Recuerdos de Concordia: “Las echas de Catalino”

por Luisa Hazan
Años 60, 70 del siglo anterior. Días
de Rosh Hashaná y Iom Kipur. La Kehilá llena, todos contentos
saludándose, contando las últimas noticias familiares, bullicio.
En la “Tebá” Don Samuel Ninyo y don Nisim Altabe “meldando”,
constantemente se detienen, se enojan, ruegan, “-¡por favor,
señores!”, “¡atención!” “¡estamos en el lugar santo!”, “¡no se puede
hablar!”. Prosiguen y empieza el murmullo de nuevo. Todos los
respetan y tratan de atender, pero…… lo que leen es en hebreo, que
no entienden y al rato se olvidan, y vuelven a conversar.
-“¿Que se puede hacer? “pensaba Catalino, e inventó lo que a mi me
parece un precursor de la pantalla gigante. Fabricó un rollo de
papel de
unos
35 cm. de ancho, un papel sábana casero, en que al desenrollar
estaba escrita la trascripción fonética de las plegarias: en rojo o
negro, según correspondiera a lo que decía el jajam o la
congregación.
¿Cuántas horas habrá restado a su trabajo y a su sueño para copiar
estos manuscritos con pluma y tinta china? Recuerden que todavía no
se habían inventado las biromes ni los marcadores de fibra.
Cuando terminó, lo fijó en la
pared, en dirección a Jerusalem, dentro de un soporte y lo cubrió
con una cortinita”.
Cuando lo trajo al Templo, y lo mostró los hombres sonreían
descreídos tomando en broma la idea, pero lo dejaron hacer.
Recuerdo en las fiestas siguientes a los hombres agrupados frente al
“invento” de Catalino, siguiendo a coro la lectura de las tfilot.
¡Que placer sentía Catalino viéndolos! ¡Que alegría!”
Su hija menor, Susana, nos cuenta que “…. estuvo mucho tiempo
haciéndolo. Tenía paciencia y alma de maestro, le gustaba enseñar lo
que sabía y quería siempre que
todos los de la colectividad estuvieran felices; no le importaba el
reconocimiento. Siempre hacia trabajos que para el eran importantes
para el futuro de la colectividad y su tradición. Lo hacía con
ahínco y devoción”…….”Descuidaba su negocio, cosa que le traía
algunos tirones de oreja de mi madre”…

Elias Behar
Me explicó Uriel Sejtman, Jazan de la
Agudat Israel de Concordia que…..¨Ya desde los tiempos de los dos
grandes templos de Yerushalayim (el 1ro., alrededor de 700 años
antes de la era común) nuestros Jajamim Z´´L, Sabios de Bendita
Memoria, se preguntaban como podíamos dirigir nuestras tfilot
(plegarias) sin equivocarnos en ninguna palabra y así llegar a
enaltecer/agradecer a D´s por todas las bondades que el hizo, hace y
hará con nosotros…”
“ Se accedió a dos métodos, uno que se sigue usando como un minag
(costumbre) con mucho peso que es el de de hacer un rezo
responsorial con el Jazan/Rabi; el mismo decía un verso y el Kahal,
Congregación, lo repetía, también habían otros versos que eran
respondidos.
El 2do método que quedó como un interesante recuerdo es el de esta
foto. La congregación, al no conocer a la perfección los salmos y
diferentes rezos y no tener libros de oraciones por la falta de
imprenta, se juntaba en un rincón a leer estos cartelones con las
plegarias. El caso de esta foto, el “invento” de Catalino tiene un
rollo con las mismas y la mayoría son de Rosh Hashana y Iom Kipur,
los denominados Iamim Noraim¨; días en los cuales nos dedicamos a
reflexionar y evaluar, a reconocer y a perdonar para, poco a poco
lograr un mundo mejor.”

Elias Behar - "Catalino"
Y agrega: “Perlita curiosa, cuando estuve en Sfat, Israel, en dos
templos cabalísticos estaba lleno de cartelones como este; es más en
muchas kehilot se ponen menciones de nuestros rezos cotidianos sobre
el Aron haKodesh como por ejemplo: ´´ki mitzion tetze tora, porque
desde Israel, salió la Tora´´ o ´´mi jamoja bailim Ad´, no hay como
nuestro D´s´´ entre otros…”.
Pienso, después de este comentario, que Catalino tomó la idea de los
recuerdos que atesoraba de su Estambul natal.
Catalino era ese señor bajito, robusto, que siempre estaba
colaborando en las actividades de la Kehilá, ya sean religiosas o de
mantenimiento. Su nombre verdadero era Elías Behar, pero él se hacía
llamar Catalino desde los primeros tiempos, cuando llegó de Estambul
con 16 años y aprendía de los otros turcos djidios a vender por las
calles en su carro a caballo, puntillas y artículos varios, como las
imágenes de Santa Catalina del cual derivó su apodo.
Muy pronto nuestra Kehilá celebrará sus 100 años y seguramente,
donde este Catalino Z´l, sentirá que él también hizo un trozo de su
historia.