¿Coherencia o censura?

por Mijael Vera

Nos guste o no, lo cierto es que Nico Riethmüller, con su artículo publicado en esta misma sección gracias a la amplitud pluralista que caracteriza a Anajnu, desató una tormenta de opiniones diversas.

Y lo que provocó ese torbellino no han sido sus palabras, desacertadas en mi modesta opinión, ni los contenidos de un análisis pobre frente a la reconocida y brillante retórica que le conocemos. Tampoco por el sentido de un juicio de valor vertido de manera algo apresurado respecto a un artículo de opinión enviado por una lectora.

El enojo que calentó teléfonos, celulares y un cuanto hay radicó en la oportunidad y la tribuna que se le concedió. Las enojadas interrogantes se centraron en dos hechos: el porqué Anajnu le daba espacio a una opinión de esa naturaleza (francamente antisionista, al decir de muchos), y en el porqué estaba en una sección tan "destacada" (según algunos pocos).

A decir verdad, seamos honestos, a la hora de escribir este artículo, aún no escucho la argumentación que se pone de relieve en este asunto: la libertad de expresión.

La libertad de expresión está ligada, invariablemente, a una causa sumamente querida por el colectivo judío chileno organizado o no: La Ley antidiscriminación. Y se encuentra ligada por un hilo central que es la coherencia entre el discurso "políticamente correcto" en conflicto con la siempre presente apetencia de censura a las opiniones diferentes. Muchas veces hablamos de "no discriminación", como un principio vital que contiene el subtexto de nuestra milenaria historia de haber sido discriminados, pero tendemos a discriminar bajo la forma de la censura. No hay coherencia en ello.

Y esto constituye un vicio propio de las sociedades influidas por la esquizoide premisa del "no lo veo, no existe", "mejor no hablar de ello", "prefiero no saberlo", o el simple expediente del "no lo comento, para no darle tribuna" que equivale a una especie de ceguera voluntaria frente a la realidad en beneficio de un paisaje construido sobre la fantasía del bienestar basado en una supuesta y frágil tranquilidad.

Es curioso observar cuán poco se ha aprendido de lo acontecido con los movimientos sociales en Chile (y el mundo) en este año. Precisamente el tratar de esconder la basura debajo de la alfombra, el cerrar los espacios de expresión, el aplicar una censura "necesaria", son en gran parte la causa de la indignación y el enojo social. Lo que se intenta ocultar, alguna vez saldrá a la luz, y lo hará con una energía directamente proporcional a la aplicada en su represión. No es preciso recurrir a las Ciencias Sociales para explicar este fenómeno. Está a la vista.

La dialéctica en este asunto, alguien tiene que decirlo, está en la visibilidad y la invisibilidad. Me explico: Todos sabemos que el autor es un hombre acostumbrado a hablar firme y golpeado. Nadie debiera asustarse de ello, al menos a estas alturas. Tampoco nadie debiera enojarse con una revista amiga en donde Nico declara que su proyecto comunicacional, el "Diario Judío", pretende llegar a ser una especie de "Le Monde Diplomatique"...olvidando que esta publicación es una de las tribunas más antisemitas que circulan en estos momentos...

Tampoco nadie debiera espantarse por el hecho que el logotipo usado por la revista virtual de Nico sea el rostro de un joven ultraortodoxo con sombrero de...Neturei Karta, la esencia misma del antisionismo de origen fundamentalista.

Lo mismo sucede cuando aparece publicada alguna opinión quemante...hay personas que se enojan con los medios informativos, de la misma manera como en el cuento medieval donde un rey mataba a los mensajeros cuando no le gustaban los mensajes.

¿Dónde está el filtro de un medio de comunicación, entonces? ¿Cómo debe conducirse a la hora de editorializar sus contenidos? ¿cómo debe manejarse para no violentar la premisa de la "no-discriminación" y apartarse, al mismo tiempo de la horrible censura?

Es bueno el caso comentado para puntualizar estos perfiles:

El autor es judío, ha sido un destacado dirigente juvenil y hoy es director de un medio judío, ha sido entrevistado por Anajnu. Ha sido becado por el Estado de Israel, por ende, no se trata de un personaje surgido desde la sombra del anonimato, y aunque así fuera, lo cierto es que sus escritos rebosan contenidos argumentales. No es ningún secreto que las actividades públicas de debate del Diario judío se desarrollan en una prestigiada comunidad judía. Podremos no estar de acuerdo con sus postulados, pero nadie puede negar que es un actor relevante en el paisaje del debate local. Ese es el primer filtro: el autor del comentado artículo es un judío con opinión, aunque no nos guste. Por derivación de este filtro, queda claro que Anajnu jamás publicaría un artículo de origen antisemita o que ofendiera a las minorías de cualquier tipo, salvo para ilustrar a los lectores al respecto, y, aún así, con las debidas advertencias.

En otra dimensión del asunto, Anajnu es un medio que se caracteriza por confiar en el criterio de sus lectores. Entiende que es la opinión pública judía, a quien está dirigido, la que posee las debidas capacidades de derivar sus propias conclusiones y someterlas al escrutinio de sus pares. Eso es democracia participativa. Ese es el segundo filtro, y quizás es el más relevante.

El tercer filtro es muy fácil de explicar y tiene que ver con el ejercicio de la voluntad del medio informativo: Anajnu no quiere discriminar. No quiere censurar. No lo ha hecho ni lo hará. Acá, al igual que en este artículo que suscribo con mi nombre, las personas firmantes de cada opinión se hacen responsables de sus palabras. En ese sentido Anajnu enfatiza en nuestra milenaria tradición de diversidad y debate constructivo de cara a la realidad. Aquí todos caben, desde los mayores a los jóvenes, desde los críticos hasta los conformistas, desde los más reformistas hasta los más ortodoxos, desde los laicos hasta los tradicionalistas. Todos.

Queda en el aire la sensación de ser el artículo de marras, un documento antisionista. Personalmente tengo mi opinión, y la expresaré en el momento que estime oportuno. Me consta que el tema se debatió en el seno de Anajnu, y se concluyó saludablemente que el Sionismo es una concepción mucho más amplia que logra superar al dogmatismo retrógrado de las izquierdas y al infinito conservadurismo reaccionario de las derechas. Queda, como corresponde a una sociedad democrática, en el criterio de los lectores evaluar, ponderar y concluir al respecto.

En lo que no hay duda alguna es que a quien no le guste algo, debe asumir su disgusto y replicar argumentalmente si lo estima pertinente. Pero nadie le venga a pedir a los medios de comunicación judíos que censuren, menos a Anajnu que cuenta con la fidelización de miles de judíos identificados con el pluralismo y la participación. ¿Censura?...Eso no. Nunca.

 

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