Discurso del Pdte. de la Comunidad Judía de Chile Dn. Gabriel Zaliasnik, en la Moneda Janucá 2010

Queridos amigos.

Hoy es un día especial. No sólo porque conmemoramos el milagro de Januca, la fiesta de la libertad que nos recuerda la lucha del pueblo judío por resguardar su identidad y espiritualidad amenazada hace más de 2000 años por un rey helenico (Antíoco  IV), sino porque lo hacemos por segundo año consecutivo en el Palacio de la Moneda, en un acto oficial y con la presencia de las más altas autoridades políticas, sociales y religiosas de nuestro país.

Algo que para muchos podría parecer intrascendente, es para nosotros motivo de gran satisfacción y orgullo. Celebrar Januca en La Moneda, en forma pública y oficial, como lo hacen en los EEUU en la Casa Blanca, en Rusia en el Kremlin o en el Ayuntamiento de Madrid, resulta revelador del tipo de sociedad que estamos construyendo en Chile. En este sentido deseo expresar en nombre de la Comunidad Judía de Chile nuestra gratitud con el Gobierno del Presidente Sebastian Piñera al impulsar esta conmemoración el día de hoy, por medio de la  cual nos expresa de forma simbólica su gran afecto hacia el pueblo judío y a los miles de chilenos y chilenas que profesamos la religión judía.

La fiesta de Januca posee una gran significación humana que trasciende su contenido judío ya que como fiesta de la libertad, consagra como valor universal el que en una sociedad plural, la función del estado sea abarcar y no subordinar las diferentes culturas. Januca es un llamado a recobrar la luz, la identidad, la espiritualidad, la unidad familiar y la de todos los chilenos.  Es una invitación a retornar a las raíces y recuperar la mística que por períodos puede ser opacada, y a ser protagonistas y defensores de un mundo de tolerancia, de paz y de libertad.

Nuestros sabios señalaban que “la luz de januca debía ser colocada del lado exterior de la puerta del hogar, pero en caso de peligro era suficiente colocarla sobre la mesa”.  Es decir debemos atrevernos a iluminar el exterior, pero en tiempos de amenaza y de oscuridad, debemos proteger con fuerza nuestra identidad y valores dentro del hogar, y retornar a nuestra esencia para ser capaces de prender nuevamente la luz de la libertad y esperanza.

Al encender hoy las luminarias de nuestro tradicional candelabro en esta forma pública estamos corroborando que en Chile  vivimos en armonía, paz y seguridad, y que nuestros valores son respetados y reconocidos por nuestra sociedad. Una muestra palmaria de ello es la presencia de los mas altos dignatarios de la Iglesia Católica y Evangélica en Chile a quienes agradecemos muy especialmente su presencia. Creo que a lo largo de los años los diversos credos en Chile hemos avanzado hacía un mayor conocimiento y respeto mutuo. De hecho, guardo como privilegio imperecedero el honor de haber participado como Presidente de la Comunidad Judía de Chile junto a mi querido Cardenal Francisco Javier Errazuriz y a toda la Conferencia Episcopal de Chile en una especial oración por Chile en la Basílica de la Anunciación en Nazareth, Israel.

Con todo, el mantener vivos los valores del pueblo judío es una tarea que nunca ha estado exenta de dificultades y peligros.

En Chile y el mundo aún hay graves resabios de antisemitismo que exigen la pronta dictación de la ley antidiscriminación y de la ley que sanciona la incitación al odio racial y religioso que se tramitan en el Senado de la República. Quiero aprovechar esta ocasión para agradecer públicamente a los senadores que han impulsado estos proyecto como Lily Perez, Guido Giradi, Andrés Chadwick y Soledad Alvear entre otros, y solicitar respetuosamente a todos a unirse en el pronto despacho de los mismos. Hemos sido testigos precisamente este año de la insuficiencia de nuestra legislación en estas materias, pero también –hay que decirlo- hemos visto el eficaz esfuerzo de las policías y del Ministerio Público para enfrentar algunas graves situaciones que se presentaron. En nombre de la Comunidad Judía de Chile agradezco sinceramente a la Policía de Investigaciones de Chile, a Carabineros de Chile y al Ministerio Público ese inclaudicable esfuerzo.

Del mismo modo, así como subsisten ideologías intolerantes, existen países que niegan la existencia del holocausto judío en la 2ª guerra mundial y llaman a la destrucción del pueblo judío y su tierra ancestral Israel. Este es sin lugar a dudas un mundo de contrastes : El mismo día en que Chile rescataba de las profundidades de la tierra a los 33 mineros, Ahmanideyahd, el lider con ambiciones nucleares iraní, visitaba al grupo terrorista Hezbollah en el Libano y llamaba a la destrucción de Israel. ¿Cómo es posible que mientras un país se juega por salvar la vida a cualquier precio de sus ciudadanos erigiéndose en un ejemplo para el mundo, otro país abogue por el exterminio de una nación entera? Como dijo un intelectual israelí Yossi Sarid : “La esperanza provino de Chile; todas las miradas se volvieron hacia ellos con admiración; si tan solo hubiera más países como Chile y menos como Irán”.

Por ello, hoy que conmemoramos la fiesta de la libertad, debemos ser más claros que nunca. El antisemitismo muta o disfraza sus formas pero no desaparece en la medida que la sociedad no reacciona unida y de forma inequívoca. A lo largo de la historia hemos visto el antisemitismo de raíz religiosa, el antisemitismo de carácter racial, y ahora último el antisemitismo ideológico, aquel que se disfraza de antisionismo o antiisraelismo.

Por ello es que al igual como el pueblo judío se rebeló antaño contra el paganismo helénico, reivindicando el monoteísmo, hoy nos levantamos contra las falacias y amenazas que buscan deslegitimar al estado judío y democrático de Israel. Y lo decimos sin estridencia pero con convicción absoluta: el antisionismo o antiisraelismo no es sino la moderna cara del antisemitismo. Se ataca el sentimiento del pueblo judío sobre su origen y su destino. Confiamos en que finalmente –como en el milagro de Januca- predominara la luz de aquellos que como nosotros aspiran a ver en el marco de negociaciones entre las partes un Estado de Israel viviendo en paz y seguridad junto a sus vecinos, y no la oscuridad de quienes abogan por medidas unilaterales fuera de la mesa de negociación.   

Finalmente, la luz de Januca nos ilumina igualmente respecto de nuestro origen y destino como chilenos.

Neruda en su poema "Cómo nacen las banderas" escribió:

"Están así hasta hoy nuestras banderas. El pueblo las bordó con su ternura, cosió los trapos con su sufrimiento. Clavó la estrella con su mano ardiente. Y cortó, de camisa o firmamento, azul para la estrella de la patria. El rojo, gota a gota, iba naciendo".

En este año del bicentenario de la patria, estas palabras han resultado quizás trágicamente elocuentes. Sin embargo, también la luz de la esperanza y la fortaleza de nuestra gente ha surgido en las formas más sorprendentes. Al igual que el milagro de Januca, Chile entero ha buscado y encontrado esa luz infinita y pura escondida en su alma nacional y detrás de las cortinas de nuestras propias vidas.

Por ello debemos seguir trabajando para construir un mundo y un país de luz, de paz y libertad, en que los seres humanos con independencia de la religión que profesen, el color de su piel, su orientación sexual, su genero, su nacionalidad o etnia, tengan la convicción y fuerza suficientes para defenderse de quienes desean expandir ideologías fundamentalistas, amenazando la convivencia entre los pueblos, la libertad e igualdad de la mujer,  la diversidad y el respeto a quienes piensan distinto.

En nombre de la Comunidad Judía de Chile, agradezco a nuestro Gobierno esta iniciativa de celebrar nuevamente Januca oficialmente en el Palacio de la Moneda, incorporándola como una tradición más de Chile, permitiéndonos compartir  junto a nuestros gobernantes y nuestro querido país,  el hermoso milagro de Januca.  Que su luz  de esperanza ilumine el destino de ésta, nuestra maravillosa aunque muchas veces impredecible tierra y el futuro de todos los chilenos y chilenas que conformamos esta nación.

Muchas gracias. 


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