El Estado judío y la diáspora

por Edgar M. Bronfman
Los jóvenes judíos de hoy no entienden por qué
una minoría - ciertamente, una minoría importante - se mantiene
en la firme creencia de que toda la tierra de Israel fue
entregada por Dios a nosotros, los judíos, sin posibilidad de
concesión alguna sobre el asunto.
Uno de los cambios radicales que ha superado el pueblo judío
durante el siglo pasado ha sido de orden geográfico. Si antes
del Holocausto, la vasta mayoría de los judíos residía en Europa
(en particular, en Europa del Este) y Rusia, ahora nos
encontramos situados básicamente entre dos polos - Israel y
EE.UU.
Por tanto, el presente y el futuro del pueblo judío habrán de
decidirse a través de las relaciones que mantengan el Estado
judío y la comunidad judía norteaméricana.
El debate que ha surgido en los últimos años acerca de los
contornos precisos de la relación entre Israel y la diáspora es
fundamental. En pocas palabras, la misma necesita ser repensada
y actualizada para el siglo veintiuno. Las ideas y los
sentimientos que tan bien nos han servido durante las pasadas
seis décadas simplemente no conservan ya esa misma resonancia en
las generaciones más jóvenes de judíos americanos, de quienes no
puede decirse que tenga una memoria personal de los sucesos de
1948 o 1967.
En su lugar, lo que ellos perciben hoy es un Israel acuciado por
los problemas, deseoso de alcanzar la paz con sus vecinos
árabes, mientras intenta sin éxito liberarse de cuatro décadas
de ocupación sobre los palestinos. Tampoco entienden por qué una
minoría - ciertamente, una minoría importante - se mantiene en
la firme creencia de que toda la tierra de Israel fue entregada
por Dios a nosotros, los judíos, sin posibilidad de concesión
alguna sobre el asunto.
No existen respuestas fáciles. Aún así, creo que los vínculos de
la comunidad judía de EE.UU con Israel puede tener un impacto
positivo en las perspectivas de paz en Oriente Medio y, por
extensión, un impacto positivo sobre Israel mismo. Como el
presidente de Israel Shimón Peres me dijo una vez: "Para mejorar
nuestra relación con la comunidad judía norteamericana, debemos
preocuparnos por hacer un Israel mejor. No mejores relaciones,
sino un Israel mejor. Ua Israel mejor posibilitará mejores
relaciones".
Pero ¿cómo se vería realmente es "mejor Israel"? Primero, no se
debe olvidar que la comunidad judía norteamericana sólo apoyará
un Israel democrático y liberal. Estas no son simples consignas;
ellas necesitan estar respaldadas por políticas correctas y por
un tipo correcto de sistema político. El control indefinido
sobre millones de palestinos llevará inevitablemente a una
pesadilla demográfica que no podrá sostenerse si Israel es
consecuente con sus principios fundacionales.
Hacer público esta cuestión no debería resultar polémico. La
idea de que, como judío, uno debe tomar una posición de "mi
Israel, acertado o no", es profundamente problemática. Prefiero
tener el tipo correcto de Israel. Además, considerar a
cualquiera que critique ciertas políticas israelíes como un
"judío que se odia a si mismo", constituye algo simplemente
alienante y divisivo.
Durante mis frecuentes conversaciones con importantes líderes de
Israel y de la diáspora judía, solemos expresar nuestras propias
frustraciones respecto de la actual dirección del Estado judío,
al mismo tiempo que apreciamos los muchos atributos positivos
del país. Estoy seguro de que este mismo tipo de conversaciones
se repiten en sinagogas, centros comunitarios judíos y
universidades, a lo largo de toda la diáspora. La belleza del
judaísmo reside en las preguntas que provoca, en especial,
aquellas que debemos hacernos acerca de nosotros mismos.
De hecho, no hay mejor signo de que nos ocupamos intensa y
profundamente de Israel, de lo contrario, no nos pasaríamos los
días trabajando en nombre suyo, dando nuestro dinero, pensando
en su futuro, o simplemente, siguiendo los acontecimientos a
medio mundo de distancia. Lo hacemos por amor.
El segundo modo en que la diáspora judía de EE.UU puede
colaborar en la actualización de un "mejor Israel" está dado por
el poder del ejemplo. La grandeza de la experiencia de los
judíos norteamericanos reside en haber sabido casar su
incomparable identidad judía con los amplios valores liberales
del país en el cual residen. Ya no hay más necesidad de elegir
entre asimilación y separación. Somos aceptados como iguales.
Así como le dije a David Ben Gurion cuando me preguntó por qué
ni mi familia ni yo íbamos a hacer Aliá: "Señor primer ministro,
como judíos que somos, hemos hallado nuestra Sion - es
Norteamérica".
La misma idea general también debería valer para Israel. Tal
como me dijo una vez mi querido amigo, el filósofo David
Hartman: "Israel es un retorno a lo particular, pero no un
gueto... No fue hecho para aislarse del mundo. Vive en diálogo
con él". Sí, Israel tiene verdaderos problemas para ser aceptado
en su entorno geográfico y, en algunos casos, también en el
escenario internacional. Y sí, estos problemas, en conjunto, no
los ha creado Israel. Pero Israel, debería mostrarse siempre
comprometido con esta amplia "conversación con el mundo",
alejada de la mentalidad "del gueto".
Los judíos estadounidenses también pueden ayudar de otras
formas. La relación entre Israel y la diáspora tiene que
convertirse en una verdadera avenida de dos manos y una
cooperación sincera entre iguales. Como Avram Burg, ex
presidente de la Knéset israelí, me explicó: "Ustedes creen que
todos nosotros somos héroes, y nosotros creemos que todos
ustedes son ricos; desafortunadamente, sólo el 50 por ciento de
eso es cierto". Es seguro que los estereotipos no nos harán
ningún bien en nuestra misión común.
Al igual que enviamos jóvenes judíos estadounidenses a Israel a
través del programa "Taglit", tenemos que considerar también un
descubrimiento "a la inversa" para los niños israelíes que
vienen a visitar EE.UU. La apertura de las mentes de los jóvenes
israelíes hacia el mundo exterior, en especial, la vibrante
comunidad judía americana en si misma, puede ayudar al Estado
judío.
De la misma manera, tal como el ex embajador y presidente de la
Universidad de Tel Aviv, Itamar Rabinovich, ha sostenido, una
mayor colaboración entre estudiantes y los intercambios entre
universidades israelíes y estadounidenses también resultarían
beneficiosos, tanto como las visitas culturales a Norteamérica
por parte de artistas israelíes. Estas y otras iniciativas
afines no sólo asegurarán el "diálogo con el mundo" por parte de
Israel, sino que además servirán probablemente como apoyo para
aquellos sectores de la sociedad israelí, de mayor inclinación
liberal.
Otra forma de ayuda que los judíos estadounidenses deben
mantener, es el tradicional apoyo político, aquí en EE.UU. Sólo
un Israel fuerte, seguro de sus actos, será capaz de hacer las
concesiones necesarias para garantizar su futuro. Sin embargo,
incluso manteniendo este apoyo político, nunca debemos dejar de
pensar en cómo hacer para que ese "mejor Israel" sea una
realidad. La respuesta, clara para mí, tiene que comenzar con
una paz verdadera, a través de una solución de dos estados al
conflicto palestino-israelí.
Es demasiado fácil dejar que el cinismo y la desesperanza sean
la norma cuando hablamos de las perspectivas de paz en Oriente
Medio. Pero nunca debemos perder de vista lo que tenemos que
hacer. "Si lo quereis," según la célebre frase de Teodoro Herzl,
"no será una leyenda". No hay que permitir que un mejor Israel,
viviendo en paz con sus vecinos, sea sólo un sueño.
Fuente: huffingtonpost.com /Argentina.co.il