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"La epopeya de los gauchos judíos"
por Guido Maisuls
Hoy, muchos estamos orgullosos de ser descendientes de aquellos gauchos judíos de las colonias de Entre Ríos, de Santa Fe, de Santiago del Estero, de La Pampa y de Buenos Aires. En estas colonias surgieron los que Alberto Gerchunoff denominó "gauchos judíos", que sin renunciar a su cultura y a su identidad primigenia, se fueron incorporando al estilo del hombre de campo argentino, tomando el aspecto de los que viven al aire libre y aprendiendo a atar los bueyes y a manejar el arado.
A su
ancestral
tradición se
agregaron el
asado, las
alpargatas,
las
bombachas,
las fajas y
el pañuelo.
A comienzos
del siglo XX,
Entre Ríos
llegó a
tener cerca
de 170
colonias
judías; la
actividad
productiva
se centraba
principalmente
en los
productos de
granja, la
industria
quesera y
lechera, la
cría de
En el país comenzaron a desarrollarse las cooperativas agrícolas, que dieron mucho impulso a las colonias, prestaban dinero a los colonos, les proporcionaban semillas, carros, herramientas y artículos a menor precio, vendían en común los productos de la tierra y mantenían hospitales, bibliotecas, cementerios y centros culturales. Alberto Guerchunoff describe en "Los gauchos judíos", la visión de la utopía agraria de los colonos judíos en los campos argentinos. Esta singular experiencia agrícola se desarrolla en esa tierra utópica, ese otro lugar donde era posible empezar una vida nueva. Para ellos, las pampas argentinas eran ese otro lugar, era como la Tierra Prometida. Estos judíos soñaban que la emigración a la Argentina les permitiría renacer en una tierra de asilo y refugio para todos los perseguidos. El niño Gerchunoff de cinco años había escuchado de boca de su padre antes de inmigrar acerca de esa nueva tierra de promesas, cuando éste le anticipa que iban a ser agricultores y trabajarían la tierra "como los antiguos judíos de la Biblia". En su autobiografía expresa: "A la mañana, las claras mañanas calurosas y dulces, bíblicas mañanas del campo argentino, los israelitas de ancha barba se inclinaban sobre el suelo intacto, con sus palas redondas, con sus rastrillos, y había algo de ritual, de místico en la gravedad con que desempeñaban su sencilla tarea"
Fuente:
Cartasdesdeisrael
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