Conferencia:

Dov Avital en el Estadio Israelita

 

 

 por Lilian Rotter

en exclusiva para ANAJNU

 

Escuchar a Dov Avital, es oír sobre una parte de Israel de la que muchos sabemos, pero no conocemos en profundidad. La palabra kibutz nos remonta a los tiempos de los primeros jalutzianos, a los pioneros que disecaron los pantanos y los convirtieron en tierras fértiles. La mayoria de nosotros asocia kibutzim con naranjas, con tiempos antiguos, con ideas de formar sociedades utópicas donde la filosofia era “compartir”, conceptos inéditos que fueron desapareciendo con la llegada de la acelerada modernidad, la vida rápida, y la aparente victoria de lo urbano sobre lo rural.

Pero cuando Dov Avital, comienza a hablar, nos damos cuenta que la realidad de los kibutzim es muy distinta a esa que tenemos dibujada en el recuerdo o en el presente.

Los kibutzim han resurgido con mas fuerza que nunca, y los números que aporta Dov, no solo dan fe de ello, sino que también nos enfrentan con temas, algunos mas gratos y otros ingratos, que invariablemente tienen que ver con la situación actual de estas granjas colectivas.

En Israel existen hoy por hoy, 267 kibutzim, constituyendo el 2% de la población y conformando el 12 % de la producción industrial, y el 48% de la producción agrícola.

Avital en su disertación, hace un poco de historia que tratare de resumir en las siguientes líneas:

“Del kibutz se dice que fue el andamiaje con que se construyó el Estado de Israel, pero como todo andamiaje, una vez terminada la obra, ya no es útil y se olvida.
El kibutz primitivo fue obra de un fuerte idealismo, una disposición al mas duro de los trabajos y la renuncia a una vida acomodada y fácil.
Todo esto en el marco de un concepto de colectivismo donde el individuo entregaba todo y en retribución se aseguraba sus necesidades.

Sin embargo, los tiempos produjeron cambios sustanciales en estos conceptos de vida, como por ejemplo la aparición en la sociedad israelí del liberalismo económico, con sus paradigmas en donde el éxito y el dinero eran las motivaciones y prioridades en la vida de las personas.
Una enorme crisis de deserción de las generaciones mas jóvenes, se sumo a a la creciente tendencia de que cada unidad kibutziana debía sustentar su propia economía sin recibir ningún tipo de apoyo económico para solventar sus necesidades y crecimiento.
En este clima, se generó por muchos años la idea que los kibutzim estaban en una crisis sin retorno. Se produjo el divorcio y olvido con la sociedad, gobierno y entidades Israelíes.

Pero hoy se vive otra realidad. La filosofía de los fundadores de los kibutzim ha cambiado de manera sustancial, adecuándose a las reglas del libre mercado y competitividad local y de exportación, convi
rtiéndose así en una entidad económica que se administra con criterios modernos, que prioriza la profesionalización de los mas aptos para ocupar cargos específicos.
Un “javer kibutz” no necesariamente labora dentro del mismo, sino que puede desarrollar sus aptitudes profesionales y aspiraciones económicas trabajando fuera y aportando adentro.
Mas aun, se dan muchos casos en que se contratan personas que no pertenecen al kibutz, para realizar ciertos trabajos de acuerdo a las necesidades requeridas y tomando en cuenta sus aptitudes. Avital lo justifica con un ejemplo. Por que desaprovechar las enormes ventajas de un “javer ingeniero” poniéndolo a lavar platos, si puede aportar mucho mas al kibutz desarrollándose en labores externas?

Todo esto lleva a que cada individuo se realice laboralmente sacándole partido a sus mejores capacidades. No esta obligado a hacer lo que no quiere, y es relevado en determinados roles, por personas traídas de afuera, que ejercen sus funciones en las mismas condiciones dignas que la ética laboral exige.

Todos estos cambios revirtieron la situación económica de los kibutzim, y les permitieron evolucionar y pasar de un estado de virtual quiebra, a convertirse en exitosas empresas agrícolas o industriales.

Un factor fundamental que contribuyo en gran medida a salir de los números rojos, fue la implementación de la austeridad en la economía. Se siguió una regla muy simple: no gastar mas de lo que ingresaba, pero privilegiando siempre, hasta en los mas duros momentos, los temas de Educación y Salud, sobre otras necesidades”.

Avital reconoce que hay un “agujero negro” entre los jóvenes que terminan el ejercito, aproximadamente a los 21 anos, y hasta la treintena.

“Los muchachos quieren viajar, estudiar afuera, conocer mundo, y casi se les estimula para que lo hagan y que regresen cuando ya quieran formalizar una familia y volver al comunitarismo en el que fueron criados desde pequeños. De hecho, es hasta beneficioso, pues no hay trabajo para una gran cantidad de estos jóvenes. Ellos salen, pero también regresan. Desean esa calidad de vida, tan distinta a la de las ciudades, en las que es habitual que los vecinos no se conozcan y que cada uno viva en su pequeño entorno. Los que han nacido y crecido en el kibutz, añoran esa intensa vida familiar donde están rodeados de amigos, dentro de un equilibrio razonable en lo ecológico. Se cansan del liberalismo descarnado que muchos vivencian en la sociedad israelí actual- aunque estamos claros de que es esta una situación que no difiere mucho de la que se da en otros países del mundo. Vuelven, porque en su esencia son javerim, para quienes el enriquecimiento ilimitado, no constituye su ideal de vida; lo que buscan es desarrollarse a plenitud como individuos y ser felices”.


Dice Dov Avital que muchos de estos kibutzim han sido y siguen siendo el cinturón de seguridad en la defensa de las fronteras de Israel.
“Durante los conflictos del Líbano y Gaza, donde la periferia fue el escenario de las guerras, soportaron los ataques y fueron refugios. La guerra no llegó a las grandes ciudades. Del doloroso numero de caídos en estos conflictos bélicos, 30% han sido integrantes de kibutzim y moshavim”.

Los kibutzim están intentando encontrar una “tercera vía”, por una parte, frente al colectivismo puro que pertenece al pasado, y por la otra, frente al liberalismo salvaje en donde el dinero es la meta, y el costo para lograrlo implica un enorme sacrificio en la calidad de vida. El nombre que han encontrado para esta tercera vía es el Comunitarismo, un concepto que recién comienza a escucharse en boca de los javerim de los kibutzim. Habrá que esperar a que transcurra cierto tiempo para evaluar si efectivamente logran aplicarlo.
Mientras tanto, Avital, a quien le encanta hablar “en primera persona”, refiriéndose a “su kibutz”, el Metzger, sigue trabajando fuerte para dejarle a las generaciones venideras, ese maravilloso lugar al que llego anos atrás, y que fue construido por aquellos pioneros que dejaron comodidades, lujos, y se arremangaron las camisas y los pantalones, para hacer realidad un sueno que los llevo desde America del Sur a Medinat Israel.

Hubo muchas preguntas por parte del nutrido y heterogéneo publico que asistió el domingo pasado al Estadio Israelita, aceptando la invitación que le hicieran el Centro de Profesionales Judios Martín Buber y el Instituto Chileno Israeli. El extraordinario ponente Dov Avital, contestó cada una de las interrogantes, de manera clara, firme, con datos y sin rodeos. Su manera de comunicarse, su transparencia, tranquilidad y manejo de la información, podrían asumirse como evidencia de que todo aquello que pregona acerca de la calidad de vida dentro de los kibutzim, no son meras palabras.