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El inefable iluminador del pasado
por Yoel Schvartz A partir de la publicación en Israel de una nueva novela de Itzjak Bashevis Singer, el autor reflexiona sobre la forma en que se articula el universo ficcional de este autor con los modos de representación del pasado judío de Europa oriental. Contra la mirada romántica e idealizada de ese pasado se propone una visión humanista y despojada de mitologías.
La
publicación, en 2011, de la nueva novela de un escritor
que lleva veinte años muerto, tiene visos de artilugio
borgiano. Sin embargo, en Israel acaba de publicarse por
primera vez en formato de libro “Yarma y Kehile”, una
novela que Itzjak Bashevis Singer publicara en yidish y
en forma de folletín por entregas en la Nueva York de
los años `50. Bashevis falleció en 1991, y la aparición
de esta novela nos brinda una nueva oportunidad de
redescubrir la prosa de este judío varsoviano en cuyo
complejo retrato de la vida judía de entreguerras
reverbera una pasión humanista indiscutible.
Yarma y
Kehile son personajes típicos de ese universo Bashevis:
el ladrón que cita la Biblia y rememora a los tumbos un
pasado de estudiante perezoso, y la prostituta de buen
corazón que sueña con acceder a la calma de una vida
acomodada. Junto a ellos el retrato de Bunem, el amor
imposible de Keile, el antiguo estudiante talmúdico que
ya no cree, que se ha “liberado del peso de los
Mandamientos” y gira alrededor de una búsqueda incesante
de sentido. A su alrededor, una calle judía en la que el
hampa se mezcla con las clases pudientes, en la que
cafishios y asaltantes acuden a espectáculos de vodevil
traídos de Broadway mientras sueñan con esa América, la
del norte, al tiempo que comentan las noticias de los
conocidos instalados en los burdeles del Sur, en Buenos
Aires y en Montevideo. Un mundo en el que judíos
portadores de una miseria ancestral envidian, desprecian
y a su modo repiten, los gestos advenedizos de una
burguesía judía incipiente que busca encajar en la
sociedad a cualquier precio. La profunda humanidad del relato de Bashevis, su realismo lleno de compasión por sus personajes desgarrados, no lo hacen por eso menos crudo en el retrato de pasiones y envidias, de crímenes y traiciones, de violaciones truculentas y de actos incomprensibles de violencia y despojo, junto a actos sublimes de altruismo y entrega. Bashevis es un autor que permanece incorruptible a la romantización idealizada del pasado judío, a esa visión folclorista de una sociedad armónica cuyos conflictos giran casi exclusivamente en torno a la centralidad de la “tradición” frente a un mundo “exterior” amenazante.
Su retrato
de la sociedad judía de Europa Oriental difiere
radicalmente del de Abraham Joshua Heschel, su
contemporáneo, quien en “La Tierra es del Señor” retrata
ese pasado judío como un dechado de democracia,
solidaridad y libertad de expresión, ideales que serán
destruidos precisamente por la racionalidad instrumental
de la Modernidad.
Fuente:
Nueva Sión |
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