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La cultura de un país no es copia de
su política

Existen injustos boicots a
intelectuales judíos, a quienes se cree réplicas del gobierno de
Israel, aunque no lo sean. Hay que deslindar opiniones y
responsabilidades de unos y otros.
por Umberto Eco
En enero de 2003 escribí un
artículo lamentando el hecho de que The Translator , una revista
académica británica, se hubiera unido a otras publicaciones del
Reino Unido en el boicot académico de las universidades israelíes,
en protesta por las políticas del primer ministro israelí Ariel
Sharon.
Mona Baker, editora de The Translator, había sido una firmante de la
carta abierta anunciando el boicot; poco después, ella invitó a dos
académicos israelíes del consejo editorial a que presentaran su
renuncia. Los intelectuales en cuestión, la doctora Miriam
Shlesinger y el doctor Gideon Toury, estaban en contra de las
políticas de Sharon, pero esto no hizo diferencia alguna para Baker
. En mi crítica, observé dos cosas. Una, que es necesario hacer una
distinción entre las políticas gubernamentales de un país (o incluso
su Constitución) y el fermento cultural que está actuando dentro de
él . Segundo, señalé implícitamente que hacer responsables a todos
los ciudadanos de un país por las políticas de su gobierno era una
forma de racismo . No hay diferencia entre aquellos que manchan así
a todos los israelíes y quienes mantienen que, dado que algunos
palestinos cometen actos de terrorismo, deberíamos bombardear a
todos los palestinos.
Recientemente, en Turín, apareció una carta abierta bajo el
patrocinio de la rama italiana de la Campaña para el Boicot
Académico y Cultural de Israel, una red de académicos y
organizaciones que trabajan para obligar a un cambio de las
políticas israelíes mediante el boicot de las instituciones
israelíes . Este documento, orientado a censurar al gobierno de
Israel por sus políticas , incluye esta declaración: “las
universidades y académicos israelíes han apoyado totalmente y apoyan
a su gobierno y, como tal, son cómplices de sus políticas . Las
universidades israelíes también son los lugares donde parte de los
proyectos de investigación más importantes se llevan a cabo sobre
armas nuevas basadas en nanotecnología y sistemas tecnológicos y
sicológicos para controlar y oprimir a la población civil”.
En la carta, una especie de manifiesto, estos académicos exhortan a
la gente a abstenerse de tomar parte en cualquier forma de
cooperación académica y cultural, incluyendo la colaboración con
instituciones israelíes . También sugieren suspender todas las
formas de financiamiento y subsidios . Si bien yo estoy en completo
desacuerdo con las políticas del gobierno israelí, es una mentira
declarar, como lo han hecho en su carta los boicoteadores italianos,
que las universidades y académicos israelíes “casi totalmente”
apoyan al gobierno de su país: muchos intelectuales israelíes siguen
argumentando vigorosamente contra las políticas de su gobierno .
Por ejemplo, el Call for Reason judío europeo produjo recientemente
un exhorto contra la expansión de los asentamientos israelíes,
firmado por un gran número de intelectuales judíos europeos. Causó
un revuelo, demostrando que el debate persiste tanto dentro como
fuera de Israel.
Además, esto es ilógico.
¿Por qué debe ser tal boicot tan amplio?¿Deberíamos boicotear a los
filósofos chinos para que no asistan a las conferencias porque Pekín
ha censurado a Google? Si los físicos en Teherán o Pyongyang
estuvieran colaborando activamente en la fabricación de armas
atómicas para sus países, entonces sería comprensible que sus
iguales en Roma u Oxford prefirieran romper todas las relaciones
institucionales con ellos. Pero no veo por qué desearían romper
relaciones con académicos que trabajan en campos no relacionados:
todos perderíamos el diálogoacerca de la historia del arte coreano o
de la literatura persa antigua.
Mi amigo, el filósofo Gianni Vattino, está entre los partidarios del
llamado más reciente para un boicot. Veamos hipotéticamente, por
diversión, si él estaría de acuerdo: supongamos que en ciertos
países extranjeros circulan rumores de que la administración
italiana de Berlusconi está tratando de socavar el principio sagrado
democrático de la separación de poderes al deslegitimizar el sistema
judicial, y que lo está haciendo con el apoyo de un partido político
racista y xenofóbico. ¿Le agradaría a Vattino, quien es un crítico
del gobierno, que las universidades estadounidenses protestaran
contra las políticas italianas no invitándolo a él a ser un profesor
visitante, o que comités especiales adoptaran medidas para remover
todas sus publicaciones de las bibliotecas de Estados Unidos ? Creo
que denunciaría la injusticia y que sentiría que esas acciones eran
equivalentes a culpar a todos los judíos de deicidio porque el
Sanhedrin estaba de mal humor el Viernes Santo.
Nadie aceptaría que todos los rumanos son violadores, todos los
curas pedófilos y todos los académicos de Heidegger, nazis.
Igualmente, ninguna postura política o polémica contra el gobierno
debe condenar a toda una raza o cultura. Este principio es
particularmente importante en el mundo literario, donde la
solidaridad global entre académicos, artistas y escritores siempre
ha sido una forma de defender los derechos humanos a través de todas
las fronteras.
Fuente: Clarín
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