Soldado colombiano es uno de los más destacados en Israel

Daniel Lattke, un colomboisraelí de 20 años, es soldado de la
Fuerza Aérea y uno de los 120 soldados de mejor desempeño en
Tsahal, las Fuerzas de Defensa de Israel.
por Jana Beiris
Como si la condecoración no le
bastara para estar emocionado, la Asociación de Ayuda al Soldado
en Israel le organizó un impactante obsequio: trajo de sorpresa
desde Cali a su madre, a la que no veía desde que dejó a
Colombia, hace cinco años.
La financiación del viaje estuvo a cargo de los Amigos de las
Fuerzas de Defensa de Israel (FIDF) en Estados Unidos, que
oyeron sobre el joven colombiano y decidieron que merecía
recibir esa alegría.
"Ni me acuerdo qué hice en ese momento, de tanta emoción que
tenía", cuenta Daniel a EL TIEMPO pocos días después del
encuentro con su madre. "Creo que salté a abrazarla, estaba en
gran shock, fue muy fuerte. Es que la extrañaba mucho".
El encuentro sorpresa fue organizado de modo muy original:
Daniel fue invitado al programa especial del Día de la
Independencia en el Canal 1 de la televisión pública israelí,
dirigido por el cantante y actor Yehoram Gaon.
Mezcla de sentimientos
Le dijeron que pedían entrevistarlo como uno de los 120 soldados
destacados. Lo que no sabía es que allí mismo, mientras él
hablaba en el estudio, se preparaba su madre, Marta Restrepo
Rincón, para salir a su encuentro, en medio de la filmación,
acompañada por el general (r.) Avigdor Kahalani, presidente de
la Asociación de Ayuda al Soldado.
Pues Yehoram Gaon, que le preguntó sobre su historia personal y
su cargo en el Ejército, pasó evidentemente a preguntarle cuánto
hacía que no veía a su mamá y por qué no viajaba a Colombia a
verla, a lo cual Daniel respondió que no era fácil
económicamente. En ese momento, apareció Kahalani con Marta.
No pocos en el público sollozaron ante el emotivo reencuentro.
"No hay palabras para describir el momento porque fue una mezcla
de emoción, alegría, llanto, susto (...) No lo puedo explicar",
dice Marta.
La preparación de la sorpresa fue todo un desafío, que Marta
debía cuidarse de no revelar por error en ninguna conversación
telefónica.
"Me llamaron a mi casa y me dijeron ante todo que Daniel estaba
muy bien y que querían saber si tenía tiempo disponible para
viajar a visitarlo. ¡Imagínate, como para decir que no!", dice
Marta con una sonrisa.
Marta quedó -cuenta- impactada por el país, se sintió cómoda a
pesar de no dominar el hebreo pero, más que nada, sintió alegría
y orgullo por su hijo. Especialmente el día en que Daniel, junto
a los otros 119 destacados oficiales y soldados, nativos de
Israel y oriundos de una variedad de 16 países, fueron recibidos
el Día de la Independencia por el presidente de Israel, Shimon
Peres, en la residencia oficial en Jerusalén. Todos recibieron,
además del galardón, una beca de estudios universitarios.
Esta es una de las ceremonias más tradicionales en el día de
fiesta nacional en Israel y cada año los elegidos, llegados de
las más variadas unidades de las Fuerzas de Defensa de Israel,
son presentados como ejemplo por seguir.
Entre todos ellos, Daniel creía vivir un sueño. Es que habla de
sus logros sin hacer alarde de nada. "No esperaba que me
eligieran entre los 120 más destacados, porque pensé que mi
cargo no podía conducir a algo así". Es encargado de seguridad
en una base de la Fuerza Aérea en el sur del país y, al parecer,
creía que sus funciones no podían causar tanto impacto como para
destacarse.
Enfoque serio
Pero evidentemente, el tema de fondo es su forma de hacer las
cosas, su enfoque serio cuando emprende una misión, sea cual
sea. Es que antes de enrolarse en el Ejército, en el 2008, tras
finalizar los estudios de liceo, Daniel trabajó durante cinco
meses como camarero en un hotel en el sureño balneario de Eilat
y también allí fue destacado como trabajador sobresaliente.
En el Ejército hubiera preferido estar en una unidad de combate,
pero una insuficiencia renal se lo impidió, por lo cual fue
enviado a un cargo apto para sus posibilidades físicas. Allí,
dicen, lo hace lo mejor posible.
Daniel cuenta que está feliz en Israel, que se siente
identificado con el país y que el servicio militar -que es
obligatorio para todo ciudadano al llegar a los 18 años- es una
forma de devolver lo que él mismo ha recibido.
Destaca cuánto le aportó el programa 'Naalé', en el que
participó al llegar a Israel y en cuyo marco jóvenes judíos del
exterior pueden finalizar aquí sus estudios secundarios,
viviendo en un internado con gente de su edad.
"Extraño la comida colombiana", dice. Le gustaría volver de
visita a Colombia pero, hoy, Israel es su casa.
Fuente: EL TIEMPO