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Un ejemplo
de integración a través del idioma
Los sefarditas
de habla judeoespañola en América Latina

por el Dr.
Mario Eduardo Cohen
Ponencia
del Dr. Mario Eduardo Cohen para el Congreso Internacional de la
Lengua Española 2010, Valparaíso, Chile, suspendido debido a las
consecuencias del terremoto.
Nos adentramos en
el relato de la llegada de un judío sefardí1 a Cuba, según el
testimonio oral del inmigrante Julio Crespín (nacido en Edirne-Adrianópolis,
Turquía): «Llegué con el barco hasta La Habana en el año 1923; sabía
dónde vivía mi hermano, tomé el tren; había de viaje desde la Habana
hasta Santiago (de Cuba) 36 horas. Al llegar a Santiago me recibió
mi hermano… Al día siguiente de haber llegado, mi hermano me llevó a
trabajar como vendedor ambulante, como era él»2.
Este relato, tomado en Santiago de Cuba, indica un ejemplo de la
inmediata adaptación laboral de un inmigrante sefardí hablante del
idioma judeoespañol. Al día siguiente de su llegada, ya estaba
trabajando. Nos preguntamos: ¿por qué le fue tan fácil este proceso?
Veremos el papel central que jugó el idioma de los sefardíes.
Esta ponencia se dedicará a analizar la integración en la nueva
sociedad de los inmigrantes judíos sefardíes en América Latina. Lo
tomaremos en tres momentos. Luego de una introducción general al
tema, en primera instancia comentaremos la temprana inmigración de
algunos pocos miles los judíos marroquíes al Amazonas y otras zonas
de América Latina, iniciada hacia 1860. En la segunda parte nos
adentraremos en el caso de los maestros judíos marroquíes (algunas
decenas) que sirvieron como docentes en las escuelas de las colonias
judías asquenazíes en Argentina y, por último, la emigración masiva
de los judíos del ex Imperio Otomano, (especialmente originados en
los Balcanes y de la Península de Anatolia).
Si bien no hay cifras ciertas sobre la población judía sefardí en
América Latina, en la actualidad, sobresalen por su pujanza,
importancia numérica y organizacional las comunidades sefardíes de
Argentina, Brasil, México y Venezuela. Son significativas las de
Uruguay y Chile. Existen también comunidades sefardíes en Panamá,
Perú, Colombia y Costa Rica. Hay, asimismo, pequeños grupos en
varios otros países. Un caso especial es la comunidad sefardí cubana
radicada, en la actualidad, en Miami (Estados Unidos).
La lengua materna de los judíos sefardíes del Imperio Otomano, que
vivían en los Balcanes y Anatolia, hasta el siglo XIX y comienzos
del siglo XX, era el judeoespañol. Un idioma con la estructura del
castellano con el agregado de palabras hebreas, árabes, griegas,
búlgaras y más tarde francesas e italianas. Así, se encuentran
arcaísmos españoles en la lengua judeoespañola, como ser: merkar
(comprar), trokar (cambiar), mancebez (juventud).
He aquí un ejemplo de proverbio popular en judeoespañol, que no
existe en español peninsular y nos puede dar idea de la estructura
de la lengua: «cuando el padre da al hiyo, ríe el padre y ríe el
hiyo; cuando el hiyo da al padre, iora el padre y iora el hiyo».
Como veremos más adelante, en el caso de los judíos del norte de
Marruecos, hablaban la variedad conocida como jaketía , jaquetía o
haquetía, lengua hispana más influenciada por el árabe que el
judeoespañol de Oriente y, más modernamente, por el español
contemporáneo.
El judeoespañol
El judeoespañol sirvió de comunicación entre casi todos los judíos
del Mediterráneo durante cuatro siglos (siglo XVI al XIX). La razón
de esta estructura de idioma judeoespañol se debe, fundamentalmente,
a razones históricas. Los judíos fueron expulsados de Castilla,
Aragón y sus dominios en 1492, si bien había comenzado antes la
emigración. Se radicaron, luego de muchas peripecias, en todo el
Mediterráneo central y Oriental en la época de expansión del Imperio
Otomano. Otro grupo se asentó en Marruecos. Los expulsados llevaron
su lengua castellana a la que debieron agregar nuevas palabras
locales para poder comunicarse. Un ejemplo elocuente: recién hacia
el siglo XVII y XVIII se empezó a utilizar, en las mesas cotidianas,
el tenedor. Los judíos sefardíes que ya no tenían contacto con la
península ibérica eligieron, para nombrar a este utensilio la
palabra griega pirón. Los demás elementos de la mesa tienen nombres
hispanos.
Fueron los judíos quienes introdujeron la imprenta, tanto en África
como en el Imperio Otomano. Un papel central en el fenómeno de la
expansión de la lengua judeoespañola (hasta el siglo XIX
generalmente escrita en caracteres hebreos) se le debe a impresión
de variados libros y traducciones y a partir del siglo XIX a la
importante prensa escrita.
Hacia el siglo XVI, el español se hablaba en todos los continentes
conocidos de la época. En América y Europa gracias a los
peninsulares. En Asia y África en mérito a los sefardíes.
Se trata de un caso casi único de supervivencia de una lengua lejos
de su metrópolis cultural (la Península Ibérica).
Los sefardíes han utilizado distintos nombres para referirse a su
propia lengua. En los primeros siglos, después de la expulsión de
1492, aparecen denominaciones como romance, lengua vulgar, ladino y
(s)panyol, a lo que se agregaron posteriormente el de djudezmo,
yidió, lingua franca, djudeoespañol, yargón y otros en el Imperio
Otomano. En Israel se lo suele llamar spanyolit, ladino y djudeo-esapnyol;
en otros países, quizás el término mas utilizado sea el de «ladino».
Académicos de renombre se oponen a esta denominación ya que reservan
el nombre de «ladino» al judeoespañol calco del idioma hebreo3.
En España se ha impuesto el nombre de idioma sefardí, mientras que
los estudiosos y académicos prefieren llamarlo judeoespañol o
djudezmo4.
Jaquetía
Dentro de las llamadas lenguas judeoespañolas está la Jaketía (haquetía),
lengua de los sefardíes del norte de Marruecos. Cuando los judíos
fueron expulsados en 1492 de la península Ibérica, un grupo
significativo de personas cruzó al África. Es así que, a través del
tiempo, surgió esta lengua de los sefardíes marroquíes del norte.
Marruecos nunca fue parte del Imperio Otomano, por lo que mantuvo su
independencia cultural. A partir del siglo XIX especialmente España
pasa a tener un papel preponderante, al igual que otras potencias
europeas.
La jaketía se ha formado sobe la base de aquel castellano medieval,
al que, en distintas etapas, se fueron agregando términos del
hebreo, del árabe dialectal marroquí y del español moderno. Como
sucede en el judeoespañol de Oriente, las raíces de verbos de otro
origen (árabe o hebreo) se conjugan de acuerdo a las reglas del
castellano 5.
En oposición al judeoespañol del oriente, en esta lengua hay escasez
de escritos e informantes originales.
A fines del siglo XIX (y aún antes) y comienzos del siglo XX, se
produce una verdadera re-hispanización de la jaketía. Según la
investigadora Isabel Molina Matos:
«la proximidad geográfica, los contactos continuos con los españoles
desde la Guerra de África, el establecimiento del Protectorado y la
posterior emigración a España, han contribuido a que la jaketía haya
ido disolviéndose en el español hasta desaparecer»…//…«la jeketía
permanece como sustrato que deja sentir su influencia en el habla
coloquial»6.
Entraremos ahora en el análisis del primer grupo de las
inmigraciones que comentaremos.
1.ª parte
Judíos marroquíes. Los que abrieron las puertas
Desde mediados del siglo XIX, los judíos marroquíes de las costas
del Mediterráneo (Tánger y Tetuán), fueron pioneros en la
inmigración. Su lengua española, como hemos dicho, (conocida como la
jaketía) les facilitó su integración rápida al nuevo continente.
Iquitos en Perú, Manaos y Belem en Brasil son ejemplos de una
inmediata adaptación al medio.
Si bien la emigración desde Marruecos había comenzado ya a
principios del siglo XIX en forma esporádica, fue sólo hacia 1862
que se inició una corriente emigratoria considerable (algunos
centenares), inicialmente hacia España y, luego, hacia Iberoamérica:
Brasil, Venezuela y Argentina.
En efecto, tras la guerra hispano-marroquí (1859/1860), al
producirse la retirada de las fuerzas hispanas -el 2 de mayo de
1862- los judíos marroquíes comenzaron a sentir el hostigamiento de
los musulmanes locales, lo que se tradujo en una fuerte corriente
emigratoria.
Justamente por esa época se instalaron las escuelas de la Alliance
Israélite Universelle en Tetuán (en 1862) y Tánger (en 1864). La
Alliance Isrélite Universelle (en el futuro la llamaremos Alianza)
era una organización filantrópica judía francesa creada con el
objetivo de instruir en la cultura gala a las minorías judías en
países de bajo nivel cultural. Las ideas europeas de progreso y
capacitación para el mundo moderno eran transmitidas desde estos
claustros, lo que aceleró también la emigración.
Un directivo de estas escuelas, David Cazés, lo confirmó en un
informe, escrito en 1885, sobre las escuelas de la Alianza de Tánger
y Tetuán: «la escuela de Tetuán ha funcionado solamente para
exportar… ya que el 95 por ciento de los estudiantes emigra… Hoy en
día, Argelia no es suficiente para esta acción y ellos se van a la
América española. Hay una amplia cantidad de ellos en Caracas,
Colón, Panamá, Paramaribo, Buenos Aires; algunos se radicaron, por
su cuenta, en los Estados Unidos: Nueva York, Baltimore, Filadelfia,
etc.»7
El oro llamado caucho
Con la llegada de los años ’70 -del siglo XIX, naturalmente- la
prosperidad económica en el Brasil surge de la explotación del
caucho, del cacao y del azúcar. Cabe recordar que Brasil fue, por
varias décadas, el único productor mundial de caucho. Asimismo
señalaremos que la Constitución del Brasil, ya desde 1824, había
consagrado la libertad religiosa, admitiendo así la coexistencia con
religiones distintas a la católica.
Los principales puntos de arribo de los judíos marroquíes en este
país fueron, entonces, Belem (Estado de Pará, donde desemboca el
Amazonas en el Atlántico) y luego Manaos. Respecto de Manaos,
situada al oeste de la primera y en plena selva amazónica, con clima
extremadamente cálido y húmedo, desarrolló además una rica vida
cultural, llegando incluso a tener un Teatro de ópera.
La inmigración, básicamente, era de hombres solteros, desde
adolescentes hasta jóvenes de treinta. En algunos casos retornaban,
temporalmente, a Marruecos, para contraer matrimonio con alguna
muchacha judía, para luego regresar a América e instalarse. Aunque
la mayoría de estos jóvenes solteros se casaron con americanas
no-judías.
El Día del Perdón en Iquitos
Hacia 1880, la ambición de enriquecimiento estaba encarnada en la
selva amazónica. Además de la ya mencionada Manaos en Brasil,
también Iquitos, en la amazonía peruana, pasó a constituir un punto
de asentamiento para muchos judeo marroquíes aventureros que
llegaban a Sudamérica. Muchos de ellos consiguieron trabajos como
representantes de compañías brasileñas o europeas en la explotación
del caucho. Lo interesante es que estas comunidades judías,
asentadas en un medio tan singular como el selvático, crearon
instituciones comunitarias y un cementerio, manteniendo de este modo
-si bien de manera mínima porque la única conmemoración que se
llevaba a cabo era la del Iom Kipur, el Día del Perdón- su identidad
judía.
Hacia 1910, el señor Pisa, un docente de la Escuela de la Alianza de
Tánger, visitó Iquitos, ya que en su ciudad natal se hablaba de ésta
«como de una ciudad fabulosa, con oro fluyendo por sus calles» y
agrega: «En Iquitos viven más de 200 de nuestros antiguos alumnos de
Marruecos. Al llegar, uno pensaría que se trata de una ciudad judía
(…) Es típico de los tangerinos hacer su fortuna en Iquitos. Esta es
la visión y el sueño de los jóvenes. Hay que saber, sin duda alguna,
que el camino es largo y el clima riguroso. (…) Ellos hacen negocios
con cualquier cosa imaginable… Ropa inglesa, novedades francesas,
ferretería alemana, maquinaria estadounidense. Remontan el río en
canoas o lanchas… Es una vida dura. Hay temporadas en que pasan
largos meses en sus canoas, comiendo sólo arroz y banana, luchando
contra los caimanes y se quedan esperando que los indígenas se
acerquen a comprar sus mercaderías»8.
La caída de los precios del caucho entre 1910 y 1912 arruinó a la
mayoría de los comerciantes y dejó a la región amazónica
empobrecida.
Por constituir un grupo relativamente pequeño, los judeo marroquíes
en el Brasil y del Perú se integraron a núcleos judíos de otra
procedencia o bien se asimilaron, mimetizándose con el medio.
Otro grupo de los judíos marroquíes que arribaron a la Argentina y a
Venezuela fueron los pioneros en la inmigración sefardí. Este grupo
fundó, en 1891, la primera comunidad sefardí de la Argentina. De
hecho, fueron quienes «abrieron las puertas» a la gran inmigración
judía. La correspondencia que mantuvieron con sus familiares
sembraron las esperanzas en futuros inmigrantes.
2.ª parte
Sefardíes hispanizan a los asquenazíes
Otro ejemplo de adaptación lo constituyen los judíos marroquíes, de
habla española, en su variante que hemos comentado, la jaketía,
educados en las escuelas de la Alianza y que sirvieron como maestros
de lengua castellana a la inmigración agraria asquenazí (hacia fines
del siglo XIX y comienzos del siglo XX). Estos judíos inmigrantes de
Europa Oriental, que acababan de llegar a estas tierras, jamás
habían escuchado hablar en español. Se expresaban a modo de lengua
materna, en el dialecto germánico judío llamado yiddish o
simplemente idish (lengua judía) y en idiomas de sus países de
origen. Gracias a estos sefardíes comenzaron a hablarlo y luego
escribirlo con gran maestría.
Antes debemos hacer un poco de historia. Con el objetivo de
facilitar la emigración de los judíos, que vivían oprimidos en los
países de Europa Central y Oriental, el Barón Mauricio de Hirsch
(1831-1896), famoso filántropo judío, fundó en Londres, en 1891, la
Jewish Colonization Association (JCA). Sus estatutos declaraban que
tenía por finalidad «asistir y promover la emigración de los judíos
desde cualquier parte de Europa y Asia, especialmente desde países
en que estuvieran sujetos a cualquier especie de gabela, persecución
política o discriminación (y llevarlos) hacia cualquier parte
delmundo, para formar y establecer colonias y poder dedicarse a la
agricultura o cualquier otra actividad comercial o cultural»9.
De tal manera, ya en 1891, el vapor Pampa, fletado por el Barón
Hirsch, condujo a 817 inmigrantes judíos de Ucrania, Polonia,
Lituania y Besarabia hacia la Argentina.
El proyecto original de colonización consistía en un traslado
masivo, de centenares de miles de judíos de Europa Oriental.
Finalmente, por diversas razones, la cantidad alcanzó apenas algunas
decenas de miles de personas. Los inmigrantes fundaron colonias
agrícolas en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y
Chaco. Estas colonias dieron lugar a ciudades y pueblos que hoy
continúan existiendo.
Hacia 1913, el historiador Haim Avni10 calcula, por lo menos, en
35.000 los judíos dedicados a tareas de campo (entre agricultores,
ganaderos y obreros temporales o permanentes) y unas 50
instituciones educativas, hacia 1910.
Las autoridades de JCA se interesaron en darles a los agricultores
judíos una educación básica. Inmediatamente pensaron en traer como
docentes a alumnos egresados de las escuelas de la Alliance.
Dice una investigadora del tema, Diana Epstein: «el conocimiento de
español que recibieron quienes egresaban de las escuelas de la
Alianza en Marruecos, determinó que la JCA los eligiera para que
éstos fueran sus primeros maestros en las colonias judías de la
Argentina»11.
Agrega la investigadora que la falta de docentes y medios generó el
hecho de que «fueron los propios maestros quienes solicitaban con
frecuencia a la Alianza el traslado de nuevos docentes de habla
hispana, que pudieran colaborar en la tarea. Ya en 1892 señalaban
que era necesario contar con un número mayor y pedían ‘el envío de
profesores de la Alianza, originarios de Marruecos, y alumnos
avanzados de escuelas deTánger y Tetuán, con conocimiento de
español, (que) prestarían aquí excelentes servicios’»12.
El conocimiento de la lengua española era considerado, por las
autoridades argentinas, el eje central para lograr el proceso de
integración al país de las masas migratorias.
Cuando llegaron los primeros maestros, también advirtieron -según
comenta Diana Epstein- que «lo que se exige, sobre todo, en las
escuelas privadas, es la buena enseñanza de la lengua del país; el
idioma nacional es considerado, con razón, como el mejor instrumento
para obtener una pronta asimilación de los hijos de los
inmigrantes…13».
De todas maneras, la situación estaba lejos de ser ideal: eran
habituales los problemas con los colonos, las difíciles condiciones
de trabajo, bajos sueldos, largas jornadas de trabajo, etc. Todo
ello hizo que muchos pidiesen el retorno a sus países de origen.
Así, algunos regresaron pero otros se casaron y se quedaron en
Argentina.
Para concluir, cabe señalar que el primer contacto que tuvieron los
colonos judíos de Europa Oriental con el idioma español y con la
historia de la España de la Edad Media, el Sefarad clásico, fue a
través de estos judíos marroquíes que oficiaron de sus maestros de
la lengua española. Posiblemente haya que indagar aquí el interés de
muchos judíos asquenazíes por la cultura sefardí. De estas colonias
agrícolas surgieron excelentes hombres de letras que se expresaron
en español. En otro trabajo he indagado el interés de muchos de
ellos por considerarse, asimismo, como nuevos sefardíes14.
3.ª parte
Inmigración masiva desde Turquía y los Balcanes
Los judíos del antiguo Imperio Otomano (de Anatolia y los Balcanes)
hablantes en el idioma judeoespañol llegaron masivamente a América
latina a fines del siglo XIX y, en especial, a comienzo del siglo
XX, haciéndolo poco después que los llegados desde Marruecos.
Se trata ahora de una inmigración masiva que abarca casi toda
América Latina y que dio origen a importantes instituciones
sefardíes.
No nos referiremos aquí a los sefardíes de Siria y Líbano, cuya
lengua materna era el árabe; con este grupo se completaría el
espectro completo de las comunidades judías de América Latina.
¿Por qué los sefardíes decidieron emigrar del Imperio Otomano?
Una de las causas de la emigración desde las tierras turcas se
centra en la decadencia política y económica del Imperio Otomano y
el empobrecimiento general. Con el inicio del siglo XX, las
continuas guerras y el reclutamiento de tropas (muchos de los
soldados volvían heridos, mutilados o muertos) llevaron a cantidades
de judíos a buscar otros horizontes eligiendo, en muchos casos, a
Latinoamérica como su nueva casa. Las razones económicas y las
guerras se inscriben, en primer lugar, como causa de la salida. En
cambio, la elección del lugar de destino estaba condicionada, entre
otros factores, por el idioma y es por ello que los hablantes del
judeoespañol orientaron su brújula hacia Iberoamérica.
Señala el investigador chileno Salvador Benadava: «Nunca es fácil
adaptarse a un cambio como el que significó para los judíos otomanos
instalarse en países tan diferentes como los que habían abandonado;
no obstante lo cual el proceso de aceptación del nuevo entorno fue
relativamente rápido. Al poco tiempo de haber llegado, muchos de
ellos ya pensaban en hacer venir a sus familias y daban,
definitivamente, las espaldas a su tierra de origen. Tres cosas los
deslumbraban, tres valores que suelen considerarse como
característicos de la cultura occidental: la libertad, la igualdad,
la democracia y un corolario de las tres: las posibilidades de
trabajo y de ascensión social15».
Los testimonios de la mayoría de los entrevistados coinciden en
señalar que la causa principal de la primera emigración a América
Latina fue la búsqueda de nuevas oportunidades económicas, aunque
los temas del idioma están implícitos y en muchos casos no se
mencionan por su carácter de obviedad.
De acuerdo al informante Moises Benaim, «ante la idea de emigrar,
uno se orienta a qué posibilidades puede ofrecer un país u otro. Y
aquí, la Argentina tenía la posibilidad del idioma, que era
fundamental (…)»16.
Otra inmigrante señala: “¿Por qué la Argentina? Por informes de
otros, por el idioma, y tal vez -pensó más adelante- porque el mazal
(la suerte) lo había decidido así”17.
La investigadora Helene Gutkowki arriba a la siguiente conclusión
respecto a decenas de entrevistas realizadas a los inmigrantes
sefardíes: «Los mecanismos de elección y asentamiento de los
Sefardíes en un país nuevo han respondido, en lo que hace a las
migraciones del último siglo (hablamos del siglo XIX y principio del
XX) a las pautas siguientes: se buscaba, con prioridad, y en la
medida de lo posible, un país que tuviera algo que ver con la
cultura española o con la francesa, ya que muchos de esos judíos
habían sido alumnos de la Alianza Israelita Universal. El idioma, en
particular, era determinante a la hora de elegir la futura
patria18».
Otros inmigrantes agregan el sentimiento hispánico: «Moisés: nos
sentíamos Españoles, más aún, ¡éramos españoles! Ya no solamente por
nuestros ancestros sino porque a partir de la segunda mitad del
siglo XIX la injerencia de España en el norte de Marruecos había ido
en aumento hasta finalmente imponer, en 1912, su protectorado sobre
gran parte de la región…19».
En síntesis, para las decenas de miles de inmigrantes sefarditas de
Turquía y los Balcanes llegados a comienzos del siglo XX, un
elemento central en la decisión de inmigración a estas tierras fue
la similitud del judeoespañol con el español moderno.
Mientras que las tasas de retorno de los inmigrantes italianos y
españoles fue muy alta (hasta el 50%), en el caso de los sefardíes
prácticamente no se registró este fenómeno, por lo que el proceso de
integración fue sumamente acelerado.
Conclusión
En el comienzo de este trabajo, comentábamos la narración de una
persona (Julio Crespín) que comenzó a trabajar en Santiago de Cuba
al día siguiente de su inmigración en 1923. El relato fue tomado
varias décadas después por lo que ya se encontraba totalmente
integrado a la nueva realidad latinoamericana.
En opinión de esta ponencia, el caso de Julio Crespín no es una
excepción, los judíos que viven en Hispanoamérica están integrados a
sus países de absorción. La lengua española sirve como gran elemento
de unión entre los individuos y comunidades. Las lenguas judías de
origen (idish y judeoespañol) casi han desaparecido y todos se
expresan en español moderno. Si bien hacia 1960 ha comenzado una
reducida emigración, ningún judío latinoamericano quiere retornar al
«viejo país» de origen: sea Rusia, Polonia, Siria, Turquía o
Marruecos. Los judíos de América Latina mantienen ciertas costumbres
tradicionales, sin dejar de tener fuertes ligazones con la cultura,
la historia y el destino de los países de adopción y con Israel. El
antisemitismo no es el centro de la preocupación, si bien hubo por
época algunos hechos que trajeron mucha intranquilidad. Hoy,
interactúan en la cultura local y los asuntos de interés general y,
simultáneamente, contribuyen como profesionales, artesanos,
agricultores o gente de negocios al desarrollo económico y social de
sus países. Los judíos hispanoamericanos asquenazíes y sefardíes
forman parte, una vez más, de Sefarad (España) y su legado. De
alguna manera los podemos llamar los nuevos sefardíes, gestores y
constructores, forjadores de la América moldeada por manos
aborígenes e inmigrantes.
Notas:
1. Utilizamos el gentilicio sefardí para indicar a los judíos
descendientes o influenciados por la cultura creada por los judíos
en la España medieval. Desde el siglo XI, aproximadamente, la
palabra hebrea Sefarad pasó a denotar a la Península Ibérica o
España.
2. Margalit Bejarano: La comunidad hebrea de Cuba – la memoria y la
historia, Instituto Abraham Harman de Judaísmo Contemporáneo,
Universidad Hebrea de Jerusalem, 1996. Pág. 18.
3. El académico Haim Vidal Sephiha ha defendido la utilización de
«ladino» sola y únicamente como traducción del hebreo calco y ha
resaltado que el ladino no se habla. Ver de su autoría: «El
judeoespañol: una herencia europea» en Sefárdica XI, CIDICSEF,
Buenos Aires, 2001, pág. 124. En el mismo sentido, otro académico
nos muestra un ejemplo del ladino tomado de una traducción calcada
del hebreo, extraído del Génesis (27:3) «I Israel amava a Yosef mas
ke todos sus ijos ke hijo de vejezes el.» que se traduce como
«Israel amaba a Yosef más que todos sus hijos porque los había
tenido en la vejez…». Salvador Benadava Cattan. «De dónde venimos,
quiénes somos, hacia dónde vamos». En Sefárdica XV, El Judeoespañol.
Una lengua exiliada. CIDICSEF, Buenos Aires. Pág. 168.
4. Para ampliar en el conocimiento de este idioma véase en idioma
español : Mario E. Cohen (compilador) Sefárdica Nª: 15 .El
Judeoespañol. Una lengua exiliada, CIDICSEF, Buenos Aires, 2005.
Mario Eduardo Cohen. (director) Sefárdica Nª: 16. El judeoespañol/2
Djudezmo y jaquetía, CIDICSEF, Buenos Aires, 2006. M. L. Wagner.
Caracteres Generales del judeo-español de Oriente, Madrid, 1930.
David M. Bunis. El idioma de los sefardíes: Un panorama histórico en
Moreset Sefarad. El Legado de Sefarad. Editado por Haim Beinart,
Jerusalén, 1993, págs. 414 a 437. Elena Romero (editor literario),
coordinado Iacob M. Hassan y Ricardo Izquierdo Benito. Sefardíes.
Literatura y Lengua de una Nación Dispersa. Ediciones de la
Universidad de Castilla-La Mancha, Cuenca, 2008. José Menascé. El
Judeoespañol y los sefardíes. Un fenómeno olvidado, Pág. 121 a 134 y
María Cherro de Azar. El judeoespañol está presente, pág. 11 a 17
ambos en Boletín de la Academia Argentina de Letras, Tomo LXXI N.°
283-284. Enero/abril de 2006. Paloma Díaz-Mas. Los sefardíes:
Historia, lengua y cultura, Riopiedras, 2006 En otros idiomas véase:
S. Marcus. La Lengua judeo-española. Jerusalén, 1965 (en hebreo); R
Renard, Sépharad: Le monde et la langue judeo-espagnole des
Séphardim, Mons (Bélgica) 1966. Haim Vidal Sephiha. Le
judeo-espagnol, París, 1986.
5. Para mayor conocimiento de este idioma sugerimos consultar: Isaac
Benharroch B. Diccionario de Haquetía. Guía esencial del dialecto de
los judíos del norte de Marruecos, Asociación Israelita de
Venezuela, Centro de Estudios Sefardíes, University of Miami,
Caracas, 2004.
6. Isabel Molina Martos. Sociolingüista del español en el Norte de
África. En Biblioteca de Recursos Electrónicos en Humanidades,
E-Excelence, 2006. Pág. 8.
7. David Cazés. «Rapport sur les ècoles de l’Alliance de tanger et
de Tetuán» , Bulletin de l’Alliance Israélite Universelle, 1884-85,
pág.52. Citado por Victor Mirelman en «Los sefardíes en
Latinoamérica después de la Independencia», Sefárdica Nº11,
CIDICSEF, 1996, Buenos Aires. Pág. 66.
8. Citado por Günter Böhm. Judíos en el Perú durante el siglo XIX.
Santiago, Universidad de Chile, 1985. Pág 102.
9. Santiago Saltiel. «El Barón Mauricio de Hirsch y la colonización
judía en la Argentina». En Nosotros. Centro de Estudios Judaicos y
Sionistas. 1989. Pág.190.
10. Haim Avni. Argentina y las migraciones judías. De la Inquisición
al Holocausto y después. Editorial Mila, Buenos Aires, 2005. Págs.
215 y 201.
11. Diana Epstein. «Maestros Marroquíes. Estrategia educativa e
integración. 1892-1920» en Anuario IEHS, Facultad de Ciencias
Humanas, Universidad Nacional del Centro, 12, 1997, Tandil,
Argentina.
12. Diana Epstein, Op. Cit. Pag.359-350. AIU. Correspondencia. Prof.
Haym, 29/9/1892, Colonia Mauricio, Argentina IV 0 8. Archivo AIU.
París.
13. Diana Epstein. «Maestros Marroquíes. Estrategia….», Op. cit ,
pág. 364: AIU. Correspondencia. Prof. Sabah, 3/6/1898, Colonia
Clara, Argentina 1 0 2. Archivo AIU, París.
14. Mario Eduardo Cohen. La emigración asquenazí en Hispanoamérica.
Los «nuevos sefardíes» en América y los judíos hispanoportugueses.
Coordinado por Fernando Díaz Esteban. Real Academia de Historia.
Madrid, 2009. Págs. 221 a 246.
15. Salvador Benadava Cattan. Op. Cit. Pág. 193.
16. Diana Epstein. «Judíos de Marruecos en Argentina. La inmigración
política (1955-1970)» en Estudios Migratorios Latinoamericanos,
abril 2006, Nº 59, Buenos Aires. Entrevista testimonial realizada a
Moisés Benaim en julio del 2005. Pág.79.
17. Estela Levy. Crónica de una familia sefaradí. Buenos Aires,
Carcos, 1983. Pág.20.
18. Helene Gutkowski. Érase una vez Sefarad. Los sefaradies del
Mediterráneo. Su Historia. Su Cultura. Lumen, 1999. Pág. 384.
19. Helene Gutkowski. Op. Cit. Pág. 429.
Fuente:
www.congresodelalengua.cl/eSefarad
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