Los "buenos" y los "malos"

mujer musulmana mutilada por su marido
por David Mandel
En las "cowboyadas"
(como
llamábamos
en Lima hace
décadas a
las
películas de
cowboys,
(vaqueros),
donde
actuaban
Gene Autry,
Roy Rogers,
John Wayne,
Clint
Eastwood, y
tantos
otros), era
fácil
diferenciar
entre los
"buenos" y
los "malos".
Bastaba ver
el color de
sus
sombreros.
Los
sombreros de
los "buenos"
eran
blancos, y
los de los
"malos" eran
negros. Hoy,
muchos
televidentes
en Europa, y
también en
otros
países, al
ver los
programas de
noticias,
saben
diferenciar
entre los
"buenos"
―que usan la
kefiyeh,
bufanda-chal
que los
palestinos
se colocan
sobre la
cabeza― y
los "malos",
que llevan
kipá sobre
la cabeza, o
van con la
cabeza
descubierta.
La trama de
las "cowboyadas",
―siempre era
la misma: un
grupo de
malhechores
se apodera
de las
tierras de
gente
inocente,
hasta que
llega el
"bueno", que
los vence y
los mata o
expulsa― es
idéntica a
la trama de
las noticias
manipuladas
que muestran
hoy en la
televisión:
los
israelíes
son
desalmados
invasores y
colonizadores
que se han
apoderado de
las tierras
de inocentes
palestinos.
En ambos
casos, "cowboyadas"
y noticias
manipuladas,
se trata de
pura
ficción, que
no tiene
ninguna
relación con
la historia
antigua y
reciente de
la región, o
con la
realidad
actual.
Se han
escrito
cientos de
libros y se
han
publicado
miles de
artículos
describiendo
el
conflicto,
explicando
sus orígenes
y causas, y
analizando
las
perspectivas
de una paz
que tome en
cuenta los
derechos
legítimos de
ambas
naciones.
Lamentablemente,
todos estos
esfuerzos de
hasbará
(explicación)
no interesan
a ninguno de
los que, por
ignorancia,
prejuicio o
antipatía,
rehúsan
escuchar el
punto de
vista
israelí.
Hay casos
que ilustran
la realidad
del
conflicto
israelí-palestino
mejor que
los cientos
de libros y
los miles de
artículos
arriba
mencionados.
* Hace un
par de años
una mujer
palestina en
Gaza sufrió
quemaduras
en todo el
cuerpo. Fue
llevada al
Hospital
Soroka de
Beersheba,
donde
médicos y
enfermeras
le salvaron
la vida y la
cuidaron
hasta que el
estado de su
salud le
permitió
volver a
Gaza. Le
pidieron que
regrese al
hospital
unas semanas
más tarde
para una
revisión
médica.
Cuando llegó
la fecha, la
mujer se
presentó en
la garita de
pase de Gaza
a Israel. A
los soldados
les pareció
extraña su
repentina
gordura. La
revisaron y
encontraron
la
explicación:
la mujer
cargaba un
cinturón
explosivo.
Su intención
era llegar
al Hospital
Soroka,
explotar la
bomba y
matar a
tantos
médicos y
enfermeras
como le
fuese
posible.
* Hace tres
meses la
hijita de
tres años de
Elham Fathi
Hammad,
Ministro del
Interior de
Hamás, tuvo
que ser
operada del
corazón en
el hospital
de Gaza.
Debido a un
error del
médico
palestino
quedó en
peligro de
perder la
vida. El rey
Abdullah de
Jordania
pidió a
Israel que
autorice su
urgente
traslado a
un hospital
en Jordania.
Debido a la
gravedad del
estado de la
niña, la
ambulancia
israelí la
llevó de
urgencia al
Hospital
Barzilai en
Ashkelon,
ciudad
cercana a
Gaza, donde
los médicos
israelíes la
operaron
durante
varias horas
para reparar
el daño
causado por
el cirujano
palestino.
Cuando
juzgaron que
la habían
estabilizado,
un
helicóptero
jordano
recogió a la
niña y la
llevó a un
hospital en
Amman, la
capital de
Jordania.
Los
periódicos
de Jordania
informaron
al respecto,
pero no
mencionaron
la
intervención
de los
médicos
israelíes.
Hammad, el
padre de la
niña,
agradeció a
los jordanos
y al rey,
pero
igualmente
"se olvidó"
de mencionar
a los
médicos del
Hospital
Barzilai de
Ashkelon.
Hace una
semana los
palestinos
de Gaza se
acordaron de
Ashkelon. Lo
manifestaron
disparando a
la ciudad un
cohete, que
por suerte,
aunque hizo
daños, no
causó
víctimas
personales
ni cayó
cerca al
hospital.
* Hace
algunas
semanas un
palestino
trajo a su
hijita de
seis años al
Hospital
Hadassah de
Jerusalén.
La niña
tenía un
tumor
maligno
detrás del
ojo, que, si
no era
operado, le
causaría la
muerte. Los
cirujanos
del hospital
la operaron
con éxito y
le salvaron
la vida. El
costo de la
operación y
de la
estadía de
la niña en
el hospital
fue pagado
por una
organización
israelí de
beneficencia.
Mientras la
niña estaba
siendo
cuidada en
el hospital,
su padre,
miembro de
la
organización
terrorista
Hamás,
adquirió
armas y
municiones
con el
propósito de
disparar a
automovilistas
judíos en
las
carreteras
de Israel.
Él y su
grupo
también
planearon
secuestrar a
israelíes,
para lo cual
compraron
ropa de
judíos
ortodoxos
con el
objeto de
disfrazarse.
Tan pronto
como la niña
fue dada de
alta, su
padre puso
en ejecución
su plan de
disparar en
carreteras,
y logró
herir
mortalmente
a Shuki
Sofer, un
joven
policía que
estaba por
contraer
matrimonio.
Shuki fue
llevado al
Hospital
Hadassah ―el
mismo
hospital
donde, pocos
días antes,
cirujanos
judíos
habían
operado
exitosamente
a la hija
del asesino―
pero los
médicos no
lo lograron
salvar.
* Israel
provee de
agua y
electricidad
a los
palestinos
de Gaza, y
les envía
cientos de
camiones con
suministros
cada semana.
Hamás
retribuye
con cohetes,
más de 400
disparados
desde que
terminó la
Guerra de
Gaza en
enero del
2009.
Pero nada de
esto
interesa a
los lectores
de los
periódicos
europeos, ni
a los
televidentes
de la CNN,
BBC y otras
emisoras,
para quienes
es
suficiente,
en reacción
pavloviana,
saber que
los "buenos"
son los que
usan kefiyeh.
Mientras que
los
palestinos
de Gaza hoy
inauguran
centros
comerciales,
restaurantes,
piscina
olímpica, y
lugares de
esparcimiento*,
los
corresponsales
de
periódicos y
emisoras de
televisión
continúan
escribiendo
artículos
patéticos y
lacrimosos**,
a sabiendas,
pero sin
importarles,
de que son
manipulados
por sus
guías e
informantes
de Hamás.
* De ningún
modo quiero
dar la
impresión de
que Gaza es
un paraíso.
No lo es.
Pero tampoco
no es el
infierno que
describen
los
simpatizantes
de Hamás. Y
si no fuese
por las
acciones de
Hamás
podrían
estar
disfrutando
de la misma
prosperidad
de los
palestinos
de la
Cisjordania.
* Para
muestra un
botón: Las
casas
bombardeadas
en los
barrios de
Beit Lahiya,
al norte de
la Franja, y
de Ezbt Abed
Rabbo, lucen
sus
interiores
desventrados,
sus muñones
de fierros y
sus
escombros
por doquier.
("La amistad
difícil" por
Vargas
Llosa). El
escritor
pecó de
ingenuo al
no preguntar
a sus guías
porque daban
prioridad a
la
construcción
de centros
comerciales
y piscinas
en vez de
reparar las
casas
dañadas en
el conflicto
del año
pasado.
Tampoco
pidió ver
las ruinas
de los
invernaderos,
dejados
intactos por
los
israelíes,
pero que
fueron
inmediatamente
destruidos
por los
mismos
palestinos,
causando así
la pérdida
de miles de
puestos de
trabajo a su
propia
gente. Que
yo sepa,
nunca, en
los
numerosos
artículos
que el
escritor ha
dedicado al
conflicto
del Medio
Oriente, ha
considerado
necesario
comentar al
respecto.
Fuente:
Mi Enfoque /PorIsrael.org