Cuando mi querida amiga Jana Beris dice que esta profesión nos
acerca a mucha gente valiosa e inteligente coincido ampliamente
con ella. Eso nos da la posibilidad de aprender y conocer a las
personas que forjan la historia. Y Marcos Aguinis es uno de
ellos. No sólo por su caudal de conocimientos y su postura
comprometida, sino por la sencillez de su personalidad y la
calidez que emana. Un apretón de manos, un abrazo, la alegría
cuando se acerca a un amigo, hacen de Marcos un ser humano
especial. Estuve con él, en su casa de Buenos Aires, y le
prometí que lo acompañaría en Jerusalem, cuando recibiera el
merecido homenaje. No fui la única. Muchos fuimos a aplaudirlo.
En efecto, la Universidad Hebrea de Jerusalem, reconocida
mundialmente por su nivel académico, le acaba de conferir al Dr.
Marcos Aguinis un nuevo Doctorado Honoris Causa. Ya tiene otro
galardón similar de la Universidad de Tel Aviv, sumado a
numerosos premios internacionales muy merecidos.
Pero además, quiero contarles algo que, a través de su discurso,
se nota mucho: la emoción. La emoción de Marcos cuando hablaba o
cuando fue el primero que se paró para aplaudir al maravilloso
pianista ruso que estaba en el escenario.
La emoción se retrataba en su rostro cuando recibió la
investidura. No solo recibía un honor, sino que ese honor salía
de Jerusalem, con toda la carga histórica y el significado que
representa para los judíos. Una Jerusalem de la que habló el día
después en una conferencia dictada en el Auditorio Liwerant,
sito en la misma Universidad. No tocó el tema político. Fue la
historia de Jerusalem la que, por su propio peso, revelaba a
través del tiempo y las excavaciones arqueológicas su vínculo
inescindible con el pueblo judío. Habló de esos descubrimientos
y de las pruebas que revelan la poderosa unidad que siempre se
mantuvo entre esta ciudad y quienes la convirtieron en su centro
político, cultural y religioso hace tres milenios. También
repasó los vínculos del islam y el cristianismo con Jerusalem,
dando a cada uno lo suyo, pero señalando las diversas
intensidades y ondulaciones de esa relación. Se refirió a la
“Jerusalem celeste” de los cristianos y el Viaje Nocturno de
Mahoma, brindando detalles y puntos de vista minuciosos,
iluminadores.
Escucharlo fue todo un aprendizaje. La sala del gran auditorio
estaba colmada. Marcos estaba rodeado por muchos amigos
argentinos y latinoamericanos que deseaban acompañarlo. No
podíamos privarnos de su compañía y su palabra en un momento
así. Nos representa muy bien en el mundo como judío, como
argentino y como latinoamericano. Sus libros pueblan las
librerías de todos los países donde fue traducido.
Quise contar sobre esa emoción, que nos contagió a todos. Quise
decir que estuvo acompañado por sus amigos de antes y de ahora.
Y nos estremeció su espontáneo acercamiento para saludarnos y
abrazarnos.
Gracias , Marcos!!! Nos debes un próximo libro que cuente tus
ideas sobre el amigo judío de Mahoma, que le narraba partes del
Tanaj. Mientras tanto, sigo leyendo y desmenuzando tu última
joya:”Elogio del placer”.
Desde Israel
Dori Lustron