La Carta de la Bobe Rujele


Querido nieto:

El otro día tuve una experiencia religiosa muy buena, que quería compartir contigo.
Fui a la librería idish, en Corrientes y Pasteur, donde encontré una calcomanía para el auto que decía "USA LA BOCINA SI AMAS A DIOS".

Dado que había tenido un día muy malo, decido comprarla y pegarla en el paragolpes de mi auto
.
Al salir manejando, llegué al cruce de la Av. Corrientes con 9 de Julio.
Impresionante el tráfico. Viernes a las 19 horas.
La temperatura exterior era de 38 grados.
Hasta el obelisco parecía transpirar de calor.

El semáforo estaba rojo. Me detuve pensando en Dios y como El es bueno.
Como era víspera de Pesaj me quede pensando porque nos había elegido como pueblo y como nos ayudó a salir de Egipto.

No me di cuenta que la luz se había puesto verde, pero descubrí que muchos otros aman a Dios porque inmediatamente comenzaron a sonar las bocinas.
La persona que estaba detrás de mí auto debía ser Evangélico, ya que tocaba la bocina sin parar y me gritaba:
DALE, POR EL AMOR DE DIOS.

Otro debía ser judío, pues me gritaba:
ANDA A LAVAR LOS PLATOS !!!
Recordándome que debía tener la casa impecable para la noche de Pesaj.

Un tercero, tocando repetidamente la bocina para llamar la atención de todos, me gritaba dulcemente:
ESTO ES BUENOS AIRES... VIEJA DE MIERDA... ANDA A MANEJAR AL DESIERTO!!!

Una frase llena de simbolismos para estas fiestas de Pesaj o Pascuas Judías:

Buenos Aires representa la liberación de nuestra esclavitud.
Vieja por lo milenario de estas tradiciones.
Mierda, para recordar las amarguras y el hambre que pasamos en nuestro éxodo a la Tierra Prometida.
Desierto, para recordar el cruce del Desierto

Dirigidos por el, todos hacían sonar la bocina. Yo les sonreía mientras los saludaba con la mano a través de la ventanilla.
Vi que otro muchacho me saludaba de una manera muy particular, levantando sólo el dedo medio de la mano.

Le preguntó a tu primo Roni, que estaba conmigo, que quería decir ese saludo.
Me contestó que era un saludo hawaiano de buena suerte.

Entonces yo saqué mi mano por la ventana y saludé a todos de la misma manera.
Mi nieto se doblaba de la risa, supongo que por la bella experiencia religiosa que estaba viviendo.

Dos hombres de un auto cercano, se bajaron y comenzaron a caminar hacia mi auto, creo que para rezar conmigo o para preguntarme a qué sinagoga de los de Lubavitch voy. Pero en ese momento fue que vi que la luz estaba verde desde hacía un buen rato.

Crucé lentamente la Av. 9 de Julio, hice la rotonda del obelisco y tomé Diagonal Norte, saludando triunfalmente a todos mis hermanos y hermanas.

Luego de cruzar, noté que el único auto que había podido pasar era el mío, ya que la luz volvió a ponerse en rojo, y me sentí triste de dejarlos allá después de todo el amor que habíamos compartido. Por lo tanto, pare el auto, me baje, los saludé a todos con el saludo hawaiano por última vez y me fui.

Ruego a Dios por todos esos buenos hombres y mujeres.

Besos.

 

Ir a página principal