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Discurso de Andrés
Zeldis, Presidente B'nai Brith
en el Seder Pesaj
Interconfesional
Santiago de Chile, 13
abril 2010

¿Ma nishtana a laila aze mi col a leilot?
¿Por qué esta noche es distinta a todas las demás noches?
Hace un año atrás comencé con estas mismas palabras que son las que
el niño menor de la casa pronuncia desde hace miles de años para
iniciar el relato del éxodo de Egipto. Del mismo modo al igual que
hace casi treinta años aquí en nuestra casa de Bnai Brith, se reúnen
amigos y hermanos de diversas tendencias políticas y religiosas,
para celebrar en conjunto, un año más, la fiesta de las fiestas, la
fiesta de la libertad, la fiesta de Pesaj.
El relato de la salida de Egipto en que como pueblo judío celebramos
la recuperación de nuestra libertad hace más de 3000 años, tiene un
significado muy profundo y poderoso para nosotros, como comunidad y
como individuos, y nos da la oportunidad de dedicarle al menos una
vez al año un tiempo de reflexión al hecho de ser personas libres,
con los derechos y deberes que la misma libertad nos confiere.
Miles de años atrás un pueblo esclavizado, nuestros ancestros judíos
deciden romper las cadenas que lo subyugan.
El camino a la libertad es arduo, son 40 años de penurias,
sufrimientos y momentos de duda en los que la fe y la esperanza son
puestas a prueba. Es un camino difícil donde cada día, cada año, año
tras año, durante 4 décadas, y solo una meta los mantiene vivos,
unidos, es la ansiada libertad.
Pesaj una palabra que tan poco significa para tantos, pero refleja
la razón para reunirnos hoy, a todos nosotros unidos, a embajadores,
a autoridades, a profesionales, comerciantes, y amas de casa, a
personas de diferentes credos, todos unidos pues Pesaj representa la
aspiración de todo ser humano a vivir su humanidad en plenitud.
Para B’nai Brith la defensa de los derechos humanos ha sido y por
siempre será uno de los objetivos fundamentales de nuestra acción, y
es precisamente en esta festividad de Pesaj que encontramos como
judíos el cimiento para esa identificación con el rechazo a todo
tipo de esclavitud y la valoración del derecho a la libertad.
El pueblo judío salió de Egipto hacia la tierra prometida, y es allá
en Israel donde todo judío encuentra sus raíces.
Hace 21 siglos, Israel cayo bajo el yugo romano y nuestro pueblo fue
obligado a la dispersión a través del mundo y nuestros antepasados
condenados a vivir como minorías en países donde por el solo hecho
de tener creencias religiosas o costumbres diferentes a los de la
mayoría se convirtieron en ciudadanos de 2ª clase, y una vez más,
como antes en Egipto, privados al derecho a la libertad.
El holocausto, la Shoá, ocurrido tan solo 70 años atrás, marcó el
punto más bajo al que haya caído el ser humano, y no fue más que la
culminación de un largo proceso de intolerancia y judeofóbia, un
antisemitismo generalmente aceptado o visto con indiferencia, un
odio muchas veces instigado por las autoridades de muchos países, un
ancestral odio que solo raras veces fue combatido por la sociedad.
Entonces, cuando ya el respeto por la libertad y el derecho de todo
ser humano a la diversidad se pierde, comprobamos que la condición
de humano también ha perdido todo sentido.
Para nuestro pueblo la aspiración de un mundo mejor donde se respete
el derecho a convivir en una sociedad pluralista y democrática,
donde ser minoría no sea sinónimo de rechazo, donde la libertad se
asuma en plenitud, es una bandera de lucha que nunca podrá ser
abandonada.
En estos momentos grandes líderes del mundo están reunidos en
estados unidos en una conferencia para restringir el uso de armas
nucleares.
Mencionar el holocausto y esta conferencia no es antojadizo. Quienes
tenemos el privilegio de vivir en un país como chile, donde podemos
ejercer nuestra apreciada libertad, no tenemos la opción de callar
frente a transgresiones y ataques de ciertos gobernantes que han
llamado a la destrucción del estado de Israel como es el caso del
presidente de Irán, quien además expresa públicamente su negación y
relativización del holocausto.
Más cerca de nuestro país en nuestro continente, también nos
encontramos con demostraciones de un presidente quien promueve y
apoya lamentables hechos en contra de la comunidad judía, y se une a
irán desconociendo el dolor y la muerte de nuestro pueblo en el
holocausto.
El terrorismo no ha desaparecido, no nos engañemos, solo espera el
momento y el lugar adecuado para sembrar la destrucción. No queremos
ver otra Amia, y hoy hago un llamado no solo a permanecer alertas y
vigilantes sino a ser proactivos para defender a nuestra sociedad de
quienes solo llaman al odio.
No podemos ser pasivos ante los atropellos de aquellos que
desprecian el valor de la vida ni podemos ser indiferentes al que
hace un culto de la violencia, al que llama a matar en nombre de
dios y ve en el hombre un medio y no un fin, al que valora la muerte
por sobre la vida.
Mis amigos, no nos equivoquemos, ese desconocimiento del horror que
afecto a varios millones de seres humanos es intolerable en este
mundo mejor que todos pretendemos construir, un mundo donde las
enseñanzas del pasado no queden simplemente en el olvido para volver
a ser cometidas una y otra vez.
Mis amigos, el enemigo de la paz no es la guerra, es la
indiferencia, el enemigo del bien no es el mal, es la indiferencia.
Nosotros valoramos el camino trazado por líderes que han dejado
profundas huellas en la difícil búsqueda de la paz, y hoy más que
nunca, pensamos que nuestra misión es la de acortar las diferencias
y estrechar los lazos de amistad y hermandad entre los pueblos.
Este año es especialmente significativo para esta bendita tierra, la
que como asilo contra la opresión acogió a nuestros padres y
abuelos. Ellos llegaron a nuestra querida patria, trabajaron para
hacerla más grande, y nos traspasaron a sus descendientes los más
altos ideales de patriotismo.
Como chilenos estamos orgullosos por conmemorar y celebrar los
primeros doscientos años de vida independiente.
Un terremoto y un maremoto destrozaron recientemente a buena parte
de nuestro país. Miles de nuestros compatriotas lo han perdido todo.
En tan solo unos pocos minutos familias enteras son destruidas,
miles de hogares son devastados y los medios de subsistencia
desaparecen dejando solo sufrimiento y desesperanza. Es nuestro
deber, es nuestra obligación solidarizar con el necesitado, es
nuestro misión acudir en apoyo del que tanto ha perdido, y una vez
más, es nuestro mandato el luchar contra la indiferencia.
Ese es también el legado de Pesaj.
Esta catástrofe nos ha brindado la oportunidad a nosotros como
comunidad para apoyar y ayudar, y es así como hemos colaborado
decididamente en pueblos y localidades de la séptima región y
también estamos trabajando estrechamente con las autoridades de
Melipilla que también resultó muy dañada en el sismo del 27 de
febrero
¿Por qué esta noche es diferente a las demás noches?
Porque en esta noche de Pesaj este grupo de amigos y hermanos nos
unimos y ofrecemos un canto a la vida, a la cordura, a la
fraternidad, a la tolerancia, al fin de toda esclavitud, a la
elevación del ser humano, y todos juntos hacemos un llamado a la
paz.
hago un llamado, nuevamente y aquí, a todos y cada uno de ustedes.
aquí presentes, a jamás ser indiferentes ni mudos testigos ni del
dolor del otro, ni de las violaciones de los derechos de los otros,
ni del sufrimiento de los otros, porque si algo hemos aprendido del
pasado es que mañana nosotros podríamos ser esos otros de hoy.
Una vez más, gracias por compartir con nosotros nuestro Seder de
Pesaj.

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