¿Se pudo haber salvado a las víctimas del Holocausto?

por Jorge Tachauer Sebök

El método más simple para calcular el número de víctimas judías por asesinato directamente o en forma indirecta (muerte por hambre, agotamiento o suicidio) se efectúa sumando las cifras que aparecen en reportes de muertos individuales en ghettos específicos, en campos de trabajo, en campos de exterminio o en aktionen llevadas a cabo por los nazis y sus cómplices.

Sin embargo, aunque hay muchas estadísticas alemanas, las cifras de las aktionen no siempre fueron disponibles, dadas las condiciones de rapidez y lugar en que fueron realizadas. Por ende, este método de cálculo no es aplicable.

Existen estadísticas exactas de la deportación a los campos de la muerte desde Alemania, Francia, Bélgica, Países Bajos y desde Theresienstadt (Terezín), pero no desde otras regiones. Los reportes de los Einsatzgruppen (Grupos móviles de asesinato)son muy incompletos debido a las características de estos grupos, que acudían donde eran requeridos sus servicios genocidas.

Supuestamente, la oficina de Adolf Eichmann mantenía estadísticas completas de todas las matanzas, pero fueron destruidas deliberadamente cuando cambió el panorama de la guerra para Alemania. Una fuente nazi disponible es un amplio y extenso informe estadístico secreto de un tal Richard Korherr, de 9 de noviembre de 1943, que abarca hasta el 31 de diciembre de 1942.

Después de la guerra, y con la documentación nazi junto a datos demográficos judíos de la preguerra, se conocen con bastante exactidud en referencia a Alemania, Austria, Checoslovaquia, Hungría, Francia, Bélgica, Luxemburgo,Italia, Países Bajos, Noruega, Rumania, Yugoslavia y Grecia. Emergen dificultades en relación a las víctimas judías en Polonia y en la Unión Soviética expandida, debido a las numerosas migraciones entre esos dos países, lo que hace que, para fines estadísticos hayan sido considerados como una unidad por los estudiosos.

Lo que queda absolutamente claro es que la cifra de seis millones de judíos asesinados por los nazis y por sus colaboradores, es una cifra conservadora cercana a la realidad.

Posibilidades de rescate

Considerando la terrorífica cifra de asesinados, surge inevitablemente el tema de la oportunidad de haber salvado a una parte de ellos. El hecho es que, una vez que la Alemania nazi se hubo engullido a la mayor parte de Europa, pudieron haberse salvado aún, y de hecho unos pocos fueron rescatados de la maquinaria de exterminio en las siguientes formas:

1) Detención de las máquinas de muerte por Himmler, que ocurrió en noviembre de 1944;
2) Organización de huidas en masa de judíos (lo que pasó en Dinamarca);
3) otorgamiento de status especial a judíos por parte de algunos países neutrales, como Suecia y Suiza en Hungría;
4) Integración de judíos a movimientos de resistencia locales, como a los maquis en Francia y a partizanos de la región colindante polaco-soviética.

Hubo también ocasionales huidas desde los trenes que corrían en dirección a campos de exterminio, desde brigadas de trabajo de dichos campos, etc. También, unos pocos héroes de los levantamientos de los campos de exterminio de Sobibor y Treblinka sobrevivieron.

(El soborno ocasionalmente dio resultado, pero en cantidades ínfimas).

Pero todos los medios señalados, se refieren, reiteramos, a unos pocos, muy pocos.

Los servicios de inteligencia de los Aliados estaban absolutamente al tanto de los "acontecimientos del este de Europa" (sic) desde, al menos, 1941; primero en forma fragmentaria y, luego, en forma más comprehensiva. Por lo demás, bastaba con que tomaran en serio los escritos y los discursos de Hitler, de sus camaradas y de sus cómplices en los países satélites (Antonescu en Rumania, Pavelic en Croacia, etc.)

Por su parte, las fuentes judías directamente y en la medida de lo posible, diseminaban las informaciones sobre las masacres, especialmente en la región soviético-polaca. Por su parte, los judíos que vivían en países libres trataban de presionar a sus respectivos gobiernos, pero la actitud de los países Aliados fue influida por los intereses específicos de algunos de ellos (por ej., la política en Palestina en el caso de Gran Bretaña) más que por causas morales. También influyó no poco el hecho de que si algún gobierno aparecía abogando muy decididamente por los judíos alemanes o de países satélites, el aparato hitleriano intensificaría la propaganda acerca de una "guerra judía".

En consecuencia, hubo prácticamente unanimidad entre los Aliados en mantener una posición de que sólo la victoria final salvaría a los judíos. Así, mientras la fábrica de caucho sintético ubicada a sólo 7 kilómetros de Birkenau fue bombardeada en abril de 1944 y los barracones y el hospital de los SS a 15 yardas de las cámaras de gas, en ningún momento se tomó la decisión de bombardear la estructura de la fábrica de exterminio del lugar, pese a que el humo de los crematorios se veía desde los aviones que lanzaban las bombas.

Los judíos de todo el mundo sintieron una abrumadora sensación de frustración y decepción, compartidos por ciudadanos no-judíos. Por ejemplo, el obispo de Londres, hablando en la Cámara de los Lores manifestó "una horrible sensación de impotencia".

Algunas eventuales medidas de rescate se tomaron a partir del War Refugee Board por el presidente Franklin Roosevelt el 22 de enero de 1944, pero no tuvieron mayor efecto en la zona donde los asesinatos eran más masivos: la zona soviético-polaca. Por otra parte, la actitud ambivalente de los países neutrales fue haciéndose más positiva y práctica a medida que Alemania iba perdiendo la guerra.

Fin de una civilización

La mayor pérdida de todas fue la pérdida de la civilización judía de Europa Central y Oriental (Ashkenazí) y del Sur (Sefaradí, esp. región de Salónica y Yugoslavia), no sólo en términos numéricos y materiales, sino en relación a su creatividad secular y rabínica en hebreo, yidish, ladino e idiomas locales. Las juderías de Europa Oriental, reservorio del judaísmo por siglos, llegó a un abrupto final.

Europa como tal, la Europa no-judía, también perdió irremediablemente uno de los componentes que más enriquecían su diversidad. No estamos seguros si todos los europeos se han dado cuenta de eso...
 

Adaptado por Jorge Tachauer Sebök de "The Catastrophe of trhe European Jewry",Yad Vashem, Jerusalem, 1976

 

 

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