"La Cinta
Blanca" arrasa con los premios de la academia del cine
europeo
por Rafael
Poch
¿Cuál es la tara cultural alemana?. Si la respuesta a
esa pregunta es la crueldad y la rigidez mental, la
ausencia del sentido del otro y la sumisión automática a
la autoridad, el cineasta Michael Haneke ha hecho una
película sobre eso. Se llama "La cinta blanca" (Das
Weisse Band)" y anoche recibió en Bochum, Alemania, los
premios de la Academia del Cine Europeo, a la mejor
película del año, al mejor director y al
mejor
guión. Esta gran película estará en los cines españoles
a partir del 15 de enero.
La película de Hanke, dará mucho que hablar. Trata sobre
la vida en un pueblo del norte de Alemania, entre el año
1913 y el asesinato del Archiduque Francisco Fernando y
su mujer, Sofía Chotek, en junio del año siguiente en
Sarajevo, el pistoletazo de salida para la Primera
Guerra Mundial. Retrata una comunidad protestante, con
su rígida disciplina, su crueldad patriarcal sin
fisuras, tan diferente de la católica, en la que la
alegría, la risa y las expresiones de afecto son
estigmatizadas como defecto. Un mundo de súbditos, en el
que todos están en guerra contra todos - los hombres
entre sí, los hombres contra las mujeres, y los adultos
contra los niños- y a la vez unidos en su sumisión a la
autoridad y en el respeto a una agobiante sobrecarga de
reglamentaciones basadas en la represión.
En ese cuadro, los niños son los protagonistas.
Maltratados, reprimidos y constantemente castigados -la
cinta blanca colocada en el brazo del niño informa
públicamente al resto de la comunidad del castigo
impuesto-, ellos mismos responden con crueldad.
Es una obra maestra desde varios puntos de vista;
temática, resolución artística e interpretación, con
tres papeles masculinos, a cargo de Ulrich Tukur, Josef
Bierbichlet y Burhart Klaussner, que soportan el peso
del ambiente, muy convincente y plausible. Sus cuadros
en blanco y negro logran transmitir una notable
verosimilitud hasta el punto de que el espectador se
siente metido en ese pueblo agobiante. Unas muertes y
crímenes misteriosos que rompen la paz de la comunidad,
ponen un ingrediente de suspense.
Pero la grandeza de la película es la metáfora sobre la
historia alemana que contiene. Tirando del hilo que
presenta Haneke, se llega sin grandes problemas al
ovillo, a la comprensión de lo que vino después. La
situación que describe, pasada por las experiencias de
la Primera Guerra Mundial, la gran depresión y el
ofendido nacionalismo alemán conducen al nazismo. Pero
nada del nazismo se entiende sin atender a una cultura
de cruel sumisión, de súbditos miserables sin nada en
común más allá de su automatismo y ciega obediencia a la
autoridad. La generación que veinte años después fue
sujeto del nazismo aparece en esta película retratada en
su infancia, sometida al agobio de esa educación
compuesta por miedo, crueldad y respeto a la autoridad.
Haneke dice que no ha hecho una película sobre los
orígenes del nazismo, sino algo más general, sobre el
integrismo, el terrorismo, sobre "el nacimiento del
mal", etc., pero lo que el espectador percibe es algo
demasiado concreto, demasiado alemán, como para ser
disuelto en generalidades. El propio director lo sugiere
indirectamente con el subtítulo de su obra; "una
historia infantil alemana". Si hay que generalizar, "La
cinta blanca" es una alegoría europea, en lo que
Alemania tiene de quintaesencia de las enfermedades de
la cultura europea. Se diría que muchas de ellas, desde
el fanatismo religioso a la violencia belicista, no son
patrimonio exclusivo de Europa, y es verdad, pero solo
Europa, la cultura europea desde Vladivostok hasta San
Francisco, para entendernos, dominó, y domina, el mundo
en su totalidad desde hace algunos siglos, y solo ella
pudo proyectar y proyecta sus taras por todo el mundo
desde su industrialización y su antihumanismo
colonial/imperial. Con "La cinta blanca", Hanecke, un
austriaco de 67 años, ha hecho su primera película
histórico-costumbrista y su obra maestra. En la estela
de Dreyer y Bergman.