El Kibutz 2010 - Un centenario con nuevos desafíos

Dov Avital (55),
uruguayo-israelí, conocido antes como Eduardo Wachtel, está radicado
en Israel desde 1975. Llegó en un grupo organizado (un garín) del
movimiento juvenil sionista de izquierda Hashomer Hatzair al Kibutz
Lehavot Haviva. Hace 21 años que vive en el Kibutz Metzer.
por Jana Beris
Dov Avital (55), uruguayo-israelí, conocido
antes como Eduardo Wachtel, está radicado en Israel desde 1975.
Llegó en un grupo organizado (un garín) del movimiento juvenil
sionista de izquierda Hashomer Hatzair al Kibutz Lehavot Haviva.
Hace 21 años que vive en el Kibutz Metzer.
Hasta hace muy poco, durante siete años, fue el Mazkir - Secretario
General - de Metzer, un período más extenso de lo que suele ser el
común de permanencia en el cargo. Dov está casado y tiene tres hijos
de 24, 22 y 18 años .
Con motivo de celebrarse el centenario de la fundación del primer
kibutz, Degania, analiza los cambios que ha protagonizado el kibutz
como institución, comenta qué le duele del proceso y observa la
situación actual como un nuevo desafío. El kibutz, sostiene, está
buscando un nuevo equilibrio. Él está convencido de que esta
búsqueda, marca un camino apasionante.
Una experiencia personal
- Dov, empecemos por tu experiencia personal, antes de analizar
el tema clave de los cambios en el kibutz. ¿Con qué expectativa
viniste en aquel momento, cuando llegaste a Israel, respecto a la
vida en el kibutz? ¿Y qué significa hoy para ti vivir en un kibutz?
- Pregunta interesante... En aquel momento tenía
cierto aire revolucionario. Estamos hablando de los comienzos de los
'70 en Latinoamérica, donde todo tenía esa inspiración. Hoy es
totalmente distinto. Para mi hoy en día vivir en el kibutz es ser
parte de una comunidad. Está también el aspecto judío, concebir a la
persona como parte de una comunidad, ya que la comunidad está
presente en casi todos los órdenes de la vida, a diferencia, quizás
del anonimato en el que se puede vivir en la ciudad.
- Para bien y para mal...
- Claro, para bien y para mal. Eso es parte de lo que llevó a los
cambios en el kibutz, donde la idea de una comunidad omnipresente en
lugar de una ventaja se convirtió en algo opresivo. No tenías
intimidad .Mi generación se formó un poco en un mundo ideológico de
pertenecer. Tu pertenecías a una corriente ideológica, eras algún "ismo"
y eso era parte de tu identidad. Hoy estamos viviendo un período
totalmente diferente en el que la gente quiere elegir en distintos
órdenes de la vida. No por vivir en un determinado lado uno quiere
que todo el resto ya esté decidido. Creo que esa es una mejor
definición de libertad personal que lo que pensábamos en los años
'70.
- Sabemos que no siempre lo que uno espera es como lo que uno ve
al llegar al país. Lo digo en el sentido de que lidiar con los
problemas diarios y con una sociedad que, como todas, también tiene
defectos, es diferente del sueño. Cuando uno llega al kibutz, como
tú viniste hace 35 años, motivado por un ideal muy claro ¿el choque
con la realidad puede ser más difícil o de hecho más sencillo porque
el kibutz en sí es como un invernadero en el que te cuidan bien y te
evitan golpes y no siempre estás expuesto a la "otra" sociedad
israelí, la de afuera?
- Creo que es un marco que te protege. En ese
sentido el kibutz correspondía bastante a lo que imaginaba. Y puedo
decir que ya en ese entonces cuando vine, no era el Israel real.Y
hoy menos todavía. Era como si estuviéramos desconectados del país,
en una burbuja.
- Quizás en lugar de hablar de una burbuja desconectada de
Israel, lo más apropiado sea decir que la explicación radica en el
hecho que Israel no es ni todo bueno, como creen algunos judíos, ni
todo malo, como creen enemigos de Israel...Hay muchas facetas.
- Sí, es verdad, es un mosaico con distintas
facetas. A veces es apabullante cuántas faceteas hay, pero es parte
del país. A mí me gustaría mantener un país donde cada uno pueda
decidir en qué puede participar, dónde, en qué disfrutar, o sea un
país de múltiples elecciones.
- ¿Serías capaz hoy de dejar el kibutz e ir a vivir en la ciudad?
- No es imposible pensarlo pero me es difícil
imaginarlo, porque para mi es una forma de vivir, no sólo una
elección ideológica. Además, los énfasis que pone el kibutz, por
ejemplo en temas de eduación, medio ambiente, para mi son muy
importantes como elementos claves en mi calidad de vida.
- Evidentemente, también con los cambios hay cosas muy
atractivas, ya que el hecho es que muchos jóvenes que se habían ido,
vuelven.
- Sin duda. En Metzer diría que estamos hasta
apabullados y ya hemos perdido siquiera la posibilidad de hallar
respuestas para todos. Creo que hay muchas cosas buenas. Lo que los
jóvenes rechazaban antes era la burocracia que hoy yo llamaría un
poco de "estilo soviético" en el sentido que el gobierno, el Estado,
sabe lo que es mejor para la gente, y no al revés. Y eso es muy
relevante hoy no sólo para hijos del kibutz sino para mucha gente
joven.
Un experimento osado que cambia de forma
- ¿Cómo resumirías lo singular del kibutz? Si bien los cambios
que ha habido en su estructura y manejo socavaron no poco el
simbolismo del kibutz como institución y modelo, sigue siendo algo
especial...
- Creo que el kibutz fue un experimento social
muy osado y que encandiló en cierto momento la imaginación de mucha
gente en el mundo. Luego, cuando terminó la etapa de las ideologías,
entró en una crisis. Al no tener una meta concreta de querer
demostrar algo, tuvo que encontrarse a si mismo. Pero creo que sigue
siendo un experimento social audaz y que en la perspectiva del siglo
XXI no trata ya de ser una sociedad utópica sino de demostrar que es
posible crear una comunidad mejor para seres humanos. En ese
sentido, creo que la mayoría del potencial de la idea del kibutz
todavía está por realizarse. O sea que yo soy optimista.
- A pesar de que hubo cambios ¿qué es lo que todavía se puede
alcanzar que sea mejor que la sociedad "común"?
- Si dijéramos que hoy en día el común
denominador de lo que yo llamo la "ciudad anónima" es que los
individuos están como aislados, hablar de una comunidad en la que
hay verdaderamente interacción a nivel humano, no como experimento
ideológico o económico sino para crear una comunidad humana
solidaria y cooperativa - algo que también tiene un sentido muy
judío -, eso ya es un logro. Es también algo universal.Yo sostengo
que entre los dos polos, el totalitarismo ideológico que ve al ser
humano como un peón y el capitalismo salvaje que lo ve solamente
como un consumidor sin alma, tiene que haber una verdadera tercera
vía. Y creo que en todas partes del mundo hay gente buscando el
equilibrio adecuado que permita la vida del ser humano como un ser
social, que vive en comunidad, y que esa comunidad no solamente le
da beneficio particular, sino que sea también el beneficio general
el que lleva para adelante.
- Y el kibutz después de los cambios ¿consideras que ya ha
alcanzado ese nuevo equilibrio?
- No, el kibutz no logró todavía ese equilibrio.
En este momento lo está buscando.Vuelve a empezar, vuelve a buscar.
Tiene que demostrar que a diferencia del pasado no es un laboratorio
sino que es algo que puede funcionar en condiciones normales de
mercado competitivo y de sociedad abierta, lo cual no nos pasó en el
pasado, y ese fue uno de los grandes errores, porque funcionábamos
sólo bajo la tutela del Estado. Creo que estamos en el momento de
pensar en una corriente que yo llamaría "comunitarismo": la
comunidad humana como unidad base de la vida. Estamos realmente en
el camino y me parece un camino apasionante.
El porqué de los cambios
- ¿El cambio fue impuesto al kibutz, en tu opinión, por el cambio en
la sociedad de afuera que se tornó más individualista e
inevitablemente influyó también sobre el kibutz, o se debió a que en
el plano interno el kibutz consideró que se había equivocado en
parte del camino?
- Hay que reconocer que en primer lugar el
cambio se debió a un fracaso económico. Hubo una crisis económica
terrible y el kibutz no lograba competir en la sociedad capitalista.
Parte de la idea era poder sobrevivir en una sociedad abierta y
competitiva. El error básico, que por lo visto proviene de la
influencia del pensamiento soviético y de la forma en que el modelo
soviético se impuso sobre todos los pensamientos socialistas, fue
poner el sistema por encima del ser humano. Eso resultó siendo un
fracaso. Cada comunidad que quiere seguir viviendo busca lo más
importante, la felicidad del ser humano. Además, recordemos que
desaparecieron los roles estatales. El kibutz ya no tiene que
determinar las fronteras del país, ya no tiene que crear la
agricultura del país... o sea que todo tipo de objetivos nacionales
que justificaban poner al individuo en segundo plano, ya no están,
porque ahora hay un Estado que las puede cumplir.
- Todo esto no es algo que sucede en dos días, es un proceso...
- Por supuesto. Es un proceso que llevó
aproximadamente dos décadas. Las nuevas generaciones son mucho más
críticas y no aceptan los "ismos", el totalitarismo de una
ideología. El kibutz siempre fue un modelo con las puertas abiertas
y aquel que quería se podía ir. Y en efecto, muchos jóvenes se
fueron, porque no les gustaba lo que estaba pasando, especialmente
el haber incorporado burocratismos que hacían que el aparato del
kibutz fuera más importante que la gente. O sea que buscar el
equilibrio entre lo individual y familiar y lo colectivo es algo que
obligó a replantearse todo. Y así hay varios tipos de experimentos
que incluyen la privatización de ciertas áreas, como por ejemplo el
consumo familiar. Hoy en la mayoría de los kibutzim, creo que el
70%, están privatizados, a diferencia del pasado.
El caso del Kibutz Metzer
- ¿Qué me podrías contar sobre la experiencia de tu kibutz, Metzer,
en este sentido? ¿Cuáles fueron los grandes cambios?
- Pasamos mentalmente de un kibutz que tiene
miembros a una colectividad de individuos soberanos, libres, que
desean formar un kibutz juntos. Aquí cambia el orden de quién está
arriba y quién está abajo, de un kibutz que tiene gente a gente que
tiene un kibutz. Ese es el primer cambio conceptual.
- Interesantísima su descripción...
- En la práctica, el kibutz hoy en día no
interfiere dentro del bolsillo de la gente y de la casa de la gente.
De la pared hacia afuera, hay áreas en las que el kibutz decide:
salud, educación, asistencia a la ancianidad, cultura, seguridad -
que en Israel es algo muy importante -, medio ambiente, algo muy
importante en Metzer, todo lo referente a ecología. Todo eso, lo
hacemos juntos. Y en vez de algo que nadie sabía definir, qué es
"cada uno de acuerdo a sus posibilidades", decimos "cada uno según
sus ingresos" en una escala de impuestos creciente. O sea que el que
gana más aporta más no sólo en dinero sino en porcentaje. Ese es más
o menos el sistema.
- Salario diferencial... un cambio clave...
- Claro. Pero recordemos: está el impuesto que
se deduce de lo que cada uno gana y es un impuesto progresivo
destinado a financiar los gastos del kibutz para que todos,
incluyendo quienes ya no pueden trabajar tengan lo que necesitan
para vivir decorosamente; y se cobra en forma diferencial según el
ingreso de cada uno. En otras palabras: el que gana más, paga más
impuestos. Cada uno puede aumentar sus ingresos, pero la comunidad
garantiza un conjunto de servicios esenciales básicos de alto nivel
para todos, especialmente educación - que no haya diferencia entre
los niños -, que todos tengan buen servicio de salud, tercera edad,
todos los demás temas que antes mencioné, igual para todos.Y como
cada uno tiene sus ingresos - después del impuesto que se paga al
kibutz para mantener justamente esos servicios comunes a todos - con
ellos decide qué hacer, qué consumir, cómo gastar y cómo manejar su
hacienda familiar.
- No todos los kibutzim tienen el mismo sistema; hay hoy
diferentes modelos.
- Así es. Aproximadamente 60 kibutzim mantienen
el modelo tradicional; hay algunos que buscan mayor individualismo y
hay lo que llamamos el tercer modelo, una combinación que determina
un pago mayor de impuestos pero también un nivel mayor de servicios
a todos.
Comparando con la ciudad
- ¿Dirías que el kibutz de hoy, aún con los cambios, es más
igualitario, de todos modos, que la sociedad urbana "de afuera"?
- Sí, pero no es una igualdad mecánica porque
entendemos que los seres humanos son distintos, sino igualdad de
oportunidades e igualdad de servicios esenciales, con la educación y
la salud en el centro.
- Y ese mínimo garantizado a todos ¿es más alto que el mínimo al
que pueda acceder alguien que vive en la ciudad?
- Es mucho más alto.Si aseguro que no pueden
faltar medicamentos y no puede faltar eduación al más alto nivel,
eso no es lo que tiene la sociedad urbana. O sea que el mínimo
garantizado es alto y es igualitario desde el punto de vista que no
se puede "comprar" más salud o "más" educación; todos lo reciben
igual, a alto nivel.
Del rol central a un futuro diferente
- Mencionaste antes las funciones nacionales que cumplió el kibutz
en la historia del Estado de Israel. Sabemos claramente que su rol
en el país superó en mucho su porcentaje en la población. ¿Crees que
esa influencia desproporcionada y el hecho que el kibutz sea una de
las imágenes principales de Israel en el exterior son señal de un
gran éxito?
- La influencia por supuesto que fue mucho más
dramática que su número. Es imposible imaginar a Israel sin los
kibutzim, por la determinación de las fronteras, por haber sido
parte del mito, por los grandes hechos tanto en la lucha militar
como en la colonización de las tierras, la absorción de la aliá,
todos éstos temas en los que el kibutz lideró. Es cierto que hoy en
día tenemos un país con todo el aparato estatal armado, para bien y
para mal, y no se precisa el voluntarismo de los kibutzim. Parte del
problema fue no comprender a tiempo que esa misión de instrumento se
había terminado y encontrar una razón de ser distinta. El volver a
crear hoy una comunidad adaptada a las necesidades del siglo XXI,
empieza a ser parte de ese encontrar una razón de ser. Pero creo que
ya no va a volver a influir nunca en Israel como influyó en el
pasado. Creo que va a ser una opción para pocos, una alternativa
para pocos, no veo ninguna posibilidad que vuelva a tener tanta
presencia en el discurso central de Israel.
- ¿Te duele este hecho?
- No por el kibutz sino por lo que sí queda del
discurso central de Israel. Me duele porque pienso - tal como le
dije una vez a un amigo de Gush Emunim - que por estar peleando por
esta colina sí y esta colina no, o sea el cuerpo de Israel, hemos
perdido el espíritu de Israel. Los dos movimientos centrales que el
sionismo engendró - Bnei Akiva y sus allegados por una parte y los
de "camisa azul" (símbolo de pionerismo obrero de izquierda) por
otra - que fueron los que la mayor parte del tiempo en Israel
determinaron los parámetros del diálogo nacional, perdieron
relevancia. Quienes manejan hoy el país son nuevos ricos; hay entre
ellos también corruptos, políticos de ínfima categoría, sin
sensibilidad social y sin solidaridad social. Y nosotros seguimos
peleándonos por qué colina sí y qué colina no y juntos perdemos a
Israel. Los dos quisimos hacer un Israel con mejor contenido social,
más allá del tema de las fronteras que es otro plano de la discusión
ideológica. Y eso es lo que me duele, que se haya perdido la
cohesión social, la compasión social y que el dinero tenga el rol
que tiene hoy.
- Sin duda el Israel de hoy es muy diferente tanto del creado por
los pioneros como del que existía cuando tú llegaste y también
cuando yo llegué, pocos años después. ¿Pero no te parece un poco
extremista tu descripción? Te lo pregunto porque paralelamente al
mayor individualismo y al mayor materialismo, yo sí veo solidaridad
social, y no sólo cuando hay guerra. Y están los corruptos, pero
siguen siendo la excepción, no la norma. Hay carencias pero al mismo
tiempo hay siempre iniciativas de grupos y gente que se organiza
para atenderlas, para ayudar a necesitados...
- Es verdad. No quise decir en ningún momento
que la gente haya perdido todo eso sino que el discurso central de
Israel está usurpado, a mi modo de ver, por otra gente. Creo que la
corriente central que está representada en la Knéset, el gobierno,
los lobbies, no es esa de la gente que toma inicativas para ayudar y
demás. Por supuesto que Israel está lleno de cosas maravillosas, de
gente que hace y ayuda, pero no es el discurso central. Quisiera que
lo fuera, que el voluntarismo fuera el centro.
Entre la guerra y la paz
- Dov, la primera vez que te entrevisté, años atrás, fue después de
aquel terrible atentado en el que un palestino de una aldea vecina,
del lado de Cisjordania, muy cercana a Metzer, entró y mató a varios
javerim del kibutz, entre ellos una joven madre con sus dos hijos,
cuando estaba haciéndolos dormir. Fue algo estremecedor. En aquella
ocasión hablábamos del tema de la coexistencia pacífica que ustedes
defienden no sólo en palabras sino en hechos, como algo posible, con
los vecinos árabes. Pero a raíz de la segunda Intifada se perdió la
mutua confianza que se había comenzado a ganar. ¿Cómo influyó eso en
las relaciones entre Metzer y sus vecinos árabes israelíes?
- Hay un diálogo muy normal para nosotros, único
en el mundo quizás, único en el Medio Oriente, entre israelíes y
palestinos. Hay todo tipo de proyectos conjuntos. Lo que Metzer
mantiene, que no es nada trivial, es el contacto entre judíos
israelíes, árabes israelíes y palestinos, como personas, como seres
humanos a nivel de igualdad, discutiendo nuestros temas locales.
Intentamos cooperar a nivel local. Suelo decir que lamentablemente
es visto como un gran logro que haya gente que no quiere ni matarse
ni robarle la tierra al otro. La atmósfera general no es buena ,
especialmente con los palestinos, para proyectos conjuntos.
- La paz se ha alejado...
- Sin duda. Pero aquí tengo que hacer una
precisión y creo que nadie que me conozca puede tener la sorpresa de
que yo estoy a favor de este gobierno o de cualquier otro gobierno
de Israel en los últimos años. Pero tengo que hacer una precisión:
una enorme parte de la responsabilidad del deterioro de las
relaciones, la tienen los palestinos. No quiero repartir
porcentajes, pero si tuviera que hacerlo, diría que más que Israel.
Y no solamente Hamás, lo cual es fácil ver, sino la propia Autoridad
Palestina, donde no hay una declaración clara que dice "sí, vamos a
hacer un acuerdo de paz para que haya un Estado que represente los
intereses nacionales judíos y un estado que represente los intereses
nacionales palestinos". No lo dice. Netanyahu está más cerca de
decirlo que Abu Mazen. Netanyahu lo dijo de una manera distinta,
pero se puede traducir lo que dice también de esa manera, pero la
dirigencia palestina no lo dice.Y desde el momento que no lo dice,
es un serio problema. Los proyectos de cooperación entre nosotros y
nuestros vecinos palestinos están congelados por decisión de la
Autoridad Nacional Palestina de no hacer ningún proceso de
normalización mientras Netanyahu esté en su tesitura. Tratamos de
explicar qué tiene eso con los pobres tipos que están tratando de
mejorar la calidad de vida de su pueblo, de su sanidad, de su nivel
de ingresos... pero es una cuestión de macropolítica.
- Y ustedes están empeñados a mostrar a las dos partes que puede
ser diferente...
- Claro que sí. Ahora, con la creación de la
ciudad de Harish en nuestra zona, la lucha contra la expropiación de
tierras fue de judíos y árabes juntos, de nuestro kibutz Metzer y
las aldeas árabes vecinas sin ningún tipo de problemas, aunque
tengamos distintas realidades. Es asombroso y lamentable al mismo
tiempo que relaciones normales entre judíos y árabes tengan que ser
extraordinarias, vistas como tales. Pero para nosotros es una
realidad. Vivimos como seres humanos. Así es con Meisir, con Umm el-Kattaf
y todos nuestros vecinos. Y tenemos una clara obstinación a
demostrar que no estamos condenados a matarnos ni a pelearnos y
podemos discutir nuestros problemas y encontrar términos medios
entre nosotros. Y podemos pelearnos y abrazarnos. Como gente. Como
debe ser.
Fuente: Argentina.co.il