Reconstrucción

por Eduardo Hadjes Navarro

Queridos amigos, ya pasado el pánico, ante la fuerza desatada de la naturaleza, el estupor y dolor, ante la magnitud de la tragedia, ocurrida a tantos y tantos compatriotas, a lo largo de nuestra querida patria, viene una nueva etapa, “la reconstrucción”

Creo que en esto, todos estaremos de acuerdo. Llegó el momento de mirar adelante. Dejar las críticas, las funestas imágenes de bandas desaforadas, aprovechándose de la desgracia ajena, saqueando todo lo que encontraban a su paso, sea un supermercado o un pequeño negocio, la casa de un magnate o de un modesto poblador. Ya llegará el momento en que podamos dedicarnos a estudiar este fenómeno, impensado para un Chile ad portas de pasar a la modernidad y al “primer mundo”.

El gran cambio, se inició con ese espectáculo maravilloso que fue el acto solidario visto el viernes 5 y sábado 6 de Marzo, llamado “TELETÓN”.

Chile dio un salto, más espectacular que el obligado por la fuerza de la naturaleza, durante el sismo mismo y dijo PRESENTE.

Creo realmente, que este acto solidario, tiene una trascendencia aun no valorada en toda su magnitud. Un pueblo aparentemente caído y derrotado, saca fuerzas de su propio dolor y, no sólo se pone de pié. Da un salto inimaginado, incluso para el más optimista de sus organizadores.

Todo Chile y cada chileno, es el héroe anónimo de tal proeza. No daré nombres, ni siquiera el de su extraordinario promotor, conocido y sabido su nombre, capacidad y don organizador, no sólo por los chilenos, sino que a nivel mundial, como quedó demostrado con la participación de tantos artistas de fama internacional. Efectivamente, no daré nombre alguno, ya que esta Teletón demostró, en forma irrefutable, el temple del pueblo chileno.

Ese es el auténtico espíritu nuestro. Solidario ante el dolor, como difícil se podrá encontrar en otros lugares. El verdadero roto chileno, que tanto nos llenó de orgullo en tiempos pasados, lo vimos renacer, pujante, imparable y dispuesto a superar cualquier meta que se ponga, no importando el sacrificio que deba hacer.

Ese roto chileno, estuvo conformado por ti, por mí, por aquel. En resumen, por cada uno de los que no tuvimos problema en hacer largas colas, con tal de entregar nuestro aporte solidario. La cuantía de este, pasó a ser secundario. Lo único que importaba, era que estaba acorde a nuestras posibilidades, a las de cada uno de nosotros, sin importar que en muchos casos, estoy convencido, este puede haber llegado a significar un verdadero sacrificio.

Aquí, no hubo distinción de clase social o situación económica. Religión o afiliación política. El empresariado, nos dio un ejemplo impensado. El empleado, el dueño de una pequeña, mediana o gran empresa. El profesional y el obrero. Todos, nos unimos en torno a un solo ideal: “LA SOLIDARIDAD”

Este, fue un paso trascendental. Se había dado inicio a nuestra reconstrucción moral, tan gravemente dañada por la actitud inicial de unos pocos, al entregarse desenfrenadamente a actos vandálicos, ajenos a nuestro quehacer diario. Lo que parecía incurable, se transformó en una muestra y ejemplo, difícil de igualar. Al demostrar el temple del que estamos hechos los chilenos, lo más difícil se había iniciado. Cambiar nuestro aprecio a nosotros mismos, como nación, como pueblo, como ciudadanos.

Esta era, a mi juicio, lo más difícil. Una vez superado esto, lo que viene por delante, la reconstrucción material, será posible, gracias a nuestros nuevos gobernantes, los cuales, estoy convencido y que estarán asumiendo seguramente mientras tú lees este comentario, lo harán realidad y, con la demostración de grandeza ya entregada por todos nosotros, el resto será cosa de tiempo, paciencia, sacrificio y empeño de todos. Nuevamente, cada uno en lo que le corresponde y está su alcance.

Pueda ser que así como el mundo se horrorizó frente a las primeras imágenes tan negativas que se le mostraban, al proyectar lo más bajo de los sentimientos a los que puede llegar un ser humano, ahora se sorprenda ante la magnitud de la grandeza nuestra, que supo derrotar, en tan sólo 24 horas, lo que unos pocos trataron de imponernos