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Cristianismo e Islam
En Belén, con presencia desde hace dos mil años, sólo queda un tercio de la población cristiana histórica por Pilar Rahola La última noticia que nos llega se sitúa en el país "amigo" de Marruecos. "Rabat expulsa a cristianos extranjeros acusándoles de proselitismo", reza el titular de La Vanguardia, y la información da cuenta de la expulsión de más de cien personas, alguna de ellas española, acusadas de intentar convertir al cristianismo a ciudadanos musulmanes. Más allá de la veracidad de la acusación, que lo es tanto como veraz puede ser la verdad de una dictadura, lo cierto es que este es el último episodio de una auténtica escalada de hostigamiento contra los cristianos que viven en países musulmanes, cuyo vía crucis pasa desde estar obligados a vivir clandestinamente su fe hasta ser condenados severamente por mostrar una cruz o una Biblia. En muchos de estos países, como Arabia Saudí, los cristianos no pueden comprar tierras y tienen prohibido hablar de su religión fuera de su círculo privado. Por supuesto, ni celebrar fiestas religiosas, ni hacer prédicas ni restaurar iglesias. Y en algunas de estas teocracias el incumplimiento de las normas significa la pena de muerte. En el resto, la cárcel.
Y, más
allá de las múltiples leyes que regulan
la segregación hasta la asfixia del
cristianismo en las zonas musulmanas, en
los últimos tiempos se ha intensificado
el hostigamiento social, quemando
iglesias, amenazando a poblaciones,
expulsando religiosos, saqueando tierras
e incluso asesinando. Egipto y Pakistán,
por ejemplo, han presentado capítulos
muy graves al respecto y en el norte
musulmán de Nigeria han asesinado a
machetazos a más de quinientos
cristianos, aunque el caso más brutal
es, sin duda, es el de la guerra del
fundamentalismo islámico sudanés contra
el animismo y el cristianismo de los
sudaneses del sur. Llevan millones de
muertos.
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