Tras 74 días de ayuno de los 34 comuneros mapuche,
casi transversalmente se ha llegado a la conclusión
de que este conflicto ha abierto una serie de
aristas que, pese a no emerger públicamente, estaban
latentes. ¿La más significativa? La áspera relación
entre la administración de Sebastián Piñera y la
Iglesia Católica. Aunque desde antes que asumiera el
actual gobierno se especuló con que el clero
ocuparía un rol mucho más preponderante que en los
que lo precedieron, todo ello sumado a las
manifestaciones públicas del mandatario en relación
con su credo, la dura realidad es que la otrora
poderosa iglesia parece haber caído en desgracia. Y
a quien se le otorga gran parte, si no toda la
responsabilidad en ello, es al severo ministro del
Interior, Rodrigo Hinzpeter.
“A veces la Iglesia hace planteamientos en campos
que no son los estrictamente propios de la confesión
religiosa. Hay ciertos aspectos que están entregados
más al campo de lo político que al campo de la
confesión religiosa”, advirtió Hinzpeter el pasado
15 de julio, cuando la Conferencia Episcopal anunció
que entregaría al Ejecutivo su propuesta de Indulto
Bicentenario y que marcó el distanciamiento entre
ambas instituciones.
Tampoco es un secreto que el gobierno sólo llamó a
la Iglesia Católica a participar en la búsqueda de
una solución al conflicto suscitado con la huelga de
hambre de los comuneros mapuche, sólo como último
recurso. De hecho, antes de que agarrara el vuelo
que finalmente alcanzó, desde el propio oficialismo
se le sugirió a Hinzpeter que “le pidiera ayuda a la
Iglesia Católica antes de que el problema tomara
fuerza”, pero el titular de Interior no escuchó y
esperó hasta el final. Mientras tanto, las
autoridades eclesiásticas monitoreaban la situación
y habían tenido contactos con algunos parlamentarios
que estaban siguiendo de cerca el curso de los
acontecimientos.
Ya a esa altura, cuando el gobierno ni siquiera
tenía redactados los proyectos de ley con los que
tiene la convicción de que puede arreglar el
problema, algunos parlamentarios de la derecha
pedían la intervención de la Iglesia Católica. Pero
estos mismos reconocían que en el clero estaban
reacios a entrar en el conflicto. El temor latente
era, y sigue siendo, que finalmente sea la Curia la
que asuma la responsabilidad si las cosas salen mal.
Y, en ese sentido, no parece haber disposición para
blindar a Piñera y a su gobierno gratuitamente.
Después del trato que ha recibido la Iglesia
Católica de La Moneda, dice una fuente de la
Concertación, “lo más probable es que no se sienta
obligada a participar en una situación que no parece
tener salida, porque el propio gobierno no está
dispuesto a dársela”.
Facilitador, no mediador
Aunque el gobierno necesita la ayuda de la Curia,
todo tiene un límite. No ha cedido en entregarle las
facultades y atribuciones para mediar. El diputado
René Saffirio (DC), integrante de la Comisión de
Constitución de la Cámara, asegura que el gobierno
“nunca ha reconocido la facultad mediadora de la
Iglesia. El término que usó para expresar su labor
en la búsqueda de una solución al problema fue el de
facilitador”, que a su juicio no es lo mismo que
“mediador”, pues “no ha tenido el piso del gobierno
para avanzar en un acuerdo”.
En este sentido, Saffirio –representante del
distrito 50 que incluye a Temuco y Padre Las Casas-
tiene una visión bastante clara respecto de la
relación gobierno-iglesia en este episodio en
particular, pues estima que “ha habido resistencia
de ambas partes” a trabajar juntas. “Por un lado, al
gobierno no le gusta hablar de mediación de la
Iglesia y la Iglesia misma ha tomado con bastante
reserva el asumir una posición de mediadora”,
asevera. A su juicio, “no es casualidad que sea
Monseñor Ricardo Ezzati quien se haya hecho cargo de
este tema por parte de la Curia y no el Cardenal
Francisco Javier Errázuriz”. Pero también plantea
que “el problema con la Iglesia, de parte del
gobierno, tiene más que ver con la idea del
Ejecutivo de minimizar el conflicto”. Por lo que no
duda en advertir que “sería solo responsabilidad del
gobierno que se creara un ambiente de convulsión
social, en el caso de que un comunero muriera”.
En una línea muy similar a la del diputado, para el
senador PS Juan Pablo Letelier “se necesitan más
gestos para romper el muro de la desconfianza que
existe”, conciente de que el gobierno siente temor
“de dar una señal de debilidad que no le gustaría a
su propio sector, si cediera en el conflicto de la
huelga de hambre”. Similar mirada expresa Saffirio,
quien asegura que “el gobierno no sólo no ha querido
dialogar, sino que necesita dar una demostración de
fuerza ante los partidos que lo apoyan, aún a riesgo
de que se muera un mapuche”.
Letelier está fascinado con los avances que, sin
tener mayor apoyo del gobierno, ha logrado el
representante de la Iglesia. “Estaba dispuesto a
involucrarse, al punto que generó un diálogo con los
huelguistas y logró que bajaran sus demandas de
nueve a tres”, pero, según el parlamentario, “no ha
encontrado la misma disposición del gobierno.
Aunque no quiere profundizar en la relación
gobierno-Iglesia Católica, Letelier recuerda casi
con añoranza los tiempos en que “durante los
gobiernos de la Concertación había un trato
deferente” hacia estas instituciones. Y hace el
énfasis en que “llama la atención el trato que ha
recibido la Iglesia Católica en esta coyuntura”.
Quienes han conversado con Ezzati sostienen que está
convencido de que es el gobierno el que tiene en su
mano la solución. Y mientras Hinzpeter insiste en
que los proyectos de ley son la llave para terminar
con la huelga, Ezzati advierte que “el camino
legislativo es un tiempo muy largo para los
comuneros y su salud” e incluso llamó a las
autoridades a retirar las querellas, a lo que el
gobierno se cerró de plano. Es por ello que, según
trascendió, el prelado está evaluando comenzar a
plantear “razones humanitarias” para actuar y
resolver el problema coyuntural: la huelga de
hambre.
Consultado a este respecto, el senador Jaime
Quintana (PPD), quien ha estado en permanente
contacto con los mapuche, sus voceros y con la
Iglesia, señaló que “hay que acompañar a la Iglesia
en su petición de razones humanitarias” para
intentar terminar con la huelga de hambre. El
senador cree que la Mesa de Diálogo que se
constituye hoy viernes en el Cerro Ñielol “es un
tongo comunicacional que sólo le da tranquilidad al
presidente en la ONU”.
En la Concertación, e incluso algunos sectores del
oficialismo, reconocen que “la Iglesia está bien
incómoda y molesta” con el rol que parece estar
jugando en el conflicto, porque el gobierno “no la
escucha”. Pero el tema va más allá. Se dice que el
ministro Cristián Larroulet dejó por completo en
manos de Hinzpeter el tema mapuche. Y que él sólo
trata con la Iglesia, labor que no ha realizado con
mucho éxito, dicen en la oposición, dados los
resultados a la vista.
El costo de responsabilizarse
En La Moneda, en tanto, reconocen que fue el titular
de Interior quien tomó las riendas en el tema. Una
vez más. Aunque aclaran que bajo la estricta
instrucción de Piñera, lo que puede jugar en contra
del ministro si las cosas no salen bien. Según la
lectura que hace un inquilino de Palacio, Larroulet
“le traspasó la responsabilidad política del asunto
a Hinzpeter, aún cuando le corresponde a la Segpres.
Los costos los va a pagar Hinzpeter si algo sale
mal”.
Otra fuente de Palacio admite que es así y que eso
se puede deber “al carácter de Larroulet más
inclinado a no enfrentar los conflictos”. Por lo que
“obviamente, que el que ha llevado el pandero es
Hinzpeter, con los riesgos que eso pueda
significar”.
Sin embargo, un parlamentario de oposición recuerda
que Ricardo Ezzati está en una carrera por llegar al
arzobispado y cualquier error lo podría dejar atrás.
En esta línea, el cientista político Marco Moreno,
de la Universidad Central, plantea que efectivamente
“la relación entre Ezzati y Larroulet es de
incomunicación”. Lo que “coloca un manto de duda
sobre la posibilidad de que la Iglesia esté siendo
utilizada para blindar a Piñera en el tema mapuche”.
Para Moreno, es evidente a todas luces que la Curia,
particularmente Ezzati, “no tiene suficientes
atribuciones. El piso para negociar es muy poco”.
Para el experto “la Iglesia está un poco atrapada
por el gobierno, que intenta hacerla aparecer como
garante de la solución y que si no la hay será su
responsabilidad, no del Ejecutivo”. Así, el
escenario que se percibe es el de la “utilización”
y, por lo mismo, especula Moreno, es que “Alejandro
Goic y el Cardenal Errázuriz no se han metido” en el
problema.
Según el cientista político, en esta administración
“hay señales inequívocas de que se quiere abrir la
participación en el gobierno y el Estado a otras
religiones. En los gobiernos de la Concertación esto
estuvo fuertemente monopolizado por la Iglesia
Católica”. A modo de ejemplo, Moreno recuerda que
nunca antes se había dado que participara el
Presidente y gran parte del gabinete en una
ceremonia en una sinagoga, como ocurrió hace unas
semanas y estima que con ello “obviamente, se puede
hacer una vinculación directa con la figura de
Hinzpeter”.
Fuente:
http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2010/09/24/la-iglesia-le-pasa-la-cuenta-a-hinzpeter/