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Los judíos de Amsterdam
por Alicia V. de Benmergui
Cuando la hija de los Reyes Católicos,
Juana La Loca,
se casó con
Felipe
el Hermoso, el heredero del Sacro Imperio
Germánico, ese casamiento le permitió a su hijo Carlos II, luego
Carlos V de España, recibir como legado, uno de los mayores Imperios
que conoció la historia.
Ese Imperio “donde nunca se ponía el sol” contaba
entre sus integrantes a los Países Bajos, quienes durante el reinado del rey
Felipe II, fuertemente instalados en el protestantismo calvinista, se rebelaron
contra el intolerante catolicismo español.
En 1568 con la declaración de la independencia de
los holandeses comenzó una guerra que duró ochenta años.
En 1492 España había expulsado a su población
judía. Muchos de los judíos emigraron a Portugal, el refugio más cercano y
accesible para ellos.
Sin embargo, allí terminaron padeciendo más de lo
que lo habían hecho en España, con el bautismo forzado al que fueron sometidos
en 1496.
Cien años más tarde sus descendientes, perseguidos
por la Inquisición, que deseaban vivir libremente como judíos, se dirigieron a
la ciudad de
Amsterdam, liberada ya de la intolerancia religiosa de la
monarquía española, estableciéndose allí, además de hacerlo en otras regiones
de Europa.
En esa ciudad se creó una nueva
comunidad de judíos sefardíes, que creció rápidamente con características muy
peculiares. Estos judíos de origen portugués y de tradición sefaradí navegaron
los mares del mundo, muchos de ellos hicieron grandes fortunas y fundaron
nuevas comunidades en Inglaterra, el Caribe, llegando hasta la Colonias
Inglesas.
*Los vecinos judíos de Reembrandt
Pensar en
Amsterdam,
recorrerla es recordar que los judíos Rodrígues, da Costa, Bueno, Nunes,
Osorio, vivieron allí. Cerca del lugar en que vivió Rembrandt estuvo el hogar
de Manuel Lopes de Leon, de Henrico d’Azevedo y de David Abendana.
Daniel Pinto vivió en la puerta que se hallaba al
lado de la casa del pintor. Al otro costado de la casa de Rembrandt, en el No.
6, vivía Salvador Rodrígues, que era un mercader.
El rico
Isaac de Pinto
tenía una gran casa donde vivió hasta 1651, cuando se compró otra aún más
grande, por la misma zona. Cercano a él estaba Abraham Aboab.
El padre de Abraham era el dueño de la casa de los
hermanos Samuel y Jacob Pereira, los mismos mercaderes que le alquilaban parte
del sótano de su casa a Rembrandt. También vivía por allí el mercader Bento (o
Baruch) Osorio. Era uno de los más ricos residentes de la zona. Frente a él,
sobre uno de los costados de la casa de Reembrandt vivía Antonio da Costa
Cortissos.
En 1639, Cortissos generosamente, vendió un pedazo
de su jardín para que en esa vecindad fuera construida la sinagoga. Saúl
Levi Mortera, un sabio rabino y antiguo secretario de Elías Montalto, vivía
justo cruzando desde la casa de Daniel Pinto. Menasseh ben Israel, también
rabino y posiblemente uno de los más famosos judíos europeos, vivía en Nieuwe
Houtmarkt, sobre la isla Vlooienburg. Entre ellos, sobre la Houtgracht y a una
manzana de la casa de Rembrand vivía
Miguel d’Espinoza
(o de Spinoza). Su hijo,
Baruch, se convirtió en uno de los filósofos más
radicales y denigrados de todos los tiempos pero solamente luego de haber sido
expulsado permanentemente -con gran prejuicio -de la comunidad judía de
Amsterdam por sus “herejías abominables” y sus “actitudes monstruosas.”
Toda esta gente, a excepción del rabino
Mortera, era sefaradí. Los nombres españoles y portugueses eran muy
visibles para sus vecinos, pese a que vestían, peinaban y se arreglaban como
holandeses, lo mismo que sus apellidos que también fueron transformados en
holandeses con fines comerciales.
Por eso José de los Rios llegó a llamarse
Michel van der Riveren, mientras que Luis de Mercado fue conocido como Louis
van der Markt para protegerse de las persecuciones. Sus casas estaban
construidas en estilo holandés, y ellos se enorgullecían de su habilidad para
pasar por típicos burgueses en su nueva patria. Pero nadie se confundía,
trajeron con ellos un sabor cultural diferente y extranjero a Breestraat.
Vlooienburg
(Bloomsburg) fue entonces, no solo el centro del mercado de artes y cosas
usadas. Era también el corazón del mundo judío de Amsterdam. Y Rembrand se mudó
justo allí, en ese centro. Cada casa inmediatamente contigua o de enfrente a la
suya, estaba ocupada por un judío. Y la mayoría de las casas de esa manzana
sobre ambos lados de la calle eran de judíos. Desde el frente de su casa él
podía ver la ventana del Rabino Mortera; y desde el piso de arriba de su casa
tenía una visión de la sinagoga de la comunidad.
El no podía charlar con los chicos de las familias
judías que pasaban por su casa a la mañana, parloteando en portugués en su
camino a la escuela. Los viernes temprano podía oler el aroma de las comidas
españolas que sus vecinos preparaban para el Shabat.
*Los judíos ashkenazim llegan a
Amsterdam
Los judíos
ashkenazim
llegaron
luego, sobre todo huyendo de Polonia y de las tierras germánicas, escapando de
las penurias y la miseria ocasionada por la Guerra de los Treinta años y de los
terribles pogroms llevados a cabo por las hordas de Chmielnicki durante la
rebelión de los cosacos en Polonia entre 1648 y 1649. Las guerras de los
polacos contra los rusos y los suecos destruyeron numerosas comunidades judías
en Europa Oriental. Las diferencias de condición y de clase entre ambos grupos judíos
fueron muy profundas y evidentes. Los sefardíes eran gente acaudalada con un
elevado nivel de educación, mundano y refinado en tanto que los ashkenazim eran
extremadamente pobres, de condición marginal aun en sus comunidades de origen,
pocos de ellos sabían leer y escribir algún otro idioma que fuera el
idisch o el hebreo.
Impedidos de unirse en gremios, los
ashkenazim se dedicaron a trabajar para su sustento en
tareas despreciadas por los sefaradim- el comercio minorista, la nueva
manufactura del tallado de diamantes y las actividades como prestamistas. Las
distinciones entre las dos ramas judaicas eran muy visibles, los sefaradíes
grababan sus cubiertos y objetos ceremoniales con sus escudos de armas. Una
estampa del siglo XVIII muestra a uno de sus rabinos usando un turbante.
Con el curso de los años las cosas fueron
cambiando, a comienzos del siglo XVIII la comunidad portuguesa se había estancado,
las condiciones económicas se habían tornado dificultosas, los problemas
financieros se agudizaron y numerosas fortunas se habían esfumado con la
bancarrota.
Pero a lo largo del siglo XVIII la situación
económica continuó agravándose, en 1763 y 1772-1773 hubo crisis económicas muy
graves que afectaron aún más a la comunidad.
La Revolución Francesa y la proclamación de la
República de Batavia en 1796 cambiaron radicalmente las cosas.
En 1796, la Asamblea Nacional, libre y directamente
elegida por los habitantes de las Provincias Unidas estableció que desde ahí en
adelante los judíos serían ciudadanos holandeses, habían logrado así su
Emancipación.
Las comunidades, tanto ashkenazies como sefaradíes
se habían dividido entre los sectores dominantes ricos y poderosos y otro grupo
progresista también, integrado por miembros de ambas comunidades que lucharon
por los derechos de los nuevos ciudadanos.
*Emancipación e integración del judaísmo
holandés
Fue así que los judíos, en 1848, pasaron a formar
por primera vez, parte del gobierno de la ciudad y de la Asamblea Nacional. Los
judíos de Amsterdam eran el diez por ciento de la población, no obstante ya
contaban con varios representantes que pertenecían al partido liberal, el único
no religioso que buscaba la emancipación para todos los sectores de la sociedad
holandesa.
En principio solo los más ricos podían votar,
recién en 1918 los holandeses tuvieron el sufragio universal. Cuando el heredero
Guillermo I fue coronado como rey de Holanda, luego de la derrota de Napoleón,
una de las primeras medidas que tomó fue destinada a lograr la
asimilación de ambas congregaciones y su total unificación.
En el siglo XIX las diferencias se desdibujaron y
la influencia holandesa se hizo más visible en ambos grupos, los representantes
comunitarios pueden verse en una imagen utilizando los tradicionales suecos
holandeses de madera. La tradicional mesa de Pesaj que terminaba siempre con
las palabras “El año que viene en Jerusalem” introdujo un nuevo término
relacionado con el sionismo.
El movimiento para la creación de un
Hogar Nacional Judío se desarrolló desde sus inicios en Holanda a
través de los esfuerzos de los socialistas e intelectuales no religiosos.
*Los Judíos de Amsterdam y su vida
cotidiana
Hacia fines del siglo XIX los primeros judíos se
instalaron en un nuevo vecindario de Amsterdam. En 1886 estos judíos crearon la
sociedad
"Hulpe
Israëls" (la ayuda de Israel) en 1892 esta
sociedad creó su propia sinagoga en Gerard Dou 238.
Hasta la Segunda Guerra Mundial la
Sinagoga de Gerard Dou creció. Era conocida como el lugar donde
intelectuales y rabinos rezaban junto a los trabajadores.
En Rosh Hashaná de 1943 la sinagoga brindó su
último servicio de los años de guerra. Escondida entre dos casas en la angosta
calle de Gerar Dou la sinagoga permaneció oculta a los ojos de los nazis, el
edificio sobrevivió a la guerra.
El primer servicio en Holanda después de que la
Segunda Guerra Mundial fue llevado a cabo en la sinagoga de la calle de Gerard
Dou en la segunda mañana de Shabbat después del 5 de mayo de 1945. En ese
tiempo fue la única sinagoga ashkenazi que puedo ser usada en Amsterdam.
La exposición en el
Museo Judío de Amsterdam muestra colecciones de postales de fotos,
retratos, gráficos e impresos que ofrecen una cabal imagen de la diversidad.
Las tarjetas postales muestran un barrio de la Amsterdam judía, también exhiben
las sinagogas de las ciudades y pueblos de toda Holanda.
Los retratos (en vidrios oscuros) estaban hechos
por el Estudio de Jacob Merkelbach, donde las celebridades holandesas y los
ciudadanos influyentes se habían hecho retratar.
Los comerciantes de diamantes en Amberes y de otros
lugares venían a reclutar a los cortadores y los pulidores de la comunidad
judía de Amsterdam que era sinónimo de habilidad y especialización en esas
tareas.
La industria judía del diamante floreció a través
de todo el siglo XIX, llegando a ser una de las principales industrias de
Amsterdam, se lo llamó el “Período del Cabo”. A fines del Siglo XIX el tradicional barrio judío de Amsterdam estaba formado por la unión de las dos antiguas comunidades, eran casi todos pobres y estaban totalmente integrados a la sociedad holandesa desde la conservación de su identidad judía.
*El Fútbol, el Ajax y el Gueto Judío
de Amsterdam
El
Ajax
era
el equipo del
Gueto
del Amsterdam. Cada domingo, los puestos del
pintoresco y animado mercado judío (parecía Calcuta, más fría), cerraban más
temprano, porque necesitaban ir derecho al estadio. El partido era un flamear
de banderas, algunas con los colores del
Ajax y la Estrella de David que era llamada la estrella del Ajax. Luego
llegaron los cazabombarderos de Hitler que destruyeron Rotterdam provocando 900
muertos: Holanda se rindió dos días después.
Kuper,
un periodista de familia judeo holandesa, nacido en Uganda, escribe en el
Financial Times y en
The Observer.
Es un gran apasionado del fútbol. y autor también del libro
Football contra los enemigos (2003). Ha escrito un libro extremadamente
interesante y conmovedor: El
"Ajax, el equipo del gueto" subtitulado
“El fútbol y la Shoa”, en él, Kuper quiere desmitificar el mito
de la Holanda “buena” que se opuso con coraje a los nazis.
Ha elegido contar el Holocausto desde un ángulo
particular, aquel del football, instrumento que Hitler y Mussolini utilizaron
para su propaganda. La belleza del libro se halla en la cuidadosa investigación
de testimonios y episodios que la memoria colectiva holandesa ha cancelado o ha
dejado depositada en los casetes.
No es muy habitual encontrar la historia de la Shoá
y temas sobre el antisemitismo del modo tan original y atractivo como se ha
hecho contando la historia de un club de fútbol.
Ese es el mérito que tiene el libro escrito
por Simon Kuper. Utilizar una ciencia social como es la historia, con todas las
garantías que ofrece el método de la disciplina, para abordar el tema que
le preocupa
Nos estamos refiriendo a los seguidores del
Ajax, el equipo de Ámsterdam que acostumbran auto
designarse como judíos, “judíos
de Dios”, suelen usar el
Maguen David como uno de sus distintivos y lo que es mucho más
llamativo y provocativo, por lo menos para el público que no quiere a los
judíos, es la presencia de los fanáticos portando la bandera de Israel.
Simón Kuper
Es un historiador, graduado en Oxford, apasionado
del fútbol y periodista del
Guardian, también es un periodista deportivo que ha
trabajado durante tres años alrededor de este extraño silencio y luego de un
primer ensayo publicado por una revista holandesa ha publicado un libro
apasionante y despiadado.
“El fútbol – ha descubierto Kuper – ocupa el lugar donde estuvieron el
Holocausto y la vida cotidiana”.
Durante la ocupación nazi cerca de tres cuartos de
los judíos holandeses desaparecieron en los campos de concentración, pero la
zona gris de la complicidad y la colaboración fue mucho más amplia de cuanto se
cree y es una de las cuestiones que sostiene y le preocupan a Kuper: las
Estrellas de David que flamean en el estadio por el
Ajax son en realidad el testimonio (aunque del todo
involuntario, pero por esta razón mucho más significativo) de una realidad
histórica que hasta hace mucho tiempo ha sido negada, dejada de lado, o peor,
enmascarada detrás de la figura de
Anna Frank
y el mito de la tolerancia holandesa.
Ver ondear una bandera con la Estrella de David en
un estadio europeo de fútbol es muy sorprendente cuando se recuerdan las cruces
célticas y los coros antisemitas comunes entre los grupos de fanáticos de
ultraderecha.
Esto también está muy relacionado con la historia
de Amsterdam, cada vez que juega el Ajax, pero no solo allí. Los fanáticos
blanquirojos, o la hinchada como se dice en la Argentina, comparten la elección
de este símbolo singular (futbolísticamente hablando) con los del Tottenham Hotspur
– que también se definen"Yidn", judíos en idish.
Pero mientras estos últimos pueden
reivindicar un lazo con la comunidad judía que vive en la zona de su club, al
norte de Londres, la historia oficial del Ajax no tiene nada que ver con la de
los ingleses, tanto por la práctica del fútbol total que realizan así como por
las costumbres algo relajadas de las grandes estrellas del equipo, comenzando
por la más conocida de ellas, Johann Crujff.
*LOS JUDIOS Y EL FUTBOL
En los años treinta el
Ajax
era el equipo más amado por los judíos de
Amsterdam. El tranvía pasaba por el gueto, llevaba a los vendedores de telas y
de diamantes, junto a los hijos, sobrinos y nietos para hinchar por el equipo
de la buena burguesía ciudadana. El ala izquierda era
Eddie Hamel (ver foto), un judío neoyorkino, excelente
jugador, bello y valiente, del estilo de Beckam, era un motivo más para pasar
el domingo en el estadio.
En 1940, la Ocupación nazi puso fin también a esto.
Hamel
(que en aquella época ya había dejado el equipo)
murió en Auschwitz, y con él tantos de sus hinchas.
También fue deportado y asesinado el legendario
primer periodista y relator radial de fútbol de Holanda que había comenzado
carrera en estadio olímpico de Amsterdam en marzo de 1928, el judío
Han Hollander
Leer y hablar sobre una tragedia tan terrible desde
la historia de un equipo de fútbol nos permite analizar la Shoá desde una
visión diferente pero no menos importante y necesaria.
Muy valiosa por su capacidad desmitificadora acerca
de hechos escasamente tenidos en cuenta al investigar sobre el pasado próximo.
Ciertamente el colaboracionismo de muchos holandeses no fue detenido por la
pertenencia a la misma camiseta: los nombres de otros jugadores del Ajax de
aquella época, aparecen entre aquellos que estaban inscriptos en el partido
nazi, entre los delatores, o entre los simples entregadores de judíos que
se quedaron con sus bienes.
En el archivo de otro equipo de la época, el
Sparta Rotterdam, Kuper descubrió el rostro burocrático y eficiente
del Holocausto: son las cartas, diferentes pero despiadadas, con las cuales se
comunicaba a los socios judíos que en razón de las nuevas leyes su afiliación
al club había sido cancelada.
Entre los documentos se destaca un gran cartel –tal
vez conservado por esa razón – con las palabras
“Prohibido a los Judíos”, que se colgaba sobre la puerta del estadio.
También en Italia los dos entrenadores de los
equipos más importantes del período fueron obligados a dejar sus puestos a
causa de las leyes raciales.
Arpad Weisz,
el judío húngaro inventor del Bologna "que hizo temblar al mundo” fue
licenciado poco después del comienzo del campeonato 38-39.
Weisz fue el mejor entrenador de fútbol antes los años
treinta y le hizo ganar tres scudettos al gran equipo de Bologna. Era húngaro
de nacimiento, descubridor de Meazza e inventor de la figura moderna del
entrenador,
Weisz tuvo una historia personal
extraordinaria y dramática. Judío, fue obligado a abandonar Italia en 1938 por
las leyes raciales, junto a su mujer, también ella judía y a sus dos hijos.
Luego de una larga y desesperada fuga por Europa a la búsqueda de un escondite
los Weisz fueron capturados en 1942 en Holanda. Luego fueron llevados al campo
de concentración: primero a Westerbork, luego a Auschwitz. donde fueron asesinados
los cuatro.
A comienzos de los años sesenta, la reconstrucción
de lo que convirtió al Ajax en uno de los equipos más conocidos del mundo
estará necesariamente relacionado con algunos personajes profundamente
afectados por aquella tragedia: el presidente
Jaap Van Praag,
un negociante de discos judíos, que escapó de las razzias nazis porque estuvo
escondido durante dos años en el sótano de un fotógrafo;
Maup Caransa, también judío, pero salvado por su matrimonio con
una mujer católica. Y los hermanos
Freed y Wim Van Der Mejiden, dos empresarios inmobiliarios, más conocidos con
el nombre de los "constructores del bunker" por sus servicios
prestados a los nazis y por haber sido procesados luego de la liberación.
Es un extraño terceto, pero explica bien los
motivos del silencio oficial del Ajax sobre la Estrella de David en manos de su
hinchada: el puñetazo recibido por los holandeses en la posguerra en su
enfrentamiento con su propio pasado bajo la ocupación nazi. "Un equipo de fútbol es como
una familia" – escribe Kuper – y esto es
particularmente cierto para aquellos que no tienen una propia.
No quedaban muchas familias judías luego del
Holocausto. Huérfano de padre, también
Johann Crujff
fue “adoptado” por el Ajax. No es judío, en todo caso lo es por la parentela
adquirida, su mujer es judía, pero un rumor, todavía popular en Israel (donde
el Ajax es amadísimo) afirma que es judío.
La leyenda del
"equipo judío" ha nacido ahora, se ha difundido y permanece –
siempre más lejana de sus raíces históricas - testimoniando de alguna manera,
el sentido de la comunidad perdida - el eclecticismo y el genio, siempre
presente en la psicología del Ajax en el campo de juego. También trágicamente
reaparecido en el antisemitismo vulgar, con la imagen guerrera que caracteriza
ahora los coros de la ultraderecha del
Feeyenord,
el equipo de Rotterdam, acérrimo enemigo de los blanquirrojos que hacen rimar
la
s……..de
gas con la palabra Hamas.
Para alguna gente, especialmente para la dirigencia
del Ajax esto estimula el racismo y el antisemitismo, especialmente de los
rivales y oponentes del equipo, el
Feyenoor,
que siempre recibe a sus rivales con una especie de silbido que es una burla
que alude a los hornos de Auschwitz y que rima con Hamas.
Por otra parte, para aquellos sobrevivientes de la masacrada
comunidad judía de Amsterdam y muchos de sus descendientes esto es una ofensa y
una burla. Les disgusta que esta especie de
hooligans vistan y usen distintivos judíos que no les
pertenecen, les ofende y disgusta. En tanto que para los israelíes y los judíos
de otros lugares no solo no es ninguna ofensa, les agrada que los más
importantes símbolos judíos sean exhibidos en los campos de fútbol, donde el
racismo, el antisemitismo y la xenofobia son un tema de mucha actualidad.
Así las cosas, y con la dirigencia del Ajax negando
cualquier conexión judía con el pasado del club, hay quienes no piensan lo
mismo y se dedicaron a la búsqueda de la verdad.
Esa verdad que oculta mucho dolor y amargura,
especialmente la de la muy antigua comunidad judía holandesa, la de Amsterdam
muy especialmente y el terrible destino que representó para ellos, el
surgimiento del nazismo y la invasión alemana a su país.
Es recordar, que el partido nazi holandés fue
el que mayor número de adherentes tuvo fuera de Alemania. Y que la bondad y la
solidaridad de la gente que ayudó a la familia Frank y sobre todo a la célebre
Ana, no sirven para exculpar y librar por lo menos del juicio moral que les
cabe, a quienes fueron cómplices de los nazis, tan asesinos como ellos, a
quienes delataron, entregaron y robaron a sus conocidos, vecinos y
conciudadanos judíos.
En números anteriores hemos contado la vieja
historia del barrio judío de Amsterdam, donde vivió Rembrand y de quienes
fueron sus vecinos, sobre el olor de la comida española que flotaba en el aire
los viernes a la mañana. También hemos contado como luego llegaron los
azkenazim y finalmente ambas comunidades quedaron entremezcladas (Números
19,20,21,22 de
MILIM
Revista Digital-ver
www.milimcultural.com.ar
).
Gran parte de esa comunidad fue asesinada en la
Shoa. Admiradores y seguidores del Ajax, el equipo del lugar amado por la mayor
parte de los habitantes de ese barrio. Esos judíos, producto de la
Emancipación, se dedicaban a la práctica de los deportes, integrándose a todas
las expresiones de la vida cotidiana europea, en todos aquellos lugares donde
les era permitido hacerlo, uno de esos lugares fue Holanda. En el
Segundo Congreso Sionista,
Teodoro Herzl,
el primer sionista moderno instó a los judíos a ejercitar tanto sus músculos
como su mente. En tanto que
Max
Nordau llamó a los judíos a desarrollar la
musculatura, a cultivar las actividades físicas para lograr un “judaísmo
muscular”.
Aunque no eran muchos los que podían ser socios,
pues eran extremadamente pobres, no tenían ni el dinero ni el tiempo necesario
para poder asociarse. Los precios de la vestimenta de un jugador eran
inalcanzables para los chicos de esa época. Sin embargo y gracias al testimonio
de Cuper nos enteramos de que en los años 20, el Ajax estaba empapado de
cultura judía. “Una fiesta de celebración por un campeonato tuvo lugar en el
teatro de Abraham Tuschinski, con música de Max Tak".
Los partidos del Club eran usualmente programados
en el
Café
d'Ysbreeker, el lugar de reunión de los judíos
socialistas. La revista del club Ajax - Blauw Wit que fue presentada por
primera vez el primero de enero de 1918, en el Teatro Centra, estaba escrita
por
Leo
Lauer, un periodista judío del principal
diario judío de los domingos el Cetem. La mayor parte de los vendedores del
estadio del Ajax eran judíos. . . Pero en el este de Amsterdam las únicas
organizaciones sin cultura judía eran el partido nazi holandés NSB y las iglesias.
. Egon Erwin Kirsch, un periodista de Praga escribió una vez: 'Amsterdam es la
ciudad de los judíos y las bicicletas'".
En su libro
Simón Cuper
sostiene que negar el pasado judío del Ajax, es fundamentalmente negar la
existencia de toda aquella alegre y fervorosa judería seguidora del Ajax que ha
sido asesinada. Del barrio judío casi no ha quedado nada, y no hay
judíos que aún vivan allí. Los pocos seguidores del Ajax que han sobrevivido al
exterminio, viven en Israel o en otra zona de Amsterdam.
Todos recuerdan que ese barrio los domingos se
convertía en un bazar adonde llegaba la gente de toda la ciudad para comprarles
a los judíos, quienes a la hora del partido cerraban sus negocios y acompañados
de sus chicos se dirigían como podían al partido que jugaba el Ajax.
Los judíos fueron seguidores del Ajax porque
formaba parte de sus vidas, de su barrio, porque allí compartían con los no
judíos, con los otros su identidad holandesa, en la que se sentían
perfectamente integrados.
También existe el vínculo afectivo existente entre
la población israelí por todo lo holandés y en particular por su fútbol y su
desconocimiento de las crueldades cometidas con los judíos del barrio de
Ámsterdam. Esos leales y amantes seguidores del Ajax que fueron perversamente
olvidados y traicionados por aquellos con quienes habían compartido sus vidas y
aficiones. Kuper quiere desmentir el mito de la Holanda “buena” que se opuso
con coraje a los nazis y salvó (“casi”, escribe con amarga ironía) a Anna Frank
y a otros tantos judíos.
En verdad, de los 140.000 judíos que vivían
en los Países Bajos antes de la invasión nazi, otros cien mil perdieron la
vida. Los judíos fueron arrestados por complacientes policías holandeses. Otros
entusiastas ferroviarios los pusieron sobre los trenes que los llevaron a los
campos de exterminio.
Eichman durante el proceso de Tel
Aviv de 1961, dijo que se había sentido muy satisfecho por el trabajo preciso y
puntual de los holandeses.
Anna Frank fue capturada por tres policías holandeses y un
alemán, por la delación de otro vecino holandés. Uno de los tres policías
responsables del arresto continuó tranquilamente desarrollando su trabajo hasta
1980.
Holanda fue “cobarde y ambigua” durante la
ocupación, esa es la tesis de Kuper. Como lo demuestra la reticencia a
hablar sobre las vicisitudes del fútbol, el mejor ejemplo de lo que afirma:
atletas, socios de clubes, obligados de un día para el otro a dejar su equipo y
desaparecer. Muchos jugadores judíos, algunos célebre titulares de la camiseta
nacional, tuvieron un horrible final.
Durante la ocupación nazi, cerca de tres
cuartos de los judíos holandeses desaparecieron en los campos de concentración,
pero la zona gris de la complicidad y la colaboración fue mucho más amplia de
cuanto se cree.
Algunos de ellos también son sobrevivientes, y
fueron ayudados y protegidos por los buenos holandeses. También ellos
existieron, fueron los que mantuvieron la moral y la ética con riesgo de su
propia vida, fueron los que no adhirieron al nazismo ni se refugiaron en
la indiferencia.
Ciertamente el pasado del Ajax está
profundamente relacionado con el pasado del barrio judío, con Amsterdam misma,
a quienes los judíos llamaban Mokum en idish, la “ciudad” o “el lugar”.
Amsterdam fue el hogar de la mayoría de los judíos holandeses y el centro de la
cultura judía en los Países Bajos. Pero el vínculo de los judíos con el Ajax no
solo se remonta a los años anteriores a la guerra.
En los años sesenta, el club tuvo un
presidente judío que le devolvió viejas glorias pasadas. Este fue
Jaap van Praag, cuyo apellido traducido al holandés significa
"el que llegó de Praga", él, como casi la mayoría de los judíos,
encontró el seguro refugio que a lo largo de los siglos Amsterdam ofreció a los
judíos perseguidos que llegaron desde todas partes. Hasta que los nazis
invadieron Holanda. . .
No volvió ninguno de los 1000.000 deportados a los
campos de concentración.
Jaap
van Praag, que murió en 1987, tuvo que vivir
escondido por un número de años durante el nazismo y sobrevivió apenas a ese
capítulo oscuro en la historia del mundo.
Su hijo
Michael van Praag
le devolvió los laureles al club en los años noventa. Los fanáticos del Ajax no
obstante llamarse judíos y utilizar banderas israelíes y usar tatuajes del
Maguen David, escuchan los cánticos antisemitas, burlas sobre los campos
de concentración y el Hamas pero no saben lo que significa.
No saben nada de Israel y su historia,
Michael van Praag afirma que ellos son tan judíos como él chino. Sin
embargo por esas ironías que a veces tiene el destino, Israel y las tradiciones
judías llegaron a formar parte de la existencia del Ajax como club de fútbol.
Si para los Israelíes esto es algo muy bueno, para
los judíos holandeses no lo es.
" a veces cuando estoy sentado en el estadio y
escucho los gritos de esa gente loca ‘Nosotros somos los Super Judíos y los
Judíos son campeones me levanto y me voy a casa” dice, cerca de doscientos
miembros de su familia murieron en el Holocausto y él recuerda vívidamente
el día en que se llevaron a su madre “Tenía dos hermanos y dos hermanas. Todos los
chicos estaban llorando. El alemán dijo,‘Oh, dejémoslos a ellos’ pero los
nazis holandeses dijeron que no. Mi madre tenía 11 hermanos y hermanas” Su
madre sobrevivió, pero sus parientes fueron asesinados. La gente mayor sabe
lo que sucedió en la guerra. Pero estos fanáticos no lo saben. A mi me gustaría
que ellos se detengan pero no lo hacen. Hablé con muchos judíos. A todos ellos
les gusta, se ríen de esto, pero para los judíos de Amsterdan esto no solo es
desagradable, es increíble” dice Muller
Tal vez Muller tampoco pueda entender a los
israelíes, que se sienten rechazados con los cánticos antisemitas,
antisraelíes y pro nazis en algunos estadios europeos y cuanto les
complace oír el apoyo masivo a Israel, a su bandera especialmente, en el
estadio de una ciudad europea occidental.
La historia de las relaciones entre los judíos,
Israel y los Países Bajos es interesante con muchos grandes momentos, pero
también de instantes de vergüenza, tristeza y pesar profundo.
El modo en que algunos holandeses amenazan con
insultos a los jugadores de fútbol de Mokum y el modo en que algunos Mokumjmers
responden es una grosera mezcla de sentimientos proisraelíes y de antisemitismo
que no beneficia a nadie. Fieles a nuestra costumbre hemos decidido ocuparnos
del destino de algunas de las personas y las instituciones nombradas en la
historia judía del Ajax.
“Un
partido del campeonato podía tener lugar en el teatro de Abraham
Tuschinski, con música de Max Tak”.
Gracias
al testimonio brindado por el
Museo Judío de Amsterdam logramos conocer la historia del
Teatro Tuschinsky, una institución del asesinado judaísmo holandés.
Entre 1918 y 1921 el Teatro Tuschinski se
hallaba sobre la Reguliersbreestraat. Era el invento genial del
legendario
Abram
Icek
Tuschinski
(1886-1942), un judío polaco que llegó a los Países Bajos, huyendo de los
pogroms en su lugar de nacimiento. Su carrera comenzó en Rotterdam,
donde creó cuatro cines y un hotel para los emigrantes que estaban en
viaje hacia Norteamérica.
En 1917, junto a sus cuñados
Gerschtanowitz y Ehrlich, se mudaron a Amsterdam, donde intentaron realizar
su sueño de construir un palacio del cine. Eligió una sórdida esquina de
Amsterdam para instalarlo, conocida como Duvelshoek (La punta del
Diablo), un distrito venido abajo dentro del centro de la ciudad. Habiendo
comprado el terreno tiró abajo los edificios existentes. Los planos para el
cine fueron diseñados por
Hijman
Louis de Jong. Sin embargo no llegó a completar el
encargo, luego de haber tenido varias peleas con Tuschinski –quién era
apropiadamente llamado el ‘Napoleón de la Punta del Diablo’.
Tuschinski
acomodó los planos de su palacio de acuerdo a
sus propios puntos de vista y empleó decoradores que dejaron cada uno su marca
personal a cada lado del edificio. Esto finalmente resultó ser una mezcla de
estilos arquitectónicos, incluyendo el Art Nouveau y el Art Deco, y la
Escuela de Amsterdam.
Por esa época, algunos críticos se referían a él
condescendientemente como ‘una arquitectura de torta de crema’ o el ´’flighty
film palace’ Hacia comienzos de la década del treinta, Tuschinski tuvo
problemas financieros y el palacio del cine se perdió como todo lo demás con la
llegada de los nazis.
Ni Tuschinski ni sus cuñados sobrevivieron a
Auschwitz.
Una placa dedicada a su memoria cuelga del
hall principal del cine. La construcción fue recientemente restaurada y es uno
de los cines más populares de Amsterdam. Este antiguo puerto de refugio de los judíos está muy ligado a nuestra historia, a un pasado ineludible, porque es muy cercano, por todo lo que aun no se ha dicho, y no contar toda la verdad es una de las formas que adquiere la mentira. Nosotros seguiremos, investigando recogiendo y dando todos estos testimonios sobre un mundo asesinado que solo recupera su vitalidad cuando lo recobramos del pasado, manteniendo su recuerdo, en su memoria.
Fuente: Milim Cultural
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