El libelo judeofóbico del
vicedirector de La Vanguardia

por Eduard Yitzhak
Alfredo Abián, vice director del
periódico más leído en Cataluña La Vanguardia, ha publicado el 22 de
agosto de 2010 un artículo titulado: El rabino y el jeque [1] que
más que artículo es un panfleto antisemita. Abián inicia su panfleto
diciendo: Israelíes y palestinos reanudarán el 2 de septiembre en
Washington por enésima vez su proceso de paz, bajo la batuta de
Estados Unidos. Desde que Israel declaró su independencia en 1948,
los dos pueblos están sumidos en una guerra ininterrumpida de
distinta intensidad. Más de 60 años acumulando odio y encajando
fracasos diplomáticos no son un buen presagio. Incluso buena parte
de los actores ha acentuado tanto sus esencias que ni sus
respectivos antepasados los reconocerían.
Ya antes de la independencia de Israel el 14 de mayo de 1948 existía
un conflicto entre árabes y judíos.
Inmediatamente al reconocimiento por las Naciones Unidas de Medinat
Israel –Estado de Israel-, el pequeño estado hebreo era atacado
simultáneamente por las tropas profesionales y bien equipadas de la
Legión Árabe y los ejércitos de cinco estados árabes que buscaban
culminar la obra emprendida por Hitler, aniquilar al pueblo judío, y
destruir su estado, asentado sobre una pequeña parte de la ancestral
cuna del pueblo judío, lo que el emperador Adriano denominó
Palestina como intento de desjudaizar Israel con el fin de
represaliar a los hebreos tras sofocar la rebelión de los años 132
al 135 de la EC.
Desde hace más de 34 siglos un remanente judío ha vivido siempre sin
interrupción en Tierra Santa, mayormente en Jerusalem.
El 22 de marzo de 1945, más de 3 años antes de la Independencia de
Israel, se funda la Liga Árabe. Ésta en su carta fundacional fijó
como objetivo inicial el conseguir que el resto de estados árabes
que aún se encontraban colonizados por países europeos se
independizasen, y que en el Mandato Británico de Palestina la
minoría judía no estableciera un estado independiente (Israel).
La URSS y la socialista Checoslovaquia, EEUU y los países
democráticos votaron a favor de la Resolución 181 que legitimizaría
la independencia de Israel. Los países árabes y musulmanes votaron
en contra y el Reino Unido y otros se abstuvieron. [2]
El 14 de mayo de 1948, día que expiraba el Mandato británico sobre
Palestina, el Estado de Israel fue proclamado en el territorio
otorgado por el plan de las Naciones Unidas, aboliendo como primera
medida las leyes antiinmigratorias británicas que impedían desde
hacía años la entrada legal de nuevos judíos a Palestina.
La resolución para dividir el territorio nunca fue suspendida o
rescindida. Por consiguiente, Israel, el Estado judío en Palestina,
nació el 14 de mayo de 1948, al tiempo que los británicos
abandonaban finalmente el país.
Cinco ejércitos árabes (Egipto, Siria, Transjordania, Líbano e Irak)
junto con la Liga Árabe invadieron inmediatamente Israel. Sus
intenciones fueron declaradas por Azzam Pashá, Secretario General de
la Liga Árabe: «Esta será una guerra de exterminio y de grandes
masacres, de la cual se hablará como de las masacres mongolas y de
las cruzadas». [3]
El delegado soviético Andrei Gromyko dijo en el Consejo de Seguridad
el 29 de mayo de 1948 refiriéndose a la guerra iniciada por los
árabes: Ésta no es la primera vez que los estados árabes, que
organizaron la invasión de Palestina, han ignorado una decisión del
Consejo de Seguridad o de la Asamblea General. La delegación de la
URSS juzga que es esencial que el Consejo declare su opinión más
clara y firmemente respecto a esta actitud de los estados árabes
hacia las decisiones del Consejo de Seguridad. [4]
La guerra árabe para destruir a Israel fracasó. Ciertamente, debido
a su agresión, los árabes terminaron con menos territorio del que
habrían tenido si hubieran aceptado la partición. El costo para
Israel, no obstante, fue enorme. Muchas de sus tierras más
productivas quedaron arruinadas y minadas. Sus campos de cítricos
que, por décadas fueran la base de la economía de la Yishuv
(comunidad judía), fueron en gran parte destruidos.
Los gastos militares ascendieron aproximadamente a 500 millones de
dólares. Y algo muchísimo peor, 6.373 israelíes murieron, casi el
uno por ciento de la población judía de 650.000 habitantes. [5]
Los árabes no tuvieron dificultad en obtener todas las armas que
necesitaban. La Legión Árabe de Jordania estaba armada y entrenada
por los británicos, y dirigida por un oficial británico. A fines de
1948 y a principios de 1949, aviones de la RFA británica volaron
junto con escuadrones egipcios sobre la frontera egipcio-israelí. El
7 de enero de 1949, los aviones israelíes derribaron cuatro de las
aeronaves británicas. [6]
No hubo ningún intento por parte de la ONU de evitar la intervención
armada que había proclamado la Liga Árabe meses atrás y, al día
siguiente de la declaración de independencia, los cinco países
árabes vecinos declararon la guerra al naciente Estado de Israel y
trataron de invadirlo.
En la guerra intermitente que tuvo lugar durante los siguientes 15
meses (con varias treguas promovidas por la ONU), Israel reconquistó
un 26% de terreno adicional al del antiguo mandato, mientras que
Transjordania, la actual Jordania, ocupó las áreas de Judea y
Samaria, denominadas por los antiisraelíes como Cisjordania, y
Egipto ocupó el territorio correspondiente a la actual franja de
Gaza.
El casi tetramilenario pueblo judío ha mantenido constantemente su
identidad religiosa, y su anhelo de vivir en la antiguamente
conocida tierra de Canaán, Tierra Santa, a pesar de que la mayoría
de los judíos ha sido dispersada entre las naciones.
Los moradores o colonos árabes que vivían, y viven, como fuerzas
ocupantes del Islam en Israel, nunca fueron un pueblo con identidad
como tal; eran y son árabes, oriundos de las actuales Jordania, Sira
y Egipto.
En ningún momento los árabes colonos que ocupaban Judea, Samaria y
Gaza se autoproclaman palestinos y reclaman la independencia
respecto a los países ocupantes, Jordania y Egipto respectivamente.
En cada guerra iniciada por los árabes con el objetivo de “echar al
mar hasta el último judío” aquellos perdían territorio, que Israel
lo recuperaba.
La Liga árabe creó la organización para la Liberación de Palestina
(OLP) en el Cairo en 1964 como un arma contra Israel. La OLP
perpetraba ataques terroristas para fustigar a Israel en su interior
y atentar contra judíos, israelíes e intereses israelíes en Europa.
La Guerra de los Seis Días fue el conflicto bélico que enfrentó a
Israel con una coalición árabe formada por Egipto, Jordania, Irak y
Siria entre el 5 y el 10 de junio de 1967. Al finalizar la guerra,
Israel había conquistado la Península del Sinaí, y reconquistado la
Franja de Gaza, Judea y Samaria –Cisjordania-, Jerusalem Este
(incluyendo la Ciudad Vieja) y los Altos del Golán.
Ni la OLP ni ninguna otra agrupación palestina batalló para que
Jordania o Egipto crearan un Estado palestino independiente en Judea
y Gaza. El activismo palestino se centraba en la destrucción de
Israel.
Súbita y únicamente después la Guerra de los Seis Días los árabes
ocupantes de Israel que vivían en Judea y Samaria, y Gaza, se
transmutaron en independentistas y palestinos.
Antes de la partición, los árabes palestinos no se veían a sí mismos
como poseedores de una identidad separada. Cuando el Primer Congreso
de Asociaciones Musulmano-Cristianas se reunió en Jerusalem en 1919
para elegir representantes de Palestina a la Conferencia de Paz de
París, se adoptó la siguiente resolución:
Consideramos Palestina como parte de la Siria árabe, ya que nunca se
ha separado de ella en ninguna época. Estamos conectados con ella
por vínculos nacionales, religiosos, lingüísticos, naturales,
económicos y geográficos. [7]
En 1937, un líder árabe local, Auni Bey Abdul-Hadi, le dijo a la
Comisión Peel, la que finalmente recomendó la partición de
Palestina: «¡no existe tal país [como Palestina]! ¡“Palestina” es un
término que inventaron los sionistas! No hay ninguna Palestina en la
Biblia. Nuestro país fue durante siglos parte de Siria» [8]
El representante del Supremo Comité Árabe ante las Naciones Unidas
presentó una declaración a la Asamblea General en mayo de 1947 que
decía que «Palestina era parte de la Provincia de Siria» y que
«políticamente, los árabes de Palestina nunca fueron independientes
en el sentido de formar una entidad política separada». Pocos años
después, Ahmed el-Shuqeiri, más tarde presidente de la OLP, dijo en
el Consejo de Seguridad: «es de general conocimiento que Palestina
no es nada más que el sur de Siria» [9]
Alfredo Abián continúa en su diatriba:
El Estado judío primigenio, con su fundador David Ben Gurion al
frente, y el movimiento de liberación palestino, con corrientes tan
dispares como las que encarnaron Yasir Arafat o Georges Habache,
tenían un fuerte componente laico. El primero tuvo acento
socialdemócrata, mientras que las modulaciones de los segundos
cabalgaban entre la burguesía nacionalista y el marxismo. Ahora
tenemos una nación hebrea y un simulacro de miniestado palestino
partido en dos, donde la religión cobra cada vez más peso.
Las modulaciones de los segundos [las organizaciones
árabe-palestinas] en realidad se han ubicado siempre entre el
nacionalismo panarabista-socialista del Baas, entonces gobernante en
Egipto, Siria e Irak, imitadores del nacional-socialismo alemán de
Hitler, siendo su versión moderna y “moderada” Al-Fataj encabezado
por Abu Mazen, y del islamismo, como su mayor exponente actual Hamás,
pasando por los grupúsculos estalinistas del Frente Popular de
Liberación de Palestina (FPLP). Ningún grupo de estos aceptará la
democracia como sistema político.
El panfletista Abián, faltando a la verdad, prosigue:
En Israel, las sectas ultraortodoxas desafían cada vez más a la
autoridad civil. Aglutinan a cerca del 20% de la población –su nivel
procreador recuerda al de la China maoísta– y pretenden que la Torá
sea la Constitución del país.
En el judaísmo no hay sectas. Hay tendencias o corrientes: jaredí,
jasidísmo, lubavitch, mitnagdismo, ortodoxia, conservador-masorti,
reformista, caraísmo, judaísmo humanista secular, reconstruccionismo,
y un largo etcétera. [10]
Exceptuando al grupo de Neturei Karta que es antisionista,
antiisraelí, que apoya a Hamás y a Ahmadineyad, y que no está
prohibido ni proscrito a pesar de apoyar al enemigo, ningún grupo
religioso judío desafía la autoridad civil. Todos ellos aceptan la
democracia y ningún grupo religioso empuña las armas para imponer a
la sociedad israelí su punto de vista.
Israel es una democracia, mucho antes de que otros países europeos,
tanto del occidente como del Este europeo lo fueran.
Moshé, [Moisés], ya instauró que el poder político primara sobre el
religioso. La monarquía constitucional de Saul, David y reyes
sucesivos, tenía primacía sobre los Sacerdotes y el Sumo Sacerdote.
En una democracia, y el pueblo judío y su estado, Israel, siempre lo
ha sido, hay discrepancias, divergencias, conflictos de intereses,
diversidad de opiniones.
Abián confunde discrepar con desafiar. Esta confusión se debe al
pobre concepto que el vicedirector de la Vanguardia tiene sobre la
democracia y lo que es la critica al gobierno y discrepar de él.
Abián añade en su perorata:
Más de uno se sorprendería de las similitudes que tienen el
rigorismo religioso judío y el integrismo islámico. Y para
comprobarlas bastaría repasar el papel miserable que ambos reservan
a las mujeres, sea en Jerusalén o en la franja de Gaza.
Abián miente descaradamente, él sabe que el judaísmo, a diferencia
del cristianismo y del Islam, nunca ha sido proselitista, y que
“rigorismo religioso judío” sólo es vinculante para el que lo quiere
seguir.
Comparar a las monjas de clausura por su rigorismo religioso con los
fieles creyentes muy devotos del Islam de Al Qaeda que asesinan
explotándose, es tan estúpido y fuera de toda lógica, como comparar
el rigorismo religioso judío con el integrismo islámico: peor aún,
ya que el judaísmo tiene como principio no buscar la conversión y
expandirse.
Abián sabe que España ha sufrido el azote de los integristas
islámicos, en diversos atentados, como el del 12 de abril de 1985,
gobernando el socialista Felipe González, en el restaurante El
Descanso en Madrid realizado por la Yihad Islámica, que causó la
muerte de 18 españoles y dejó un total de 84 resultaron heridas de
diversa consideración. [11]
El juez Baltasar Garzón interrogó insistentemente en 1992 sobre este
atentado al arrepentido Ahmed Boumershed, “supuesto” miembro del
Frente Popular de Liberación de Palestina (FPLP) y ex colaborador
del traficante de armas sirio Monzer al Kassar. No obtuvo ningún
resultado.
El terrorista era miembro del FPLP, cuya organización tanto admira
Abián.
En España, la Yihad Islámica actuó en tres ocasiones en el año 1984,
dos en Marbella y una en Madrid.
El viernes 16 de mayo de 2003, 150 personas cenaban en el
restaurante de la bulliciosa Casa de España en la ciudad marroquí de
Casablanca. Tres islamikazes irrumpieron en el lugar y dispararon a
matar, asesinando a 20 comensales, tres de ellos españoles. Otras
células islamoterroristas esparcieron el terror por la ciudad, hasta
llegar a asesinar a 41 personas y herir a más de un centenar. [12]
Los atentados del 11 de marzo de 2004, también conocidos como 11-M,
fueron una serie de ataques de Al Qaeda contra cuatro trenes de la
red de Cercanías de Madrid que causó la muerte de 191 personas y
1.858 resultaron heridas. [13]
El 24 de junio del 2007, con Zapatero en el gobierno, seis soldados
españoles pertenecientes a la FINUL resultaron muertos y otros dos
resultaron heridos como consecuencia de un atentado islamista con
coche bomba. Todavía no se sabe si los islamistas que asesinaron a
los 6 soldados españoles eran sunnitas de Al-Qaeda o chiítas de
Hisbulá. [14]
El lunes 2 de julio de 2007, con Zapatero en el gobierno español,
fueron asesinados siete turistas españoles y dos conductores
yemeníes en el Yemen y una docena de turistas heridos en un atentado
islamikaze –suicida-. Irán es el probable responsable de dicho
atentado yihadista, según información revelada por la oposición
democrática iraní. [15]
El 19 de enero de 2008, con Zapatero en el gobierno español, la
policía española abortó una serie de atentados islamoterroristas.
Fueron arrestados 14 islamistas paquistaníes e indios pertenecientes
a Al-Qaeda.
Varios de los detenidos eran simpatizantes de Lashkar e Toiba (LET,
el Ejército de los Puros), un grupo terrorista paquistaní y al que
se acusa de atentados en la India. Otros formaban parte de Takfir
ual Hiyra (Anatema y Exilio), una de las corrientes más violentas.
La policía española aseguró que los islamistas "planeaban un
atentado como el del 11-M, pero con suicidas". "No sabemos dónde,
pero sospechamos que buscaban algún lugar concurrido, como el metro
o el tren". "Esta gente quería hacer mucho daño, dar un gran golpe
en Barcelona", señaló el responsable de otro cuerpo de seguridad que
participó en la operación. [16]
El 30 de agosto del 2008, con Zapatero en el gobierno español, la
policía marroquí informó que había detenido a 15 islamoterroristas
miembros de Fatah Al-Andalus (Conquista de Al-Andalus) que planeaban
atentar en España. Las fuerzas del orden marroquíes han asegurado
que el grupo Fatah Al-Andalus tiene “lazos operativos con islamistas
extranjeros a las órdenes de Al-Qaeda” [17]
El domingo 9 de noviembre de 2008, con Zapatero en el gobierno
español, un islamikaze talibán empotró su vehículo contra el convoy
de las tropas españolas en Herat, Afganistán.
El atentado islamoterrorista se registró en el sur de Herat, la
conflictiva provincia afgana en la que se encuentran desplegadas el
grueso de las tropas con las que España colabora con la Fuerza
Internacional de Asistencia para la Seguridad de Naciones Unidas (ISAF).
[18]
La lista es extremadamente larga a nivel mundial, continúa, y por
desgracia continuará. [19]
Abián sabe que el rigurosísmo religioso judío no tiene nada que ver
con el integrismo islámico.
Hamás reclama Al-Andalus. Los integristas islámicos no cejan en
reclamar la reislamización de la península ibérica y expulsar a los
cruzados que profanan Al-Andalus. [20]
Ningún grupo judío ha pedido judaizar España, o Sefarad, a
diferencia de los devotos del Islam yihadistas que exigen
reislamizar Al-Andalus, para lo que emplean bombas, y cometen
atentados.
El integrismo islámico alienta a sus seguidores que se autoinmolen
como shahids, islamikazes. El muy religioso judío se dedica al
estudio, tanto de la Torá como de las ciencias e intenta llevar una
vida lo más santa posible.
El riguroso religioso judío se extrema en no desarrollar ningún tipo
de trabajo prohibido en Shabat, en cumplir estrictamente el Kashrut,
comer según la ley de Moshé, en estudiar la Biblia, pero no en
predicar a los judíos, y aún menos a los no-judíos.
El judaísmo considera una falta ética intentar convertir al
no-judío, está prohibido. Si el gentil quiere convertirse, puede
tras un largo proceso. Para el judío observante, el judío está
obligado a observar las 613 mitzvot, y el no-judío está obligado por
Dios a cumplir los 7 preceptos de Noé.
El judío o no-judío que las cumple o no, es un problema de cada
individuo.
Los religiosos judíos no se matan entre ellos, a diferencia de los
integristas islámicos que se asesinan entre ellos, entre chiítas y
sunnitas, colocan bombas en mezquitas
. Desde 1950 más de once millones de musulmanes han muerto a mano de
sus correligionarios.
El judaísmo no hace apología al asesinato en nombre de Dios, a
diferencia del yihadismo que si apela a Alá, el Corán y la Shari´a
para asesinar al infiel.
Abián añade: Y para comprobarlas bastaría repasar el papel miserable
que ambos reservan a las mujeres, sea en Jerusalén o en la franja de
Gaza.
El Islam considera que un individuo es musulmán/a de nacimiento si
su padre lo es, aunque su madre no lo sea. El judaísmo considera que
un individuo es judío/a si su madre es judía, aunque su padre sea
no-judío.
Sólo esto basta para ver la gran diferencia en la consideración
hacia la mujer.
Abián acaba escribiendo: Los barbudos de ambos lados, unos con
tirabuzones, traje y sombreros negros, otros luciendo idéntico color
fúnebre con cintas verdes, dan miedo. Las sinagogas y las mezquitas
son sus cámaras legislativas. Si la racionalidad sigue fracasando,
no habrá quien siente a negociar en el futuro al rabino y al jeque
de turno de dos estados teocráticos. Como dice el refrán español: el
hábito no hace al monje.
Es cierto que hay algunos rabinos que visten de negro, pero la
mayoría no viste así. Pero aunque fuere que todos vistieran como
dice el panfletario antisemita Abián, los médicos generalmente
visitan con batas blancas, y los jueces llevan togas negras. ¿Es que
tiene miedo a las sotanas negras del clero católico?
En el judaísmo no existe un sistema piramidal de poder. La sinagoga
no es ninguna cámara legislativa, a diferencia de las mezquitas que
los son en Arabia Saudita y en Irán.
Desde el exilio de los judíos en Babilonia, hace 25 siglos, al no
tener acceso al Templo de Jerusalem, aquellos elegían
democráticamente un presidente y comité directivo en los pequeños
templos de la Diáspora, las sinagogas.
El comité directivo de cada sinagoga nombraba, y nombra como ocurre
actualmente, al rabino que desea y le contrata como a un trabajador
más. El rabino está sometido al comité directivo de la Sinagoga, y
este a la comunidad de judíos de cada sinagoga que se expresaba, y
expresa, en asamblea.
En el judaísmo no existe un sistema piramidal de poder.
Abián aprovecha el temor de la población europea en general, y
española en particular, a las mezquitas, por saberse por informes de
la misma policía y cuerpos de seguridad del estado, que una cuarta
parte de los fieles musulmanes que asisten a las mezquitas radicadas
en Cataluña simpatizan con el integrismo islámico, el salafismo, y
que muchas de ellas financiadas por Arabia Saudita y con imames y
jeques salafistas, están controladas por el régimen sunnita wahabita
de La Meca.
A lo largo de toda su historia ningún grupo religioso del judaísmo
ha legitmizado asesinar al no-judío para convertirlo o para
obligarle a seguir sus puntos de vista.
Alfredo Abián como todo antisemita y judeofobo, intenta igualar al
judaísmo y a las sinagogas con centros y religiones que dan miedo.
No todas las religiones son iguales, y no todas legitimizan asesinar
a los no-correligionarios y correligionarios.
El hecho de compararles muestra la poca inteligencia del
vicedirector de La Vanguardia, su poca profesionalidad y su odio
ancestral al judío, y al judío de las naciones, Israel.
Alfredo Abián no es más que un puro antisemita en versión medieval
que no se ha molestado en serlo en versión moderna.
Fuente:Guysen
El rabino y el jeque
Alfredo Abián
Israelíes y palestinos reanudarán el 2 de septiembre en Washington
por enésima vez su proceso de paz, bajo la batuta de Estados Unidos.
Desde que Israel declaró su independencia en 1948, los dos pueblos
están sumidos en una guerra ininterrumpida de distinta intensidad.
Más de 60 años acumulando odio y encajando fracasos diplomáticos no
son un buen presagio. Incluso buena parte de los actores ha
acentuado tanto sus esencias que ni sus respectivos antepasados los
reconocerían.
El Estado judío primigenio, con su fundador David Ben Gurion al
frente, y el movimiento de liberación palestino, con corrientes tan
dispares como las que encarnaron Yasir Arafat o Georges Habache,
tenían un fuerte componente laico. El primero tuvo acento
socialdemócrata, mientras que las modulaciones de los segundos
cabalgaban entre la burguesía nacionalista y el marxismo. Ahora
tenemos una nación hebrea y un simulacro de miniestado palestino
partido en dos, donde la religión cobra cada vez más peso.
En Israel, las sectas ultraortodoxas desafían cada vez más a la
autoridad civil. Aglutinan a cerca del 20% de la población –su nivel
procreador recuerda al de la China maoísta– y pretenden que la Torá
sea la Constitución del país. Más de uno se sorprendería de las
similitudes que tienen el rigorismo religioso judío y el integrismo
islámico. Y para comprobarlas bastaría repasar el papel miserable
que ambos reservan a las mujeres, sea en Jerusalén o en la franja de
Gaza.
Los barbudos de ambos lados, unos con tirabuzones, traje y sombreros
negros, otros luciendo idéntico color fúnebre con cintas verdes, dan
miedo. Las sinagogas y las mezquitas son sus cámaras legislativas.
Si la racionalidad sigue fracasando, no habrá quien siente a
negociar en el futuro al rabino y al jeque de turno de dos estados
teocráticos.