Las otras novelas de Irène Némirovsky

por Joyce Abeliuk



Irène Némirovsky (Kiev, 1903 – Auschwitz, 1942) huyó de Rusia con su familia tras la revolución de 1917. Los Némirovsky se establecieron en París en 1919. Hija única, Irène recibió una educación exquisita, aunque padeció una infancia infeliz y solitaria. Tras obtener la licenciatura de Letras en la Sorbona, en 1929 envió su primera novela, David Golder que la consagró como una de las escritoras de mayor prestigio de Francia. Deportada y asesinada en Auschwitz, igual que su marido, Michel Epstein, sus dos hijas conservaron sin saberlo durante decenios un manuscrito que vio la luz el año 2004. Con el título Suite francesa, la novela obtuvo el Premio Renaudot (por primera vez otorgado a un autor fallecido), fue aclamada por la crítica y se convirtió en un clamoroso éxito de ventas relanzando el interés por una autora que bien puede situarse entre los grandes escritores franceses del siglo XX.

El rescate de la obra de Iréne Némirovsky continuó después de la publicación en Francia de Suite Francesa con una exhaustiva biografía aparecida en francés de Olivier Philipponnat y Patrick Lienhardt , el hallazgo de otra dos ficciones :El ardor de la sangre y El baile y la reedición de la novela David Golder.

En 1929 Némirovsky lanzó la obra que la convirtió en figura literaria: David Golder. En esta ficción ácida y sin remilgos están ya las líneas directrices de su narrativa. La novela cuenta los últimos meses del financista del título, de su frívola esposa, Gloria, y de su adorada y malcriada hija, Joyce. David Golder causó polémicas de todo orden. Esta nerviosa caricatura balzaciana del mundo de los judíos ricos le valió a la escritora hirientes acusaciones de antisemitismo. Némirovsky, convencida de haber pintado un mundo social, se defendió: la novela surgió de su propia experiencia personal, de ver el espectáculo, en Biarritz, del ocioso conjunto de “financistas, banqueros dudosos, mujeres a la busca de placer y de sensaciones nuevas, de gigolós y cortesanas”. “¿Qué diría François Mauriac [el célebre novelista católico] si todos los burgueses de Landes se levantaran contra él y le reprocharan el haberlos pintado con colores tan violentos?-se preguntaba-. La desproporción es la misma. “A mediados de los años treinta, en una entrevista, volvió sobre el punto: “Es cierto que si Hitler hubiera estado en el poder habría suavizado la novela. Sin embargo me habría equivocado. Hubiera sido una debilidad indigna en un escritor”.

El baile es una breve novela, que como David Golder, trata también de una familia judía burguesa y frívola la que, a través del dinero, desea ser reconocida socialmente. Esta vez es la voz de una niña, hija única y solitaria, al igual que Nèmirovsky, quien narra la relación con una madre indiferente, preocupada sólo de satisfacer su vanidad. El inesperado desenlace muestra una terrible venganza.

El Ardor de la Sangre narra la historia de un crimen en un tranquilo pueblo de provincias a principios de los años treinta. El protagonista y narrador es Silvio, que tras haber gastado su fortuna recorriendo mundo cumplido los sesenta años, vuelve al pueblo donde nació en el ceno de una rica familia terrateniente. Sin mujer ni hijos, Silvio sólo le queda esperar la muerte mientras se dedica observar la comedia humana en este rincón de Francia donde jamás ocurre nada. Un día, sin embargo, una muerte trágica quiebra la placidez de esa sociedad cerrada y hierática. A partir de allí, emergen uno tras otro los secretos del pasado que ligan a los protagonistas en esta intriga, sucesos ocultados cuidadosamente que demuestran cómo la pasión juvenil, ese ardor de la sangre, puede transformar el curso de la vida. Como en el juego de las casas chinas, las confesiones se suceden hasta llegar a una última perturbadora revelación. Con un tono intenso y sosegado, El ardor de la sangre utiliza el espejo sereno y frío de la edad madura para reflejar el impulso fogoso y los excesos de la juventud, un tema que Némirovsky trató en varias de sus obras, por ejemplo en El baile, asimismo, la novela describe el sofocante ambiente provinciano sobreentendido, sospechas y silencios con la misma mezcla de lucidez y compasión que más tarde Némirovsky llevará al extremo de su perfección en Dolce, la segunda parte de Suite francesa. Novela intimista y fascinante, El ardor de la sangre constituye todo un hallazgo que confirma a Irène Némirovsky entre los autores europeos más destacados del siglo XX.