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comentario de arte: "A Mi Madre Kerida" por Mijael Vera Ya algo acostumbrados estábamos de escuchar esas tradicionales canciones sefaraditas de Bosnia, Monastir, Salónica, Izmir, Estambul, en tonalidades operáticas de grabaciones en donde el virtuosismo de la voz termina por aplacar, sino anular, la belleza de las melodías y la sutileza de los versos.
En este marco asoma el CD del Jazán de la Comunidad Sefaradí de Chile, Humberto Narváez. No obstante, y que quede claro, desde la primera faja nos define que no se trata de un CD de Jazanut. Se trata de un homenaje claramente definido: "kantikas de ayer, de hoy i de siempre en la tradizión judeoespaniola", 10 canciones de lo que se denomina, en lenguaje corriente, el "ladino-turco". Desde un "A la Una Yo Nací" hasta un vibrante "Noches, Noches" que pareciera estar cantado en la callejuela de alguna Judería de Sefarad, Narváez nos trae unas interpretaciones impecables de "Los Bilbilicos", "El Rei Nimrod", y otras especies de enorme valor musical e interpretativo. Destaca en el conjunto el lúdico y sensual "Barminan" canción plena se insinuaciones jocosas que la voz se encarga de acentuar inteligentemente. Cierra el conjunto una interpretación conmovedora del Brij Shmaia, canción kabalística del medioevo español cantada en ladino y que conocemos como "Bendicho Su Nombre" por ser parte del ritual sefaradí cotidiano en la Comunidad en donde Narváez es Jazán. Mérito adicional por plasmar esta significativa canción en un registro discográfico del que no teníamos memoria que existiera anteriormente. Canciones mil veces cantadas en fiestas, saraos y festejos sefaradíes, al calor del raki, y al sabor de borrecas y bollos, asoman aquí en tono natural en la voz de Narváez, sin despegues líricos ni virtuosismos innecesarios. Asoman aquí en un arte que, de sencillo, es el más difícil de lograr en un registro discográfico: plasmar en su naturalidad la lucidez de versos, por momentos, pícaros, insinuantes, de canciones definidas por una ya prolongada tradición folclórica. En este sentido es fácil caer en el despliegue lírico para el lucimiento de la voz. Narváez no lo precisa. Su apuesta es a lo íntimo, a lo lúdico, a la sensualidad de la melodía, a la belleza de lo simple que es la característica principal de la música sefaradí de los Balcanes y Turquía. Y eso se agradece enormemente, en especial en la interpretación de la nostalgia y la sensibilidad de la esperanza. Y lo logra el álbum en su conjunto, con una apuesta ambiciosa: un marco de arreglos musicales que hace tributo a las nuevas tendencias. Es así como la guitarra flamenca de sonido impecable está presente sin opacar, asoman discretas castañuelas entre una orquesta inteligentemente planificada, y el espíritu musical de Andalucía se hace presente con energía al modo de los nuevos aires de la música andalucí. Esta arriesgada apuesta que Narváez afronta con sorprendente precisión y éxito, le deja en deuda, sin embargo, con el enorme acervo musical judeo-español de Marruecos... hasta una próxima oportunidad. En el CD "A Mi Madre Kerida" la síntesis entre tradición y posmodernidad se produce con éxito. Escuchamos canciones añejadas por siglos de interpretaciones, pero en un conjunto saludablemente nuevo. Este producto, sin dudas inesperado, Narváez lo logra escapando de la arqueología musical, en un serio compromiso con la innovación interpretativa, sin abandonar raíces, pero enriqueciendo y actualizando un material que se convierte, en este álbum, en un tesoro imperdible.
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