¿Se sumará Brasilia al Eje Teherán – Caracas?

 

LA VISITA DEL PRESIDENTE AHMADINEJAD A BRASIL

 

 

por Dr. Isaac Caro

Profesor de la Universidad Alberto Hurtado

 

 

Finalmente, el 23 de noviembre de 2009, el controvertido presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad, logró arribar al país más importante de Sudamérica y entrevistarse con su presidente, Luis Ignacio Lula Da Silva. Esta es una victoria importante para el presidente iraní, quien logró su cometido, luego de dos intentos fallidos.  A su importante relación estratégica con Venezuela y otros gobiernos “bolivarianos”  (Cuba, Bolivia, Ecuador, Nicaragua), Teherán ha buscado insistentemente sumar a Brasil, lo que hasta ahora no le había resultado tan sencillo.

 

En septiembre de 2007, el mandatario iraní intentó una primera visita al país sudamericano. Sin embargo, después de su discurso ante la Asamblea General de la ONU, de un contenido marcadamente antiestadounidense, la diplomacia brasilera señaló que era imposible compatibilizar las agendas de ambos presidentes. A pesar de esta cancelación, los cancilleres de ambos países, Celso Amorim y Manoucher Mottaki, se reunieron primero en Teherán (noviembre de 2008) y luego en Brasilia (marzo de 2009), marcando el inicio de una reforma en las relaciones bilaterales para una cooperación más amplia que, además del ámbito económico, abarcara los campos cultural, científico y tecnológico. Las relaciones comerciales entre Brasil e Irán han aumentado significativamente en los últimos años, y se estima que para el 2009 el comercio brasilero represente casi el 30% de las exportaciones brasileras a Medio Oriente, en tanto que más del 80% del comercio bilateral entre Irán y América Latina corresponde a intercambio iraní – brasilero.

 

En mayo de 2009, el presidente Ahmadinejad nuevamente tenía planeado visitar Brasil, pero la anulación de esta gira se produce después de la intervención del mandatario persa en la Conferencia Mundial contra el Racismo, celebrada en Ginebra, en abril de 2009, donde tras las fuertes críticas y amenazas a Israel y la reiteración de su negación del holocausto, se produjo el retiro de los delegados de la Unión Europea. De este modo, podríamos suponer que una visita del mandatario iraní a Brasilia, en ese contexto, no habría sido muy conveniente para el gobierno brasilero. Sin embargo, la razón emitida  por la cancillería iraní en Brasil afirmó que la cancelación se debió a que el presidente iraní debía cumplir compromisos internos relacionados con las elecciones presidenciales de junio del mismo año.

 

En octubre de 2009 se anunció que el presidente Lula recibiría a Ahmadinejad en noviembre del mismo año, en tanto que Lula visitaría Irán a principios de 2010. Al mismo tiempo, se señaló que como parte de esta visita, Brasil acordaría suprimir visas a los ciudadanos iraníes que visiten el país sudamericano, con lo cual este país se convertiría en uno de los pocos del mundo que no exige visa a los iraníes. Hay que mencionar que este anuncio se produce después de que se descubriera una segunda plataforma secreta de enriquecimiento de uranio por parte de Irán y después que este país hiciera dos ensayos con misiles de un alcance aproximado a 2.000 kilómetros.

 

La visita del presidente Ahmadinejad a Brasil causa profunda preocupación a Estados Unidos, Israel y las comunidades judías de todo el mundo y es objeto de preocupación por parte de importantes sectores del mundo brasilero. Estados Unidos teme que Brasilia, lo mismo que Caracas, pueda establecer acuerdos nucleares con Teherán, aunque esta posibilidad haya sido negada por el gobierno brasilero. El gobierno de Obama envió en octubre de 2009 a un representante especial de la Casa Blanca para Asuntos de No Proliferación Nuclear, con el fin de que Brasilia aceptase el protocolo adicional del año 1997 del Tratado de No Proliferación Nuclear, el que permite inspecciones no programadas de la Agencia Internacional de Energía Atómica sobre la capacidad de enriquecimiento de uranio. Brasil, bajo el argumento de que su Constitución prohíbe el desarrollo de armas atómicas, se ha negado a suscribir este protocolo.

 

Israel y el mundo judío, por su parte, recuerdan la responsabilidad de Irán en los atentados de Buenos Aires en 1992 y 1994. El presidente de Israel, Simón Peres, en visita a Argentina y Brasil durante el mes de noviembre de 2009 expresó a las autoridades brasileras y al propio presidente Lula Da Silva su profunda preocupación por la visita del presidente iraní. Hay que recordar que en octubre de 2006, un dictamen de la justicia argentina acusó al gobierno iraní de la época del atentado contra la AMIA (1994), señalando la responsabilidad de las más altas autoridades iraníes por este ataque, encabezadas por el entonces presidente iraní (1989-1997), Ali Rafsanjani. El actual gobierno de Irán, presidido por Ahmadinejad, reaccionó desconociendo el fallo y amenazando con demandar a Argentina por esta resolución.

 

            Diferentes sectores de la población brasilera han también realizado protestas en contra de la visita del presidente iraní, encabezados por minorías sexuales y movimientos feministas que observan cómo son violados los derechos humanos de estos grupos en el país persa. Sin embargo, el  presidente brasilero ha defendido la visita, señalando que es necesario dialogar con todas las facciones políticas y religiosas y, en este sentido, ha mencionado las anteriores visitas, también durante el mes de noviembre, de los presidentes de Israel, Simón Peres, y de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmous Abbas. 

 

Los aliados de Chávez en la región, representados por Bolivia, Ecuador y Nicaragua, en menor o mayor medida, han seguido los pasos del mandatario bolivariano en sus relaciones con Irán, aumentando los vínculos comerciales, inaugurando relaciones diplomáticas, estableciendo cooperación energética, promoviendo las visitas presidenciales bilaterales, manteniendo una agenda en común que busca hacer frente a la presencia estadounidense y apoyando, con diversos matices, los planes nucleares de Irán. Brasil había tomado una mayor distancia con respecto a Irán. Sin embargo, esta visita podría cambiar la posición de Brasilia, acercándola a la de los países bolivarianos.

 

Estas relaciones y, en especial la visita del presidente iraní al país más grande de la región, adquieren especial preocupación para Estados Unidos, para Israel, para la Unión Europea y para las comunidades judías de todo el mundo, por dos razones principales. Primero, Irán ha llevado a cabo un programa de enriquecimiento de uranio, que ha sido condenado en el marco de la Organización de Naciones Unidas, pero que sin embargo ha sido defendido por los miembros fundadores del ALBA. Segundo, Irán y el movimiento pro iraní Hezbolá,  han sido responsabilizados de los ataques realizados en Buenos Aires, en contra de la Embajada de Israel (1992) y en contra de la AMIA (1994).

 

Adicionalmente, la presencia de Irán está relacionada con aspectos militares y estratégicos, cuyas consecuencias, tanto para el Medio Oriente como para la región latinoamericana, podrían ir en tres direcciones. En primer lugar, los yacimientos de uranio que existen en esta parte del mundo podrían eventualmente servir a Irán para promover su programa de energía nuclear más allá de fines meramente pacíficos. En este sentido, pueden explicarse en parte la importancia que Teherán ha dado a la suscripción de acuerdos de cooperación en este ámbito.

 

En segundo lugar, el establecimiento de vínculos militares – como la presencia de radares y equipo militar iraní en la frontera de Ecuador con Colombia o la eventual participación de Guardianes de la Revolución Iraní en la policía venezolana – puede ser un detonante de conflictos entre países sudamericanos que comparten visiones opuestas tanto en el campo ideológico como en el de la seguridad militar y regional.  Estos lazos en el ámbito militar son todavía más significativos dado el quiebre de relaciones diplomáticas entre Ecuador y Colombia, las volátiles  relaciones entre Venezuela y Colombia, y la presencia de la FARC en un territorio que sobre pasa los límites colombianos.

 

En tercer lugar, la presencia de Irán en América Latina ha implicado, de un modo u otro, importar los conflictos del Medio Oriente a través de una posición compartida por países del ALBA, que es marcadamente antiestadounidense, antiisraelí y antisionista. En este sentido, cabe mencionar los múltiples incidentes antisemitas registrados en Venezuela, así como el rompimiento de relaciones diplomáticas de Bolivia y Venezuela – dos de los aliados regionales de Irán - con Israel en enero de 2009, por el conflicto entre Israel y Gaza.

 

Hasta el momento, Brasil ha mantenido una postura pragmática, manteniendo buenas relaciones con Washington y no adhiriendo en forma explícita al eje Caracas – Teherán. La pregunta que quedará por despejar es si Brasilia se sumará a este eje o seguirá adoptando una postura de pragmatismo. No sabemos todavía los alcances que tendrá la visita del presidente Ahmadinejad a Brasil. Lo cierto es que ella se produce en un contexto en que las seis grandes potencias (Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido, Francia y Alemania) que negocian con Irán en relación con su programa nuclear han expresado su decepción por la falta de un diálogo y una respuesta serias por parte de Teherán, quien por el contrario, ha iniciado cinco días de ejercicios bélicos que cubrirán dos tercios del país, maniobras precedidas por nuevas amenazas de atacar a Israel.