¿Sigue siendo Birobidján un territorio judío?

Se han cumplido 75 años de la creación de Birobidján como región autónoma judía, hecho que no ha pasado desapercibido en la prensa local israelí. ¿Qué representó Birobidján para los judíos de la Unión Soviética y para el pueblo judío en general?

Desde la caída de la ex Unión Soviética han llegado a Israel más de un millón de judíos rusos y entre ellos varios miles procedentes de esa región, inmigrantes que indudablemente han enriquecido la vida cultural y científica en este país.

Birobidján representó la ilusión, el sueño utópico de que fuera de Israel podría existir un territorio autónomo con una fuerte concentración de población judía, que le permitiría preservar su identidad cultural y étnica en el marco de la nueva sociedad socialista. Cabe mencionar que Birobidján fue realmente la primera unidad territorial administrativa en el mundo asignada para los judíos en base a su nacionalidad judía.

En los años '30 del siglo pasado la Unión Soviética parecía una realidad establecida, y al crear la República Independiente Judía el Gobierno trató de, por así decirlo, “matar varios pájaros de un tiro”: en primer lugar, todos esos ciudadanos residentes en la URSS, cuyas cédulas de identidad portaban la palabra ivrei (judío), tendrían al igual que todos los demás ciudadanos un territorio propio, un lugar de pertenencia, y eso les permitiría ser similares a los demás.

Ello también haría posible para esos judíos terminar con el sueño sionista de que sólo en la entonces Palestina y sólo ahí, por razones histórico-religiosas, podría crearse un Hogar Nacional Judío. Además, debido a que a fines de los años '20 y principios de los '30 el Gobierno soviético trataba de mejorar sus relaciones y su imagen pública en Occidente, el Proyecto Birobidján podría jugar un papel determinante en influir en la opinión pública judía y pro judía en el mundo, y al mismo tiempo obtener la tan ansiada ayuda económica de sus correligionarios en el extranjero, recursos de los cuales la Unión Soviética carecía.

Pero, más importante aún, la decisión soviética de escoger precisamente el territorio de Birobidján se basaba en la necesidad intrínseca de fortalecer y poblar esa área desolada para aumentar su seguridad, en vista de su proximidad a Japón y el peligro de la penetración china en la zona fronteriza con Manchuria (ocupada por Japón en 1931-1932).

El Gobierno soviético había ya tratado anteriormente de reubicar a judíos en Crimea y en Ucrania, intentos que fracasaron debido a la oposición de las poblaciones locales que debían absorberlos. Birobidján representaba el espacio ideal: la región estaba casi deshabitada, los inviernos eran extremos, la tierra era pantanosa y prácticamente no existían ni caminos ni comunicaciones.

Influidos por una efectiva campaña de propaganda y problemas de hambre y desocupación en la Rusia occidental, 41.000 judíos fueron reubicados en esa área a fines del año 1920 y principios de 1930. En mayo de 1934, el distrito de Birobidján, ya establecido en 1930, obtuvo el estatus de “Región Autónoma Judía” por decreto del Comité Central Ejecutivo. Se crearon granjas colectivas y se otorgó a los ivrei las posiciones y cargos políticos claves en la región. El idish fue proclamado su lengua oficial junto con el ruso, e inclusive se hicieron experimentos para enseñar este idioma en los colegios no judíos de la región.

Los nombres de las calles, de la estación de ferrocarril y de los timbres postales figuraban en idish y ruso. Se fundaron periódicos; se estableció un teatro local y una biblioteca regional a nombre de Shalom Aleijem, con una importante colección judaica y libros en idish. Todos los documentos oficiales debían estar escritos en idish y en ruso. El sueño estaba en camino de realización.

A pesar de la fuerte represión religiosa en la Unión Soviética como parte de su ideología socialista, la cultura en idish era permitida y alentada en todo el país, y existía una fuerte y bien desarrollada cultura en este idioma, con escritores sobresalientes, colegios, teatros, publicaciones y periódicos.

Recordemos que el teatro hebreo “Habima” fue creado en Moscú. Mijael Kalinin, presidente de la URSS y ardiente partidario de este proyecto, declaró que “los judíos enfrentan la tarea de preservar su nacionalidad; para lograrlo, una gran parte de esta población, por lo menos varios miles de personas se debe transformar en agricultores, y de este modo en una década Biroidján será el más importante y probablemente el único baluarte de una cultura nacional judía y socialista”.

Pero las masas de judíos no fueron a Birobidján, sino a Norteamérica, Alemania y otros países, y a Israel. Sin embargo, en virtud de ese sueño latente, judíos comunistas tanto de los Estados Unidos como de Sudamérica, Europa, Palestina y otros países (1.400 en total) llegaron a esas tierras remotas, cuya población judía nunca sobrepasó a las 30.000 almas. La idea era que ahí se podría terminar con las tontas ilusiones sionistas. También había que deshebraizar el idish, quitándole todo vestigio de algo que oliera a esa lengua muerta de la Biblia; con ese fin, toda palabra hebrea era escrita como palabra en idish y completada con vocales.

En 1939, Kaganovich, uno de los judíos del Politburó, visitó la región y elogió a sus habitantes por sus logros.

Pero para 1938, ya 28.000 personas habían abandonado la región por las insoportables condiciones reinantes. El raquítico proceso iniciado por algunos miles de judíos que sí se trasladaron y creyeron en la posibilidad de ser judíos independientes fue terminado por las purgas stalinistas.
Durante las purgas de fines de los '30 fueron eliminados los políticos judíos que ostentaban cargos públicos; las de 1948 destruyeron todo tipo de actividad y cultura judía no sólo en la región sino en todo el país. En esos años tuvieron lugar los sonados juicios a 24 escritores, periodistas y científicos judíos, entre ellos Itzik Fefer y Peretz Markish. Los escritores judíos de Birobidján fueron encarcelados, se cerró el teatro y los libros en idish de la Biblioteca Shalom Aleijem fueron destruidos. Si todavía en 1959 el 39% de la población hablaba idish, para 1970 ese porcentaje solamente alcanzaba el 13 por ciento.

La teoría socialista proclamó el proyecto y la realidad stalinista le puso fin. Con el desmoronamiento del imperio soviético, se anularon los últimos residuos del sueño de un territorio autónomo judío, que quiso desplazar y competir con Israel, cuyo fracaso Khrushev atribuyó al hecho de que “a los judíos nunca les gustó el trabajo colectivo y la disciplina grupal”.

¿Cómo entonces explicar el éxito que tuvieron los kibutzim y moshavim, comunidades agrícolas en la Tierra de Israel, tanto desde el punto de vista social como económico y de producción?

¿Qué quedó hoy de Birobidján? Un cartel en idish a la entrada a la ciudad, una calle principal llamada Shalom Aliejem, una escultura del “Violinista en el tejado” frente a la Opera, un mercado llamado “Shalom” y una vodka kasher llamada “Felicidad Judía”. De sus 70.000 habitantes, del 1% al 5% son judíos. La ciudad más cercana, Khabarosk, queda a 240 kms. de distancia y tiene varios miles de residentes judíos.

A pesar de los transportes modernos, Birobidján está demasiado alejada, por lo que los jóvenes confiesan que se sienten desconectados de la capital y el resto del país. La ciudad queda a 6.400 kms. de Moscú, lo que significa una semana de viaje en el Tren Transiberiano u ocho horas de avión hasta Khabarosk, seguidos por otras tres horas en coche o tren a través de campos y bosques y un antiguo koljos (granja agrícola judía). Esta complicada distancia disuadió a una persona con parientes en la ciudad de visitar Birobidján.

Pese a todo, existen en Birobidján ciertos progresos. En 1997 se estableció la sociedad “Freud”, que proporciona ayuda social a la comunidad. En 2004 se abrió la sinagoga, que incluye un colegio judío diurno y una cocina que reparte comidas gratis. Hace algunos meses tuvo lugar una conferencia del círculo “Limad” (nótese el nombre hebreo), que trata de renovar la identidad judía sobre todo en los jóvenes. Se dictan conferencias y se organizan grupos de trabajo para fomentar las experiencias propias y demostrar que todavía existe vida judía allí, aun sin los restos de la cultura idish.

Los grupos cantan las canciones israelíes de Eurovisión y las clásicas en idish y hebreo. Hacen Kabalat Shabat con las plegarias hebreas escritas en ruso. A pesar de incidentes antisemitas, como un “cocktail Molotov” arrojado contra la sinagoga al final de una conferencia, muchos jóvenes confiesan “que es mejor ser judíos acá que en otra parte”. Algunos regresaron de Israel porque “aunque Israel es la Tierra Santa acá nos sentimos en casa. Y no se necesita hacer aliá para ser judío”.

Cuando preguntamos a emigrantes de la ex Unión Soviética sobre Birobidján, la palabra no les dice nada, les es completamente extraña. ¿Su fracaso estribó en la explícita negación del retorno a Sión? ¿Basta con declarar oficialmente territorios autónomos sin ningún pasado histórico para movilizar poblaciones? El drama sionista demostró la fortaleza de los nexos ancestrales. El pequeño sueño de una Birobidján autónoma judía cayó como lo hizo el macrocosmos del imperio soviético.

A pesar de tratar de reavivar la vida judía en esa zona, los judíos de Birobidján han emigrado a Israel. El círculo se ha cerrado.

 

 

 

 

 


volver a página principal