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Lerner y Moguilevsky: la certeza de lo imposible
por Mijael Vera
Básicamente,
el espectáculo musical, al igual que el Teatro es el
juego de la fantasía y la realidad. Lo que sucede en
escena es real pero es fantasía aunque nos parezca
creíble. Tenemos que recurrir a la verosimilitud. La
cuestión es tener un conocimiento seguro y claro del
asunto, se trata de la certeza. No obstante, la certeza
también puede inducir a error. En pocas palabras, es esa
paradoja entre realidad y fantasía la que define al
hecho artístico.
El dúo se la
juega por recoger esa capacidad innata de la música
popular Klezmer de dibujar la realidad en blanco y
negro, sólo que ellos lo hacen en colores y sones de la
ciudad. Conscientes o inconscientes, resignifican no
sólo sus anhelos y sus experiencias personales sino lo
que tienen delante de sus personas, sus instrumentos
musicales, además de los recuerdos, lo que almacenan, lo
que ellos mismos son. No sirve aquí la memoria musical. A veces pareciera estarse paseando por las calles de Buenos Aires, con el ruido del tráfico, la premura de las gentes, y la dureza del cemento. Y ese paisaje urbano refleja musicalmente lo que el dúo propone con una seguridad incontestable: lo suyo no es la arqueología musical. Y esto lo grafican de manera concreta al anunciar una pieza como de "un pasado en que animábamos fiestas" a lo que sigue una pieza liviana, festiva, estimulante, pero ejecutada con el más alto nivel de interpretación musical. Curiosamente, interpretan varias piezas musicales de su ya célebre CD "Basavilbaso". Tan sólo con ese nombre uno se imagina algún eco de las calles pueblerinas, silentes, olor a campo de esa colonia judía de Entre Ríos. Pero nada de eso. Nuevamente asoma esa sensación tránsfuga del que pasea por las veredas de ese hermoso lugar, disfrutando la arquitectura judía, caminando despacio para no perderse detalle, pero siempre con la distancia inevitable del que lleva la experiencia de la gran ciudad en la piel. Los artistas demuestran, así, un dominio absoluto sobre una extensa gama de instrumentos y una asombrosa habilidad para la improvisación.
De esta
manera provocativa y talentosa, Lerner-Moguilevsky han
ejecutado un notable espectáculo en el Círculo Israelita
de Santiago, que subraya dos espacios opuestos: el
interior de la persona, abigarrado de objetos reales de
dudosa utilidad que se identifican con dificultad debido
al hacinamiento, y el exterior, la calle bohemia con las
únicas referencias del sonido de la lluvia y una débil
luz proveniente de un farol. ¿Qué es más cierto, lo que
el público ve y percibe con los sentidos o lo que el
público imagina, intuye y no ve?
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