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Erdogán ¿el nuevo Nasser?
por Julián Schvindlerman Ahora que los turcos han mostrado una especial sensibilidad por la pérdida de vidas humanas en altamar, quizás resulte adecuado recordarles un hecho de la historia reciente en el que ellos mismos estuvieron involucrados… sólo que en un rol criminal. En 1942, cerca de ochocientos refugiados judíos zarparon a bordo del barco Struma desde Rumania rumbo a Palestina. Su misión: salvar sus vidas del Holocausto nazi. Debido a desperfectos técnicos, el barco debió dirigirse al puerto de Estambul, donde, negado el permiso de desembarco por las autoridades, permaneció anclado durante dos meses. En tanto las negociaciones entre Turquía y Gran Bretaña a propósito del destino del buque se extendían infructuosamente, Ankara decidió remolcar al Struma y su carga humana hasta el Mar Negro, donde lo abandonó a la deriva con su motor estropeado. Pocas horas después, un submarino soviético disparó un torpedo que provocó el hundimiento del buque y sus 770 pasajeros, entre ellos cien niños. Hubo un solo sobreviviente. Esta tragedia significó la más grande pérdida de vida civil en ultramar durante la Segunda Guerra Mundial.
A la luz de lo cual fue
todo un espectáculo ver al presente gobierno turco tan escandalizado
por la muerte de nueve pasajeros del Mavi Marmara en las aguas del
Mar Mediterráneo. “Este ataque es como el 9/11 para Turquía” afirmó
con rostro adusto el canciller turco Ahmet Davutoglu al comparar el
asesinato premeditado de aproximadamente tres mil civiles con la
muerte de nueve militantes vinculados a las agrupaciones terroristas
IHH y Hamas resultantes de su propia agresión contra comandos
israelíes. El primer ministro Recep Tayyip Erdogan definió el
incidente como una “masacre sangrienta” y a acusó a Israel de
cometer “terrorismo estatal”. Oficiales del partido gobernante AKP
tildaron al estado judío de “estado pirata”. El gobierno se
manifestó a favor de demandar a los israelíes ante la Corte
Internacional de Justicia en La Haya. Como era de esperar, la
reacción turca cosechó elogios por parte del espectro islamista
radical de la región; por su parte el diario libanés Al-Safir
definió a Erdogan como el nuevo “favorito de los árabes”.
Ciertamente es un personaje favorito de los turcos musulmanes,
quienes -según observó Steven Rosen del Middle East Forum-
expresaron una impresión negativa de los israelíes del orden del 77%
(encuesta de la BBC de abril del 2010) y del 73% hostil a los judíos
(encuesta Pew Global Research del 2009).
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