romano y durante el cual murió un niño de dos años. Antes del discurso se guardó un minuto de silencio por las víctimas del terremoto en Haití. La visita se realizó en el domingo en el que se celebró la 21 Jornada para la Profundización y el Diálogo entre Católicos y Judíos y la fiesta judía del “Mo y de Plomo”. Esta acontecimiento es en recuerdo de un hecho considerado milagroso, cuando en 1793 los judíos del gueto de Roma lograron escapar de la furia del pueblo capitalino, que sitió sus casas para incendiarlas y devastar el barrio judío, convencido que los judíos ayudaban y daban protección a los que apoyaban las ideas revolucionarias procedentes de Francia. Los judíos temían lo peor cuando una tormenta, un diluvio torrencial, según se cuenta, apagó los deseos de los capitalinos más furiosos, así como las llamas de los fuegos que ya habían afectado a algunas casas. El nombre de “Mo y de Plomo” se tomó, según los historiadores, del color oscuro y plomizo del cielo, el mismo cielo que tiene hoy la capital romana.
Fuente: http://www.aurora-israel.co.il
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