Hoy por ti...

por Carolina Jaimes Branger

"Si nadie hubiera aceptado a mi abuelo, ninguno de nosotros estaría hoy aquí"

Sigo en Jerusalem. Después de diez días, tengo más preguntas que respuestas: aquéllas a los "¿por qués?" relacionados con el Holocausto sencillamente no existen... Sin embargo, dentro del horror siempre hay historias de amor, de solidaridad, de entrega, como la que nos relató Dorit Novak, directora de la EIEH del Yad Vashem:

Bruselas, Bélgica, 1942. Un judío perteneciente a la resistencia al saber de las deportaciones en masa a los campos de exterminio, temió por la vida de su hijo de 13 años. Caminó por las calles, preguntando aquí y allá si podían quedarse con el muchacho. Me sobrecoge la desesperación que sentiría al ofrecer a completos desconocidos a su único hijo.

Todos lo veían como un loco. Sólo una mujer le dijo que ella no podía, pero que su hermana manejaba un hogar de crianza y que ella sí lo tomaría. El padre se dirigió allá y tal como había planeado, dejó a su hijo. Le dijo que una vez a la semana, para no levantar sospechas, tomara la bicicleta y fuera hasta su casa: si veía la ventana de la cocina abierta que entrara a besar a su madre y a tomar sopa de pollo. Y así sucedió hasta que un día encontró la ventana cerrada. El padre había sido asesinado, y la madre llevada a un campo de exterminio donde también fue asesinada. El muchacho sobrevivió, se casó y tuvo hijos, uno de ellos, el marido de Dorit Novak.

Refugiado

En 2003, la hija de Dorit conoció a un muchacho refugiado de Eritrea, quien había escapado de su país cuando lo obligaron a entrar en el ejército cuando aún estudiaba bachillerato. De Sudán pasó a Egipto y a Israel. En Israel obtuvo un permiso para trabajar en el campo con una familia, pero fue explotado y escapó otra vez. La joven se lo llevó para su casa. Su abuela materna los tildó de locos: "los va a matar a todos" sentenció. Pero su nieta estaba muy decidida: "si nadie hubiera aceptado a mi abuelo, ninguno de nosotros estaría aquí", dijo.

Hoy el muchacho está terminando el bachillerato y listo para presentar su examen final de Biblia.

Y es que la vida es así, un círculo. Hoy por ti, mañana por mí. El bien que uno hace se devuelve... El mal también...

  

 

Fuente: El Universal