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Respetan la fuerza, desprecian la debilidad
El Islam es una religión que, desde sus inicios, se propagó por la fuerza de la espada. Mahoma fue un profeta guerrero, cuya doctrina de conversión violenta nadie podría confundir con el mensaje de fe y justicia social de los profetas hebreos, con la prédica de amor al prójimo de Jesús, o con las lecciones de paz y tolerancia de Buda. La expansión del Islam no fue por prédica pacífica sino por la violencia y por la fuerza. Gracias a su fanatismo y a su capacidad guerrera los seguidores de Mahoma, pocas décadas después de su muerte, conquistaron el Medio Oriente, Persia, partes de la India, el norte de África y la península ibérica. La tradición de respetar el uso de la fuerza y despreciar los signos de debilidad subsiste hasta hoy en la mentalidad islámica en general y árabe en particular. Arafat rechazó la propuesta de Ehud Barak y del Presidente Clinton en julio del año 2000, en la Conferencia de Camp David, de entregarle prácticamente todos los territorios que exigía, debido a su convencimiento de que la solución al conflicto del Medio Oriente no podía ser pacífica sino sólo a través de la violencia. Es por eso que Arafat, al regresar de Gaza con las manos vacías fue recibido como un héroe por los palestinos. Pocas semanas después lanzó la Guerra del Terror, con la cual intentó conseguir por la violencia lo que había rechazado recibir en negociaciones de paz. La historia y mentalidad de los árabes hacen que respeten la fuerza y desprecien lo que ellos consideran debilidad. El retiro unilateral e incondicional del ejército israelí, en junio del año 2000, de la zona de seguridad en el sur del Líbano, fue considerado por los árabes como una demostración de debilidad. Esto incentivó a la organización terrorista libanesa Hizballah a disparar cohetes Katyusha a las poblaciones civiles de Israel, y a raptar soldados israelíes. La reacción de Israel, en el año 2006, fue tan contundente que, desde esa fecha, a pesar de tener hoy muchos más cohetes que los que tenía hace cuatro años, Hizballah no ha vuelto a disparar a poblaciones israelíes. Su jefe, Nasrallah, desde entonces, vive escondido en un bunker. El retiro unilateral e incondicional, en agosto del año 2005, del ejército israelí y de los 8,000 civiles israelíes que vivían en Gaza, fue considerado por Hamás y los palestinos como una demostración de debilidad, y provocó andanadas de cohetes a los pueblos israelíes vecinos. La reacción de Israel, en enero del año 2009, fue tan contundente que, desde esa fecha, Hamás ha cesado de disparar cohetes a Israel, (aunque algunas organizaciones terroristas más pequeñas aún lo hacen esporádicamente).
Tal vez no sea politically correct decirlo, pero es la realidad.
Los árabes respetan la fuerza y desprecian la debilidad. Sólo
prevalece la paz cuando perciben a Israel, no como un tigre de
papel, sino como un tigre que reacciona a la provocación con un
zarpazo.
Fuente: Mi Enfoque |