ENTREVISTA

Isaac Caro: “No hay autocrítica en las Comunidades Judías chilenas”

 

Isaac Caro G. es uno de los judíos más prestigiados del mundo académico chileno, y uno de esos intelectuales que, con ya varios títulos publicados y un sinnúmero de artículos de referencia obligada, es invitado a cada momento a la televisión chilena en su merecida calidad de Experto en Asuntos Internacionales. Como buen pensador, sus palabras asoman en la conversa cotidiana siempre con un marcado  acento conciliador como si estuviera enseñándole amablemente a sus alumnos. Pero en esta oportunidad el encuentro fue diferente. Su inteligencia perspicaz captó tempranamente que el dialogo sería voraz y asertivo, oportuno y directo, sin componendas ni censuras. "Éstas son las entrevistas que me gustan", señaló cuando concluimos la conversa

- Usted, recientemente ha terminado de dictar un curso de alto nivel en una Comunidad Judía. ¿Cual es su diagnóstico respecto a los proyectos educativos que existen en las comunidades? ¿Responden realmente a las necesidades intelectuales de la gente?

En mi opinión, creo que un elemento deficiente de las comunidades judías es la falta de proyectos educativos y culturales que respondan sobre todo a la diversidad que cada vez más caracteriza al mundo judío chileno, a las personas judías y a las múltiples identidades judías, que surgen y se manifiestan muchas veces fuera de los espacios comunitarios. El curso que dicté en la Comunidad Ruaj Ami obedeció al interés particular de esta comunidad de abrirse hacia un espacio más allá de lo religioso, que incorporara lo cultural y lo educativo, en un ambiente precisamente de pluralidad y diversidad. Es decir, la sinagoga como un espacio de encuentro, de reunión, que sirve para promover actividades culturales, educativas, deportivas.

- En su opinión, ¿cuál ha sido el rol determinante de los líderes laicos (dirigencias comunitarias) y de los líderes espirituales en la constitución del paisaje comunitario actual?

Me parece que en términos generales, los líderes, tanto laicos como espirituales, no han sabido encantar a todo el público judío. Y esto puede ser visto desde una doble perspectiva. Desde el punto de vista de los liderazgos, ha faltado incorporar actividades y planteamientos novedosos, que respondan a los vertiginosos cambios del siglo XXI. Y, desde el público judío, se ha manifestado en algunos casos una apatía generalizada, un no querer participar, que responde a lo que pasa en la sociedad chilena y sociedad mundial contemporánea, donde se imponen el individualismo, la falta de tiempo, el cansancio, la competencia, los temores por quedar al margen - al margen de la salud, de la previsión social, de los cada vez más escasos programas de asistencia social -. En este sentido, me parece que carecemos de grandes líderes que tengan la capacidad de movilizar, de liderar y, sobre todo de formar personas y grupos judíos que puedan ser reflexivos, integrales, autocríticos y conscientes de la realidad judía chilena, latinoamericana y mundial.

- Uno de los mitos más fuertemente arraigados que hay en la opinión general, y que parece haber calado también en el Ishuv chileno, es que los judíos "somos ricos". Desde su perspectiva como sociólogo, ¿qué podría ilustrarnos al respecto?

Bueno, éste es efectivamente un mito que, ilustrado con la experiencia trasandina, ha quedado en parte fuertemente descartado por los impactantes relatos e imágenes que surgieron tras la crisis económica del 2001, donde se mostró que un porcentaje importante de judíos, al igual que partes importantes del resto de la población argentina, estaba en condiciones de pauperización y de integrarse a nuevas formas de pobreza. Por este motivo, se llevaron a cabo varias iniciativas en donde se debatieron las experiencias de las comunidades judías, tanto argentinas como latinoamericanas, en la lucha contra la pobreza. En estas iniciativas han participado autoridades políticas y religiosas, e instituciones como el BID, el Congreso Judío Mundial. De alguna manera, creo que esos eventos crearon cierta conciencia, al menos en la sociedad argentina, de que existen significativos segmentos de la población judía que caben en la categoría de pobres. Esto mismo es aplicable al caso chileno, donde también existen judíos pobres, una de cuyas características más importantes es el aislarse o auto marginarse de la participación comunitaria.

- ¿Porqué la mayor parte de las comunidades se han instalado en sectores "altos" de la ciudad?

Me parece que la ciudad de Santiago se caracteriza por una estratificación sustancial, con una importante división de barrios y comunas. El origen comunal indica ya el status socioeconómico, el nivel de ingresos, la cantidad de bienes materiales, incluso la posición política de los grupos y personas. A partir de esta estratificación general de la ciudad de Santiago, y que se da también en el resto de la sociedad chilena, se ha producido una elitización en las capas altas de la ciudad, que también alcanza a los sectores judíos y que, en mi opinión, es también efecto del bienestar económico que se ha producido a partir de la implementación de las políticas neoliberales. Esto ha hecho que los judíos exitosos, al igual que los santiaguinos que han recibido los beneficios del modelo neoliberal, busquen instalarse en nuevos sectores acomodados, más alejados del centro de la capital. En segundo lugar, junto con un enriquecimiento de determinados sectores judíos – al igual que el resto de la población – se ha producido también una pauperización de otros sectores y, en la medida que éstos se automarginan o son marginados, como decía más arriba, no acuden a las sinagogas que estaban ubicadas en el sector céntrico de la ciudad. Esto, unido al proceso anterior de elitización, ha incidido en un movimiento hacia los sectores del barrio alto de la ciudad.

- Por estos días varios judíos hacen noticia en la prensa política. Siempre ha habido judíos en la política, lo que es saludable, sin embargo no siempre su trayectoria y actos han sido éticamente judíos. Cito el caso de la expulsión de un medio de prensa hecha por un judío desde el acto de proclamación del candidato presidencial de la derecha.

En mi opinión, esto hay que explicarlo en el sentido de la diversidad que caracteriza a las personas que se auto identifican como judías. Ser judío no implica necesariamente actuar con justicia, con equidad, respetar los principios del judaísmo, ya sea de un judaísmo laico, religioso o de otra índole. Por consiguiente, en todos los grupos, y también en el judaísmo, hay políticos, religiosos, líderes, que van a actuar de un modo que es éticamente reprochable, incorrecto o intolerante. Hemos visto casos más extremos, como rabinos que trafican y delinquen, o determinados individuos pertenecientes a grupos sionistas religiosos capaces de matar a un primer ministro de Israel. Insisto, la condición de ser judío no garantiza actuar de una manera que sea éticamente correcta. Y esto es algo que se da en todos los grupos, en todas las religiones, en todas las etnias, en todas las clases sociales.

- Por otra parte, también ha primado en la actuación pública cierto recato y autocensura por el hecho de ser judíos, tal vez por temor al antisemitismo. ¿Cuanto de este pudor ha sido beneficioso para la imagen pública de nuestro Pueblo?

La actividad política y pública, tanto en Chile como en el resto de América Latina, y otras partes también, incluyendo Israel, está fuertemente desacreditada, por los actos de corrupción, por el manejo burocrático, por la mala gestión de los políticos y de los gobiernos. En cuanto a los políticos, la gran mayoría de ellos lo que buscan es llegar o mantener el poder y, para ello, son capaces de asociarse a determinados grupos o sectores que los ayuden a alcanzar sus objetivos. En esta dirección, dar a conocer la condición de judío, en una sociedad como la chilena, en donde existe tanta desinformación sobre el judaísmo, sobre Israel, sobre el sionismo, puede ser considerado como contraproducente, como un obstáculo al que es considerado el objetivo principal de la mayoría de los políticos.

- En estricto rigor, y con datos en mano, ¿Cuál ha sido y es el perfil sociopolítico de la judería chilena?

Para el caso chileno esto es más difícil de conocer que para la situación de Argentina, Brasil o México, puesto que en nuestro caso no sé de estudios específicos sociodemográficos o socioeconómicos de la población judía, realizados además con sistematicidad y apoyo de grandes instituciones judías. Lo que conozco es una encuesta de percepción realizada por La Palabra Israelita el año 2007. En cuanto al nivel ocupacional y educacional de la población judía, se observan niveles superiores al promedio nacional: cerca de un 60% tiene educación universitaria frente a casi un 14% del nivel nacional; un 28% son profesionales, lo que baja a cerca de un 9% en el caso nacional. Sin embargo, no conozco un perfil sociopolítico de la comunidad judía chilena. No obstante, pareciera ser que los judíos se han incorporado a las distintas esferas del ámbito político, desde la izquierda hacia la derecha. La situación pareciera ser – y esto lo digo en forma hipotética – muy diferente a la de los judíos estadounidenses, donde un porcentaje superior al 65% se caracteriza por tener posiciones muy progresistas, que en lo político los vinculan al Partido Demócrata, y que en otras materias son, en una gran mayoría, partidarios de reconocer derechos civiles a las minorías sexuales.

- ¿Responde este perfil que usted nos da a las mismas contradicciones que vivencia la sociedad chilena en general?

Es difícil responder en rigor, sin tener los datos a la mano. Pero mi impresión es que los judíos están enfrentados a los mismos problemas de la sociedad chilena, sumando a ello las situaciones de antisemitismo que provienen de determinados sectores, como la extrema izquierda, la extrema derecha, los movimientos neonazis, agrupaciones palestinas radicalizadas, posiciones integristas católicas contrarias al Concilio Vaticano II.

- ¿Son determinantes los vaivenes de la política israelí en el perfil que usted nos entrega?

Creo que en gran medida sí lo son. De acuerdo a conversaciones y lecturas que han compartido conmigo personas del ámbito judío progresista chileno, ha habido un impacto político importante de la política israelí en las posiciones políticas de los judíos chilenos, con respecto a Israel y el proceso de paz con los palestinos. En este sentido, en Chile el campo más progresista, aquel partidario de continuar las negociaciones con los palestinos y de la búsqueda de una paz comprehensiva en la región del Medio Oriente, se ha reducido drásticamente y vive una verdadera crisis, como efecto de las últimas elecciones generales realizadas en Israel, que dieron una victoria a la derecha y a los partidos de la ultraortodoxia religiosa.

- Pasando a temas de representatividad, uno de los fenómenos más legitimados en el Ishuv chileno es la constante aparición de entidades transversales que pretenden responder a las inquietudes que las grandes comunidades no logran satisfacer. ¿Acaso, como apuntaba un sociólogo judío argentino, ya pasó el "tiempo de las comunidades"?

Bueno, éste es un tema que viene precisamente de las comunidades argentinas, en donde se ha dado un enfrentamiento muy grande, que viene desde el atentado contra el edificio de la AMIA-DAIA y que continúa hoy en día casi sin cesar. El rabino Sergio Bergmann ha criticado la “centralización comunitaria”, al tiempo que lo que parece surgir ahora es una multiplicidad de comunidades judías, distintas, transversales, que han dejado de lado el modelo de la gran comunidad centralizada. Por eso, yo prefiero hablar de comunidades judías (en plural), para recalcar el asunto de la diversidad que caracteriza al mundo judío, como ya lo he repetido varias veces. En el caso argentino, algunas de las “grandes comunidades” no sólo no lograron resolver el Caso AMIA, sino que hubo dirigentes judíos que fueron procesados por obstrucción a la justicia. Hoy se produce un debate entre la AMIA, por una parte, que no acepta que se sepulte a judíos conversos por corrientes distintas a las ortodoxas en los cementerios judíos, y los movimientos Masortí y Reformista, que son contrarios a esta medida. En este contexto, surgen organizaciones, agrupaciones e instituciones novedosas y transversales. Se trata en muchos casos de nuevas identidades judías, como Grupo Otra Mirada, Judíos Argentinos Gays (JAG), Orgullo Koolsher, que responden a propuestas sociales y culturales encaminadas a un judaísmo integrador, diverso y dinámico, que se plantea vivir un “judaísmo a tu manera”. Creo que también en Chile estamos enfrentando un período de descentralización comunitaria, que hace que surjan este tipo de grupos, organizaciones, centros, que son transversales porque incluyen temas y problemáticas distintas a las comunidades oficiales, y pueden tener la capacidad de dar cabida a las diversas identidades judías.

- Un rol determinante en el desarrollo de las comunidades parece ser la presencia o la ausencia de ciertos temas que siempre han estado presentes, pero que son tratados de manera sutil por las comunidades, cuando no directamente ignorados. Cito el caso, a modo de ejemplo, de la Comunidad Judía de Chile, que es el órgano representativo, que ha puesto especial acento en la Ley Antidiscriminación, sin embargo los contenidos, el espíritu de esa ley, parece no verse reflejado en nuestras instituciones.

En este sentido, me parece que la Comunidad Judía de Chile sí ha puesto un acento especial para que se apruebe una Ley Antidiscriminación. El problema va en que hay determinados sectores políticos de derecha y religiosos pertenecientes a un mundo católico y evangélico más conservador que se niegan a que en esta ley se incluya el tema de la orientación sexual como causa de discriminación. Esto ha entrampado la ley. Ahora, otro tema distinto, aunque relacionado con esto, es que no se ha dado, en el seno de las comunidades judías chilenas, un debate profundo y serio sobre el tema de los judíos que son gays o lesbianas. Este es un tema pendiente, que deberá ser asumido por nuestras comunidades.

- ¿Cuanto ha calado el reconocido progresismo de la sociedad israelí en las dinámicas institucionales del ámbito local?

Creo que se dan dos fenómenos. Por una parte, lo que ocurre en Israel tiene impacto en las comunidades locales, sobre todo, en la medida que todas ellas, muchas creadas con anterioridad al Estado de Israel, son sionistas y desde la fundación de Israel han tenido una estrecha relación con este Estado. Sin embargo, también muchas comunidades obedecen a las dinámicas propias de los países en las que están insertas y, en este sentido, la permeabilidad con respecto a lo que sucede en Israel puede ser menor. El progresismo de la sociedad israelí, que fue característico durante los gobiernos laboristas, sustentados en un principio sionista político, republicano, democrático y participativo, ha dado paso a un modelo sociopolítico más nacionalista, y esto ha provocado, como lo dije anteriormente, que el campo judío más progresista esté pasando por una crisis en Chile. Pero, la reducción del campo progresista no tiene que ver sólo con lo que pasa en la sociedad israelí, sino también con una polarización del campo palestino, con la victoria de Hamas en las elecciones de 2006 y anteriormente con la Segunda Intifada y los atentados terroristas llevados a cabo en distintas ciudades israelíes. Se ha producido una polarización en ambos lados, a lo que se suma la amenaza real que significa Irán para Israel. En suma, el progresismo parece estar en una crisis, y tiene motivos reales y concretos para estarlo.

- ¿Usted me está diciendo que los discursos progresistas intracomunitarios, que a veces escuchamos, son en realidad manifestaciones de un neo-conservadurismo?

Insisto, me parece que el progresismo político está reducido por las razones que he señalado. Y lo que tiende a imponerse por lo tanto es un discurso más bien conservador o neo conservador, no sólo con respecto a materias externas, que tienen que ver con Israel, el conflicto con el mundo árabe, sino también con cuestiones internas, como el no saber abordar el tema de los judíos gays, las nuevas concepciones de familia, los nuevos desafíos de la sociedad contemporánea, los nuevos espacios que surgen al margen de las instituciones judías tradicionales.

- Sin embargo las ortodoxias, y lo digo así, en plural pues es ésa la correcta definición cualitativa, han vivenciado un desarrollo notable en Chile ya sea producto de una gestión eficiente en cuanto a recursos materiales y humanos, como a un auténtico interés de las personas, especialmente jóvenes, por vivenciar un Judaísmo más riguroso.

Sí, efectivamente, en lo que se refiere al judaísmo chileno, se percibe también un regreso a los “fundamentos” religiosos, con un crecimiento de las corrientes ortodoxas, lo que tendría tres indicadores centrales: el aumento de sinagogas ortodoxas, que antes no existía en Chile, y la mayor participación en las mismas; la presencia de rabinos ortodoxos, los que tampoco existían en el país; el crecimiento de un mercado y un consumo de comida kosher. Una característica central de este regreso a la ortodoxia es que está constituido por un movimiento de jóvenes

- Curiosamente, a nivel mundial después de la Shoa, ha sido una parte del sector ortodoxo el que ha venido planteando innovaciones en el discurso religioso del Judaísmo: Ciencia y Torah es un planteamiento que ha surgido desde ese sector, también el debate sobre la diversidad sexual llegó a todas las comunidades sólo cuando desde la ortodoxia se produjeron novedades. Pareciera ser que el Judaísmo liberal (masortí, reformista y otros) se mantuvo inmovilizado intelectualmente cuando surgieron nuevas preguntas. Quizás el término "conservador" no sea aplicable exclusivamente a los sectores que visten sombrero negro.

Efectivamente, algunas de las ortodoxias han planteado transformaciones importantes en el discurso religioso, pero en gran medida se han quedado sólo en el discurso y en el debate, pues todavía en muchas de ellas predomina la idea de la sanción y del castigo a la realización de ciertas prácticas. En este sentido, el judaísmo liberal ha dado un paso más, al admitir la diversidad sexual, incluso la práctica de la misma, así como las uniones civiles de personas del mismo sexo, y, por otra parte, al aceptar un rol activo de las mujeres.

- Sin embargo esto no responde el planteamiento anterior: el "conservadurismo" no es patrimonio exclusivo de los sectores ortodoxos, y hasta parece que estos sectores, en muchos aspectos, fueran más progresistas que los del judaísmo liberal.

Lo que ocurre es que el judaísmo liberal no es igual aquí en Chile, en Argentina o en Estados Unidos, sino que en mi opinión depende también del contexto nacional en el que se desenvuelve. Y, por lo tanto, puede ser más liberal en una parte, o más conservador en otra, más religioso en un contexto y menos en otro. Recuerdo que la Nueva Congregación Israelita (NCI) de Montevideo, que pertenece al Movimiento Masortí, me pareció muchísimo más cercana al reformismo que cualquier comunidad Masortí de Santiago. Por otra parte, un rabino uruguayo de la misma congregación me hablaba que en ese país la participación judía se daba principalmente en organizaciones laicas, lo que obedecía a una característica central del Uruguay: el carácter eminentemente laico de su sociedad. Hay, por lo tanto, variables nacionales que indudablemente inciden en la identidad judía y en la forma de vivir el judaísmo.

- La Sinagoga ha sido, históricamente, el foco aglutinante de la vida judía, sin embargo la mayor parte del Ishuv no participa en las Sinagogas, aunque tampoco lo hace en las actividades laicas. ¿Qué sucede con la enorme cantidad de personas judías que en nada participan? ¿Alguna vez lo hicieron? ¿Alguna vez lo harán?

Esto depende también de varios fenómenos. La sociedad contemporánea, que ha sido descrita por algunos sociólogos, como una sociedad que transita en un periodo de radicalización de la modernidad, es respuesta a una época que es absolutamente galopante, en donde el cambio cada vez es más acelerado y, por lo tanto, no tenemos capacidad de adaptación suficiente a las múltiples transformaciones que experimentan nuestras vidas. El cambio genera falta de adaptabilidad y falta de tiempo. Esto explica en gran medida la falta de participación en cualquier tipo de actividades, sean religiosas, políticas o de otra índole. Pero, por otro lado, estos cambios productos de la globalización pueden generar también oportunidades importantes: la necesidad de pertenencia, la necesidad de comunidad, la búsqueda de certidumbres y de sentidos que se han perdido en la sociedad contemporánea.

- En efecto ese parece ser el problema: por una parte las personas no se sienten identificadas, y adicionalmente se marginan, y por otra tampoco se dan la oportunidad de generar transformaciones cualitativas desde dentro. ¿Cuál es, entonces, el tipo de Sinagoga que se precisa en Chile?

Lo que se necesita es una sinagoga renovada, una sinagoga que no sólo sea centro de la vida espiritual judía, sino que sea también un foco de vida cultural, educacional, artística, musical. Esto es lo que se vive en Ruaj Ami. Se necesita reinventar la sinagoga y las comunidades. De este modo, más personas querrán participar en un espacio renovado para así lograr pertenencia y un sentido de comunidad, que se ha perdido en la sociedad globalizada. Un ejemplo interesante y novedoso que me parece importante también mencionar, para el caso chileno, es el espacio que se ha dado en el Curso de Judaísmo en profundidad denominado “Mejiná”, dictado en el espacio de la comunidad sefaradita. Si bien es cierto esta iniciativa no refleja al conjunto de esa comunidad, ésta es una experiencia cultural, educacional, espiritual, de apertura hacia las diferentes tendencias y formas de vivir el Judaísmo. Participar de este grupo de Mejiná ha sido para mí una grata experiencia, no sólo por lo aprendido en el curso, sino también por las vivencias compartidas con mis compañeros.

- Pareciera ser, entonces, que la judería chilena está en constante movilidad entre opciones institucionales.

Sí, la judería chilena no se debe a una comunidad o a un modelo en particular, sino que también aquí empiezan a surgir nuevos espacios, nuevas identidades judías, un nuevo humor judío, un nuevo sentido de vivir e identificarse con el judaísmo, que nos demuestran que la vida judía está cada vez más descentralizada, dispersa y diseminada. Sin embargo, descentralización no significa necesariamente asimilación, sino reconocer la diversidad, reconocer las múltiples oportunidades y opciones de ser judío y de vivir el judaísmo. Este será probablemente el proceso que estamos viviendo y que caracterizará la vida judía durante los próximos 10 o 20 años.

- ¿Cuál es, en su opinión especializada, el perfil socio-económico y cultural de las personas que participan activamente en la vida comunitaria y sinagogal?

En general, en base a mi experiencia personal, que puede estar sesgada, ya que no conozco en profundidad todas las comunidades y sinagogas, me parece observar un perfil socio-económico que tiende a predominar, y que está sustentado en una mayor presencia de las capas medias y altas de la comunidad. Como lo dije anteriormente, las personas de menor nivel socio-económico tienden a aislarse, automarginarse o quizás sean marginadas en algunas comunidades. Por otra parte, este nivel socio económico no siempre está ligado con el nivel cultural.

-¿No está ligado el nivel socio económico con el nivel cultural en las personas que han vivenciado una movilidad social?

Así es. En muchos casos, pareciera haber mucho desconocimiento sobre la cultura en general y sobre el judaísmo en particular. En Chile hace falta crear centros de estudio, centros culturales, espacios de encuentro, reflexión y crítica, dirigidos a una población judía, joven y adulta, que está marginada o auto marginada de las instituciones judías, de modo que se pueda llenar un vacío importante y que se pueda incluir a las nuevas identidades judías que surgen en estos tiempos de cambio. Me parece que el elemento de autocrítica no está suficientemente presente en las comunidades judías chilenas y ésta es en mi opinión una de las mayores debilidades de la vida judía institucionalizada.

- Caro es un apellido español de tradición sefaradí, ¿no es así? ¿Porqué usted no participa en la Comunidad Sefaradí?

Más que responder por qué no participo en la Comunidad Sefaradí, me parece mejor responder por qué sí participo en la comunidad actual, Ruaj Ami. La verdad es que en esta pequeña y reciente comunidad he encontrado un espacio importante, que me ha permitido hacer y proponer cosas, de una manera absolutamente espontánea. Me siento en un espacio acogedor, que es al mismo tiempo pluralista, respetuoso de la diversidad, en donde el directorio y el Rabino tienen una misión, una visión y una causa que apunta al respeto y al fomento de las diversas formas de ser judío. En esta comunidad se fomenta la vida cultural y comunitaria, haciendo del espacio sinagogal un centro no sólo para la observancia judía, como lo señalaba más arriba, sino también un centro de vida cultural, educacional, musical. En este sentido, Ruaj Ami me ha dado la posibilidad de expresarme en forma cabal en los ámbitos personal, espiritual, profesional, lo que ha significado para mí un crecimiento que no había experimentado en ninguna otra comunidad judía.

 

 

Nota de ANAJNU: Isaac Caro es sociólogo, licenciado en Sociología por la Pontificia Universidad Católica de Chile, Magíster en Estudios Sociales y Políticos Latinoamericanos por ILADES-Universidad Alberto Hurtado, Doctor en Estudios Americanos por la Universidad de Santiago. Autor, entre otros libros, de Fundamentalismos Islámicos. Guerra contra Occidente y América Latina (Sudamericana: Santiago, 2002) y Extremismos de Derecha y Movimientos Neonazis. Santiago, Madrid, Berlín (Lom: Santiago, 2007).  Actualmente, es académico del Departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Alberto Hurtado; director de la Revista de Estudios Transfronterizos Si Somos Americanos de la Universidad Arturo Prat; miembro del Seminario Permanente de la Shoá en América Latina en el Centro de Estudios Judaicos de la Universidad de Chile. En el ámbito comunitario, es socio activo de la Comunidad Ruaj Ami.

 

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