entrevista:

  "Anhelo una comunidad observante y libre"

El Rabino Roberto Feldmann conversa con Anajnu

Conocedor y cultivador de la buena música, sensible a los vaivenes del quehacer comunitario, de una cultura e inteligencia abrumadoras, y cuidadoso en el uso del lenguaje, el Rabino Roberto Feldmann dialoga con Anajnu. A momentos relajado, a momentos expectante, la conversa extendida, prolongada y profunda transita por áreas rara vez abordadas con tamaña franqueza. Conciente de lo que significa una entrevista en Anajnu, a momentos sus palabras parecieran sonar como las notas de un piano, que él ejecuta a la perfección; en otros asoma la severidad austera, como si pasara desde la sonoridad de una Sonata de Beethoven a la dulzura de un modesto fado. Con todo, en sus palabras no hay ni un afectado protocolo, ni siquiera asomo de delicadezas diplomáticas. Lo suyo, en realidad, es el deseo de no dejar duda alguna respecto a su posición, y, por cierto. lo logra con creces.  


-Usted es de los pocos rabinos chilenos que circulan por estos lados y, si no me equivoco, el único que es Reformista habiendo cursado sus estudios en el Hebrew Union College en USA. ¿Qué le lleva al reformismo en un Ishuv más caracterizado por el movimiento masortí y la ortodoxia?

Es cómico: Si graduarme en el Hebrew Union College me hace reformista, entonces graduarme en la Universidad Católica me hace católico. Ambas son simplemente instituciones académicas de excelencia. Nunca he escuchado que a un judío graduado de la UC lo llamen “católico”.

Tres son los mejores seminarios rabínicos del mundo: El Hebrew Union College – Jewish Institute of Religion (HUC) –Progresista-, el Jewish T
heological Seminary (JTS) – Conservador- y la Yeshiva University (YU) –Neo-ortodoxo-. Tuve el privilegio de estudiar en el primero de ellos, el Hebrew Union College, el seminario rabínico mayor y más antiguo de occidente, fundado en 1875, con muchas de las mayores luminarias académicas del mundo judío. Realicé mi Magíster en Letras Hebreas y me ordené rabino tras mis cinco años de intenso estudio en Jerusalén y EE.UU. El nivel académico, la infraestructura bibliotecaria, las opciones de profundización y la seriedad de su currículum en sus cuatro campus –Jerusalén, Nueva York, Cincinnati y Los Angeles- es sencillamente incomparable a todo lo poco que existe en nuestra región.

No soy reformista. No pertenezco ni he pertenecido, ni formal ni informalmente, a sindicato rabínico alguno, de corriente alguna. Nunca he dicho que soy reformista. Y no porque la reforma sea una mala palabra –como algunos han querido que el vox pópuli la defina- sino simplemente porque no me identifico con la reforma. De modo que hay quien, aprovechando el desconocimiento total sobre yahadut mitkademet (judaísmo progresista), se ha empeñado en sindicarme algo que nunca ha salido ni de mi boca ni de mi pluma. En Chile casi nadie sabe lo que es la reforma, la corriente religiosa judía más antigua y mayoritaria en el mundo. Creo que sería un inmenso aporte saber cuánto le debemos a ella, partiendo por el hecho que el movimiento conservador surgió de la reforma.

- Entonces, ¿cómo se define y se ubica dentro del espectro de tendencias que le dan al Judaísmo su multiplicidad y variedad?

Soy un judío. ¡Ojalá bastara con eso! Me crié en el Movimiento Juvenil Ramah (conservador) en los años ochentas, donde el espíritu y la sencillez, la observancia plena, profundamente jasídica de Shabbat, Kashrut y Tefilá, del estudio de la Torá y la igualdad de los géneros en el judaísmo, me fraguaron en el paisaje maravilloso de la desembocadura del Biobío. Y sigo siendo esencialmente el mismo muchacho de Ramah, apasionado por mi judaísmo, como a mis 20 años; ya rabino, y habiendo madurado por 15 años en el rabinato. De facto soy conservador en mi vida personal y en el púlpito, sólo que con un estilo latinoamericano, -acaso latinoamericanista-, ecologista, con una mística neo-jasídica, y una convicción de que los tiempos de las “derechas” e “izquierdas” del judaísmo religioso están passé. Hoy lo que importa es la vivencia judía que nos da sentido, nos conecta con conocimiento y amor a nuestras fuentes, y lo que podemos reformular para hacer nuestra vida judía profundamente relevante, en un aprendizaje constante, serio y creativo a la vez. Por eso tengo coincidencias importantes con el Jewish Renewal. Si debo hacerlo, me defino como un judío trans-denominacional, que ama y goza la observancia tradicional judía, plena de espiritualidad y sentido, de libertad y alegría, y cuyo pensamiento y radar es universalista. Soy sionista, amante de Israel, y amante de todas las diásporas; amo la historia del pueblo judío y la diversidad maravillosa de sus etnicidades. Soy un judío enamorado de nuestra inmensamente rica identidad, y me siento cómodo desde un púlpito neo-ortodoxo hasta uno liberal, siempre que sean vibrantes de alma judía y sabor tradicional, de cultura judía y autenticidad, de Yiddishkeit. Sin ella y sin alma, no estoy en mi elemento.

- Es interesante escuchar de usted esta definición. Tengo entendido, además, que Usted es bastante conocido por tendencias que podríamos denominar "New Age" como, por ejemplo, el tema de las cartas astrales y otras que se escapan a mi pobre entendimiento en la materia. Gustaría conocer más de este aspecto de sus intereses y cómo compatibiliza ello con el Judaísmo.

No, el “New Age” no me representa. Yo simplemente sigo la senda de tantos y tantos rabinos que fueron grandes astrólogos: Shlomo ibn Gavirol, Abraham ibn Ezra, Friedrich Weinreb, por nombrar sólo algunos. Astrología no tiene nada que ver con astrolatría, que es a lo que los judíos nos oponemos: idolatrar astros. De ahí nuestra oposición judía a lo que el Talmud llama “Ovdei Cojavim Umazalot”, o “idólatras de estrellas y constelaciones”. El judaísmo se opone a la astrolatría, pero está lleno de sabiduría astrológica, sintetizada en la oración que recitamos todos los judíos, cada Shabbat en la mañana: El Adón. Rezamos –traduzco-: “Buenas son las luminarias que creó nuestro D’s / las formó con conocimiento, sabiduría e inteligencia / las dotó de fuerza y poder / para ser regentes en el universo”. Ibn Gavirol tiene una oda a la astrología que se recita en comunidades ortodoxas en Yom Kippur, llamada Keter Maljut, “Corona del Reino”. El comprensible énfasis contra la astrolatría, generó una premisa equivocada y el prejuicio sin otro fundamento que la ignorancia. El calendario judío está firmemente basado en la simbología zodiacal. Sería muy interesante abordarlo, pero sería extenso. Demás está decir que la astrología no tiene nada que ver con el horóscopo, la frivolidad o la predestinación. Es simplemente un antiguo y sabio lenguaje de auto-conocimiento que el judaísmo aborda desde siempre, como en la famosa imagen del zodíaco en la sinagoga de Bet Alfa, de hace un milenio y medio. El hecho que la rueda zodiacal esté en mosaico en el piso, y no en el techo de la sinagoga, nos guiña el mensaje: Se trata de los cimientos del inconsciente colectivo desde los que nuestros meses y sus fiestas emergen.

- Me queda claro que su posición está marcadamente definida por una perspectiva intuitivamente emocional. Sin embargo, desde una óptica racional, las diversas tendencias y movimientos han preferido posicionarse desde denominativos como "progresismo" en dialéctica con respecto a formas de conservadurismo e inmovilidad. Aunque en las últimas décadas cuesta bastante reconocer en donde se ubican las posiciones auténticamente progresistas e innovadoras, gustaría que me comentara su opinión respecto a estas definiciones "racionales".

¿Qué hace que tengamos esta necesidad de rotular, clasificar artificialmente un yo versus los demás? Tener naturalezas distintas es natural –valga la redundancia- ¿Y qué hace que siendo tan pocos, insistamos sobre denominaciones, cuando todo lo que necesitamos es más casamenteras discretas, más matrimonios judíos, y sobre todo, más niños judíos sanos y felices, expuestos a una alegre, dulce, sabia y feliz osmosis con toda la santidad, sensualidad y el sentido de la Torá y las Mitzvot, las asociaciones y valores implícitos y explícitos de nuestro judaísmo?

No me parece que la dualidad sea entre emoción-intuición versus razón. También sufro por mi razón, que noblemente, me pregunta cómo puedo creer después de todo y tanto. Y su voz es no sólo legítima sino tan desgarradora como necesaria. Mi fe no es fácil, nunca lo ha sido. Me cuesta. El silencio, el amor y la tefilá me la curan. Es desde el jaque de la razón a mi sentir, que evoluciono, o “progreso” para entroncarme en la terminología de su pregunta.

Las definiciones “racionales”, son en verdad sicológicas. Es la naturaleza de un ser humano la que le lleva a uno de dos impulsos básicos: conservar o renovar: Son pulsiones tan necesarias y legítimas una como otra. Y se hallan en la naturaleza humana, mitad y mitad, en cualquier ámbito humano. En política, en una oficina, una sobremesa, y en nuestra comunidad judía. Lo crucial es que todo judío es mi hermano a concho. Y ese es un ejercicio lindo y necesario, cotidiano. Ama a tu hermano y hermana: Veahavta lereejá kamojá –amarás a tu prójimo como a ti mismo- se refiere primero a tu hermano y hermana judía. A menos que sea un fundamentalista enajenado o un psicópata, basta una mirada a los ojos, en la penumbra suave de las velas de Shabbat; una palabra sincera y de corazón, y nuestros argumentos se vuelven menos importantes que lo divino en nosotros: Tenemos naturalezas personales un poco diferentes; nada más.

Cada página de Midrash –alegoría rabínica- o Mikraot Guedolot, -exégesis rabínica- tiene muchos “Davar Ajer”, distintas interpretaciones. Y se añaden unas a otras. ¡ No se excluye ninguna ! Este es el pueblo de la inclusividad y la dialógica, no es el pueblo de la exclusión y la dialéctica. Volvamos a estudiar nuestras fuentes y recordaremos que “Eilu veeilu divrei Elohim Jayim” (Unos y otros canalizan facetas de la divinidad viviente). Hay más de un camino para ser judíos.

- Precisamente desde esa premisa de "hay más de un camino para ser judíos" es que se conflictúa la dialógica toda vez que la tradición ha puesto énfasis en el estudio y el debate, y por otro lado, los movimientos liberales en el Judaísmo, desde el Jasidismo hasta la Reforma, por poner sólo algunos ejemplos, han estimulado el "sentir". No es menor el que estas dos posiciones han confrontado a las ortodoxias clásicas con los judaísmos liberales y esto ha tenido enormes repercusiones políticas en el desarrollo de la historia comunitaria durante el S.XX. En este marco de lectura una dinámica interesante parece ser el de las Javurot que en algún momento funcionaron en Chile con bastante frecuencia. ¿Puede usted contarnos un poco de esa experiencia?

Si bien el Jasidismo fue una preciosa revolución por el sentir, la Reforma es todo menos sentimental. Es sumamente racionalista y cuestionadora; lo más lejana que hay a la emocionalidad. La Reforma es esencialmente académica, científica e investigativa; (Wissenschaft des Judentums – ciencia del Judaísmo-). Por eso su nivel académico y de estudio de la Torá, las fuentes, es de excelencia. Incluye por ejemplo la arqueología bíblica y las lenguas de la antigüedad, caldeo, ugarítico o acadio, en los que el judaísmo como civilización se desenvolvió en la antigüedad. Por mi personalidad auto-exigente, este nivel académico es el que elegí para mis estudios rabínicos. Pero mi naturaleza no puede ser más lejana a esa sequedad. Pienso que es mejor primero la academia, para luego la inspiración. Lo mismo que en el arte.

No creo que la comunidad judía chilena haya tenido tema alguno con las corrientes del judaísmo durante el siglo XX. Creo que ese asunto comienza a fomentarse como discurso sólo a mediados de los años 1990, cuando por un lado la ortodoxia Jasídica (Chabad) y Misnagdi (Aish, Kolel) van tomando mucha fuerza, y el movimiento conservador local anhela oponérsele con una política de imagen, denostando a las ortodoxias, y a una reforma que en Chile nunca existió ni existe. Pero la gente tal vez no sabe que el movimiento conservador o masortí, ordena mujeres rabinas y ordena rabinos y rabinas homosexuales. Si tuvieran conocimiento de ello, las asociaciones con la palabra “conservador” se desdibujarían, y emergería una realidad más multi-dimensional y compleja. La idea masortí es muy valiosa: es la de una halajá viva. Y esa idea fundamental –que comparto profundamente- no está exenta de riesgos.

La Javurá sí es un fenómeno del tardío siglo XX, que surge del movimiento reconstruccionista en la década de los 60’s y 70’s en Estados Unidos. Los grupos. La autonomía. La autogestión. La necesidad de una vida judía nutriente y consistente, más allá del establishment, y con lazos de amistad más personales que en la gran sinagoga. Yo partí con Javurá Kol Haneshamá en 1997, la cual, al crecer mucho, asumió carácter de congregación en 2003 con su personalidad jurídica, pero sin perder ese espíritu familiar, íntimo, en que el desarrollo espiritual judío, individualmente y en familia, es muy activo y entusiasta. De ahí su éxito. Hoy hay muchas más javurot en Chile de lo que la gente sabe. Algunas ni siquiera quieren que de ellas se sepa, para ser radicalmente independientes. Ello muestra una distancia entre lo que los judíos desean y las bizantinas políticas de “corrientes” que las cúpulas enarbolan como tan importantes. La comunidad judía va cambiando sus dinámicas. Para servirla con corazón y éxito hay que saber leerla bien.

- Sin lugar a dudas esas dinámicas son abrumadoramente cambiantes y a veces sucede que las grandes instituciones muchas veces están más preocupadas en hacer funcionar los edificios institucionales que procurar el desarrollo de las personas. En ese entorno dinámico, ¿qué realiza y qué anima a su comunidad, Yakar?

Yakar es una comunidad judía sui generis por su espíritu. Más que edificio institucional es judaísmo como vivencia de genuina evolución. Va mucho más allá de reeditar la tradición y sus celebraciones. Se inscribe en el judaísmo liberal y el Jewish Renewal, y toma eclécticamente lo que le hace sentido de los movimientos ortodoxo, conservador y progresista, así como del auténtico espíritu jasídico, de distintas etnicidades judías, para enseñar Torá y espiritualidad judía con sentido: Que a cada uno, en diferentes momentos, nos caiga la chaucha. Conciencia amorosa y solidaria para nuestras vidas contemporáneas. Con Personalidad Jurídica desde 2003, reúne a familias, niños, jóvenes, tercera edad; judíos y judías de variadas edades y talentos, que no sólo vibra en sus hermosos servicios religiosos, sino que ha desplegado una vitalidad muy especial en Chile:

Realiza retiros para adultos, un programa de educación para niños de Talmud Torá en una convivencia alegre y una educación eficaz que apunta a que vayan empoderándose felizmente de su judaísmo: “Quiero ser protagonista de mi pueblo; ser judío me importa”. Explica, ante cada fiesta o ciclo vital, sus significados más profundos, ayudando a un adulto a cosechar mayores matices de sentimiento y comprensión personal. Apoya a las familias, la pareja, los niños –¡ muy especialmente a los niños!- y acoge también a aquellas que están constituidas por miembros no-judíos, como una realidad de facto existente, ayudándoles en la educación de sus hijos nacidos judíos o conversos según la halajá (ley judía). Rescata una mística cálida y alegre, lejos de las esoterias, sencilla, inteligente y cálida a la vez. Es una comunidad que integra a sus miembros por quienes son, y no sus diversos niveles socioeconómicos. La gente es cálida, sencilla, se respira alegría y amistad.

Es una congregación plenamente igualitaria entre mujeres y hombres, activamente promotora del libre pensamiento y el libre albedrío, abierta e inclusiva. Activa en la promoción de la acción social desde nuestras raíces judías y enfatiza la ecología como pikúaj nefesh, un sine qua non judío. Realiza registros auditivos de cada uno de los muchos cursos, seminarios, y talleres realizados, así como CD’s de sus preciosos servicios religiosos de Rosh Hashaná y Yom Kippur. Realiza programas en radio y televisión, en universidades y espacios diversos, con alto contenido espiritual e intelectual, a la vez que comprensibles y al alcance de toda la ciudadanía, buscando difundir el judaísmo como la maravillosa tradición que es, y poniéndolo en el consciente colectivo. Yakar, que en hebreo significa “precioso”, “preciado”, es una sinagoga preciosa, especial. A ella llegan también familias y personas judías que se han alejado de una vida espiritual judía, y que más maduros, vuelven a su hogar espiritual con entusiasmo redescubridor. Es un espacio imprescindible en nuestro país.

- Tal como Ud. me está comentando, el renacimiento de las ortodoxias en Chile genera un discurso desde la "trinchera defensiva" por parte del movimiento masortí local. Sin embargo esa reacción genera, a su vez, un fortalecimiento del desarrollo comunitario por parte de todos los sectores. No obstante, y no es ningún secreto, el desplazamiento de juventudes desde el judaísmo liberal hacia las ortodoxias es impresionante. Aparte de las tendencias mundiales hacia formas de neoconservadurismo, y los procesos que acusa la posmodernidad, ¿qué es lo que sucede, en realidad, con este fenómeno de movilidad ideológica en el Ishuv de nuestro país?

Me parece que el surgimiento enorme de la ortodoxia no fortalece al movimiento conservador / masortí. Me parece que lo que la ortodoxia sí fortalece, con o a pesar de sí misma, es a la educación judía. Si antes sólo estaba el Instituto Hebreo, la apertura del Maimonides School generó un importante y profundo mejoramiento en el Instituto Hebreo, y ahí sí vemos que dos opciones se mejoran mutuamente a través de la sana competencia.

No creo que la movilidad sea ideológica en primera instancia. Creo que es de naturaleza más profunda y aparenta ser ideológica. La ortodoxia tiene éxito por su pasión religiosa, hoy, con pocas excepciones, ausente en el resto de la comunidad. Y la pasión religiosa viene en un contexto de desencanto con la mediocridad de los discursos basados en los clichés de la “continuidad” y la “supervivencia” de los años ’70 y ‘80. La mejor garantía de supervivencia es la vida. Y la vida requiere pasión. Hace 30 años la pasión religiosa estaba junto al rabino Angel Kreiman, que con su obra y carisma, revolucionó completamente a la comunidad judía en Chile. Su revolución también fue pasionaria, inspirada en la personalidad del rabino Marshall Meyer. Hace 20 años, esa pasión religiosa estaba con el rabino Marcelo Bronstein. No es la ideología sino la pasión religiosa la que motiva, independiente del signo. Si además está respaldada por transnacionales, su éxito es cosa de tiempo solamente.

A más insípida y vacía la sociedad que vivimos, incluida la judía, más necesidad existe de abrazar una alternativa judía más proteica, espesa, alimenticia y aseguradora de judaísmo. Obviamente omito aquí los tremendos desafíos y peligros que veo en esa opción, así como los tremendos dolores en el seno de familias que ha generado. Pero ella es la respuesta que la juventud le dio a los discursos de sus desgastados y perennes caudillos laicos.

- Desprendo de su análisis que los vaivenes de adhesión están determinados por inconsistentes políticas comunitarias de los líderes laicos, y por la aparición esporádica de líderes espirituales de gran fuerza carismática. Sin embargo, es efectivo también que esa “dependencia pasional” es volátil. Hoy las filas de las ortodoxias en Chile están bullentes de “hijos” y “nietos” de los líderes masortíes que Ud. menciona, y por lo observado en el sector, no parece ser sólo producto de políticas acertadas de inversión en recursos materiales. En esta línea ¿cuáles son las medidas que debieran asumirse en el mundo de las comunidades no ortodoxas tanto por sus liderazgos laicos como espirituales para afrontar los desafíos que plantea hoy una juventud ávida de contenidos que sólo encuentra en la ortodoxia?

Buena pregunta. Los jóvenes recibieron suficiente vacío e inconsecuencia de parte de sus mayores durante su formación. Rechazan lo deshonesto, y no tienen paciencia con la incoherencia. De ahí que la propuesta contra-cultural y contra-epocal de la ortodoxia de negro visible, les entusiasma. Porque opera en sus psiques como una tribu urbana. Me explico:

Por favor, ruego no ser malinterpretado. Deseo explicar lo que para mí es la clave del primer flechazo subjetivo sobre los jóvenes a nivel psicológico, ante la ortodoxia: Pongamos sólo por un momento lo sagrado de Torá y Mitzvot a un lado para analizarlo sicológica y antropológicamente: Esta ortodoxia vestida de negro atrae a los jóvenes, porque en la psique de estos, imaginariamente, opera como tribu urbana. No es que sea una tribu urbana, ni que desee serlo. Sólo que sicológicamente opera como ellas. A los jóvenes les atrae como el punk, hip-hop, o el gótico. No estoy igualando ortodoxia con estos, -por favor, no se me malinterprete-, sino diciendo sólo que en un sentido psicológico, el atractivo de la tribu urbana y el del extremar la propia identidad judía como tribu urbana es fascinante para muchos jóvenes. Y en la ortodoxia, los maestros viven una vida contra-epocal asumida, y con el peso de incluso vivir y verse distintos. Como una tribu urbana. Por eso, en una primera instancia, esos maestros son para la juventud, muy atractivos. Los maestros aparecen como más rebeldes al sistema que los jóvenes mismos. Y es una rebeldía también dirigida a los padres. ¿Querían que fuera un buen judío? ¡Tomen, soy mucho más judío de lo que Ustedes jamás se atrevieron a ser! Por ahí va el tema psicológico.

En una segunda etapa viene el convencimiento, el adoctrinamiento, y ese es de carácter cerebral: “Si el código bíblico es divino, ergo es divino todo el edificio halájico”. Es un truco simple, pero muy eficaz. En una tercera etapa, la fuerza centrípeta del grupo –sus matrimonios muy jóvenes y sus códigos- hacen el resto de la incorporación definitiva y sin regreso.

Esto no atrae a todos los jóvenes. Y no todos los jóvenes que se sienten atraídos por la ortodoxia pasan por este patrón. Pero una mayoría, sí.

No digo que esto sea malo. ¿Qué sé yo de los caminos de D’s y de las almas? Y si ahora retomamos Torá y Mitzvot, hay de hecho un rescate importantísimo y eficaz de muchos de nuestros valores fundamentales en la ortodoxia, y a muchas cosas podemos aplaudir y decir “Yasher Kóaj”. A otras no.

El desafío para el judaísmo de otras cepas se puede plantear de un modo brutalmente simple: Ningún truco vale. Sólo la honestidad y la consecuencia, el amor y el alma de un judaísmo intensamente espiritual, empíricamente potente, pleno de sentido, lleno de estímulo intelectual combinado con relaciones afectivas de amistad y pololeo fuertes, pueden fraguar una vida judía a la vez liberal y significativa para los jóvenes. ¿Creen los líderes no-ortodoxos en su judaísmo con tanta fe, como la ortodoxia cree en su misión proselitista?

- Esa parece ser una pregunta central, y, coincidentemente, también ha sido planteada en una reciente entrevista, en estas mismas páginas, por el rabino ortodoxo Matías Libedinsky... ¿Puede usted darnos su definición de lo que es “Espiritualidad Judía”? ¿Cuán espirituales somos los judíos de este país? ¿O sólo vamos detrás de los líderes carismáticos de turno, como Ud. señala?

No he dicho que vamos “detrás” de los “líderes carismáticos de turno”. Ha habido líderes carismáticos con obras maravillosas cuando tienen un buen corazón, son honestos y no persiguen ni dinero ni poder político. Ser líder carismático no significa ser gurú; y motivarse con la obra y la propuesta de un/a líder apasionado/a no significa necesariamente ser cómodo.

No puedo definir espiritualidad judía, ni evaluar cuán espirituales somos. Eso es algo que no se puede manosear ni medir; no se puede embalar ni vender; no se puede impostar ni malversar. Estamos hablando de lo más sutil, lo más intangible, y que sin embargo es muchas veces más esencial que todo lo demás en la vida. El alma no calcula, sino que se entrega.

Espiritualidad tiene que ver con ese órgano invisible pero tan real, por el cual vibramos y vivimos: el alma. Y tiene que ver con cómo esa alma es tocada, despertada, animada por lo divino permanentemente. Y eso que parece tan abstracto, ocurre de verdad en una conversación que nos conmueve, con la música, con una oración, con un acto en silencio. En el judaísmo, se da en todo eso pero también en el compartir la vivencia de estar dentro de lo sagrado, juntos, en la sinagoga, en la naturaleza; al hacer una Mitzvá, al dejar nuestras inhibiciones y cantar juntos un niggún, una melodía jasídica sin palabras; al percibir la corriente que es hacer justicia social, aliviar con nuestra presencia a un enfermo, al construir casas para quienes no tienen, al estudiar Torá y tener un insight íntimo sobre su relación con nuestra vida; al compartir con nuestros mayores, al tomar la mano de nuestros hijos e hijas cuando recitamos Shalom Aleijem en Shabbat. Y tiene que ver con poesía. Es distinto decir: “La copa de Kiddush es la copa que llenamos de vino para bendecir Shabbat” que decir “Copa de Kiddush, Mikvá de ángeles, mar risueño en miniatura para fundir este presente en alma. Esta copa, en cuyo misterio no vemos el fondo, es el corazón receptivo que sentimos ahora, en este Shabbat”. Espiritualidad tiene que ver con el sentido y la inspiración. Nada de ello puede comprarse o controlarse, porque viene de lo divino en nosotros. A vivir con esa dimensión despierta es a lo que el judaísmo nos invita en cada momento. Y sí, es posible.

- Tengo entendido que su Tesis Rabínica versó sobre algunos indígenas chilenos y sus raíces judías. Incluso parece que algunos de ellos se convirtieron al judaísmo. Nos gustaría saber sobre esto.

Mi tesis rabínica se encuentra en la Klau Library del Seminary Rabínico Hebrew Union College – Jewish Institute of Religion de Cincinnati, EE.UU., y trata sobre los “Cabañistas”, o la “Iglesia Israelita”. Este es un grupo seudo-judío que data de 1894 y emerge en medio de la Araucanía. Sus orígenes son nebulosos, y poco pudo ser comprobado definitivamente. Pero pude llevar a cabo la más extensa, seria y académica investigación sobre ella y sobre sus orígenes, con trabajo antropológico en terreno, con ayuda de de muchas personas, y registro gráfico. Implicó adentrarse más allá del fascinante trabajo del Dr. Günther Böhm Z.L., sobre los judíos en la época de la colonia en Chile, hacía una constatación: Casi todos quienes la Inquisición delata verdaderamente o acusa falsamente de ser judíos de entre los conquistadores españoles, se instalan en el sur de Chile, en la llamada “Frontera” con la Araucanía, por ser el lugar más lejano posible de la Inquisición. ¿Qué significa eso? ¿Quedó algo de ello? ¿Qué relación tiene eso con la “Iglesia Israelita”? Es un misterio. Esta emerge en Curacautín, en 1894, cuando la Iglesia Católica aún no estaba desplegada plenamente allá. Practica versiones no-Talmúdicas de Pésaj, Shavuot, Succot, Rosh Hashaná y Yom Kippur; que denomina respectivamente “Pascua, Pentecostés, Cabañas, Trompetas y Expiación”. Y curiosamente, la fiesta de las cabañas (Succot) es la más importante.

Hoy en día, se ha asimilado completamente al entorno evangélico, y es una iglesia fundamentalista cristiana más, con algunos elementos judíos que no pasan de decorativos. Pero el recuerdo de haber sido otra cosa, hizo que un grupo se escindiera, buscando regresar a sus orígenes, o en todo caso, hacía lo judío. De ese grupo a su vez, nueve personas salieron y le pidieron al rabino Eduardo Waingortin ayuda en 1992. Eduardo, con mucha amabilidad, sabiendo que esta era mi tesis rabínica, me encargó que estudiaran conmigo; y así fue durante años, hasta que esas nueve personas finalmente aprobaron un exigente Bet Din junto con su Brit Milá y Tevilá. Si estos nueve son o no descendientes sanguíneos de algún conquistador cripto-judío, no lo sabremos jamás. Hoy todos menos dos viven en Israel, y el matrimonio que vive en Chile, son judíos ejemplares. Es una historia bella, pero cuyas huellas frescas se hallan borradas entre los bosques de la Araucanía y las hogueras de la Inquisición. Creo que pude ayudar a nueve judíos a regresar a casa, de entre tantos y tantos que se perdieron en el camino, de una de las diásporas más curiosas, remotas y desconocidas que hay.

- Hermosa mitzvá. Ahora bien, en su opinión, ¿cual es el rol de los medios de comunicación judíos, como ANAJNU por ejemplo, en la perspectiva del desarrollo comunitario?

Soy de los judíos que cada día leo diarios israelíes por Internet. Junto con eso, me siento a menudo solo en medio de tanta cobertura insidiosa contra Israel, y también a veces antisemita, queriendo compartir un hacer algo. Y sí, escribo cartas, me expreso defendiendo a Israel, me informo. Y como yo, habemos muchos; y no tenemos alivio a nuestra soledad, ni tampoco tenemos demasiado tiempo como para conversar en un café de la actualidad, -como mis abuelos, judíos vieneses- o esperar una semana para recibir un discreto diario judío local. Tenemos sed y tenemos sólo minutos. Y por eso Internet es vital. En Internet existe push y pull. Poner (“empujar”) información hacía la red, y tomar (“extraer”) información de la red. Muchos exploramos material en la red, pero el mejor no está en Chile. Y el material judío que hay en Chile es poco. La Embajada de Israel hace desde hace poco un significativo “push” proveyéndonos de artículos de actualidad. También lo hace la WIZO, el Centro de Estudios Judaicos de la U. de Chile. Esas iniciativas son buenas. Hay algunos boletines y sitios de las comunidades. Pero mucho queda disperso, y a veces, se sobrepone. Demasiado a menudo, nuestra comunidad sólo reacciona ante amenazas a Israel o casos de antisemitismo. Pero un “push” que nutra a nuestra comunidad judía en Chile, de judaísmo con inteligencia y gracia, con nivel y humor, con agilidad, elegancia y rigor académico, no hay aún. Y me encantaría saber que estoy equivocado, y que simplemente desconozco que sí lo hay. La idea de ANAJNU me parece encomiable, muy buena, y por ello he accedido a esta entrevista. Espero que prospere.

Por todo lo anterior, he llevado adelante con mi amigo Antonio Bentué, un programa de radio como “Conversando de Fe”, en Radio Beethoven –que estuvo en el aire todos los domingos durante tres años-. Con financiamiento se podría editar e incluso, reanudar. Asimismo, me multiplico para participar en programas de televisión, entrevistas, foros académicos, charlas en universidades y colegios. Pero aunque recibo las felicitaciones y las gracias, a diferencia de las comunidades católica, evangélica, musulmana, y otras, no recibo subvención económica. Y no puedo dispersarme ad honorem sin límite. Es posible que tengamos complejos en el tema de comunicación hacía el medio gentil. Temores, rubores, recelos, defensas. Lo que he querido es mostrar la riqueza inmensa del judaísmo, de forma cariñosa y abierta, inteligente y sensible, con mi mejor humor y talante. Las respuestas han sido muy gratificantes, pero recibo más invitaciones de las que jamás podría aceptar.

- ¿Cuál es su evaluación de su rol rabínico en la Comunidad Sefaradí Max Nordau de Valparaíso?

El hecho de contar por primera vez con un rabino en noventa años abrió puertas espirituales, educativas y litúrgicas. Estudiamos fuentes judías clásicas y contemporáneas, y haciéndonos preguntas. Meditamos, cantamos, combinamos, rescatamos e innovamos. Ayudamos. Tal vez lo que mejor expresa el efecto del trabajo rabínico es que mi presencia allí ha devuelto el sentido de autoestima comunitaria y la reafirmación de la identidad de esta. El hecho de conectar a Valparaíso con el mundo, ha sido valioso.

En dos años hemos comenzado servicios matutinos de Shabbat, completamente igualitarios, con lecturas de Torá, Havdalah y un programa de Motzaei Shabbat con documentales y discusiones; celebrado todas las festividades judías con programas de educación acerca de sus significados más profundos. Hemos establecido una nueva personalidad jurídica con una visión de futuro. Hemos creado una pequeña biblioteca con nuevos juegos de Jumashim y Siddurim de la Fundación Pardés en Buenos Aires y enviado miembros del directorio a participar por primera vez a convenciones internacionales. Hemos podido enviar a nuestra Morá al programa de formación de liderazgo comunitario Beutel Seminar, en Jerusalén, Israel, y a jóvenes a encuentros internacionales de juventud judía. Hemos recibido delegaciones y misiones, realizado Bar y Bat Mitzvás, y establecido un curso de Introducción al Judaísmo que redundó en Brit Milá, Tevilá y la conversión de varias personas de padre judío y madre no-judía, en un Bet Din realizado en la Fundación Pardés, en el marco de un viaje de estudios a Buenos Aires. Hemos educado a hombres y mujeres (estas últimas no contaban con espacios para ello).

Recibimos asimismo al matrimonio de rabinos Jonathan Rubenstein y Linda Motzkin, de EE.UU., quienes pasaron su sabático en Valparaíso junto a nuestra comunidad. Aprendimos de ellos y compartimos con ellos. Ha sido una de las experiencias más enriquecedoras para nosotros. Así, Valparaíso es una hermosa historia de voluntades y tiempos que coincidieron felizmente, una historia de restauración e innovación, y de recuperada dignidad judía.

- Ese concepto de “recuperar la dignidad judía” asociado a la idea de restauración e innovación suena bastante inspirador. Por cierto, ¿cómo ve la situación actual de nuestro Pueblo, cuáles son los desafíos más importantes, en especial en una coyuntura histórica en que los discursos antisemitas, que creíamos ya olvidados, parecieran cobrar una fuerza renovada?

Al antisemitismo travestido a menudo de insidia contra el Estado de Israel, hay que confrontarlo con más paciencia y determinación de lo que las pautas editoriales de los antisemitas autoproclamados “anti-sionistas” nos bombardean a nosotros. Estamos en una guerra. Y para ganarla hay que entenderla. El antisemitismo mutó, se hizo global y está a un click de nuestros ratones. La “Hasbará” es un concepto vetusto de los años 1950’s. No alcanza. Hay que ser valientes, ágiles, y no dejar pasar ni una. Hay que combinar fuerza y conocimiento, con jutzpa y humor. La meta es poner a Israel donde merece: dentro -y no fuera- de lo políticamente correcto. Y desenmascarar al terrorismo y la deslegitimación de Israel como lo diabólico que es. Sí, se puede. Hay buenos pasos que la directiva de la comunidad ha tomado. Queda mucho, mucho trabajo, y hay que asumir que será por años en el porvenir, y nos debe unir a todos los judíos del mundo. Buen ejemplo de lo superfluo que es enfrascarnos en debates sobre corrientes en el judaísmo.

Pero debajo de ello, y del desafío externo, hay un asunto que nos concierne a nosotros, y que es como la cuadratura del círculo. Somos una tribu endogámica de 3.500 años de antigüedad. En la diáspora, no somos una “religión”, sino un pueblo – historia – Torá -modo-de-vida- cultura-civilización – tierra – país - memoria… todo en un sólo paquete. Y eso es algo tan diferente a todos los demás pueblos y países, que ni siquiera nosotros mismos lo comprendemos y asumimos cabalmente. Y debemos hacerlo.

Y esa definición de tribu endogámica, está en tensión con un estado moderno. No es incompatible, pero está en tensión. Y es esa tensión la que los antisemitas explotan. Es esa excepción la que los “antisionistas” (antisemitas contra Israel) explotan con distorsiones. ¿Seremos una tribu endogámica, pase lo que pase, o seremos una religión que deja la tribalidad endogámica atrás en el siglo XXI? Esa es la disyuntiva feroz que está en el magma de nuestro suelo, bajo nuestros pies. Creo que podemos lograr continuar siendo una tribu endogámica, pero es imprescindible para ello abrir responsable y seriamente la conversación. No podemos ponernos en posición fetal y esperar que el tsunami disolvente y el jihadista nos alcance. Con la destrucción del 2º Templo, mutamos totalmente de culto arcaico a judaísmo rabínico. Y logramos sobrevivir y prosperar. Hoy, el desafío parece no ser menor al de esa época. Y repito majaderamente: ¡Viva cada niño y cada niña judía, vivan los casamientos, las casamenteras y la más preciosa y buena educación a ellos! En todo caso, creo que el amor es la mejor disciplina.

- Inspirado por sus palabras en orden al rol histórico de los líderes espirituales de gran carisma, me permito preguntarle ¿Cuales son sus proyecciones personales en su rol rabínico?

Soy un rabino –digamos- clásico. Amo enseñar Torá, celebrar los momentos de alegría, acoger a quién está triste o confundido; soy profundamente feliz con mi vocación y amo oficiar, estudiar, hacer Mitzvot. Soy un poco hombre-orquesta; músico, baal-koré, jazán… Y sonrío de alegría cuando estoy en mi función rabínica, porque en ella me siento pleno. Soy bastante más tímido de lo que la gente pensaría, y después de oficiar un casamiento, un Bar Mitzvá –cosa que me encanta hacer- siento deseos de salir arrancando del cocktail. (Me quedo igual, pero me cuesta). Ese rabino soy yo. Me sumerjo en la Parashá, la preparo con deleite para compartirla. Improviso. Improvisar es esencial. Improviso historias, melodías, Kavvanot… Me encanta el trabajo rabínico pastoral: acoger a parejas, personas, familias; recibir, poder dar alguna orientación luego de vulnerarme plenamente con quién me pide ayuda. También salgo a la academia, a la televisión, a la radio. Y todas estas cosas las quiero seguir haciendo así, en mi comunidad, Yakar.

Pero hay algo que se ha añadido: Estoy tonto de amor paternal por mi hijita de tres años. Y esta fase de mi paternidad es intensamente feliz, y en ella está la transmisión de judaísmo día a día, en casa, Shabbat a Shabbat. En cada fiesta, en el Alef – Bet. (Estoy un poco más volcado hacía dentro en estos tiempos). Y eso me ha hecho especialmente sensible a la educación y al hecho medular de ser padre / madre de niños y niñas judíos / as. He ido acumulando sensaciones y reflexiones sobre lo que realmente importa en esa transmisión judía, y hoy estoy abocado a educar a niños y niñas en mi comunidad personalmente como rabino. Porque lo estoy viviendo. Y aunque alguien se ría de mí, creo que la casamentera –si no es indiscreta- es una Mitzvá importantísima. No todos tienen la fortuna de encontrar novia judía o novio judío. ¿Por qué debe ser una vergüenza? Debiera ser algo sumamente digno y respetado. (Y no necesariamente vía Internet). De ello vienen nuestros matrimonios y nuestros niños, que son lo más precioso que tenemos. Cada uno es una victoria tanto sobre la Shoá, como sobre la asimilación. Y sólo con ellos sigue nuestro Tzror Hajayim, nuestro hilo de la vida.

Al mismo tiempo, creo que el mayor desafío del rabinato es el empoderar, no el hacer uno las cosas por los congregantes. Y eso es contra-cultural en Chile. Anhelo una comunidad no de espectadores pasivos, sino de adultos responsables, proactivos, empoderados. El rabino es sólo el líder –primus inter pares- en Torá y alma judía. El liderazgo en lo mundano lo debe poner la gente. Y para ello hay mucha mentalidad que cambiar y sanar. Anhelo niños felices, jóvenes felices y muchos pololeos; y anhelo que todos ellos puedan absorber por la osmosis de participar apasionadamente, la riqueza de la observancia, de cada detalle del inmenso tesoro de nuestra cultura espiritual. Anhelo una comunidad observante y libre, y sin duda igualitaria y acogedora. Anhelo publicar mucho que aún no sale a la imprenta, y anhelo con paz y amistad, llegar a todo quién quiera enriquecerse y compartir conmigo y con Yakar.

- Finalmente, dígame: ¿Ese "compartir" incluye escuchar fados?... Me he enterado que esa es una pasión musical secreta que Ud. cultiva…

Jajajaja… ¡ Sí, qué linda nota para finalizar ! Estuve en Portugal dos veces, una por trabajo social inter-religioso por un verano, y otra por nostalgia y amor. Y el Fado es para mí, como una llave que abre el alma. ¿Cómo no va a ser algo así, una experiencia religiosa? Sentarse en la Alfama de Lisboa, o en Coimbra (o en living de la casa) a escuchar fados es una tefilá…

Una cadencia del fado de Amalia Rodrigues cae en el fondo de mi pecho, se hunde, reverbera, me toca. Y se distiende aquí adentro. Algo se mueve, emerge. Me asombro en ella. Una bandada de aves de augurio emprende un vuelo hacía conocerme, se baña suavemente en mí. Un espasmo de aguas en mi cabeza se duerme despierto, dándome por vencido ante estas gotas de mi propia alma. Mis ojos las dejan escurrir tranquilamente.

Unas notas abren en un instante mi juventud añorada de cuajo. Un silencio entre dos notas es una noche donde cabe todo lo que no pude alcanzar. Otra nota es la calma oceánica del silencio de D’s. El misterio del idioma del fado. Si hoy escuchara un fado por primera vez, si nunca antes hubiera oído este universo infinito hacía mi serena penumbra, esta ensoñación que me devuelve a mí mismo como una madera a la playa, quizá no podría comprender lo que es el alma.

Sin un fado, ¿Cómo podría abordar la talla de mis mares? ¿Cómo podría entender lo que es rezar a un D’s que escucha? Porque mis palabras suenan a palabras sólo para mí. Cuando rezo en la intimidad de mis lágrimas, D’s escucha la música de un fado que mi alma reconoce.

Mijael, en todo caso, uno de nuestros sabios dijo: “El llanto contacta el alma, y luego la alegría la redime”.


 

 

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