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Los
Judios de Etiopía
La
dramática historia de los judíos etíopes o falashas (palabra ahmaric
que significa extranjero o errante) la cual cobró notoriedad
especialmente en 1984, a raíz de su espectacular emigración a Israel
-tierra de sus antepasados- es testimonio vivo de la tenacidad con
que grupos e individuos luchan por preservar su legado histórico a
pesar de numerosos intentos de genocidio cultural y de permanentes
condiciones de miseria.
Historia
Los orígenes de esta antiquísima comunidad son oscuros y están
envueltos en un velo de leyendas y especulaciones. Algunos falashas
remontan su parentesco ancestral al rey Salomón y a la Reina de
Saba. Por otra parte, varias autoridades rabínicas en Israel y el
occidente han sugerido que los judíos etíopes provienen de la tribu
perdida de Dan, misma que desapareció después de la destrucción del
Primer Templo de Jerusalem (675 a.e.c.).
Sin embargo, numerosos historiadores han coincidido en que los
falashas son miembros de una tribu indígena hamítica, de piel
oscura, conocida como Agau. Se cree que adoptaron la religión judía
en el primer o segundo siglo de la era común. El culto que practican
los falashas se basa firmemente en la Biblia hebrea sin considerar
la Ley Oral o Halajá, la cual desconocen por completo. No tienen
muchos conocimientos del hebreo, y para sus prácticas religiosas,
utilizan el guezo (lengua etíope antigua). Se adhieren fanáticamente
a las enseñanzas del Pentateuco y son escrupulosos en su observancia
de las leyes dietéticas y de higiene, así como del calendario judío.
La forma en que profesan el culto es, en muchos aspectos, una
reminiscencia de como se practicara en los días que precedieron a la
destrucción del Segundo Templo de Jerusalem (70 e.c.). Como los
falashas se vieron aislados de la Tierra Santa y de las escuelas
rabínicas en fecha primigenia, no recibieron influencia talmúdica.
Etiopía adoptó el cristianismo a mediados del siglo IV. Los judíos
instauraron su propio reino dentro del
Imperio Etíope y mantuvieron su independencia a pesar de ser
constantemente hostigados por sus vecinos. La invasión de los
emperadores ahmaric, en el siglo XVII, cambió drásticamente su
suerte. En 1616, bajo el emperador Susneyos, la comunidad judía fue
sometida a una terrible masacre. Su reino fue destruido y dos
tercios de la población fue asesinada o forzada a convertirse al
cristianismo. El resto fue despojado de sus tierras y reducidos a la
esclavitud. Durante años, los falashas vivieron aislados del mundo
exterior y perseguidos por los distintos regímenes.
Para principios del siglo XX, de los 250 mil falashas que
constituían la comunidad judía, sobrevivieron tan sólo 28 mil. La
ascensión al trono de Haile Selassie así como la implementación de
sus leyes discriminatorias complicó aún más su situación. La
política de ahmaraización o aculturación de las minorías bajo el
predominio de la Amhara, irrumpió impetuosamente en la población
falasha.
En septiembre de 1974, después de meses de insurrección, Selassie
fue depuesto. A la caída del dictador, emergió un régimen marxista
que se vio confrontado con terribles problemas, pero en los primeros
años, había una esperanza de que los falashas pudieran emigrar, aún
en pequeños números. El régimen de Mengistu estaba de acuerdo en
intercambiar judíos etíopes por armas israelíes y cerca de 160 de
ellos lograron emigrar.
El acuerdo se deshizo y el régimen se opuso a la emigración de
cualquier etíope para preservar su unidad nacional. Los años que
siguieron a la revolución fueron difíciles para los judíos. Los
terratenientes etíopes realizaron redadas en los poblados donde
vivían y cientos de falashas murieron. Muchos otros decidieron huir
para escapar de los horrores. Al cruzar la frontera, se encontraron
con un clima y una cultura hostiles que amenazaba su supervivencia.
Los judíos que permanecieron en la provincia de Gondar fueron objeto
de degradantes restricciones por parte del régimen militar de
Mengistu. Para las autoridades etíopes, el judaísmo era una religión
arcaica, por lo que establecieron medidas para asimilar a los
falashas. Las sinagogas y las escuelas judías fueron cerradas, se
prohibió el uso del hebreo y los líderes comunitarios fueron
encarcelados. Miles de judíos, uniéndose a otros refugiados etíopes,
huyeron a países vecinos.
El Rescate
El interés de las comunidades judías de la diáspora e Israel por los
falashas se remonta a principios del
siglo XIX pero los numerosos intentos por liberarlos fallaron. Fue
hasta 1984 cuando las autoridades israelíes realizaron una operación
secreta de rescate para liberar a los falashas llamada Operación
Moisés, nombre que simboliza la redención de los judíos esclavos de
los faraones egipcios. Para principios de 1985, alrededor de 18 mil
judíos etíopes habían cumplido su antiguo sueño de regresar a Sión,
cruzando la frontera con Sudán. Allí permanecieron en campos de
refugiados hasta que pudieron ser trasladados a Israel.
Los esfuerzos de rescate se dificultaron por las condiciones
climáticas y por la presencia de un gran grupo de musulmanes
eritreos, quienes juntó con Hermandad Musulmana y la OLP, estaban al
acecho de falashas, por considerarlos infieles al Islam.
La inmigración clandestina se vio imposibilitada cuando en 1985
Sudán, ante las presiones por parte del mundo árabe, cerró sus
fronteras a los falashas. La Operación Moisés no liberó a todos los
judíos etíopes.
Su Integración
La
llegada de los falashas a Israel representa el ingreso a una cultura
previamente desconocida. Tras un viaje difícil y peligroso, los
judíos etíopes tienen enormes necesidades físicas y espirituales que
satisfacer. Se requiere de un gran esfuerzo económico, humano y
organizativo para integrarlos y el gobierno de Israel ha invertido
grandes sumas con el fin de facilitar el proceso de absorción.
Las organizaciones filantrópicas judías han colaborado con
entusiasmo para lograr la integración de los falashas. Lentamente
los judíos etíopes se adaptan a su nuevo mundo. Pero no debemos
olvidar a los miles de falashas que aún permanecen en Etiopía, a las
familias divididas que aún esperan la oportunidad para poder e
emigrar a una sociedad democrática en la que puedan vivir su
judaísmo con plenitud.

Fuente: Jinuj.net
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