"Noche de Rosas" (Erev Shel Shoshanim):

responde Eduardo Carrasco, director de Quilapayún

Esta carta llegada directamente a la redacción de Anajnu es en respuesta al artículo "Cuando Vítor Jara y Quilapayún cantaron en hebreo" que puede ser consultado aquí.

Estimados amigos de Anajnu:

En su interesante artículo "Cuando Víctor Jara y Quilapayún cantaron... en hebreo" ustedes se preguntan sobre las razones que tuvimos para incluir esta canción en nuestro repertorio.

La respuesta no puede ser más simple: porque considerábamos a los judíos como parte integrante de nuestro mundo latinoamericano, y porque estábamos de acuerdo con la existencia de Israel y defendíamos su causa.

Es cierto que en esta afirmación hay un montón de problemas, a los que en esa fecha no habríamos sabido responder. ¿De qué manera se insertan los judíos en nuestro mundo latinoamericano? ¿Es posible considerar a los judíos como algo ajeno a la cultura latinoamericana si convivimos sin hacer diferencias?¿Cuáles son las diferencias que legítimamente hay que hacer y cuáles son las peligrosas? Nosotros zanjamos estas cuestiones de un modo un poco brutal: si esto formaba parte de nuestro mundo inmediato, había que asumirlo como tal. A lo mejor nos equivocamos, pero en algo teníamos razón y quizás algún día valga la pena clarificarlo. Son cosas difíciles de pensar y tienen que ver con el eterno problema judío de la asimilación. Pero lo cierto es que partimos de nuestra experiencia.

Con Julio Numhauser nos habíamos conocido en la Bomba "Israel", que queda en la esquina de Avenida Grecia con Pedro de Valdivia. Aunque muy jóvenes, éramos bomberos, y participábamos de todas las actividades que se hacían a partir de la Bomba: estas incluían, desde apagar incendios, hasta organizar bailes y actividades sociales. Además, teníamos el conjunto, que empezaba a existir.

Uno de nuestros más importantes recitales de esa época tuvo lugar en el Estadio Maccabi. Como nos movíamos en ese mundo, no tiene nada de raro que pensáramos en cantar algo en hebreo. Julio Numhauser tenía un disco con canciones del dúo HaDuda´im que ustedes mencionan en el artículo. De ahí sacamos la canción. Para la pronunciación, nos ayudó un amigo del Maccabi que apenas hablaba castellano. Parece que salió bien.

Si bien el disco se anuncia como de Víctor Jara y Quilapayún, Víctor no canta en todas las canciones. En la grabación cantamos: mi hermano Julio Carrasco, Julio Numhauser y yo. Este trío es el grupo que dio origen al Quilapayún (hace poco acabamos de juntarnos de nuevo en nuestro último disco "Solistas", para cantar "Cambia todo cambia", la famosa canción de Numhauser). Víctor era nuestro director y participaba en los arreglos de las canciones.

Esta canción en hebreo fue interpretada varias veces en vivo en diferentes lugares y tal vez alguien se acuerde de alguna de esas actuaciones. Nos gustaba mucho, y además, cantándola, nos sentíamos luchando por un mundo en que por fin todos los seres humanos se reconocerían como una sola gran familia, más allá de los racismos y de los nacionalismos. El Quilapayún siempre ha mantenido este espíritu humanista que le dio vida.

La vida es demasiado extraña y misteriosa como para darle importancia a las cosas que nos dividen. Son más importantes las que nos unen: la broma pesada que es a veces la vida, y el sorprendente hecho de que estemos aquí, en un mundo que permanecerá siempre ignoto y del que siempre desconoceremos sus finalidades últimas (si es que las tiene). Todo esto es demasiado raro como para insistir en las diferencias.

A pesar de la cercanía de la experiencia del Holocausto, en esa época, en el barrio Ñuñoa, vivimos una experiencia de convivencia muy feliz y enriquecedora entre judíos y no judíos. En realidad, estas diferencias ni siquiera aparecían. Sé que no en todas partes esto fue así, pero nosotros así lo vivimos.

Tengo queridísimos amigos judíos, los que más contaron para mí en esos años, y también - no puedo esconderlo - varios amores de juventud. No sólo Julio Numhauser, sino también Rafael Hernández Voloski, Sergio Warsavski, Joel Rosenberg (también bombero), Sergio Grinberg, Miguel Budnick, Alejandro Rojas Weiner y muchos otros. A las "pololas" no las nombro para no ponerlas en aprietos.

En el artículo ustedes contextualizan muy bien esa época. Eran tiempos en que el principal posicionamiento frente a Israel residía en estar de acuerdo con la existencia del Estado de Israel. Si bien en la actualidad las cosas se han complicado, esa idea sigue igualmente vigente y nuestra posición al respecto sigue siendo la misma.

La verdad es que antes de ese artículo nunca nadie había reparado mayormente en esa canción y les agradezco que ustedes lo hayan hecho.

¿Por qué no se ha vuelto a editar? La respuesta es también simple: porque la EMI Odeón no ha vuelto nunca más a sacar nuestros discos grabados entre 1966 y 1973. Son 5 discos y muchas canciones, entre las cuales se encuentra Erev Shel Shoshanim. Lamentablemente, esto no depende de nosotros. Hemos insistido varias veces ante esta compañía para que estos discos se editen, pero no hemos logrado nada. Los discos nuestros que actualmente están a la venta no incluyen ninguna de estas canciones grabadas para la EMI.

Gracias a mi experiencia de vida, me siento muy cercano a los judíos. Odio el antisemitismo y el racismo. El Holocausto me ha hermanado al pueblo judío para siempre y llevo en mi alma ese recuerdo de algo que no he vivido, pero que está ahí, dentro de mí, advirtiéndome de cuáles son los verdaderos grandes peligros a que el ser humano puede ser arrastrado.

Si esa humilde canción cantada hace tanto tiempo ha podido servir para acercarnos a judíos y no judíos habremos contribuido a acercarnos un poquitito más al mundo por el que nosotros siempre hemos luchado. Tal vez todo esto parezca muy idealista y muy alejado de la realidad, pero no hay nada mejor que la vida para atestiguar sobre lo que uno piensa. El Quilapayún no hubiera sido posible sin esa amistad entre judíos y no judíos.

Ojalá que las nuevas generaciones estén viviendo todavía en ese ambiente de cercanía y fraternidad que fue el nuestro.

Agradeciéndoles de nuevo vuestro interés en nuestro grupo, reciban un enorme abrazo

 

Eduardo Carrasco Pirard

Director del Quilapayún

10 de enero de 2010
 
 

Nota de Anajnu: Fundador, director e integrante del grupo Quilapayún, Eduardo Carrasco Pirard, nominado Caballero de las Artes y de las Letras por Francia, se ha destacado en los últimos años como filósofo y profesor en la Universidad de Chile. Acaba de ser reeditado su libro Quilapayún: la revolución y las estrellas (Ril Editores). Ha publicado además los libros Distinciones (1985); Conversaciones con Matta (1987); Distinciones II (1989); Campanadas del mar (1995); Libro de las respuestas al libro de las preguntas de Pablo Neruda (1999); Para leer Así habló Zaratustra de F. Nietszche (2002); Palabra de hombre: tractatus philosophiae chilensis (2002), "Heidegger y la historia del ser" en la Editorial Universitaria, y "Nietzsche y los judíos" en la Editorial Catalonia. Titular de una licencia y de un DEA de Filosofía de la Universidad de Paris, como músico y con el grupo Quilapayún, ha participado en una abundante producción discográfica que le ha valido obtener el premio de la academia Charles Cros. También es autor de numerosos artículos sobre temas filosóficos en revistas especializadas y ha dictado numerosas conferencias en universidades e institutos.

 

volver a página principal