entrevista:
"Anhelo una comunidad observante y libre"
El
Rabino Roberto Feldmann conversa con Anajnu
Conocedor y cultivador de la buena música,
sensible a los vaivenes del quehacer
comunitario, de una cultura e inteligencia
abrumadoras, y cuidadoso en el uso del
lenguaje, el Rabino Roberto Feldmann dialoga
con Anajnu. A momentos relajado, a momentos
expectante, la conversa extendida,
prolongada y profunda transita por áreas
rara vez abordadas con tamaña franqueza.
Conciente de lo que significa una entrevista
en Anajnu, a momentos sus palabras
parecieran sonar como las notas de un piano,
que él ejecuta a la perfección; en otros
asoma la severidad austera, como si pasara
desde la sonoridad de una Sonata de
Beethoven a la dulzura de un modesto fado.
Con todo, en sus palabras no hay ni un
afectado protocolo, ni siquiera asomo de
delicadezas diplomáticas. Lo suyo, en
realidad, es el deseo de no dejar duda
alguna respecto a su posición, y, por
cierto. lo logra con creces.
por Mijael Vera
-Usted es de los pocos rabinos chilenos que
circulan por estos lados y, si no me
equivoco, el único que es Reformista
habiendo cursado sus estudios en el Hebrew
Union College en USA. ¿Qué le lleva al
reformismo en un Ishuv más caracterizado por
el movimiento masortí y la ortodoxia?
Es cómico: Si graduarme en el Hebrew Union
College me hace reformista, entonces
graduarme en la Universidad Católica me hace
católico. Ambas son simplemente
instituciones académicas de excelencia.
Nunca he escuchado que a un judío graduado
de la UC lo llamen “católico”.
Tres son los mejores seminarios rabínicos
del mundo: El Hebrew Union College – Jewish
Institute of Religion (HUC) –Progresista-,
el Jewish T
heological
Seminary (JTS) – Conservador- y la Yeshiva
University (YU) –Neo-ortodoxo-. Tuve el
privilegio de estudiar en el primero de
ellos, el Hebrew Union College, el seminario
rabínico mayor y más antiguo de occidente,
fundado en 1875, con muchas de las mayores
luminarias académicas del mundo judío.
Realicé mi Magíster en Letras Hebreas y me
ordené rabino tras mis cinco años de intenso
estudio en Jerusalén y EE.UU. El nivel
académico, la infraestructura bibliotecaria,
las opciones de profundización y la seriedad
de su currículum en sus cuatro campus
–Jerusalén, Nueva York, Cincinnati y Los
Angeles- es sencillamente incomparable a
todo lo poco que existe en nuestra región.
No soy reformista. No pertenezco ni he
pertenecido, ni formal ni informalmente, a
sindicato rabínico alguno, de corriente
alguna. Nunca he dicho que soy reformista. Y
no porque la reforma sea una mala palabra
–como algunos han querido que el vox pópuli
la defina- sino simplemente porque no me
identifico con la reforma. De modo que hay
quien, aprovechando el desconocimiento total
sobre yahadut mitkademet (judaísmo
progresista), se ha empeñado en sindicarme
algo que nunca ha salido ni de mi boca ni de
mi pluma. En Chile casi nadie sabe lo que es
la reforma, la corriente religiosa judía más
antigua y mayoritaria en el mundo. Creo que
sería un inmenso aporte saber cuánto le
debemos a ella, partiendo por el hecho que
el movimiento conservador surgió de la
reforma.
- Entonces, ¿cómo se define y se ubica
dentro del espectro de tendencias que le dan
al Judaísmo su multiplicidad y variedad?
Soy un judío. ¡Ojalá bastara con eso! Me
crié en el Movimiento Juvenil Ramah
(conservador) en los años ochentas, donde el
espíritu y la sencillez, la observancia
plena, profundamente jasídica de Shabbat,
Kashrut y Tefilá, del estudio de la Torá y
la igualdad de los géneros en el judaísmo,
me fraguaron en el paisaje maravilloso de la
desembocadura del Biobío. Y sigo siendo
esencialmente el mismo muchacho de Ramah,
apasionado por mi judaísmo, como a mis 20
años; ya rabino, y habiendo madurado por 15
años en el rabinato. De facto soy
conservador en mi vida personal y en el
púlpito, sólo que con un estilo
latinoamericano, -acaso latinoamericanista-,
ecologista, con una mística neo-jasídica, y
una convicción de que los tiempos de las
“derechas” e “izquierdas” del judaísmo
religioso están passé. Hoy lo que importa es
la vivencia judía que nos da sentido, nos
conecta con conocimiento y amor a nuestras
fuentes, y lo que podemos reformular para
hacer nuestra vida judía profundamente
relevante, en un aprendizaje constante,
serio y creativo a la vez. Por eso tengo
coincidencias importantes con el Jewish
Renewal. Si debo hacerlo, me defino como un
judío trans-denominacional, que ama y goza
la observancia tradicional judía, plena de
espiritualidad y sentido, de libertad y
alegría, y cuyo pensamiento y radar es
universalista. Soy sionista, amante de
Israel, y amante de todas las diásporas; amo
la historia del pueblo judío y la diversidad
maravillosa de sus etnicidades. Soy un judío
enamorado de nuestra inmensamente rica
identidad, y me siento cómodo desde un
púlpito neo-ortodoxo hasta uno liberal,
siempre que sean vibrantes de alma judía y
sabor tradicional, de cultura judía y
autenticidad, de Yiddishkeit. Sin ella y sin
alma, no estoy en mi elemento.
- Es interesante escuchar de usted esta
definición. Tengo entendido, además, que
Usted es bastante conocido por tendencias
que podríamos denominar "New Age" como, por
ejemplo, el tema de las cartas astrales y
otras que se escapan a mi pobre
entendimiento en la materia. Gustaría
conocer más de este aspecto de sus intereses
y cómo compatibiliza ello con el Judaísmo.
No, el “New Age” no me representa. Yo
simplemente sigo la senda de tantos y tantos
rabinos que fueron grandes astrólogos:
Shlomo ibn Gavirol, Abraham ibn Ezra,
Friedrich Weinreb, por nombrar sólo algunos.
Astrología no tiene nada que ver con
astrolatría, que es a lo que los judíos nos
oponemos: idolatrar astros. De ahí nuestra
oposición judía a lo que el Talmud llama
“Ovdei Cojavim Umazalot”, o “idólatras de
estrellas y constelaciones”. El judaísmo se
opone a la astrolatría, pero está lleno de
sabiduría astrológica, sintetizada en la
oración que recitamos todos los judíos, cada
Shabbat en la mañana: El Adón. Rezamos
–traduzco-: “Buenas son las luminarias que
creó nuestro D’s / las formó con
conocimiento, sabiduría e inteligencia / las
dotó de fuerza y poder / para ser regentes
en el universo”. Ibn Gavirol tiene una oda a
la astrología que se recita en comunidades
ortodoxas en Yom Kippur, llamada Keter
Maljut, “Corona del Reino”. El comprensible
énfasis contra la astrolatría, generó una
premisa equivocada y el prejuicio sin otro
fundamento que la ignorancia. El calendario
judío está firmemente basado en la
simbología zodiacal. Sería muy interesante
abordarlo, pero sería extenso. Demás está
decir que la astrología no tiene nada que
ver con el horóscopo, la frivolidad o la
predestinación. Es simplemente un antiguo y
sabio lenguaje de auto-conocimiento que el
judaísmo aborda desde siempre, como en la
famosa imagen del zodíaco en la sinagoga de
Bet Alfa, de hace un milenio y medio. El
hecho que la rueda zodiacal esté en mosaico
en el piso, y no en el techo de la sinagoga,
nos guiña el mensaje: Se trata de los
cimientos del inconsciente colectivo desde
los que nuestros meses y sus fiestas
emergen.
- Me queda claro que su posición está
marcadamente definida por una perspectiva
intuitivamente emocional. Sin embargo, desde
una óptica racional, las diversas tendencias
y movimientos han preferido posicionarse
desde denominativos como "progresismo" en
dialéctica con respecto a formas de
conservadurismo e inmovilidad. Aunque en las
últimas décadas cuesta bastante reconocer en
donde se ubican las posiciones
auténticamente progresistas e innovadoras,
gustaría que me comentara su opinión
respecto a estas definiciones "racionales".
¿Qué hace que tengamos esta necesidad de
rotular, clasificar artificialmente un yo
versus los demás? Tener naturalezas
distintas es natural –valga la redundancia-
¿Y qué hace que siendo tan pocos, insistamos
sobre denominaciones, cuando todo lo que
necesitamos es más casamenteras discretas,
más matrimonios judíos, y sobre todo, más
niños judíos sanos y felices, expuestos a
una alegre, dulce, sabia y feliz osmosis con
toda la santidad, sensualidad y el sentido
de la Torá y las Mitzvot, las asociaciones y
valores implícitos y explícitos de nuestro
judaísmo?
No me parece que la dualidad sea entre
emoción-intuición versus razón. También
sufro por mi razón, que noblemente, me
pregunta cómo puedo creer después de todo y
tanto. Y su voz es no sólo legítima sino tan
desgarradora como necesaria. Mi fe no es
fácil, nunca lo ha sido. Me cuesta. El
silencio, el amor y la tefilá me la curan.
Es desde el jaque de la razón a mi sentir,
que evoluciono, o “progreso” para
entroncarme en la terminología de su
pregunta.
Las definiciones “racionales”, son en verdad
sicológicas. Es la naturaleza de un ser
humano la que le lleva a uno de dos impulsos
básicos: conservar o renovar: Son pulsiones
tan necesarias y legítimas una como otra. Y
se hallan en la naturaleza humana, mitad y
mitad, en cualquier ámbito humano. En
política, en una oficina, una sobremesa, y
en nuestra comunidad judía. Lo crucial es
que todo judío es mi hermano a concho. Y ese
es un ejercicio lindo y necesario,
cotidiano. Ama a tu hermano y hermana:
Veahavta lereejá kamojá –amarás a tu prójimo
como a ti mismo- se refiere primero a tu
hermano y hermana judía. A menos que sea un
fundamentalista enajenado o un psicópata,
basta una mirada a los ojos, en la penumbra
suave de las velas de Shabbat; una palabra
sincera y de corazón, y nuestros argumentos
se vuelven menos importantes que lo divino
en nosotros: Tenemos naturalezas personales
un poco diferentes; nada más.
Cada página de Midrash –alegoría rabínica- o
Mikraot Guedolot, -exégesis rabínica- tiene
muchos “Davar Ajer”, distintas
interpretaciones. Y se añaden unas a otras.
¡ No se excluye ninguna ! Este es el pueblo
de la inclusividad y la dialógica, no es el
pueblo de la exclusión y la dialéctica.
Volvamos a estudiar nuestras fuentes y
recordaremos que “Eilu veeilu divrei Elohim
Jayim” (Unos y otros canalizan facetas de la
divinidad viviente). Hay más de un camino
para ser judíos.
- Precisamente desde esa premisa de "hay
más de un camino para ser judíos" es que se
conflictúa la dialógica toda vez que la
tradición ha puesto énfasis en el estudio y
el debate, y por otro lado, los movimientos
liberales en el Judaísmo, desde el Jasidismo
hasta la Reforma, por poner sólo algunos
ejemplos, han estimulado el "sentir". No es
menor el que estas dos posiciones han
confrontado a las ortodoxias clásicas con
los judaísmos liberales y esto ha tenido
enormes repercusiones políticas en el
desarrollo de la historia comunitaria
durante el S.XX. En este marco de lectura
una dinámica interesante parece ser el de
las Javurot que en algún momento funcionaron
en Chile con bastante frecuencia. ¿Puede
usted contarnos un poco de esa experiencia?
Si bien el Jasidismo fue una preciosa
revolución por el sentir, la Reforma es todo
menos sentimental. Es sumamente racionalista
y cuestionadora; lo más lejana que hay a la
emocionalidad. La Reforma es esencialmente
académica, científica e investigativa; (Wissenschaft
des Judentums – ciencia del Judaísmo-). Por
eso su nivel académico y de estudio de la
Torá, las fuentes, es de excelencia. Incluye
por ejemplo la arqueología bíblica y las
lenguas de la antigüedad, caldeo, ugarítico
o acadio, en los que el judaísmo como
civilización se desenvolvió en la
antigüedad. Por mi personalidad
auto-exigente, este nivel académico es el
que elegí para mis estudios rabínicos. Pero
mi naturaleza no puede ser más lejana a esa
sequedad. Pienso que es mejor primero la
academia, para luego la inspiración. Lo
mismo que en el arte.
No creo que la comunidad judía chilena haya
tenido tema alguno con las corrientes del
judaísmo durante el siglo XX. Creo que ese
asunto comienza a fomentarse como discurso
sólo a mediados de los años 1990, cuando por
un lado la ortodoxia Jasídica (Chabad) y
Misnagdi (Aish, Kolel) van tomando mucha
fuerza, y el movimiento conservador local
anhela oponérsele con una política de
imagen, denostando a las ortodoxias, y a una
reforma que en Chile nunca existió ni
existe. Pero la gente tal vez no sabe que el
movimiento conservador o masortí, ordena
mujeres rabinas y ordena rabinos y rabinas
homosexuales. Si tuvieran conocimiento de
ello, las asociaciones con la palabra
“conservador” se desdibujarían, y emergería
una realidad más multi-dimensional y
compleja. La idea masortí es muy valiosa: es
la de una halajá viva. Y esa idea
fundamental –que comparto profundamente- no
está exenta de riesgos.
La Javurá sí es un fenómeno del tardío siglo
XX, que surge del movimiento
reconstruccionista en la década de los 60’s
y 70’s en Estados Unidos. Los grupos. La
autonomía. La autogestión. La necesidad de
una vida judía nutriente y consistente, más
allá del establishment, y con lazos de
amistad más personales que en la gran
sinagoga. Yo partí con Javurá Kol Haneshamá
en 1997, la cual, al crecer mucho, asumió
carácter de congregación en 2003 con su
personalidad jurídica, pero sin perder ese
espíritu familiar, íntimo, en que el
desarrollo espiritual judío, individualmente
y en familia, es muy activo y entusiasta. De
ahí su éxito. Hoy hay muchas más javurot en
Chile de lo que la gente sabe. Algunas ni
siquiera quieren que de ellas se sepa, para
ser radicalmente independientes. Ello
muestra una distancia entre lo que los
judíos desean y las bizantinas políticas de
“corrientes” que las cúpulas enarbolan como
tan importantes. La comunidad judía va
cambiando sus dinámicas. Para servirla con
corazón y éxito hay que saber leerla bien.
- Sin lugar a dudas esas dinámicas son
abrumadoramente cambiantes y a veces sucede
que las grandes instituciones muchas veces
están más preocupadas en hacer funcionar los
edificios institucionales que procurar el
desarrollo de las personas. En ese entorno
dinámico, ¿qué realiza y qué anima a su
comunidad, Yakar?
Yakar es una comunidad judía sui generis por
su espíritu. Más que edificio institucional
es judaísmo como vivencia de genuina
evolución. Va mucho más allá de reeditar la
tradición y sus celebraciones. Se inscribe
en el judaísmo liberal y el Jewish Renewal,
y toma eclécticamente lo que le hace sentido
de los movimientos ortodoxo, conservador y
progresista, así como del auténtico espíritu
jasídico, de distintas etnicidades judías,
para enseñar Torá y espiritualidad judía con
sentido: Que a cada uno, en diferentes
momentos, nos caiga la chaucha. Conciencia
amorosa y solidaria para nuestras vidas
contemporáneas. Con Personalidad Jurídica
desde 2003, reúne a familias, niños,
jóvenes, tercera edad; judíos y judías de
variadas edades y talentos, que no sólo
vibra en sus hermosos servicios religiosos,
sino que ha desplegado una vitalidad muy
especial en Chile:
Realiza retiros para adultos, un programa de
educación para niños de Talmud Torá en una
convivencia alegre y una educación eficaz
que apunta a que vayan empoderándose
felizmente de su judaísmo: “Quiero ser
protagonista de mi pueblo; ser judío me
importa”. Explica, ante cada fiesta o ciclo
vital, sus significados más profundos,
ayudando a un adulto a cosechar mayores
matices de sentimiento y comprensión
personal. Apoya a las familias, la pareja,
los niños –¡ muy especialmente a los niños!-
y acoge también a aquellas que están
constituidas por miembros no-judíos, como
una realidad de facto existente, ayudándoles
en la educación de sus hijos nacidos judíos
o conversos según la halajá (ley judía).
Rescata una mística cálida y alegre, lejos
de las esoterias, sencilla, inteligente y
cálida a la vez. Es una comunidad que
integra a sus miembros por quienes son, y no
sus diversos niveles socioeconómicos. La
gente es cálida, sencilla, se respira
alegría y amistad.
Es una congregación plenamente igualitaria
entre mujeres y hombres, activamente
promotora del libre pensamiento y el libre
albedrío, abierta e inclusiva. Activa en la
promoción de la acción social desde nuestras
raíces judías y enfatiza la ecología como
pikúaj nefesh, un sine qua non judío.
Realiza registros auditivos de cada uno de
los muchos cursos, seminarios, y talleres
realizados, así como CD’s de sus preciosos
servicios religiosos de Rosh Hashaná y Yom
Kippur. Realiza programas en radio y
televisión, en universidades y espacios
diversos, con alto contenido espiritual e
intelectual, a la vez que comprensibles y al
alcance de toda la ciudadanía, buscando
difundir el judaísmo como la maravillosa
tradición que es, y poniéndolo en el
consciente colectivo. Yakar, que en hebreo
significa “precioso”, “preciado”, es una
sinagoga preciosa, especial. A ella llegan
también familias y personas judías que se
han alejado de una vida espiritual judía, y
que más maduros, vuelven a su hogar
espiritual con entusiasmo redescubridor. Es
un espacio imprescindible en nuestro país.
- Tal como Ud. me está comentando, el
renacimiento de las ortodoxias en Chile
genera un discurso desde la "trinchera
defensiva" por parte del movimiento masortí
local. Sin embargo esa reacción genera, a su
vez, un fortalecimiento del desarrollo
comunitario por parte de todos los sectores.
No obstante, y no es ningún secreto, el
desplazamiento de juventudes desde el
judaísmo liberal hacia las ortodoxias es
impresionante. Aparte de las tendencias
mundiales hacia formas de
neoconservadurismo, y los procesos que acusa
la posmodernidad, ¿qué es lo que sucede, en
realidad, con este fenómeno de movilidad
ideológica en el Ishuv de nuestro país?
Me parece que el surgimiento enorme de la
ortodoxia no fortalece al movimiento
conservador / masortí. Me parece que lo que
la ortodoxia sí fortalece, con o a pesar de
sí misma, es a la educación judía. Si antes
sólo estaba el Instituto Hebreo, la apertura
del Maimonides School generó un importante y
profundo mejoramiento en el Instituto
Hebreo, y ahí sí vemos que dos opciones se
mejoran mutuamente a través de la sana
competencia.
No creo que la movilidad sea ideológica en
primera instancia. Creo que es de naturaleza
más profunda y aparenta ser ideológica. La
ortodoxia tiene éxito por su pasión
religiosa, hoy, con pocas excepciones,
ausente en el resto de la comunidad. Y la
pasión religiosa viene en un contexto de
desencanto con la mediocridad de los
discursos basados en los clichés de la
“continuidad” y la “supervivencia” de los
años ’70 y ‘80. La mejor garantía de
supervivencia es la vida. Y la vida requiere
pasión. Hace 30 años la pasión religiosa
estaba junto al rabino Angel Kreiman, que
con su obra y carisma, revolucionó
completamente a la comunidad judía en Chile.
Su revolución también fue pasionaria,
inspirada en la personalidad del rabino
Marshall Meyer. Hace 20 años, esa pasión
religiosa estaba con el rabino Marcelo
Bronstein. No es la ideología sino la pasión
religiosa la que motiva, independiente del
signo. Si además está respaldada por
transnacionales, su éxito es cosa de tiempo
solamente.
A más insípida y vacía la sociedad que
vivimos, incluida la judía, más necesidad
existe de abrazar una alternativa judía más
proteica, espesa, alimenticia y aseguradora
de judaísmo. Obviamente omito aquí los
tremendos desafíos y peligros que veo en esa
opción, así como los tremendos dolores en el
seno de familias que ha generado. Pero ella
es la respuesta que la juventud le dio a los
discursos de sus desgastados y perennes
caudillos laicos.
- Desprendo de su análisis que los
vaivenes de adhesión están determinados por
inconsistentes políticas comunitarias de los
líderes laicos, y por la aparición
esporádica de líderes espirituales de gran
fuerza carismática. Sin embargo, es efectivo
también que esa “dependencia pasional” es
volátil. Hoy las filas de las ortodoxias en
Chile están bullentes de “hijos” y “nietos”
de los líderes masortíes que Ud. menciona, y
por lo observado en el sector, no parece ser
sólo producto de políticas acertadas de
inversión en recursos materiales. En esta
línea ¿cuáles son las medidas que debieran
asumirse en el mundo de las comunidades no
ortodoxas tanto por sus liderazgos laicos
como espirituales para afrontar los desafíos
que plantea hoy una juventud ávida de
contenidos que sólo encuentra en la
ortodoxia?
Buena pregunta. Los jóvenes recibieron
suficiente vacío e inconsecuencia de parte
de sus mayores durante su formación.
Rechazan lo deshonesto, y no tienen
paciencia con la incoherencia. De ahí que la
propuesta contra-cultural y contra-epocal de
la ortodoxia de negro visible, les
entusiasma. Porque opera en sus psiques como
una tribu urbana. Me explico:
Por favor, ruego no ser malinterpretado.
Deseo explicar lo que para mí es la clave
del primer flechazo subjetivo sobre los
jóvenes a nivel psicológico, ante la
ortodoxia: Pongamos sólo por un momento lo
sagrado de Torá y Mitzvot a un lado para
analizarlo sicológica y antropológicamente:
Esta ortodoxia vestida de negro atrae a los
jóvenes, porque en la psique de estos,
imaginariamente, opera como tribu urbana. No
es que sea una tribu urbana, ni que desee
serlo. Sólo que sicológicamente opera como
ellas. A los jóvenes les atrae como el punk,
hip-hop, o el gótico. No estoy igualando
ortodoxia con estos, -por favor, no se me
malinterprete-, sino diciendo sólo que en un
sentido psicológico, el atractivo de la
tribu urbana y el del extremar la propia
identidad judía como tribu urbana es
fascinante para muchos jóvenes. Y en la
ortodoxia, los maestros viven una vida
contra-epocal asumida, y con el peso de
incluso vivir y verse distintos. Como una
tribu urbana. Por eso, en una primera
instancia, esos maestros son para la
juventud, muy atractivos. Los maestros
aparecen como más rebeldes al sistema que
los jóvenes mismos. Y es una rebeldía
también dirigida a los padres. ¿Querían que
fuera un buen judío? ¡Tomen, soy mucho más
judío de lo que Ustedes jamás se atrevieron
a ser! Por ahí va el tema psicológico.
En una segunda etapa viene el
convencimiento, el adoctrinamiento, y ese es
de carácter cerebral: “Si el código
bíblico es divino, ergo es divino todo el
edificio halájico”. Es un truco simple,
pero muy eficaz. En una tercera etapa, la
fuerza centrípeta del grupo –sus matrimonios
muy jóvenes y sus códigos- hacen el resto de
la incorporación definitiva y sin regreso.
Esto no atrae a todos los jóvenes. Y no
todos los jóvenes que se sienten atraídos
por la ortodoxia pasan por este patrón. Pero
una mayoría, sí.
No digo que esto sea malo. ¿Qué sé yo de los
caminos de D’s y de las almas? Y si ahora
retomamos Torá y Mitzvot, hay de hecho un
rescate importantísimo y eficaz de muchos de
nuestros valores fundamentales en la
ortodoxia, y a muchas cosas podemos aplaudir
y decir “Yasher Kóaj”. A otras no.
El desafío para el judaísmo de otras cepas
se puede plantear de un modo brutalmente
simple: Ningún truco vale. Sólo la
honestidad y la consecuencia, el amor y el
alma de un judaísmo intensamente espiritual,
empíricamente potente, pleno de sentido,
lleno de estímulo intelectual combinado con
relaciones afectivas de amistad y pololeo
fuertes, pueden fraguar una vida judía a la
vez liberal y significativa para los
jóvenes. ¿Creen los líderes no-ortodoxos en
su judaísmo con tanta fe, como la ortodoxia
cree en su misión proselitista?
- Esa parece ser una pregunta central, y,
coincidentemente, también ha sido planteada en una
reciente entrevista, en estas
mismas páginas, por el rabino ortodoxo
Matías Libedinsky... ¿Puede usted darnos su
definición de lo que es “Espiritualidad
Judía”? ¿Cuán espirituales somos los judíos
de este país? ¿O sólo vamos detrás de los
líderes carismáticos de turno, como Ud.
señala?
No he dicho que vamos “detrás” de los
“líderes carismáticos de turno”. Ha habido
líderes carismáticos con obras maravillosas
cuando tienen un buen corazón, son honestos
y no persiguen ni dinero ni poder político.
Ser líder carismático no significa ser gurú;
y motivarse con la obra y la propuesta de
un/a líder apasionado/a no significa
necesariamente ser cómodo.
No puedo definir espiritualidad judía, ni
evaluar cuán espirituales somos. Eso es algo
que no se puede manosear ni medir; no se
puede embalar ni vender; no se puede
impostar ni malversar. Estamos hablando de
lo más sutil, lo más intangible, y que sin
embargo es muchas veces más esencial que
todo lo demás en la vida. El alma no
calcula, sino que se entrega.
Espiritualidad tiene que ver con ese órgano
invisible pero tan real, por el cual
vibramos y vivimos: el alma. Y tiene que ver
con cómo esa alma es tocada, despertada,
animada por lo divino permanentemente. Y eso
que parece tan abstracto, ocurre de verdad
en una conversación que nos conmueve, con la
música, con una oración, con un acto en
silencio. En el judaísmo, se da en todo eso
pero también en el compartir la vivencia de
estar dentro de lo sagrado, juntos, en la
sinagoga, en la naturaleza; al hacer una
Mitzvá, al dejar nuestras inhibiciones y
cantar juntos un niggún, una melodía jasídica sin palabras; al percibir la
corriente que es hacer justicia social,
aliviar con nuestra presencia a un enfermo,
al construir casas para quienes no tienen,
al estudiar Torá y tener un insight íntimo
sobre su relación con nuestra vida; al
compartir con nuestros mayores, al tomar la
mano de nuestros hijos e hijas cuando
recitamos Shalom Aleijem en Shabbat. Y tiene
que ver con poesía. Es distinto decir: “La
copa de Kiddush es la copa que llenamos de
vino para bendecir Shabbat” que decir “Copa
de Kiddush, Mikvá de ángeles, mar risueño en
miniatura para fundir este presente en alma.
Esta copa, en cuyo misterio no vemos el
fondo, es el corazón receptivo que sentimos
ahora, en este Shabbat”. Espiritualidad
tiene que ver con el sentido y la
inspiración. Nada de ello puede comprarse o
controlarse, porque viene de lo divino en
nosotros. A vivir con esa dimensión
despierta es a lo que el judaísmo nos invita
en cada momento. Y sí, es posible.
- Tengo entendido que su Tesis Rabínica
versó sobre algunos indígenas chilenos y sus
raíces judías. Incluso parece que algunos de
ellos se convirtieron al judaísmo. Nos
gustaría saber sobre esto.
Mi tesis rabínica se encuentra en la Klau
Library del Seminary Rabínico Hebrew Union
College – Jewish Institute of Religion de
Cincinnati, EE.UU., y trata sobre los “Cabañistas”,
o la “Iglesia Israelita”. Este es un grupo
seudo-judío que data de 1894 y emerge en
medio de la Araucanía. Sus orígenes son
nebulosos, y poco pudo ser comprobado
definitivamente. Pero pude llevar a cabo la
más extensa, seria y académica investigación
sobre ella y sobre sus orígenes, con trabajo
antropológico en terreno, con ayuda de de
muchas personas, y registro gráfico. Implicó
adentrarse más allá del fascinante trabajo
del Dr. Günther Böhm Z.L., sobre los judíos
en la época de la colonia en Chile, hacía
una constatación: Casi todos quienes la
Inquisición delata verdaderamente o acusa
falsamente de ser judíos de entre los
conquistadores españoles, se instalan en el
sur de Chile, en la llamada “Frontera” con
la Araucanía, por ser el lugar más lejano
posible de la Inquisición. ¿Qué significa
eso? ¿Quedó algo de ello? ¿Qué relación
tiene eso con la “Iglesia Israelita”? Es un
misterio. Esta emerge en Curacautín, en
1894, cuando la Iglesia Católica aún no
estaba desplegada plenamente allá. Practica
versiones no-Talmúdicas de Pésaj, Shavuot,
Succot, Rosh Hashaná y Yom Kippur; que
denomina respectivamente “Pascua,
Pentecostés, Cabañas, Trompetas y
Expiación”. Y curiosamente, la fiesta de las
cabañas (Succot) es la más importante.
Hoy en día,
se ha asimilado completamente al entorno
evangélico, y es una iglesia fundamentalista
cristiana más, con algunos elementos judíos
que no pasan de decorativos. Pero el
recuerdo de haber sido otra cosa, hizo que
un grupo se escindiera, buscando regresar a
sus orígenes, o en todo caso, hacía lo
judío. De ese grupo a su vez, nueve personas
salieron y le pidieron al rabino Eduardo
Waingortin ayuda en 1992. Eduardo, con mucha
amabilidad, sabiendo que esta era mi tesis
rabínica, me encargó que estudiaran conmigo;
y así fue durante años, hasta que esas nueve
personas finalmente aprobaron un exigente
Bet Din junto con su Brit Milá y Tevilá. Si
estos nueve son o no descendientes
sanguíneos de algún conquistador cripto-judío,
no lo sabremos jamás. Hoy todos menos dos
viven en Israel, y el matrimonio que vive en
Chile, son judíos ejemplares. Es una
historia bella, pero cuyas huellas frescas
se hallan borradas entre los bosques de la
Araucanía y las hogueras de la Inquisición.
Creo que pude ayudar a nueve judíos a
regresar a casa, de entre tantos y tantos
que se perdieron en el camino, de una de las
diásporas más curiosas, remotas y
desconocidas que hay.
- Hermosa mitzvá. Ahora bien, en su
opinión, ¿cual es el rol de los medios de
comunicación judíos, como ANAJNU por
ejemplo, en la perspectiva del desarrollo
comunitario?
Soy de los judíos que cada día leo diarios
israelíes por Internet. Junto con eso, me
siento a menudo solo en medio de tanta
cobertura insidiosa contra Israel, y también
a veces antisemita, queriendo compartir un
hacer algo. Y sí, escribo cartas, me expreso
defendiendo a Israel, me informo. Y como yo,
habemos muchos; y no tenemos alivio a
nuestra soledad, ni tampoco tenemos
demasiado tiempo como para conversar en un
café de la actualidad, -como mis abuelos,
judíos vieneses- o esperar una semana para
recibir un discreto diario judío local.
Tenemos sed y tenemos sólo minutos. Y por
eso Internet es vital. En Internet existe
push y pull. Poner (“empujar”) información
hacía la red, y tomar (“extraer”)
información de la red. Muchos exploramos
material en la red, pero el mejor no está en
Chile. Y el material judío que hay en Chile
es poco. La Embajada de Israel hace desde
hace poco un significativo “push”
proveyéndonos de artículos de actualidad.
También lo hace la WIZO, el Centro de
Estudios Judaicos de la U. de Chile. Esas
iniciativas son buenas. Hay algunos
boletines y sitios de las comunidades. Pero
mucho queda disperso, y a veces, se
sobrepone. Demasiado a menudo, nuestra
comunidad sólo reacciona ante amenazas a
Israel o casos de antisemitismo. Pero un
“push” que nutra a nuestra comunidad judía
en Chile, de judaísmo con inteligencia y
gracia, con nivel y humor, con agilidad,
elegancia y rigor académico, no hay aún. Y
me encantaría saber que estoy equivocado, y
que simplemente desconozco que sí lo hay. La
idea de ANAJNU me parece encomiable, muy
buena, y por ello he accedido a esta
entrevista. Espero que prospere.
Por todo lo anterior, he llevado adelante
con mi amigo Antonio Bentué, un programa de
radio como “Conversando de Fe”, en Radio
Beethoven –que estuvo en el aire todos los
domingos durante tres años-. Con
financiamiento se podría editar e incluso,
reanudar. Asimismo, me multiplico para
participar en programas de televisión,
entrevistas, foros académicos, charlas en
universidades y colegios. Pero aunque recibo
las felicitaciones y las gracias, a
diferencia de las comunidades católica,
evangélica, musulmana, y otras, no recibo
subvención económica. Y no puedo dispersarme
ad honorem sin límite. Es posible que
tengamos complejos en el tema de
comunicación hacía el medio gentil. Temores,
rubores, recelos, defensas. Lo que he
querido es mostrar la riqueza inmensa del
judaísmo, de forma cariñosa y abierta,
inteligente y sensible, con mi mejor humor y
talante. Las respuestas han sido muy
gratificantes, pero recibo más invitaciones
de las que jamás podría aceptar.
- ¿Cuál es su evaluación de su rol
rabínico en la Comunidad Sefaradí Max Nordau
de Valparaíso?
El hecho de contar por primera vez con un
rabino en noventa años abrió puertas
espirituales, educativas y litúrgicas.
Estudiamos fuentes judías clásicas y
contemporáneas, y haciéndonos preguntas.
Meditamos, cantamos, combinamos, rescatamos
e innovamos. Ayudamos. Tal vez lo que mejor
expresa el efecto del trabajo rabínico es
que mi presencia allí ha devuelto el sentido
de autoestima comunitaria y la reafirmación
de la identidad de esta. El hecho de
conectar a Valparaíso con el mundo, ha sido
valioso.
En dos años hemos comenzado servicios
matutinos de Shabbat, completamente
igualitarios, con lecturas de Torá, Havdalah
y un programa de Motzaei Shabbat con
documentales y discusiones; celebrado todas
las festividades judías con programas de
educación acerca de sus significados más
profundos. Hemos establecido una nueva
personalidad jurídica con una visión de
futuro. Hemos creado una pequeña biblioteca
con nuevos juegos de Jumashim y Siddurim de
la Fundación Pardés en Buenos Aires y
enviado miembros del directorio a participar
por primera vez a convenciones
internacionales. Hemos podido enviar a
nuestra Morá al programa de formación de
liderazgo comunitario Beutel Seminar, en
Jerusalén, Israel, y a jóvenes a encuentros
internacionales de juventud judía. Hemos
recibido delegaciones y misiones, realizado
Bar y Bat Mitzvás, y establecido un curso de
Introducción al Judaísmo que redundó en Brit
Milá, Tevilá y la conversión de varias
personas de padre judío y madre no-judía, en
un Bet Din realizado en la Fundación Pardés,
en el marco de un viaje de estudios a Buenos
Aires. Hemos educado a hombres y mujeres
(estas últimas no contaban con espacios para
ello).
Recibimos asimismo al matrimonio de rabinos
Jonathan Rubenstein y Linda Motzkin, de
EE.UU., quienes pasaron su sabático en
Valparaíso junto a nuestra comunidad.
Aprendimos de ellos y compartimos con ellos.
Ha sido una de las experiencias más
enriquecedoras para nosotros. Así,
Valparaíso es una hermosa historia de
voluntades y tiempos que coincidieron
felizmente, una historia de restauración e
innovación, y de recuperada dignidad judía.
- Ese concepto de “recuperar la dignidad
judía” asociado a la idea de restauración e
innovación suena bastante inspirador. Por
cierto, ¿cómo ve la situación actual de
nuestro Pueblo, cuáles son los desafíos más
importantes, en especial en una coyuntura
histórica en que los discursos antisemitas,
que creíamos ya olvidados, parecieran cobrar
una fuerza renovada?
Al antisemitismo travestido a menudo de
insidia contra el Estado de Israel, hay que
confrontarlo con más paciencia y
determinación de lo que las pautas
editoriales de los antisemitas
autoproclamados “anti-sionistas” nos
bombardean a nosotros. Estamos en una
guerra. Y para ganarla hay que entenderla.
El antisemitismo mutó, se hizo global y está
a un click de nuestros ratones. La “Hasbará”
es un concepto vetusto de los años 1950’s.
No alcanza. Hay que ser valientes, ágiles, y
no dejar pasar ni una. Hay que combinar
fuerza y conocimiento, con jutzpa y humor.
La meta es poner a Israel donde merece:
dentro -y no fuera- de lo políticamente
correcto. Y desenmascarar al terrorismo y la
deslegitimación de Israel como lo diabólico
que es. Sí, se puede. Hay buenos pasos que
la directiva de la comunidad ha tomado.
Queda mucho, mucho trabajo, y hay que asumir
que será por años en el porvenir, y nos debe
unir a todos los judíos del mundo. Buen
ejemplo de lo superfluo que es enfrascarnos
en debates sobre corrientes en el judaísmo.
Pero debajo de ello, y del desafío externo,
hay un asunto que nos concierne a nosotros,
y que es como la cuadratura del círculo.
Somos una tribu endogámica de 3.500 años de
antigüedad. En la diáspora, no somos una
“religión”, sino un pueblo – historia – Torá
-modo-de-vida- cultura-civilización – tierra
– país - memoria… todo en un sólo paquete. Y
eso es algo tan diferente a todos los demás
pueblos y países, que ni siquiera nosotros
mismos lo comprendemos y asumimos
cabalmente. Y debemos hacerlo.
Y esa definición de tribu endogámica, está
en tensión con un estado moderno. No es
incompatible, pero está en tensión. Y es esa
tensión la que los antisemitas explotan. Es
esa excepción la que los “antisionistas”
(antisemitas contra Israel) explotan con
distorsiones. ¿Seremos una tribu endogámica,
pase lo que pase, o seremos una religión que
deja la tribalidad endogámica atrás en el
siglo XXI? Esa es la disyuntiva feroz que
está en el magma de nuestro suelo, bajo
nuestros pies. Creo que podemos lograr
continuar siendo una tribu endogámica, pero
es imprescindible para ello abrir
responsable y seriamente la conversación. No
podemos ponernos en posición fetal y esperar
que el tsunami disolvente y el jihadista nos
alcance. Con la destrucción del 2º Templo,
mutamos totalmente de culto arcaico a
judaísmo rabínico. Y logramos sobrevivir y
prosperar. Hoy, el desafío parece no ser
menor al de esa época. Y repito
majaderamente: ¡Viva cada niño y cada niña
judía, vivan los casamientos, las
casamenteras y la más preciosa y buena
educación a ellos! En todo caso, creo que el
amor es la mejor disciplina.
- Inspirado por sus palabras en orden al
rol histórico de los líderes espirituales de
gran carisma, me permito preguntarle ¿Cuales
son sus proyecciones personales en su rol
rabínico?
Soy un rabino –digamos- clásico. Amo enseñar
Torá, celebrar los momentos de alegría,
acoger a quién está triste o confundido; soy
profundamente feliz con mi vocación y amo
oficiar, estudiar, hacer Mitzvot. Soy un
poco hombre-orquesta; músico, baal-koré,
jazán… Y sonrío de alegría cuando estoy en
mi función rabínica, porque en ella me
siento pleno. Soy bastante más tímido de lo
que la gente pensaría, y después de oficiar
un casamiento, un Bar Mitzvá –cosa que me
encanta hacer- siento deseos de salir
arrancando del cocktail. (Me quedo igual,
pero me cuesta). Ese rabino soy yo. Me
sumerjo en la Parashá, la preparo con
deleite para compartirla. Improviso.
Improvisar es esencial. Improviso historias,
melodías, Kavvanot… Me encanta el trabajo
rabínico pastoral: acoger a parejas,
personas, familias; recibir, poder dar
alguna orientación luego de vulnerarme
plenamente con quién me pide ayuda. También
salgo a la academia, a la televisión, a la
radio. Y todas estas cosas las quiero seguir
haciendo así, en mi comunidad, Yakar.
Pero hay algo que se ha añadido: Estoy tonto
de amor paternal por mi hijita de tres años.
Y esta fase de mi paternidad es intensamente
feliz, y en ella está la transmisión de
judaísmo día a día, en casa, Shabbat a
Shabbat. En cada fiesta, en el Alef – Bet.
(Estoy un poco más volcado hacía dentro en
estos tiempos). Y eso me ha hecho
especialmente sensible a la educación y al
hecho medular de ser padre / madre de niños
y niñas judíos / as. He ido acumulando
sensaciones y reflexiones sobre lo que
realmente importa en esa transmisión judía,
y hoy estoy abocado a educar a niños y niñas
en mi comunidad personalmente como rabino.
Porque lo estoy viviendo. Y aunque alguien
se ría de mí, creo que la casamentera –si no
es indiscreta- es una Mitzvá importantísima.
No todos tienen la fortuna de encontrar
novia judía o novio judío. ¿Por qué debe ser
una vergüenza? Debiera ser algo sumamente
digno y respetado. (Y no necesariamente vía
Internet). De ello vienen nuestros
matrimonios y nuestros niños, que son lo más
precioso que tenemos. Cada uno es una
victoria tanto sobre la Shoá, como sobre la
asimilación. Y sólo con ellos sigue nuestro
Tzror Hajayim, nuestro hilo de la vida.
Al mismo tiempo, creo que el mayor desafío
del rabinato es el empoderar, no el hacer
uno las cosas por los congregantes. Y eso es
contra-cultural en Chile. Anhelo una
comunidad no de espectadores pasivos, sino
de adultos responsables, proactivos,
empoderados. El rabino es sólo el líder –primus
inter pares- en Torá y alma judía. El
liderazgo en lo mundano lo debe poner la
gente. Y para ello hay mucha mentalidad que
cambiar y sanar. Anhelo niños felices,
jóvenes felices y muchos pololeos; y anhelo
que todos ellos puedan absorber por la
osmosis de participar apasionadamente, la
riqueza de la observancia, de cada detalle
del inmenso tesoro de nuestra cultura
espiritual. Anhelo una comunidad observante
y libre, y sin duda igualitaria y acogedora.
Anhelo publicar mucho que aún no sale a la
imprenta, y anhelo con paz y amistad, llegar
a todo quién quiera enriquecerse y compartir
conmigo y con Yakar.
- Finalmente, dígame: ¿Ese "compartir"
incluye escuchar fados?... Me he enterado
que esa es una pasión musical secreta que
Ud. cultiva…
Jajajaja… ¡ Sí, qué linda nota para
finalizar ! Estuve en Portugal dos veces,
una por trabajo social inter-religioso por
un verano, y otra por nostalgia y amor. Y el
Fado es para mí, como una llave que abre el
alma. ¿Cómo no va a ser algo así, una
experiencia religiosa? Sentarse en la Alfama
de Lisboa, o en Coimbra (o en living de la
casa) a escuchar fados es una tefilá…
Una cadencia del fado de Amalia Rodrigues
cae en el fondo de mi pecho, se hunde,
reverbera, me toca. Y se distiende aquí
adentro. Algo se mueve, emerge. Me asombro
en ella. Una bandada de aves de augurio
emprende un vuelo hacía conocerme, se baña
suavemente en mí. Un espasmo de aguas en mi
cabeza se duerme despierto, dándome por
vencido ante estas gotas de mi propia alma.
Mis ojos las dejan escurrir tranquilamente.
Unas notas abren en un instante mi juventud
añorada de cuajo. Un silencio entre dos
notas es una noche donde cabe todo lo que no
pude alcanzar. Otra nota es la calma
oceánica del silencio de D’s. El misterio
del idioma del fado. Si hoy escuchara un
fado por primera vez, si nunca antes hubiera
oído este universo infinito hacía mi serena
penumbra, esta ensoñación que me devuelve a
mí mismo como una madera a la playa, quizá
no podría comprender lo que es el alma.
Sin un fado, ¿Cómo podría abordar la talla
de mis mares? ¿Cómo podría entender lo que
es rezar a un D’s que escucha? Porque mis
palabras suenan a palabras sólo para mí.
Cuando rezo en la intimidad de mis lágrimas,
D’s escucha la música de un fado que mi alma
reconoce.
Mijael, en todo caso, uno de nuestros sabios
dijo: “El llanto contacta el alma, y luego
la alegría la redime”.