Justine (Mélanie
Laurent) es una joven judía que malpasa su vida con una
ocupación de la que se aprovecha para hacer arte
radiográfico, pero que carece de una meta fija en su
vida. Rompió con Atom (Manu Payet) y está de “arrimada”
en casa de su media hermana Dom (Florence Loiret-Caille)
y su marido (Sebastién Castro), que se mueren por
adoptar a un niño, pues Dom no ha concebido. Su padre
Eli (Michel Blanc) es una persona que provoca infinidad
de problemas con su actitud de hablar y actuar antes de
pensar y su esposa Suzanne (Claude Perron) está
embarazada cuando él acaba de cumplir 60 años. Un
panorama poco alentador para esta familia que vive de la
greña y que sin embargo descubrirán la felicidad se
encuentra a la vuelta de la esquina con un nuevo
pretendiente que vende zapatos y es boxeador, que no
todo dura eternamente y que las enemistades quedan
sujetas a las circunstancias.
La película bascula entre la comedia y el drama final, y
ha sido manejada muy inteligentemente. Analiza la
dificultad de llevarse bien en familia y los secretos
que existen, que revelan que a la larga, en esta célula
social, todos se adoran a pesar de tener problemas entre
unos y otros. El personaje de Kirsten (Karina Beuthe),
la exitosa galerista que acude a hacerse una mamografía,
nos revela la soledad de una mujer que ha triunfado,
pero no tiene una compañía y además vive la
incertidumbre de sufrir cáncer. La contraparte son Manu
y Cécilia (Géraldine Nakache), que son despreocupados y
viven al momento: él haciendo actos de stand-up comedian
y ella apoyando a Justine y enamorándose de Manu (Payet
y Nakache estuvieron casados en la vida real por 3 años;
Nakache codirigió TODO LO QUE BRILLA [«Tout ce qui
brille»] que se vio en My French Film Festival en
febrero de este año).
La cinta tiene momentos humorísticos muy inspirados:
fascinante la escena de entrada en la que Justine acude
a un Starbucks a pedir café y le piden su nombre (en lo
personal concuerdo con ella que es una idea
completamente absurda); o la de Justine pegando por todo
el consultorio las radiografías que ha tomado con
anterioridad. La conducta de los personajes principales
Justine y Eli es completamente irresponsable e inmadura,
con la diferencia de que Eli tiene dinero para poder
hacerlo, pero es al que se le debe criticar más por
comportarse así a su edad.
De familias judías francesas, hemos tenido recientemente
LA FAMILIA WOLBERG («La Famille Wolberg») de Axelle
Ropert, también mostrada en My French Film Festival, que
tendía más al drama y a veces deja traslucir algunos
momentos de comedia; sin embargo, no era tan festiva
como ésta. Cabe hacer notar que en la vida real Mélanie
Laurent pertenece a la religión mosaica. Y un chiste
interno: el rabino al que Eli visita se llama
Youchnovski, que es el apellido del encargado de
vestuario.
Y de la puesta en escena podemos decir que Michel Blanc
mo déjà de mostrar la gran factura de actor que tiene,
llevando un papel de un personaje tanto ñoño como torpe,
pero no sin encanto y con toques muy humanos. De la
directora podemos decir que Jennifer Devoldère también
es guionista, nacida en 1974 y con 2 corto- y 2
largometrajes en su haber. Se dedica a hacer
comerciales.
Una buena
manera de ver que si la comedia se trabaja de forma
inteligente, puede llegar a ser hasta didáctica, además
de que nos permite pasar buenos momentos y reflexionar
al final.