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Freud y el
Humanismo

por León
Grinberg
Lo esencial
de las significaciones contenidas en la imagen política,
social y ética del hombre en las distintas épocas puede
resumirse en el concepto enunciado por el término
dignidad.
J. L. Romero sostiene que el humanismo debe ser
comprendido como una actitud que equivale a una postura
frente al mundo, a la cual el hombre no puede renunciar.
En el siglo XVI surgió la valoración del hombre como
algo diferente, en contraste con la imagen denigrada que
lo había caracterizado durante la Edad Media y la época
feudal, Erasmo de Roterdam, Petrarca, Descartes, Spinoza
y Kant, entre otros, destacaron la importancia de la
revaloración del hombre. Kant planteó la formula
categórica y simple de que "el hombre es un fin en si
mismo".
Goethe fue el último profeta de la concepción humanista
que había quedado afianzada en el siglo XVIII. El
humanismo surgió en momentos de crisis sustanciales en
el orden de las ideas de las ideas. Más tarde, se
consolidó a través de nuevas crisis que se expresaron
por medios de dos fenómenos trascendentales como lo
fueron la Revolución Industrial y el Romanticismo. De
esta manera, se defendía una imagen del hombre y se la
creaba al mismo tiempo. Todo ello para beneficio del
hombre y de la sociedad en que vivía.
Para Julián Huxley el humanismo es un sistema integral
de ideas que vinculan al individuo y a la comunidad en
el marco del proceso psicosocial permanente, reconcilia
la "mente" y la "materia" en un monismo de aspecto dual
y asigna al hombre su verdadero lugar en la naturaleza,
mostrándole su auténtico destino. Lo considera además,
como un sistema abierto que se puede desarrollar
indefinidamente. Según él, en el hombre del siglo XX, el
proceso evolutivo está adquiriendo el fin consciente en
si mismo y comenzando a auto estudiarse con el propósito
de orientar el curso futuro.
Precisamente, el psicoanálisis constituyó uno de los
intentos más logrados por el hombre para alcanzar la
conciencia de sí mismo sobre la base del "conocimiento
primario" y del "autoestudio". Fue además el método que
nos proveyó de los principios que "iluminan la condición
humana en general". Por lo tanto, contribuyó enormemente
a ampliar la concepción humanista gracias a su enfoque
acerca de la naturaleza del hombre.
Freud, creador genial del psicoanálisis, fue un
verdadero humanista en el más amplio sentido. Sobre todo
porque pudo integrar la concepción humanista con la
concepción terapéutica. Este es el significado
fundamental de la teoría de la libido y de las
relaciones objétales, de su concepción del aparato
psíquico, de su concepción tolerante y sabia del hombre
tal como es, en toda su complejidad psicológica y en su
desarrollo psicosocial. Introdujo profundamente el
respeto a la personalidad en la conciencia de su época.
Fue el más osado, el más revolucionario y, en un sentido
profundo, el que tuvo más insight humanista.
Tal como lo sostuvo Bruner, hubo una profunda corriente
de romanticismo en Freud, un sentimiento de dramaticidad
de la vida y del poder del simbolismo. Logró que el
terapeuta pudiera entrar en el drama de la vida del
paciente, haciendo posible que -a través de la
transferencia y de la correspondiente corrección
interpretativa- el paciente elaborara y entendiera el
drama, logrando así la sabiduría necesaria para ser
libre.
Gracias a Freud se puede comprender la discontinuidad
entre la intencionalidad racional de la durante la
vigilia y la aparente irracionalidad del sueño y del
mundo de la fantasía. El reconocimiento freudiano de los
profundos procesos inconscientes en el acto creativo ha
contribuido en mucho a nuestra comprensión de la
relación entre el artista, el humanista y el científico.
La notable imaginación de Freud permitió integrar los
puntos de vista trágico, dramático y científico de las
necesidades del hombre. En definitiva, Freud proporcionó
una imagen del hombre que lo ha hecho comprensible.
La genialidad de Freud residió en su resolución de las
polaridades entre realidad y fantasía, mundo interno y
mundo externo, sujeto y objeto, infancia y adultez. Uno
de los grandes méritos de Freud fue haber logrado romper
la dicotomía entre individuo y sociedad. Sostuvo que la
psicología individual constituía, por su propia esencia,
una psicología social. Así, cada una de las actitudes
del ser humano, en su expresión más profunda, solo podía
ser comprendida en su relación con el otro: su
semejante. En última instancia, el estudio de las
neurosis significa el estudio de las relaciones humanas
pero encarándolas en todos sus aspectos y, en forma muy
particular, en el conflictivo. Desde los primeros
instantes de la vida, el niño está en permanente
contacto con su ambiente social representado entonces
por su madre.
Si bien es cierto que cada niño nace con un determinado
bagaje constitucional, su personalidad se estructurará
según la calidad e intensidad de la influencia
ambiental. Freud introdujo la valiosa teoría de las
relaciones objétales (desarrollada luego por Melanie
Klein y sus colaboradores) a través de su descubrimiento
de la transferencia. Toda emoción está ligada no sólo a
una fuente instintiva, si no que se encuentra referida
siempre a un objeto en la experiencia inmediata. Subrayó
especialmente que en la vida mental de cada individuo
hay siempre algún otro implicado como modelo, como
objeto de ayuda, como enemigo, etc. Otra de sus grandes
contribuciones fue el reconocimiento de la importancia
decisiva del medio ambiente en el desarrollo del
individuo. Su teoría sobre la instancia del superyó es
una verdadera teoría operacional en cuanto explica en
qué forma la sociedad actúa sobre el individuo. Parte de
la base de la interacción entre un mundo de objetos
externos y un mundo de objetos internos; el superyó es
el sistema constituido por el sistema de objetos
internos y es el resultado de la incorporación de
imágenes externas provenientes de la familia y del
ambiente social. La suma de los factores
constitucionales por un lado y de los ambientales, por
el otro, constituye lo que Freud denominó "series
complementarias".
Freud no cayó, por supuesto, en la dialéctica simplista
o sutil de oponer el "sujeto individual" al "ente
social". Afirmar la primacía de uno u otro equivale a
prejuzgar que existen entre ellos fronteras rigurosas,
desconociendo los elementos sociales de la personalidad,
o los elementos personales de la sociabilidad. Este
descubrimiento del psicoanálisis, más que ningún otro,
superó la antinomia reinante en los siglos pasados entre
individuo y sociedad. Ya no se puede hablar de ellos
aisladamente, ambos están representados por igual en la
naturaleza íntima del yo. Esto no es una mera metáfora;
para el psiquismo es una realidad actuante. El sociólogo
Durkheim intuyó, en ese respecto, mucho de lo que
después fuera explícitamente formulado por Freud y sus
continuadores.
En un pasaje de su "Sociologie et Philosophie" señala
que : "(...)Al mismo tiempo que la sociedad es
trascendente con respecto a nosotros, no es inmanente y
la experimentamos como tal; al mismo tiempo que nos
desborda, nos es interior puesto que ella no puede vivir
sino en nosotros y por nosotros. O más bien, ellas es
nosotros mismos en cierto sentido, y nuestra mejor parte
además".
Un aporte importante de Freud al humanismo fue el de su
esclarecimiento y aplicación del concepto de libido,
nombre con que se designa la energía del instinto
relacionado con todo aquello susceptible de ser
comprendido bajo el concepto del amor. Con ese término,
el lenguaje ha creado una síntesis perfectamente
justificada de todos los contenidos y matices implicados
en el concepto de libido. Freud ha recalcado la
importancia de Eros en el mantenimiento de la cohesión
en los grupos humanos.
Otro concepto esencial para la comprensión de la
dinámica del hombre con su relación con los demás es el
de la identificación. Freud ha puntualizado que "la base
del proceso de identificación consiste en que un yo se
transforma en otro yo; el primero se comporta, en
ciertos aspectos, de la misma manera que el segundo; lo
imita y, por así decirlo, lo incorpora". En todo momento
de su evolución, el individuo se identifica con alguna
de las reacciones, actitudes, formas de conducta o
sentimientos de las diferentes personas con quienes
entra en contacto. La identificación es el resultado de
las distintas relaciones de objeto. Melanie Klein
complementó lo estudiado por Freud estableciendo la
importancia de la interacción entre la identificación
introyectiva y la identificación proyectiva (mecanismo
especialmente investigado por ella) como base de las
relaciones de objeto más tempranas en la vida del niño y
su influencia en la evolución posterior hacia la
condición adulta.
En este sentido, es pertinente tomar en consideración la
comparación establecida por Freud entre la infancia
humana y la infancia de la cultura, cuya forma más
primitiva en la historia fue el totemismo. El hombre
primitivo, lo mismo que el niño en las primeras épocas
de su vida tuvo que recurrir a mecanismos defensivos
arcaicos y de naturaleza mágica para protegerse. A
través de la técnica animista los seres primitivos
adjudicaban cualidades humanas a los objetos de la
naturaleza como una manera de controlarlos.
En la actualidad, llamaríamos a esa técnica
identificación proyectiva, mecanismo de defensa
fundamental por el cual el individuo de nuestra cultura
proyecta aquellos objetos propios que le angustian, en
los objetos externos a los que muchas veces quedan
totalmente subordinado. Pero la identificación
proyectiva constituye también la base de la empatía y de
la comunicación entre los seres humanos.
La actitud humanista de Freud se inspiró en distintas
fuentes. Cabe destacar la admiración que sintió hacia
figuras como Goethe, Kant y Descartes. Goethe ejerció
una poderosa atracción sobre él. El hecho de haber leído
su famoso ensayo sobre la Naturaleza fue el factor
esencial que decidió a Freud a comenzar el estudio de la
medicina. No hay duda que el humanismo de Goethe, y el
de alguno de los filósofos y literatos de la época,
ejercieron una profunda influencia en su pensamiento. La
tradición judía, con la que Freud mantuvo un estrecho
contacto, fue otra de las fuentes importantes que
gravitaron en el modelamiento de su espíritu. Jones
destacó el hecho de que Freud se sentía judío hasta lo
más hondo de su ser. Agregó que era dudoso que Freud
hubiera podido realizar la obra que nos legó, sin
ciertos rasgos heredados de sus antepasados judíos: una
peculiar agudeza innata, una actitud escéptica frente a
la ilusión y al engaño y un decidido coraje que le hizo
mostrarse imperturbable frente a la hostilidad de la
opinión pública y la injusticia de sus colegas. Sus
primeras ideas sobre la interpretación de los sueños la
presentó en la B'nai B'rith de Viena en 1897. Allí Freud
expuso también su relación con el judaísmo a través de
lo que denominó una "identidad interior", descartando la
fe religiosa y el orgullo nacional como "vínculos
primarios". Pero indicaba su atracción tanto consciente
como inconsciente hacia el judaísmo. Mencionaba dos
rasgos que creía deber a su ascendencia judía: la
tendencia a "vivir en oposición" y la "libertad de
prejuicios" que estrechan el uso del intelecto. Según
Bakan, parecía haberle impactado especialmente la
filosofía de vida impartida por uno de los movimientos
judíos más trascendentales, el Jasidismo, que proponía
un tipo de vida diferente basado en los aspectos
placenteros, en la alegría de vivir y en el respeto por
el hombre. El jasidismo -síntesis dialéctica entre el "Sabbatianismo"
y el judaísmo rabínico- corría paralelo a los objetivos
del Romanticismo como un modo de integrar el hombre
medieval al mundo moderno.
Freud -en un nivel- pareció haberse identificado con el
contenido mesiánico del Jasidismo. En ese sentido,
cumplía con la misión "mesiánica" de librar al ser
humano de la esclavitud de su propio inconsciente.
También se puede destacar la influencia que tuvo para él
la figura de Moisés, el héroe y libertador de su pueblo.
A raíz del ensayo "El Moisés de Miguel Ángel", Jones se
preguntaba si Moisés representaría para Freud la imagen
del padre, o aún, si se identificaría con él, o ambas
cosas en diferentes períodos.
El Humanismo se interesa por la verdad de los hechos; no
tanto por la verdad absoluta, sino por aquella verdad
que permite establecer relaciones adecuadas entre los
fenómenos. J. Huxley llama humanismo evolutivo a aquel
que afirma la posibilidad de acrecentar el conocimiento
y la comprensión, que reúne los conocimientos dispersos
y los ordena para ofrecer una nueva visión del estilo
humano. Tal como fue señalado anteriormente, la toma de
conciencia de sí mismo y el autoestudio son esenciales
para fortalecer el conocimiento humano.
Jones destacó que, en el verano de 1897, Freud emprendió
la hazaña más heroica de su vida: el psicoanálisis de su
propio inconsciente. Resulta difícil imaginar en todo su
valor la trascendencia de dicho acontecimiento. Freud no
contaba con ninguna ayuda para una empresa tan riesgosa.
"Una necesidad poderosa de alcanzar la verdad a toda
costa". Puntualiza Jones- "era el resorte interno más
poderoso en la personalidad de Freud; algo a lo que todo
lo demás- comodidades, éxito, felicidad- debió
sacrificarse". Para expresarlo con las palabras de
Goethe: "La condición primera y última de todo genio es
su amor por la verdad".
La concepción humanista del psicoanálisis se relaciona
también con un aspecto específico de la ética: aquel que
se refiere a la verdad. Desde Sócrates, la ética había
surgido como el resultado del afán de salvación del
hombre. Lo característico de la ética griega, la
identificación de lo bueno con lo verdadero, se
desarrollo posteriormente cuando se tendió a calificar
lo verdadero como existente, en contraste con la
calificación de no existente a lo falso.
Racker señalo que el psicoanálisis como ciencia comparte
con la ética el valor del descubrimiento de la verdad,
su afirmación y su defensa.
Money-Kyrle
señala que el psicoanálisis es el método que permite
ampliar los límites de nuestra conciencia. El efecto
principal del análisis sobre nuestras emociones y
nuestros deseos se debe únicamente al conocimiento que
proporciona. Lo importante es ayudar al paciente a ver
la verdad acerca de sí mismo. El análisis es un proceso
racional que actúa por el solo descubrimiento del error
y reemplazo por la verdad.
Según Bion, la verdad parece ser esencial para la salud
psíquica. Sostiene que intentar conocer la verdad
respecto a algo implica necesariamente un sentimiento
doloroso que es inherente a la experiencia emocional
misma del conocimiento. Agrega que conocer la verdad a
través del sentido de la realidad es una necesidad tan
vital para el desarrollo de la personalidad psíquica
como lo es el comer para el desarrollo corporal.
De modo que si la ética es conocimiento e implica la
adquisición de la verdad, lleva a la necesidad de
encarar y admitir todas aquellas verdades que por ser
penosas y angustiantes fueron negadas o eliminadas del
campo de la conciencia. Creo que es esencial lo
sostenido por Racker, Bion y Money-Kyrle, cuando
enfatizaban el aspecto ético del psicoanálisis en cuanto
tiene como objeto principal el descubrimiento de la
verdad por más dolorosa que ésta sea.
Freud afirmó
que "(...) Las verdades más espinosas acaban por ser
escuchadas y reconocidas una vez que los intereses
heridos y los afectos por ellas despertados han
desahogado su violencia. Siempre ha pasado así y las
verdades indeseables que nosotros los psicoanalistas
tenemos que decir del mundo correrán la misma suerte.
Pero hemos de saber esperar".
Pienso que hablar acerca de la verdad en psicoanálisis
implica, entre otras cosas, la adquisición del
conocimiento de la realidad exterior y de la realidad
psíquica en una relación madura y discriminada. Tan
importante como alcanzar el conocimiento de sí mismo, es
llegar al conocimiento del otro. Como ya fue señalado,
el psicoanálisis no descarta, sino más bien integra la
dimensión social acerca de la vida del hombre. Erikson
señalo que Freud trabajó constantemente en un área de
investigación relacionada con la "organización coherente
de los procesos mentales", que en todos los conflictos y
las situaciones de peligro garantiza a la persona humana
una medida de individualidad, de sexualidad madura, de
inteligencia e integridad. En el psicoanálisis, el yo es
un organismo selectivo, integrador, coherente y básico
para la formación de la personalidad. El yo, que fue
estudiado primero clínicamente en sus estados de
deterioro, ha relevado también su condición de regulador
y control, de resistencia y poder notables. Es el
"órgano" interno que permite que el hombre agrupe los
dos grandes procesos evolutivos: su vida interior y su
planificación social.
Quisiera terminar este artículo con las palabras de
Thomas Mann:
"No me cabe ninguna duda de que este médico-psicólogo
(Freud) será honrado alguna vez como el hombre que halló
el camino hacia un humanismo del futuro que ya
entrevemos vagamente y que experimentará muchas cosas
que el humanismo anterior no conoció. Será un humanismo
colocado en una relación diferente con los poderes del
mundo interior, el inconsciente, el ello: una relación
más audaz, más libre, más creadora..."
Fuente:
Coloquio CJL
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