Comprometido a Responder


por Eduardo Hadjes Navarro


Queridos amigos, a raíz del comentario de la semana pasada, me comprometí a responder por escrito, una consulta de alguien que se declaró “fiel y permanente lector de mis comentarios”

La verdad es que nunca, desde que ANAJNU está publicando mis comentarios, había recibido directamente tantas felicitaciones por lo que escribí. Es muy probable que sean igualmente, muchos los detractores, pero hasta este momento, ninguno de ellos ha llegado a mi conocimiento.

Vamos al grano. Un amigo me felicitó por la analogía que escribí entre los árboles y la “cuña” y nuestros hermanos que tan “despiadadamente nos atacan” desde adentro. Estas palabras entre comillas, son textuales. Eso sí, me formuló una crítica, indicándome que faltó lo más importante: ¿con qué árbol identificas a Israel?

Le hice ver que lo importante es la “cuña” y sus nocivos efectos y que nuestro árbol, tal como lo menciono, es inmaterial. Ante su insistencia, aquí va lo que es un intento de satisfacer su curiosidad. Realmente, no se si lograré mi cometido. Me comprometo a dos cosas: la primera a intentarlo y la segunda, a no borrar nada de lo que salga espontáneamente. Finalmente, veremos si el resultado fue positivo.

Se comprende que no trataré de dar una clase de taxonomía, pero no podré dejar de hablar de árboles, para no romper la línea, tratando de encontrar una equivalencia, si es que la hay.

Lo primero que pensé fue en los frondosos árboles mencionados en mi comentario anterior: el Cedro del Líbano, el Alerce y la Secuoya Gigante. De inmediato los descarto. Todos ellos son muy frondosos, junto con la Araucaria Araucana, estarían siendo los más grandes físicamente y sabemos que Israel nunca lo ha sido. Jamás fue un imperio, ni siquiera durante el reinado de Salomón, donde llegó a su máximo apogeo. Siempre, su esplendor ha sido espiritual.

Su vida es tan sólo de dos mil años y nosotros ya estamos por terminar el 5770 y, si se los derriba, lo que queda de tronco y raíces, termina por desaparecer, pudriéndose. Aun cuando el proceso sea lento, finalmente sucederá.

La que más podría asemejarse es la Secuoya ya que hay ejemplares que llegan a medir 8 o más metros de diámetro y, para derribarlas, se necesitan muchas “cuñas”. Nosotros, a Dios gracias, aun cuando tenemos unos cuantos miles de “correligionarios cuñas” seguimos en pie, creciendo cada día, con una pujanza israelí que nos debe llenar de legítimo orgullo.

Mientras estoy escribiendo, estoy pensando en que árbol podría representarnos y se me vienen a la cabeza el eucalipto o el manzano.

Veamos si alguno resulta apropiado. El eucalipto, sin ser extraordinariamente frondoso,(Israel sólo aspira a vivir en paz, en uno de los países con menor territorio, dentro de la comunidad de las naciones y, entre los países musulmanes, pasa a ser menos que una coma, proporcionalmente) es de una madera muy dura. Crece con suma rapidez y resiste las más diversas adversidades. (Persecuciones, destierros, matanzas, pogroms, shoa) Hasta aquí vamos muy bien.

Sus ganchos, son muy robustos y firmes y si se los cortan, el árbol continua desarrollándose sin mayores contratiempos (la asimilación que nos desgarra y las persecuciones que debemos sufrir desde antes de la destrucción del Segundo Templo). Estos ganchos crecen tanto para arriba (los Rabinos y feligreses conscientes de sus deberes para con la Torá), así como para los lados (los judíos comunes y corrientes, que tratamos de llevar la tradición judía, lo mejor posible), aun cuando en su trayectoria, suelen desviarse tanto para arriba como para abajo (los primeros serían los que se integran a sus comunidades y tratan de colaborar en lo que les es posible, mientras los segundos son esa mayoría que lamentablemente encuentran todo malo y sólo se acuerdan de su congregación cuando llega el momento de efectuar críticas)

Si un leñador decide cortar el árbol (Reyes Católicos, Inquisidores, Stalin, Hitler, Ahmadinejad), ya vimos que necesitará de la “cuña” para lograr su propósito, pero…. del tronco, inmediatamente empezarán a crecer nuevos retoños, los cuales, si son bien cuidados, se transformarán en un árbol tan o más frondoso que el primero. ¿Podríamos encontrar un cuidador mejor que el del pueblo de Israel: Dios Todo Poderoso? Sabemos que es imposible. Parece que le acerté a la primera.

Veamos que pasa con el o los trozos que salieron del árbol original. Su madera, será tan dura que se necesitarán técnicas especiales para poder trabajarlo adecuadamente. Será tan duro, que luego de un tiempo, resultará muy difícil poder introducir un clavo. Al aire libre, al interior de una casa, incluso sumergido en el agua, prácticamente se petrificará. Pero……si queda al contacto con la humedad, (nuevamente la asimilación y los “cariñitos” de nuestras infaltables cuñas) esa parte, rápidamente se pudre y ahí nos encontramos con la traición entronizada en lo más profundo de nuestro pueblo, disfrazado de las más variadas formas.

Vimos que sus firmes ganchos sólo se desprenderán por la acción de terceros (enemigos que han tratado de exterminarnos, ya sea por adoctrinamiento con ideas políticas contrarias a nuestra esencia misma, deseos de innovar nuestras tradiciones milenarias bajo la aparente disculpa de la modernidad o directamente a través de las múltiples y despiadadas persecuciones a las que nos han sometido).

Todos los años, el eucalipto debe enfrentar un aparente debilitamiento. Efectivamente, una vez al año, la corteza exterior se seca y se desprende, dando la apariencia que el árbol se debilita. En realidad, se está fortaleciendo ya que al interior del mismo, se está formando un nuevo anillo, joven, brillante y lleno de sabia, lo que en definitiva es el desarrollo natural de la especie y se me ocurre que esto podríamos compararlo con nuestra juventud, la cual se esta dividiendo, entre la corteza que se seca y desprende (se asimila o se va a ideologías que repudian el judaísmo, el sionismo y todo lo que tiene que ver con Israel) y por otro lado, los nuevos anillos que incrementan el grosor y la vitalidad del tronco y está representando a la increíble cantidad de jóvenes que, viniendo incluso de hogares judíos apenas tradicionalistas, los llamados judíos de Pesaj y Kipur, vuelven a nuestras tradiciones, muchos de ellos ingresando a las corrientes ortodoxas.

Aun no terminan nuestras similitudes. Cuando un agricultor quiere destinar el terreno en el cual creció un eucalipto, para otras cosas, no sólo debe sacar el tronco a nivel del suelo. Al empezar a excavar la tierra, se encontrará con múltiples raíces, las cuales se pueden extender por una cantidad increíble de metros y en todas las direcciones. Eso, sin duda, está representando al intento de múltiples tiranos y terroristas que pueden eliminar todo vestigio de judaísmo en sus dominios, sin lograr llegar más allá, por mucho empeño que le hagan. Recordemos como los árabes lograron eliminar todo vestigio de vida judía en la ciudad de Hebrón, en 1929, al asesinar a 69 de ellos, interrumpiendo por primera vez su presencia, desde la destrucción misma del Segundo Templo, a manos de los romanos, pero sin lograr impedir que siguieran llegando a la Palestina de ese entonces, miles de judíos, hasta lograr, el 14 de Mayo de 1948, recrear el Estado de Israel.

Cuando estaba pensando que había cumplido mi tarea, me acuerdo del fruto y ahí, se fue todo al agua. Efectivamente, el fruto del eucalipto es algo tan indefinido, que resulta difícil describir su forma. Hasta donde se, carece absolutamente de utilidad, salvo el de dar semillas y eso, es indispensable únicamente para su propia especie.

Opuesto a esto, el fruto del pueblo de Israel es esencialmente útil y necesario para la totalidad de las naciones y pueblos, incluso hasta para sus más encarnizados enemigos. Circulan permanentemente muchos correos en que describen los múltiples inventos y descubrimientos que son obra de judíos y han significado un cambio irrefutable e indesmentible en la grandiosidad del adelanto computacional, medicinal, artístico y científico del siglo XX, motivo por el cual, no voy a aburrirlos, mencionando aunque sea una ínfima parte de ellos.

Disculpa eucalipto, pero estás descartado.

¿Probamos brevemente con el manzano? Para no perder tiempo, voy a partir por el fruto, que es lo que descartó al anterior candidato: Es jugoso, sabroso, sano (manzana in corpore sano) y muy nutritivo. Es conocido y utilizado en el mundo entero. Esto, quiere decir que tiene presencia universal, al igual que el pueblo de Israel. Cuando está en flor, es visitado por múltiples insectos y muchos de ellos depositan en su interior sus huevos, los cuales se van desarrollando simultáneamente con el nacimiento o formación del fruto. Una vez maduras, las manzanas se ven sanas por fuera. Al partirlas, nos encontramos en su interior, al gusano que se alimenta silenciosamente de lo mejor de su contenido. ¿No les suena esto similar a lo que pasa con nuestras “cuñas” que, muchas veces, sin que lo notemos, van carcomiendo la base de nuestras comunidades, principalmente al interior de nuestras juventudes y sólo lo detectamos cuando ya es tarde, vale decir, cuando vamos al encuentro de su fruto,(nuestros hijos) a los que hemos cuidado y protegido con tanto cariño y esmero?

Llego al tronco y sus raíces y, de inmediato, queda descartado. Es frágil y muy fácil de eliminar. Hay quienes han pretendido injertarlos con otras variedades y el resultado es siempre un fracaso total, igual como ha sucedido con aquellos que tratan de introducir al interior de nuestras familias, ideas políticas ajenas a nuestra esencia, traduciéndose en millones de judíos que se pierden por asimilación y, en la actualidad, algo mucho más grave aun: correligionarios que se las dan de vanguardistas dentro del judaísmo, pero que en la realidad son nuestros peores y más peligrosos enemigos, ya que como vimos en el comentario de la semana pasada, amparándose en nuestra extraordinaria y difícilmente igualada democracia, se permiten defender a quienes tienen como primordial propósito, el hacernos desaparecer de la faz de la tierra.

Definitivamente, amigo mío, me quedo con mi planteamiento inicial. Nuestro único árbol, es intangible, inmaterial, pero permanentemente presente en nuestras vidas y nuestro mundo y, gracias a Dios, hasta ahora no ha habido ni habrá leñador que logre derribarlo.

La mayoría de las escuelas esotéricas, se han apropiado de él y nosotros, por las razones que sea, nos estamos olvidando de su existencia.

Es, simplemente EL ÁRBOL DE LA V IDA.

Sus raíces se introducen hasta lo más profundo de nuestro ser. Sus ramas, llegan nada menos que hasta el Trono de Hashem. Sus frutos, las Sefirot, encierran el saber más profundo que ser humano alguno pueda imaginar, al punto que los más sabios e ilustrados maestros, sólo han logrado comprender las primeras de ellas, permaneciendo el resto, absolutamente desconocidas para nuestra dimensión e inteligencia humana.

Sus caminos (los senderos) nos llevan inexorablemente, a la razón de ser del judaísmo, su inquebrantable fe en la Torá, en Hashem y en la bendición que hemos recibido, al haber sido elegido por EL como Su pueblo. Eso, querido amigo, es algo que no se puede explicar en este comentario, ya que se apartaría de su idea original.

 

 

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