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Histórico discurso de Anajnu en el Congreso Nacional

Con la presencia de la Senadora Soledad
Alvear, presidenta de la Comisión de
Constitución, Legislación y Justicia del
Senado, y jefes de las diversas bancadas
parlamentarias, en el marco del
Seminario de
Perfeccionamiento de la Ley
Antidiscriminación
"Una sociedad democrática, como pretende ser nuestro
país, Chile, debe velar por el establecimiento de la
garantía solemne para que toda persona sea tratada en
términos de igualdad, tanto en sus deberes para con el
país, como en la protección de sus derechos.
La histórica lucha contra la discriminación, que
encuentra su origen en los vergonzosos sucesos
acontecidos durante el período de la Alemania nazi, y
que se proyecta en un sinnúmero de luchas específicas
durante la segunda mitad del S.XX, ha apuntado siempre
en una dirección: ampliar nuestra idea de igualdad para
que a la igualdad frente a la ley se agregue una
igualdad real de oportunidades de desarrollo en la
sociedad.
La Democracia, como forma de gobierno, se perfecciona
cuando supera la fragmentación que se deriva de
concepciones discriminatorias. Un Estado que promueve, o
al menos, no impide manifestaciones discriminatorias,
apunta hacia la desigualdad, a la violencia de todo
tipo, al abandono de los vínculos de solidaridad que son
innatos al quehacer humano en el campo de la educación,
la investigación, la elaboración de políticas públicas,
en definitiva, el silencio del poder estatal facilita el
odio, el racismo, el clasismo, transformando las
legítimas diferencias en motivos irreconciliables. Las
sociedades donde se lucha contra la discriminación son
más prósperas, más coherentes, más libres y solidarias.
La calidad de la democracia depende de qué tan fuerte
sea su esfuerzo antidiscriminatorio.
El proyecto de Ley Antidiscriminación se empezó a
discutir a finales de los años 90’. La Comunidad Judía
ha estado desde el primer momento en su generación y
gestión. La experiencia particular y dolorosa de lo que
es discriminación ha hermanado a judíos con los pueblos
originarios, con las organizaciones de la diversidad
sexual, y con diversas sensibilidades religiosas que se
sumaron en torno a la idea de la “Tolerancia y la No
discriminación”.
Luego de un largo y agotador proceso en que la Ley fue
sufriendo modificaciones, ha sido aprobada recientemente
por el Senado.
Curiosamente nunca se ha considerado que Chile, de
aprobarse esta ley, dejaría de ser el único país
latinoamericano en no contar con una legislación que
condene las acciones discriminatorias. Para muchos
países hermanos en Latinoamérica, sin mencionar Europa,
este tipo de legislación es parte de su vida cotidiana
desde hace ya varios años, habida cuenta las traumáticas
experiencias históricas derivadas del racismo, el
clasismo, la homofobia y diversas formas veladas de
discriminación.
La aprobación de Ley Antidiscriminación marcará un antes
y un después y nos colocará a nivel de países
desarrollados y a la par del resto de nuestros vecinos
latinoamericanos. Sería un paso más en la construcción
de un Chile más justo, igualitario y con una democracia
de mejor calidad.
Chile es un país diverso y precisamente ahí es donde
radica su riqueza. La Ley Antidiscriminación fortalece
esta riqueza surgida desde su diversidad condenando todo
tipo de discriminación. Eso es garantizar dignidad y
respeto. El pueblo chileno de religión judía, sabe muy
bien lo que es la ausencia de esta dignidad y este
respeto.
La Ley protege las categorías de etnia y raza,
nacionalidad, participación política y gremial, edad,
apariencia física, religión, discapacidad, la
orientación sexual y la identidad de género, entre
otras, lo cual facilita una base más específica para
respaldar otras demandas de distintos sectores
marginados.
No obstante el avance que significa esta Ley, la crítica
principal obedece a la falta de una institucionalidad,
en otras palabras, esta Ley no tiene un organismo o
repartición pública que se haga cargo de su
cumplimiento. Lo ideal era crear una comisión, instituto
o algo parecido, que se hiciera responsable de
monitorear y asegurar el cumplimiento de esta Ley. Sin
embargo, como suele suceder en esta materia, el
Congreso, dado que no tiene facultades para asignar
partidas presupuestarias, se remite a elaborar una Ley
general.
Sólo el ejecutivo podría tomar esa iniciativa, y eso
reduce el tema a la voluntad política del gobierno.
Dado que esta no es una Ley marco, no modifica
obligatoriamente otros artículos que discriminan, como
el ambiguo y añejo artículo 373 del Código Penal que
habla de la “moral y las buenas costumbres”. Tampoco
afecta uno de los artículos que oculta en gran medida la
discriminación, el 161 del Código del Trabajo, referido
a “necesidades de la empresa” como causal de despido.
Otra fragilidad es que se trata de una Ley reactiva, es
decir, dado que sólo es un mecanismo de reclamo, no
tiene posibilidad de prevenir la discriminación o bien
promover la NO Discriminación en cualquiera de sus
formas. Esto hace que la Ley, en términos generales, se
remita al actuar de los tribunales, dejando muy poco
espacio para la prevención, promoción y defensa de los
discriminados.
Corresponde, entonces, que el ejecutivo asuma el rol
político de velar por la garantía y respeto de estos
derechos básicos.
Además, se debe señalar que esta Ley es básica, casi de
sentido común. Pero en medio de una institucionalidad
democrática tan limitada como la nuestra, ha costado
mucho sacarla adelante. De hecho, es la peor de
Latinoamérica y, como señala el propio Instituto
Nacional de Derechos Humanos, no cumple con los
estándares básicos requeridos para un efectivo y pleno
ejercicio de los derechos.
Esto debe mejorarse a posteriori, sea mediante un
perfeccionamiento de la misma ley aprobada, sea a través
de políticas públicas decretadas desde la propia
administración estatal.
Pero, no obstante, las tareas son muchas y sin límite.
Habrá que asumir esfuerzos educativos en todos los
niveles de la sociedad, educar para la tolerancia y la
aceptación de las diferencias. El desarrollo de una
cultura de la no discriminación implica crear conciencia
en la población respecto a que todas las personas son
iguales en dignidad y derechos fundamentales,
independientemente de su origen, características,
preferencias y convicciones. Una sociedad que es capaz
de valorar y asumir la diversidad desde el respeto a las
diferencias y matices, es una sociedad que asume el
sentido positivo del pluralismo en todos lo campos de la
convivencia.
Habrá que asumir un rol activo en el esclarecimiento
hacia sectores que hoy se caracterizan por la
intolerancia y la discriminación. Principalmente aclarar
que esta Ley no beneficia a las “minorías”, como se ha
dicho comúnmente. Al contrario. Esta Ley beneficia a la
mayoría toda vez que el Estado asume que se garantizan
los derechos de todas las personas en su condición
humana.
La ignorancia y la falta de información son dos
elementos que no permiten el crecimiento de la sociedad
en sus particularidades. Partidos políticos, iglesias,
mezquitas, logias, y toda institución de asociatividad
libre, deberán incorporar los debates sobre la
diversidad adecuándose a los desafíos de la realidad y
la evolución del quehacer humano. Si la historia entrega
nuevas formas de relación humana, es importante que las
instituciones civiles y religiosas entreguen, desde esas
nuevas formas, criterios éticos contemporáneos para
afrontar esas realidades.
Como judíos hemos tenido la experiencia de la diversidad
en nuestra multi-cultura particular. Con más de cien
años de presencia organizada en Chile integrados a todas
las áreas de la sociedad, continuaremos aportando a la
sociedad chilena en el campo de las ciencias, la
investigación, la política, la reflexión filosófica, el
dialogo interreligioso, la educación, el quehacer
vecinal, las artes, la protección hacia los perseguidos
en tiempos de paz o de convulsión social, la acogida
solidaria y generosa con los inmigrantes. Tal como
indica nuestro milenario mandato bíblico en orden a
proteger a los sectores débiles de la sociedad. Se nos
verá, como ya lo hemos hecho, en la primera línea en la
defensa de los perseguidos por cualquier razón
discriminatoria.
Este compromiso no es nuevo. No hay novedad en ello.
Surge ante el eco de la memoria histórica que nos
recuerda a cada momento que la discriminación es la
antesala de la persecución y el odio. Surgió al momento
en que a los gitanos, homosexuales, masones,
minusválidos, disidentes políticos, y judíos, la
intolerancia y la discriminación nos hizo compartir los
mismos hornos crematorios".
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