La Cultura Judeo-Española y su Influencia en la
Cultura Occidental

por Samuel Hadas
Parecería un título pretencioso. Pero de atenernos a
las opiniones de destacados estudiosos españoles, es evidente que el
judaísmo español ha sido un componente vital de la península ibérica
En muchas de las facetas de la vida de Europa los judíos españoles
han tenido un impacto importante. Astrónomos, literatos, poetas,
médicos, matemáticos, filósofos judíos florecieron en España e
imprimieron su sello en las generaciones sucesivas. “Nada comparable
a la obra poética, filosófica y artística de los judíos españoles,
de valor humanístico universal, cuyas resonancias salen del ámbito
judaico para escucharse en la gran esfera de la cultura del hombre
de todos los tiempos”, escuchamos de boca del profesor Federico
Pérez Castro en la conferencia de inauguración de los cursos de la
Universidad Internacional Menéndez Pelayo, el 2 de julio de 1964.
El historiador español Amador de los Ríos sugirió en su libro
Historia de los Judíos de España y Portugal, publicado en 1875, que
“difícil será abrir la historia de la península ibérica, ya civil,
ya religiosa, ora científica, ora literariamente considerada, sin
tropezar en cada página con algún hecho o nombre memorable, relativo
a la nación hebrea, acerca de dos mil años errante y dispersa en
medio de las demás generaciones”. Américo Castro, por su parte, en
su libro “España en su historia. Cristianos, Moros y Judíos”,
publicado en 1948, escribió que “la historia del resto de Europa
puede entenderse sin necesidad de situar a los judíos en un primer
término; la de España no”. Julio Caro Baroja, en su libro Los Judíos
en la España Moderna y Contemporánea, recuerda que “entre los
grandes dignatarios de palacios aparecen de modo constante
almojarifes, médicos, astrónomos e intérpretes judíos que forman
academias y grupos intelectuales y que, de un lado, conocen el
árabe, y del otro, el hebreo y, por fin, tienen algún barniz
latino”.
En la literatura española participaron destacados judíos españoles
conversos. Una de las grandes obras de la literatura española es
seguramente la inmortal “La Celestina”, la obra de Fernando Rojas,
un judío converso, en la que su autor vertió el alma desesperada y
evanescente de la España judaica, como escribiría Américo Castro en
el libro más arriba mencionado. Según él, el florecimiento de la
prosa castellana en el siglo XIII es solidario del uso del
castellano como lengua ritual para los judíos parejamente con el
hebreo. En otro pasaje del mismo libro, Américo Castro, después de
recordar que sin los judíos no era posible entender el nacimiento de
la prosa docta en el siglo XIII, señala que la literatura de los
siglos XIV y XV “también debe a la raza judía, entre muchos más, las
obras de don Sem Tob, don Alonso de Cartagena, Juan de Mena, Rodrigo
de Cota y Fernando de Rojas; luego Luis Vives, fray Luis de León y
Mateo Alemán. En la traducción de grandes obras científicas y
filosóficas del árabe al latín, por ejemplo, participaron, a través
de la así llamada Escuela de Traductores de Toledo, grandes
traductores judíos, que contribuyeron así notablemente al
enriquecimiento científico europeo en su época. Uno de los grandes
poetas españoles de los últimos tiempos, Rafael Alberti, en una
conversación que sostuvimos a principios de los ochenta, en Madrid,
me comentó que, en su opinión, dos de los más grandes poetas
españoles fueron judíos: el rabino Shlomo Ibn Gabirol, gran filósofo
de su época, y el escritor y poeta Yehuda Halevy.
Pero hubo otras grandes contribuciones de judíos españoles. Alguien
ha escrito que el descubrimiento del continente americano por
Cristóbal Colón, sería inconcebible sin el aporte de los grandes
geógrafos y astrónomos judíos de la época. Mención especial merecen
las famosas Tablas Alfonsinas, una compilación de listas de
movimientos planetarios, obra de dos judíos españoles, Isaac Ben Sid
e Yehuda Ben Moshé Cohen. Según el Dr. Charles Singer, se trata de
documentos básicos de la astronomía moderna. Recordemos
especialmente a los cartógrafos judíos mallorquines, especialmente
Abraham Cresques, cuyos mapas, publicados entre 1375 y 1385
muestran, como recuerda Américo Castro, extraordinario conocimiento.
Los Cresques publicaron en 1976 un importante mapamundi. Recordemos
también el Atlas Catalán y la Escuela de Sagres.
No podemos dejar de resaltar la obra de un gran judío español, el
rabino Moshé Ben Maimón, mejor conocido como Maimónides. Nacido en
Córdoba, ciudad que debió abandonar a los trece años de edad, por
ser judío, es una personalidad sublime que el tiempo ha respetado.
La profundidad de su pensamiento ha hecho que muchas de sus ideas
sigan vigentes hasta nuestros días. Además de ser una gran autoridad
religiosa en el judaísmo, ha sido un científico innovador, filósofo,
médico. Su libro Guía de Perplejos sigue siendo considerada obra
maestra.
Otra gran figura es indudablemente el rabino barcelonés Moshe Najman,
conocido como Najmánides, o por su nombre catalán Bonastruch Saporta,
quizás la figura más descollante del judaísmo español en el Siglo
XIII. Comentarista de la Biblia y el Talmud, es sin duda, uno de las
más importantes figuras de la mística española. Es famosa su
intervención en la controversia en que defendió el judaísmo, en
presencia de Jaume I El Conqueridor. Debemos destacar que los judíos
catalanes se destacaron en la astronomía, la administración, la
filosofía, la cartografía, y son muchos los nombres de judíos
catalanes célebres, como los de Shlomo Ben Adret, rabino de
Barcelona, talmudista y jurisconsulto y asesor del rey en asuntos
judíos; Sesset Benvenist, médico del rey Alfonso el Casto, que nos
legó varios tratados de medicina; Abraham Ben Hasdai, traductor del
árabe y muchos otros.
La filosofía es otro de los campos en los que el judaísmo sefardí
contribuyó en forma significativa, como lo testimonia la larga lista
de importantes filósofos que presenta el estudioso Solomon Sasson:
además de Maimónides, el Rabino Abraham ibn Daud, el Rabino Salomón
Ibn Gabirol, el Rabino Abraham Ibn Ezra, el Rabino Levy ben Gerson,
Hasdai Crescas, Joseph Albo, el Rabino Meir Gabbay y muchos otros.
El origen del libro Españoles sin Patria y la Raza Sefardí, del
senador y académico Angel Pulido Fernández, publicado en 1905,
estuvo en el afán del autor, como él mismo lo señala, de
“reconquistar al pueblo judeo-español, tanto para causar beneficios
a España y a Israel, cuanto para servir a la evangélica educación de
razas y pueblos, cuyas sociales relaciones y humanos sentimientos
todavía hoy se hallan extraviados por repugnancias y antagonismos
feroces…”. En 1869, dicho sea de paso como dato anecdótico, el
destacado político español, Emilio Castelar, en un acalorado debate
en el parlamento con un representante de la intolerancia
tradicional, recordaría en su discurso las grandes mentes que
brillaban en el mundo y que pudieron haber brillado en España, “de
no haber expulsado a sus judíos”. Castelar mencionó en su discurso,
entre otros, al político inglés Disraeli y al filósofo holandés
Baruch Spinoza, agregando que al privar a España de la presencia de
los judíos, se la privó de “una infinidad de nombres que pudieron
haber sido gloria de España”.
Incluso una apretada síntesis como ésta debe permitirnos llegar a la
conclusión de que la peculiar y compleja historia de las relaciones
entre España y los judíos españoles tuvo una dimensión de
trascendencia para la cultura occidental. Pero también, de que aún
debe hacerse justicia a esa contribución de los judíos españoles a
la cultura humana.