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Los árabes de Israel:¿situación “contra natura”?
Algunos diccionarios señalan que el adjetivo “contra natura” es sinónimo de anormal, irregular, sin sus condiciones inherentes. Es lo que está contra la naturaleza. Sostenemos que “la naturaleza es sabia”. Cuando nos enseñan que los electrones de carga positiva buscan y se unen con los de carga negativa y viceversa – y así la carga eléctrica queda equilibrada -, uno no deja de admirarse. ¡Qué simple y maravilloso es seguir las reglas de la naturaleza! Los polos opuestos se unen entre sí. Pero eso no nos ayuda a entender por qué el fuego y el agua, dos elementos de la naturaleza, juntos resultan de mala compatibilidad. ¿Cómo calificar al conflicto interno israelí entre la mayoría judía y la minoría árabe musulmana? El tema fue analizado al presentarse el libro “Los Palestinos e Israel: la lucha de la minoría árabe contra el Estado judío”, del Dr. Dan Schueftan (Schiftan), Director del Centro para la Investigación de la Seguridad Nacional de la Universidad de Haifa y docente del College para Estudios de Seguridad de Londres; asesor de los más altos niveles que definen la política de seguridad del país; mantiene activos contactos con políticos y profesionales de Europa y EEUU.
El desafío
político-intelectual que el libro presenta, en especial
a los que creen en la posibilidad de la plena
incorporación de los ciudadanos israelíes de origen
árabe a la vida social, política, cultural del Estado de
Israel, es enorme. La tesis desarrollada en las 844
páginas, es precisa y cortante: la fuente del conflicto
y el enfrentamiento entre la mayoría judía y la minoría
árabe en Israel se origina en la definición del Estado
de Israel como la nación judía, concepto que el público
y el liderazgo árabe niegan por completo. Por lo tanto,
considera el Dr. Shueftan, en las condiciones dadas, no
es posible ningún tipo de arreglo o entendimiento. Abrió el encuentro Nazir Mag´ali, renombrado periodista, ex - director del periódico Al-Atichad (La Unión) que se publica en Haifa desde 1944 – el diario en lengua árabe más antiguo de Israel. Mag´ali señaló que el contenido del libro enfada, las conclusiones son extremas a pesar que la documentación es correcta. De su conocimiento personal con el Dr. Schueftan, sabe que no puede esperar de él objetividad, cualidad que debe cuidar todo académico, y eso hace del libro un continuado intento de corroborar posiciones preconcebidas. El mayor defecto es la “generalización”: no se puede tomar a todos los árabes de Israel como una sola integridad y acusar a todos de extremismo antiisraelí. Coincide Mag´ali con que los mayores problemas de los árabes de Israel se originan en ellos mismos: administración municipal inapropiada y retrógrada; desocupación “voluntaria” a fin de recibir los beneficios del desempleo; liderazgo exaltado. Los árabes israelíes son concientes de lo que ocurre y existen corrientes de opinión que pretenden modificar la situación. Se están creando algunos centros árabes de industrias de alta tecnología (Nazareth, Kfar Kassem); hay un activo proceso de integración en el deporte nacional; se están desarrollando capas excelentes de profesionales, en especial en educación y salud. Los árabes de Israel se identifican como “palestinos” pero no por eso todos ellos se oponen a la existencia del Estado de Israel. “Nosotros somos parte integral del Estado de Israel”, declaró Mag´ali. El parlamentario Machmad Barake, del partido comunista “Jadash”, consideró que a pesar que no coincide con las conclusiones del autor del libro, eran de prever pues el Dr. Schueftan es una figura muy conocida por sus muy controversiales conceptos.
Señaló que
estamos atravesando una época muy sensible para el
entendimiento entre judíos y árabes, por la sucesión de
intentos parlamentarios de modificar las cualidades
democráticas de Israel limitando iniciativas de árabes o
de instituciones que intentan que ambas entidades
étnicas cooperen: la exigencia de declarar fidelidad al
estado judío para obtener la ciudadanía, la limitación
de la ayuda exterior a corrientes de opinión
determinadas, la obligación de reducir el volumen de los
llamados del almuecín a la oración musulmana, y si les
sumamos la falta de éxito de las investigaciones
policiales de los continuos atentados recientes a
mezquitas y propiedades árabes, veremos que todo ello
cercena la democracia, alienta al extremismo y aleja la
convivencia.
El moderador
del encuentro, el Dr. Efraim Kam, Vicedirector del INSS
– Instituto para la Investigación de la Seguridad
Nacional, destacó que el libro es provocador, cortante,
pesimista en cuanto a la posibilidad de una convivencia
armónica entre judíos y árabes en el Estado de Israel La Prof. Tamar Herman, de la Universidad Abierta y del Instituto Israelí para la Democracia, presentó algunos resultados de las investigaciones de opinión pública, judía y árabe, que continuamente realizan, criticando al Dr. Shueftan recordándole que “para el tango son necesarios dos…”: A la pregunta “acaso en el futuro querría seguir viviendo en Israel”, el 89% de los judíos contestaron positivamente frente a un 82% de los árabes. “Tú y tus amigos pueden influir en la política gubernamental”, respondieron negativamente el 70% de los judíos y el 77% de los árabes. “Considera aceptable el uso de la violencia para lograr objetivos políticos”, el 26% de los judíos contestó afirmativamente frente a un 55% de los árabes; “Considera que los árabes deben gozar de plena igualdad”, entre los judíos contestaron afirmativamente el 79% de los laicos, el 68% de los tradicionalistas, el 51% de los religiosos, el 27% de los ortodoxos. Es de destacar, que el 68% de la población judía no considera que los árabes sean parte integral de la sociedad israelí, mientras que el 86% de los árabes consideran que ellos no son parte integral de la sociedad israelí. “Estos datos NO indican que estamos ante una época de intensificación de la convivencia”, apuntó con tono de desengaño la Prof. Herman. Yoram Gabay, exdirector de la División Recursos del Estado del Ministerio de Finanzas israelí, abrió su intervención concordando con el análisis que desarrolla el Prof. Shueftan en su libro, pero no coincide con sus conclusiones, y destacó que el hecho que haya diferencias entre los sectores, no necesariamente indica que es resultado de discriminación. Las razones de las diferencias entre los sectores radican en la conducta de los mismos árabes y no por existir normas discriminatorias: limitada participación de la mujer en la fuerza laboral, altas tasas de natalidad, reducida inclinación a la capacitación técnica formal.
Pero Gabay
no coincide con el Dr. Schueftan en cuanto a las
conclusiones, pues considera que los árabes prefieren la
democracia israelí, saben que gozan aquí de mejor nivel
de vida y de condiciones económicas cómodas, y todo ello
refuerza la prioridad de la identidad israelí. Ellos son
parte del Estado de Israel desde el punto de vista
económico, educacional, democrático. Ambos sectores
deben esforzarse para integrarse y convivir. “El mayor de los pecados es la generalización”, declaró Haim Ramón, ex parlamentario, presidente del Consejo Central del partido “Kadima”. Debemos aceptar que los judíos cargan con gran parte de la culpa de la sensibilidad de discriminación que tienen los árabes de Israel. Por ejemplo, al promulgarse la ley de seguro de salud estatal, funcionaban 3 o 4 dispensarios de asistencia para lactantes en todo el país, que inmediatamente se convirtieron en más de un centenar.
La igualdad
es necesaria no sólo para los árabes, sino también para
nosotros los judíos, para que fortalezcamos la realidad
de un solo país, no dividido por sectores separados por
leyes diferentes. En definitiva, una plataforma de
igualdad es imprescindible para el funcionamiento del
país, y las conclusiones que ofrece el libro del Prof.
Schueftan en cuanto a la separación son completamente
erróneas. En el libro, el autor llega a la conclusión que los árabes no están interesados en incorporarse al “Estado judío” sino establecer un estado binacional que renuncie a los símbolos judíos y sionistas, que en definitiva habrá de convertirse en otro estado árabe, y de esta manera superar la Declaración Balfour de 1917, la resolución 181 del 29 de noviembre 1947 de las Naciones Unidas y la Declaración de la Independencia de 1948. Para contestar a los panelistas, el Dr. Schueftan contestó: 1 - Se suele decir que “existe en Israel una minoría con mentalidad de mayoría y una mayoría con mentalidad de minoría”. Los judíos se sienten amenazados y los árabes consideran inaceptable que árabes vivan bajo el control de judíos. 2 - Las élites árabes – políticos, intelectuales, profesionales – insisten que la sola presencia de una soberanía judía en plena región árabe debe ser extirpada de raíz. 3 – La motivación a la negación de Israel - reforzada por el mundo árabe, por sectores universitarios del exterior y de Israel, por factores políticos internacionales, se ha convertido en parte de la identidad palestina: inculcan que Israel nació en pecado y por lo tanto su existencia no es legítima. 4 – Las contradicciones son permanentes. El mismo árabe que dice “yo amo a Israel“ lucha por el retorno de los refugiados al estado de Israel. Las opiniones individuales pierden su importancia y determinan las concepciones del colectivo palestino. 5 – La estrechez económica de los árabes locales, es por que deben atravesar varios cambios de adaptación cultural. Lo mismo ocurre con los judíos ortodoxos. Les resulta muy cómodo a los árabes musulmanes y a los judíos ortodoxos exigir mejoras a expensas de los judíos y de los árabes cristianos. 6 – En el último capítulo, el autor sugiere una especie de “control de daños”, con dos acciones: uno, acentuar el judaísmo; dos, fortalecer la democracia. Toda discriminación innecesaria debe ser abolida, pero esto no modificará las relaciones. Recibirán mayor instrucción, y se harán más enemigos; mejorarán su situación económica, y serán más radicales. Los árabes no abandonarán Israel para radicarse en un estado palestino independiente y soberano y tampoco aceptarán la existencia del estado judío. Nosotros seguiremos viviendo en un estado permanente de tensión por falta de soluciones junto a una población que mejora constantemente su situación como resultado de nuestras iniciativas.
Todo lo que
ocurre a nuestro alrededor es negativo, pero no debemos
desfallecer. Frente a los desafíos que debemos afrontar,
no hay razón para ser optimista. En cuanto a nuestra
capacidad de enfrentar esos desafíos, no hay razón para
ser pesimistas. fuente: www.aurora-israel.co.il
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