|
El científico agredido
por Alfonso Vázquez Es un tipo joven y muy listo. Sus pasiones son la tecnología y la ecología. No en vano a pesar de su juventud lleva quince años trabajando e impulsando la relación entre ambos sectores: tratamiento de residuos, reciclaje de las aguas, aprovechamiento del geotermalismo. Pero sin duda su ojo derecho ahora lo ha puesto en Efemcy, una compañía de servicios mediombientales, focalizada en los sistemas bioenergéticos que se dedica a la investigación sobre la producción de un tipo de combustibles orgánicos de raíz ecológica. La idea central es lograr que el tratamiento de las aguas fecales, en vez de consumir energía, proporcione electricidad o hidrógeno a partir del uso de pilas reactivas microbianas. Así, logran un tratamiento combinado y simultáneo del reciclaje y limpieza de las aguas negras con la producción electroquímica de energía extraída de residuos en suspensión. Y ya lo hacen. No son teorías. Son experiencias contrastadas que ya limpian aguas y dan energía y dinero. A pesar de tener mucho trabajo aquí y allá en este mundo global, aceptó venir a España porque lo codiciaba la curiosidad y los deseos de comunicar que otro mundo es posible. Con técnica, buena voluntad y conocimiento se pueden deshacer muchos de los entuertos que existen. También científicos y técnicos. El otro día, en Madrid, tenía previsto hablar en un curso de energías renovables y tecnologías limpias. Cosas de las que sabe. Y cría que venía a un templo de cultura y universalidad como es el Parque Científico de Madrid en la Universidad Autónoma de Madrid. ¿Como es? ¡Cómo debía ser! Allí fue el agredido. Unos que, sin querer, gritaban calcado el grito de Millán Astray en la Universidad de Salamanca -¡Muera la inteligencia!- agredieron al sabio que se tuvo que acabar refugiando en un coche de la Policía. ¿Por que? Pues por puro racismo. Sí. A los agresores no les gustaba el país del que venía, ni su raza, ni su cultura, ni su gente, ni su historia, ni su gobierno. Sí, le pegaron porque no les gustaba el gobierno al que debe pagar impuestos. Y no. No era negro. Tampoco era gitano. Ni era árabe. Ni iraní. Era algo mucho peor. Pero era algo para con el que el racismo latente integrado en la sociedad occidental se muestra cada vez más virulento y la mayoría silenciosa cada vez más callada. El ingeniero, el biotecnólogo, el disertante, era judío. ¿Cuál es la relación entre el científico y el incidente de la flotilla? No la hay. Sólo que él es israelí. No importa a lo que viniera, ni quién fuera, ni lo que pensara. Era puro racismo de los anti racistas de boquilla. Era pura violencia de pacifistas de boca grande. Era, pues, puro fascismo de supuestos anti fascistas. De momento, parece una batalla perdida como la objetividad de los medios de comunicación. Lo cierto es que este país es bien curioso. Después de los crímenes islamistas del 11-M en Madrid y de Casablanca, generosamente y por suerte, no hay racismo anti musulmán. Pero sí anti judío en un lugar donde no existen casi judíos. No me extraña que Europa piense que somos raros. Sr. Eytan Levy -el científico-: disculpe, por favor.
|