La historia de Hershl Grynszpan y la "Kristallnajt"

por Charles Papiernik
En 1938, yo militaba en la Juventud Socialista, que formaba
parte del partido S.F.L.O. y del Movimiento Socialista "Bund" de
París. En su sede teníamos reuniones políticas, culturales y
sociales.
Los domingos por la mañana salíamos a vender "Le Populaire",
órgano central del Partido Socialista francés, y también
recaudábamos dinero para ayudar a la República Española. Por la
tarde organizábamos actos culturales y reuniones bailables.
Siempre contábamos con una nutrida concurrencia, y lo pasábamos
muy bien.
Allí conocí a Herszl Grynszpan. Era un joven simpático e
inquieto, colaboraba asiduamente en nuestras actividades
culturales. Solía hablarnos sobre Alemania y su familia. Sus
padres habían hecho todo lo posible para que emigrara. Allí no
podía estudiar ni trabajar. Todo se había hecho muy difícil.
Al llegar a París, se había alojado en casa de su tío Abraham,
quien lo trataba bien, pero eran muy diferentes y no
congeniaban. En cambio con nosotros se sentía muy bien y se
había hecho de muchos amigos.
A veces íbamos juntos al cine, al teatro o simplemente a caminar
y entonces era cuando me relataba dolorosas experiencias de su
país, donde los judíos temían por su vida, la que, por otra
parte, se les había hecho insoportable.
Salvo por la preocupación que tenía por sus padres, quienes
habían quedado a merced de los nazis, él vivía contento y feliz
en Paris. Participaba de la venta de "Le Populaire" y en la
recaudación de fondos para la República Española.
El 5 de noviembre nuestro local estaba lleno de jóvenes. Ese día
íbamos a tratar sobre la situación de los 17.000 judíos forzados
a permanecer en tierra de nadie, en Alemania y Polonia, sin
alimentos ni reparo, en días de lluvia, y que además, habían
sido despojados de su ciudadanía polaca, por Joseph Beck, el muy
antisemita Ministro de Exterior de Polonia.
Herszl llegó muy nervioso y, dijo que necesitaba hablar conmigo.
Le pedí que me esperara diez o quince minutos, porque justo en
ese momento me estaban llamando para hablar en la reunión, y le
prometí que luego conversaríamos tranquilamente todo el tiempo
que él quisiese. Me contestó que no podía esperar y, llorando,
me contó que en Zboszyn, donde estaban sus padres, llovía, que
ellos estaban muy mal, enfermos, que no podía soportarlo, que
debía hacer algo, reaccionar de algún modo.
Le insistí que me esperara algunos minutos, le dije que el
público estaba esperando que yo hablara, que luego hablaríamos
todo el resto de la tarde, si él así lo quería. Me pareció que
se tranquilizaba y estuve casi seguro que me esperaría.
Pero cuando terminó mi intervención, Herszl ya no estaba. Lo
buscamos, lo esperamos, pero ya no volvimos a verlo.
Al día siguiente, en los diarios de la tarde, su fotografía
ocupaba la primera plana, junto con la noticia del atentado en
grandes letras.
Hershl Grynszpan, de diecisiete años de edad, había recibido una
carta de sus padres, en la que le comunicaban que ellos y su
hermana se encontraban en una situación, que los conduciría
inevitablemente a la muerte.
Sin poder hacer nada para sacarlos de ese infierno, Hershl quiso
al menos sacudir la conciencia del mundo que, sordo y ciego, en
relación a este hecho criminal, festejaba el pacto de Munich,
creyendo además, Francia que se encontraba protegida por la
línea Maginot.
El 6 de noviembre de 1938, Hershl compró un arma , se dirigió a
la embajada alemana, solicitó ser atendido por el Embajador y,
al recibirlo el secretario Ernest Von Rath, creyendo que era
aquél, le disparó cinco tiros, acertando dos, e hiriéndole de
gravedad, lo que unos días más tarde, le producirá la muerte.
Los nazis aprovecharon el atentado, para adelantar una acción ya
preparada de antemano, contra los judíos, y en la noche del 9 al
10 de noviembre, simultáneamente en toda Alemania, descargaron
su vandálica furia sobre alrededor de siete mil quinientos
comercios pertenecientes a judíos, cuyas vidrieras destrozaron,
(de ahí el nombre de "Noche de los Cristales"), sobre varios
cientos de sinagogas, que profanaron, sobre 200 judíos que,
sorprendidos en las calles, fueron asesinados, para coronar su
tarea con saqueos e incendios. Un verdadero progrom.
La "Kristallnajt" es considerada, el comienzo de la Shoá ,y no
tuvo su origen en el atentado de Grynszpan, sino que fue
aprovechado como pretexto.
Mientras las hordas nazis compuestas por S.S., S.A., Gestapo,
soldados y voluntarios civiles se dedicaban alegremente a esta
tarea, miles de alemanes aplaudían entusiastamente y los demás,
se abstenían de intervenir.
Durante los días siguientes, 30.000 judíos fueron internados en
los campos de concentración en los que finalmente, casi todos
encontraron la muerte ; una semana después se promulgaría el
decreto que obligaba a todo judío, a llevar cosida en su
vestimenta una Estrella de David, so pena de ser castigado.
Luego de firmarse el Pacto de Munich, Alemania se preparaba para
obtener, por la fuerza, su "lebensraum", reclutaba en toda
Europa, quintacolumnistas, con el objetivo de preparar el
terreno y facilitar la invasión y el dominio del continente.
Aunque dentro de cada europeo anidaba el temor a la guerra, la
mayoría quiso creer en las falsas promesas de Hitler, y aplaudió
calurosamente a Daladier y Chamberlain. El modo de vida,
mientras tanto, no pareció haber cambiado. Las arengas de
Hitler, Goebbels y Goering, y los ataques y presiones a los
judíos eran cada vez más violentos.
Aquellos que pudimos comprender realmente, qué era lo que podía
esperarse de todo aquello, sentíamos pánico. Poco a poco, fuimos
tomando conciencia de que la guerra sería inevitable. Algunos
querían que se comenzara una guerra preventiva, pero la mayoría
prefería esperar. De cualquier modo, para unos y otros, el
espectro de la guerra estaba ahí.
En 1939, el agravamiento de las condiciones de vida seguía el
mismo ritmo que el aumento de la escandalosa intensidad de los
discursos de Hitler. Comenzó a faltar el trabajo, y se abrieron
muchas cocinas populares, con las que se intentaba aliviar la
situación de los desocupados.
Para los judíos franceses este atentado, fue totalmente
inesperado y hasta incomprensible. La reacción fue de temor por
lo que pudiera ocurrir, lo vieron como un acto de locura.
Los quintacolumnistas difundieron su interpretación del hecho,
como parte de un complot y hasta el diario comunista "L'Humanité",
propuso la búsqueda de quienes hubieran complotado junto a
Grynszpan, haciendo pública la dirección de nuestra sede, donde,
según ellos, podrían hallarse los cómplices.
Hershl fue arrestado, y contó para su defensa, con tres
prestigiosos abogados, los Doctores De Lloro Giaferi. Weil de
Gonehaux y Frankel. Su declaración ante la Justicia francesa
fue: "No fui motivado por el odio ni por la venganza, sino por
el amor a mis padres y a mi pueblo, quienes soportaron terribles
sufrimientos. Lamento profundamente haber herido a alguien, pero
no tenía otro modo de expresarme. Ser judío no es un crimen. No
somos criminales. El pueblo judío tiene derecho a vivir".
Con respecto a su destino ulterior hay distintas versiones. Una
, dice que en 1940, el gobierno francés, ya dirigido por el pro-nazi
Petain, lo entregó a los alemanes, quienes lo ejecutaron
inmediatamente. Otra, que estuvo encarcelado hasta 1942 o 1943,
para ser presentado en un gran juicio, en el que pretendían
demostrar que los judíos habían sido los responsables del
estallido de la guerra. y que fiablemente había muerto en la
cárcel. Hay también quien cree que logró ser trasladado a la
zona libre y sobrevivió, pero esa hipótesis es muy improbable.
Han transcurrido ya mas de sesenta años, desde que Herszl
Grynszpan cometió el atentado, motivado por el daño que los
nazis hacían a los judíos con las deportaciones masivas, como
las que tuvieron que soportar sus padres, a campos de
concentración, por las matanzas colectivas, las diversas
vejaciones, como la prohibición de acceso a lugares públicos, o
la restricción de vivir en determinadas zonas.
Él quiso llamar la atención sobre las acciones de los nazis y
proclamó la obligación moral del mundo civilizado de detener
esas acciones y el derecho a la vida de los judíos.
Fue, de ese modo, el primer héroe, y el primer mártir de la Shoá.
No lo olvidemos..
Fuente: Cartas desde Israel