Clarice Lispector: Una escritora brasileña de origen judío

por Alicia Benmergui

Clarice Lispector es considerada una de las más importantes escritoras brasileñas del Siglo XX. Con una personalidad extremadamente compleja, dejó varias novelas, libros infantiles, cuentos, artículos periodísticos. Llegada a los dos años a Recife parece ser que su primera experiencia con la literatura la tuvo en su infancia con la maravillosa obra de Monteiro Lobato, sobre el que habló en uno de sus cuentos. Clarice nació en 1920 en una aldea ucraniana de Chechelnik, donde se le dio el nombre de Jaia Pinkhasovna

Un biógrafo norteamericano, Benjamin Moser, se ocupó de hacer un detallado relato de la influencia del judaísmo en su obra. Cuando fue lanzada la obra de Lispector en 2009, los medios de prensa brasileños se refirieron a ella como una escritora de origen ucraniano. En cambio en Europa y Estados Unidos se refirieron siempre a ella como una escritora judeobrasileña. . . simplemente porque nada es tan diferente de un ucraniano como un judío ucraniano! Y aún mucho más si ese judío/a hubiese nacido en los primero años del siglo XX, cuando las minorías étnicas en el este europeo y en la futura URSS vivían en zonas separadas, a veces con legislaciones separadas, hablando lenguas distintas de la lengua general (que también usaban para comunicarse con los de afuera, con los otros) las primeras palabras oídas y dichas por Clarice y por su hermana, por lo tanto, fueron en idish, el ancestral idioma de los judíos ashkenazim, casi desaparecido durante la Segunda Guerra y el Holocausto.

La razón que trajo a la familia Lispector al Brasil, en 1921, fue trágica – la madre, a causa de una violación sufrida a manos de soldados rusos enfermó de sífilis. Clarice nació debido a la creencia popular en Ucrania, de que la gravidez neutralizaba la enfermedad. La familia se estableció primero en Maceió, después en Recife, de donde salió la escritora para estudiar Derecho en Rio. Moser, enfatiza la importancia de su origen en un cuadro de catástrofe histórica y destrucción que genera trauma, locura y, entre los judíos, el "pueblo del Libro" (para el cual el mundo se salvará por la palabra). Moser dice que si bien hay críticos brasileños que tienen en cuenta por lo menos el origen judío de Clarice, hubo otros que lo ignoraron como si fuera necesario optar entre ser judía o brasileña. Afirma que ella tampoco fue explícitamente judía, cosa que considera muy judaica, pues dos grandes escritores judíos como fueron Proust o Kafka, raramente hablaron sobre su judaísmo. Según Moser los judíos, especialmente los que como Clarice habían sufrido persecuciones y exilio, muchas veces se expresaban en metáforas y símbolos. Ser judío es una experiencia histórica que provoca preocupaciones filosóficas y religiosas especialmente cuando se han atravesado padecimientos como los que les tocó padecer a los Lispector y en este caso, con la sensibilidad y la inteligencia de Clarice.

Para Moser, en La Hora de la Estrella, donde existe una mujer nordestina de nombre Macabea, es el modo genial que tuvo la escritora de hacer un libro de poquísimas páginas donde reunió aspectos de su vida y personalidad, que es explícitamente judío y explícitamente brasileño. Clarice ha sido una escritora que ha leído mucho pero que eso no se expresa en su escritura y eso es lo que la hace totalmente original. Una de las cosas que Moser sostiene que llevó como una terrible carga la muerte de su madre, cuando ella tenía nueve años. Su madre había sido violada durante uno de los terribles pogroms que asolaron la vida judía en Ucrania, a fines de la Primera Guerra Mundial y durante la Revolución Bolchevique. Allí quedó contagiada de sífilis y de acuerdo a un creencia muy primitiva ucraniana el embarazo cura la sífilis. Asi que cuando la madre quedó embarazada de Clarice, estuvo en una situación extremadamente peligrosa, era casi un suicidio, pero ellos no podían saberlo porque compartían el mismo mito que el resto de la gente. Cuando la madre murió Clarice cargó siempre con un sentimiento de culpa.

La violencia terrible usada contra los judíos luego de la Primera Mundial fue olvidada y sepultada con la espantosa tragedia representada por la Shoá. Según Moser, el Brasil del Estado Novo de Getulio Vargas estaba bajo censura y entonces los terribles acontecimientos que tenían lugar en Europa no eran difundidos por lo que no cree que la gente tuviera idea de la real dimensión de los hechos que estaban ocurriendo allí. En uno de sus cuentos ella habla de un “mench” aludiendo a su padre, en esa sola expresión demuestra cuán grande fue la marca que dejó en ella el terrible esfuerzo que fue para él criar solo a sus dos hijas. Un hombre sin capacidad comercial, con una vida muy dura día por día y tratando de darles la mejor educación posible con muy pocos medios, para poder brindarles un futuro más promisorio de lo que había sido su propia vida, que terminó tempranamente. Clarice murió el 9 de diciembre de 1977, en Rio de Janeiro, víctima de un cáncer de ovario, cuando contaba con 56 años. Al momento tenía publicados: 10 novelas, 2 libros de cuentos y varios volúmenes de crónicas y artículos periodísticos Moser finalizó el reportaje señalando que a pesar de que Clarice no les había dado a sus hijos una educación judía sino laica, ambos son judíos.

Fuente: Milim Cultural

 


 

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