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Historias de familia: Bienvenida de regreso: Historia de retorno a mis raíces judías
En el año de 1890 nace en la ciudad de Minsk, Bielorrusia, República de Belarus, antiguamente llamada Rusia Blanca, mi bisabuelo materno, Gregorio Kravetz Rosemblit, judío, hijo de Gregorio Kravetz y Juana Rosemblit. Llega como inmigrante siendo muy joven, primero a la Argentina, ya que a partir del año 1881, tras el asesinato del zar Alejandro II, la vida de los judíos en Rusia se había tornado muy dificultosa, ya que a las condiciones de explotación y opresión que padecían se les sumó el haber sido sindicados como promotores del atentado. Convertidos en una suerte de enemigos, algunos intentaron emigrar; pero esta tarea no les resultó fácil. Se encontraron con la resistencia que suponía el antisemitismo de varios países de Europa central. Eso los obligó a buscar nuevos destinos, y uno de ellos fue Argentina. Sin embargo, la formación de las colonias en Entre Ríos no hubiese sido posible sin la intervención del barón Mauricio de Hirsch, un banquero que se ocupó de la financiación de aquellos asentamientos. Para ello fundó en 1891 la Jewish Colonization Association, compañía a través de la cual compró las 80.265 hectáreas que conformaron originalmente la Colonia Clara –que en la actualidad abarca las localidades de Villa Clara, Villa Domínguez, Ingeniero Sajarof y Villaguay– y las 30.631 hectáreas de Colonia Lucienville, cuya extensión actualmente se encuentra circunscripta a la localidad de Basavilbaso (ver mapa en la página siguiente). La Jewish Colonization Association les otorgó a los colonos judíos parcelas de entre 75 y 100 hectáreas. El primer contingente, compuesto por 245 familias, arribó en el año 1892 a bordo del vapor “Pampa”, y otras 240 llegaron dos años más tarde en el vapor “Orione”. En total arribaron 1500 personas. El barón Hirsch no llegó a conocer estas tierras: murió en 1895. Los colonos judíos tuvieron que sortear muchísimas adversidades, ya que desconocían el idioma, no tenían experiencia como agricultores y las tierras que les fueron asignadas formaban parte de un vasto monte de exuberante vegetación. Los hombres comenzaron con las tareas de desmonte y pronto se dedicaron a cultivar lino, maíz y trigo. Con los dividendos obtenidos de sus cosechas pagaban las tierras otorgadas por la Jewish Colonization Association, entendiéndose que lo más importante era saldar cuanto antes la deuda contraída con esa empresa. Mi bisabuelo, alcanzó a estar en Argentina hasta que cumplió los 18 años, ya que arribó a dicho país, junto a sus padres alrededor del año1894, tenía hermanos, ellos quedaron en Argentina, es por ello que tengo parientes en dicho país, que espero algún día conocer. Cruzó a Chile, siendo muy joven y se casó, con mi bisabuela, Ana Rodríguez Letelier en Santiago instaló una panadería, específicamente en la calle Víctor Manuel 1471, en La Comuna de Santiago. Por entonces, la mayoría de los judíos que se establecieron en Santiago lo hicieron en barrios específicos, como la Avenida Matta y sus alrededores. Donde, acorde con la tradición de vivir a una distancia que fuera posible de sortear a pie en Shabat y las festividades, prontamente instalaron un significativo número de sinagogas y centros religiosos, como los de las calles Portugal, Santa Isabel, Serrano, Arturo Prat y en la propia Avda. Matta. A comienzos de los años cincuenta, la principal institución judía de Chile, el Círculo Israelita (hoy Comunidad Israelita de Santiago), estableció la Gran Sinagoga en la calle Serrano, en el centro de Santiago. Al buscar entre los Registros, los datos de mi bisabuelo, tarea realmente compleja, encontré que figuraba su nombre como Gregorio Kravech, ya que en esos años, no existía una fidelidad al momento de inscribir a los inmigrantes, mas bien se dejaban llevar por la fonética y la de él, seguramente no era de las mejores. No me cabe duda, el enorme sacrificio que significó para él, su familia y los miles de refugiados judíos, adaptarse y salir adelante en países tan lejanos como Chile y Argentina. Aprender el idioma y las costumbres, formar familia, trabajar, etc., debe haber significado una tarea titánica, sin embargo, salieron adelante, muchos de ellos se transformaron en ciudadanos reconocidos, como es el caso de Don Salomón Sack Montt, quien se dedicó en nuestro país a la empresa industrial asociada al fierro y el cemento, nació en 1892, en Vilna, Lituania. Llegó a Chile en 1914, cuando tenía 22 años de edad. Con su esposa, la Sra. Julia Ravinovitch, tuvo a sus dos hijas, María Fanny y Olga. Fundó el Banco Israelita de Chile, y la Barraca de Fierro "Salomón Sack". Fue Presidente del Círculo Israelita y director consejero de varias otras instituciones sociales y financieras. Don Salomón Sack dispuso, como parte de su personal compromiso en la lucha por el progreso humano, la creación de la Fundación que lleva su nombre, la que a comienzos de abril de 1962, algunos meses después de su fallecimiento, procedió en sesión solemne a constituir su directorio, en el que participaron relevantes personalidades. Fueron designados cuatro miembros vitalicios: el descendiente directo en línea recta de mayor edad, representado durante su minoría de edad por el Presidente de la Corte Suprema; la Sras. Julia Ravinovitch de Sack, María Fanny Sack de Bogolasky y Olga Sack Ravinovitch. También fueron miembros del Consejo las personas que ocuparan los cargos de vicepresidente de la CORFO; presidente de la CAP; presidente de la Central de Educación Judía para Chile; Embajador de Israel en Chile; alcalde de la I. Municipalidad de Maipú, y los directores de la Sociedad Anónima Comercial S. Sack. S.A.C. El resto de los Consejeros fueron el Rector de la Universidad de Chile; el Decano de Ciencias Físicas y Matemáticas; el Decano de la Facultad de Arquitectura; el Decano de Química y Farmacia; el Decano de Bellas Artes; el Presidente del Banco de Chile, y el Gerente del First National City Bank of New York. Me veo con una deuda moral y emocional, mencionar el aporte de Salomón Sack Montt, ya que fue él, en un acto de misericordia, amistad y lealtad, quien entierra a mi bisabuelo Gregorio, en el patio de los disidentes del Cementerio General. Esta parte de la historia, es tal vez, la más triste y enigmática, puesto que hasta hoy, no he logrado comprender ni averiguar, lo que motivó, al abandono de este pasado familiar, encarnado en mi bisabuelo. Grande y emotiva fue mi sorpresa, al encontrar en los registros del Cementerio General, en el Libro de los Disidentes, el papel que certificaba la fecha de su entierro, 02 de Septiembre de 1932, en el Patio de los Disidentes y Religión Judío, cuando leo, estas últimas palabras, sentí que le corazón me latía fuerte y el alma se me reconfortaba. Salomón Sack, pagó la suma de entonces, de $ 5, pero ese, no fue el gesto mayor de Tzedaká, que tuvo para con él, sino el encontrar un lugar que fuese digno de un Judío, una tierra que le permitiera estar más cerca que nunca, de su hogar y de Adonai.
Agradezco el artículo sobre la inauguración de la
restauración, del Patio de los Disidentes en el
Cementerio General, el día 13 de enero del 2010. Allí descansan los restos de Gregorio Kravetz Rosemblit, mi bisabuelo, quien aquejado de un cáncer gástrico, falleció el día 1º de Septiembre de 1932, tenía a penas 42 años, inmigrante ruso-judío, que llegó de Minsk, Bielorrusia, República de Belarus, antiguamente llamada Rusia Blanca, a Chile en busca de paz y trabajo. Fue una bendición haberte encontrado, abuelo Gregorio, fue un reencuentro con mi pasado, con mi identidad Judía, desde una perspectiva concreta, te busqué incansablemente, hoy concluyo, que tú querías que yo te encontrara. De mi familia, soy de las pocas judías practicantes, he tenido la bendición de haber pisado la Tierra de Israel, de la mano de quien es hoy mi pareja y compañero, Mauricio Levinsky, Judío, con quien he formado una relación de pareja basada en el amor, el respeto y la fe en Hashem. Soy yo, tu bisnieta, Mónica Margarita Segovia Correa, la buscó durante años, el camino de retorno a sus raíces espirituales más ancestrales. Hoy más que nunca y gracias a ti bisabuelo Gregorio, puedo decir con fe y convicción, que estoy de vuelta en mi pueblo.
Quiero
agradecer a las personas que desinteresadamente, me
brindaron una enorme ayuda, para encontrar esta
información y me aconsejaron con mucha
responsabilidad y cuidado, en este camino
espiritual, con el que me he reencontrado. Rabino Daniel Zang “CIS”: “Comunidad Israelita Sefaradí”. Rabino Eduardo Waingortin “CJCH”: “Comunidad Judía de Chile”, Comunidad Israelita de Santiago. Mercaz Kehilatí.
Jazán: Humberto Narváez Levi: “CIS”: “Comunidad
Israelita Sefaradí”. Alberto Albala Weissmann Edgar Bogolasky Sack: Nieto de Don Salomón Sack Claudia Kravetz Wevar: Presidenta de la Juventud Judía de Chile. Fani Molad: Yadvashem; Frímole Nadima Correa Kravetz: mi madre. Registro Civil de Santiago. Sección Archivo del Cementerio General. Jefe del Departamento de Operaciones de la Municipalidad de Recoleta – Cementerio General. Pedro Jesús Rodríguez: Periodista “CIS”: “Comunidad Israelita Sefaradí”.
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