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El
principio del fin para Obama

El discurso de Obama anterior a las
elecciones, en lo que a política internacional
respecta, era irreal y fantasioso. Ideal para un
cuento de niños quizás, pero muy alejado de la
compleja realidad mundial
por Leandro Fleischer
No es ya ninguna novedad que el presidente
islámico-marxista americano haya batido record
en pérdida de popularidad en los Estados Unidos.
En menos tiempo de lo pensado, su imagen se ha
desvalorizado casi por completo. Quienes se
oponían a él antes de que asuma, no están
sorprendidos por el actuar del presidente Obama,
aunque, desde ya, están preocupados por el
futuro del país. Una mayoría de indecisos ha
comenzado a desconfiar del mandatario y los que
lo apoyaban, ya no ven en él un mesías con
poderes mágicos como solían hacerlo antes.
Es que el discurso de Obama anterior a las
elecciones, en lo que a política internacional
respecta, era irreal y fantasioso. Ideal para un
cuento de niños quizás, pero muy alejado de la
compleja realidad mundial. Obama prometía un
"cambio". Proponía cambiar la política exterior
de Estados Unidos. Intentó y logró venderle la
falsa ilusión a los americanos de que las
demostraciones de confianza hacia los líderes
totalitarios islamistas y comunistas, generarán
que estos criminales ya no estén interesados en
destruír a la potencia americana o dominar el
mundo.
Obama, sin embargo, durante su campaña
electoral, dejó que se notara su lado
socialista, proponiendo todo tipo de planes
sociales, aún más de los que ya había y que
condujeron a la última crisis. O sea, la idea
era combatir el incendio con más fuego, con más
impuestos. Tampoco podemos olvidarnos de la
frase de su mujer, quien afirmó que para mejorar
la situación, algunos tienen que dejar parte de
la torta. Esto significa que debe haber sólo una
torta (el Estado) y el dueño de ella (Obama)
debe decidir cómo administrarla, en lugar de que
se sigan haciendo más tortas para que haya más
porciones sin necesidad de robarle a nadie.
Antes de las elecciones, hubo quien sospechaba
que el presidente americano tenía tendencias
anti-sionistas. El hecho de haber tenido una
educación islámica, puede ser un factor
únicamente indicativo, pero haber asistido
tantos años a una iglesia en la cual el pastor
de ella, quien además casó a Obama, no ocultaba
su odio hacia los judíos, los blancos y Estados
Unidos, eran ya una confirmación de las
verdaderas intenciones del mandatario americano.
Pero la mayoría de la prensa decidió no darle
importancia a este dato.
Por lo tanto, antes de las elecciones, ya se
podían percibir ideas progresistas, tanto en el
ámbito económico y social y existían
justificadas sospechas sobre un antisemitismo
que intentaba, por todos los medios posibles,
desmentir.
No me malinterprente mi estimado lector. Yo no
creo que el presidente Obama admire a Ben Laden.
El mandatario americano es un progre más, como
Zapatero por ejemplo. Pero le incluye una
pequeña dosis de cariño al islamismo. Obama
realmente cree en la "justicia social", en
sacarle al rico para darle al pobre, en el mito
del islamismo pacífico, en el cuento del débil y
el fuerte, etc. Todo estas ideas son las de la
izquierda, que ya sabemos a qué resultados nos
conduce. El presidente estadounidense quiere
crear una especie de "hombre nuevo" a la fuerza,
como también lo quería hacer el Che Guevara,
Stalin, Mao, Fidel Castro, Kim Jong Il y demás.
Más de cien millones de personas que se oponían
a dejar de ser el "hombre antiguo", fueron
encarceladas, torturadas, violadas , humilladas
y asesinadas. Y es hasta el día de hoy que estos
crímenes no cesan. Por supuesto que el
mandatario americano no va a matar a nadie
directamente, aunque sí robar y limitar. Es otro
tipo de violencia, pero es violencia al fin.
Su socialización de la medicina arruinará el
servicio de todos para mejorar el de unos pocos,
aumentará el gasto público, reducirá el
personal, se dañarán las condiciones laborales
y, por lo tanto, la eficiencia de los
trabajadores de la salud, habrá largísimas
esperas y, desde ya, la gente no tendrá la
libertad de elegir cómo ni con quién tratarse.
Este es un ejemplo claro de que en lo que a
polítcas socio-económicas se refiere, Obama está
cumpliendo con lo dicho antes de las elecciones
que lo llevaron, lamentablemente, al poder.
Su clara posición anti-israelí en el conflicto
en Medio Oriente, en cambio, demuestra que ha
mentido en su campaña electoral. Castiga a
Israel sin titubear cuando construye viviendas
en su capital, Jerusalén, a pocos metros de la
línea verde e incluso ha citado al embajador
israelí para protestarle al respecto. Sin
embargo, poco y nada le importa la alianza de
Siria e Irán con los terroristas del Hamás y el
Hizbolá para destruír Israel. Poco y nada le
importa los atropellos a las más básicas
libertades del ser humano en Venezuela, Cuba,
Sudán, Corea del Norte, casi todos los Estados
Islámicos, China y demás. Poco y nada le importa
la invasión en América Latina por parte de
grupos terroristas musulmanes gracias al
dictador venezolano, Hugo Chávez, quien además
financia y apoya a otras organizaciones
terroristas como las FARC en Colombia o ETA en
España.
Eso sí, un Irán nuclear no le conviene a nadie,
por lo que hasta Rusia y China, quienes siempre
se opusieron a castigar a los iraníes, hoy en
día no descartan aceptar las sanciones que
propone el gobierno americano.
No nos podemos olvidar de su discurso en El
Cairo, cuando de manera indirecta, comparó el
Holocausto con la situación palestina, con la
clara intención de poner a Israel en el lugar de
los nazis.
No me sorprende, entonces, que los israelíes,
incluso varios de izquierda, desconfien del
mandatario americano. Los comentarios hechos por
los lectores del sitio de internet del diario "Yediot
Ajaronot" en Israel abajo de un artículo en el
que Obama condenaba el Holocausto y el
antisemitismo en el mundo, demuestran el
pensamiento de la gran mayoría de los israelíes:
"¿por qué no le creo una palabra?", "hipócrita",
"basta de palabras, hechos ¿Sabés dónde queda
Irán?" fueron algunas de las quejas.
En la gran mayoía de los comentarios se podía
apreciar un justificable repudio a Obama. Y para
el que tenga alguna duda: el diario no es
considerado derechista, sino que se encuentra a
la izquierda o centro izquierda del mapa
político israelí y es opositor al gobierno de
Netanyahu.
Tampoco me sorprende que poco tiempo después de
que un grupo de libertarios israelíes, entre los
que me incluyo, hayamos creado el "Tea Party"
israelí, casi mil estadounidenses hayan
ingresado a nuestro grupo de Facebook y nos
pidan disculpas por el gobierno de Obama, nos
aclaren que él no los representa y que Israel
fue y es el aliado más cercano de Estados
Unidos.
Ahora Obama, se puso de vuelta la nariz roja y
comenzó a realizar una payasada más llamada
:"Cumbre Nuclear" que tiene como supuesto
objetivo que las potencias reduzcan los
arsenales nucleares y evitar que llegue
armamento nuclear a las manos de los
terroristas. Por supuesto, ni una cosa ni la
otra se logrará, pero las fotos estrechándose
las manos y sonriendo ya están en todos los
medios de comunicación del mundo. "Objetivo
cumplido".
Obama no es un terrorista. Desde ya que nunca
atacará a Israel, pero creo que internamente
justifica algunos atentados contra el Estado
judío.
Obama tampoco es un dictador comunista que puede
llegar a realizar un genocidio, pero tiene ideas
socialistas que ya está poniendo en práctica y
los resultados serán desastrozos.
Obama va a perder ampliamente las próximas
elecciones, no sólo por todo lo expresado
anteriormente, lo que pondrá a los libertarios y
conservadores en su contra, sino que la
izquierda radical, esa que comparte las ideas
del mentiroso y dogmático periodista de
Hollywood Michael Moore, también se siente
desepecionada porque aún no ha retirado a las
tropas ni de Irak ni de Afganistán. El
presidente americano sabe muy bien que el cuento
de fantasías del cual hablaba en su campaña
electoral, no tiene nada que ver con la realidad
y, lidiar con ella, no es tan fácil como parecía
cuando lo veía desde afuera y podía darse el
lujo de criticar a Bush por cada paso que el ex
mandatario realizaba.
Obama, al querer complacer a todos, termina sin
complacer a nadie. Y eso, en una democracia, es
un suicidio político.
¿Quién es Obama? Es un marxista inepto, bastante
populista y con cierto desprecio a los judíos.
La máscara se le terminó de caer y, por esa
razón, este es el comienzo del fin para el
presidente americano.
Fuente: elreloj.com
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