La Vida da Vueltas

por Tiberio Yosif Klein

Pareciera que el ser humano adolece de mala memoria, o al menos eso pretende si le conviene. Los nacionalistas de varios países de Europa oriental están reescribiendo la historia de la Segunda Guerra Mundial, al glorificar a los asesinos e ignorar el papel de estos en las matanzas de judíos.

Según un artículo reciente, en Kiev, Odessa y Lvov, cientos marcharon en enero para celebrar el cumpleaños de su héroe nacionalista Stephan Bandera, quien colaboró con los nazis para asesinar a miles de judíos durante la ocupación alemana de Ucrania en 1941. Días después el consejo regional ucraniano declaró que 2012 sería el año de la rama militar de la Organización de Nacionalistas Ucranianos, OUN, de Bandera.

En diciembre pasado el ministro de defensa de Estonia dijo que enviaría al parlamento un proyecto que daría un reconocimiento a los estonios que sirvieron en las SS, los que previamente habían asesinado judíos y gitanos con entusiasmo, por haber sido “luchadores por la libertad”.

En Croacia se hizo un homenaje a Ante Pavelic, su jefe de estado durante la segunda guerra mundial, que fue responsable del asesinato de cientos de miles de serbios, treinta mil judíos y cientos de gitanos, tras haber sido puesto en el poder por los alemanes.

En Lituania el ministro de relaciones exteriores Vygaudas Usackas dijo que la ocupación nazi entre 1941 al 45 dio algunos años de respiro sin comunistas. Pero también sin judíos, ya que fueron asesinados el 94,4 por ciento de los judíos lituanos, unos 220.000 con los colaboradores nacionales.

Es indudable que esta voltereta ideológica se está produciendo tardíamente como reacción ante lo que fue el comunismo de parte de los nacionalistas, para quienes el régimen comunista de sus países fue peor que cualquier cosa que hicieran sus acólitos ayudando a matar a los judíos durante la guerra.

Son resabios de la llamada “guerra fría” entre las ideologías occidental y comunista soviética. El mismo Pinochet, al igual que otros dictadores latinoamericanos, se esforzó durante su gobierno en demostrar en el resto del mundo y Europa en particular, que actuó bien al asesinar opositores porque estaba colaborando en la batalla de dicha guerra fría para que occidente ganara la guerra. De manera que eran, a su juicio, los verdaderos héroes de la jornada, y no los dictadores sangrientos que el resto del mundo veía en ellos.

Obviamente a estos nacionalistas sólo les interesan los beneficios políticos que pueden obtener al arrastrar a la población anticomunista; que por lo demás es casi toda, ya que en cualquier dictadura los partidarios son los que se benefician del régimen, y la mayoría sólo lo sufre. Durante el comunismo, la mayoría de las personas eran contrarias al régimen por ser totalitario y policial. A nadie le interesó la suerte corrida por los judíos, opositores y gitanos; después de todo, deshacerse de ellos significaba beneficiarse con sus propiedades, negocios, e incluso su ropa y muebles. Si se habla hoy en día con un alemán o descendiente de ellos, lo que contará es como los soviéticos, al entrar en Alemania durante la guerra mundial, violaron mujeres y niñas y asesinaron gente. Pero no se preocupan de lo que ellos mismos le hicieron al resto, especialmente a los judíos, eso no les toca. Pasan a ser las víctimas ellos. Y se enorgullecen de Alemania nazi porque argumentan que tuvieron que unirse muchos países para vencerlos, tan poderosos eran.

Las vidas de las personas pueden tener muchas vueltas. Algunas pueden ser beneficiosas, otras malas, pero cualquier cambio, indudablemente enriquece de alguna manera, incluso si es para mal. Moshé es un ejemplo de esos cambios. Primero fue hijo de esclavos hebreos; se salvó de la matanza decretada por el Faraón y pasó a ser príncipe en Egipto al ser adoptado por una hija del gobernante. Después debió huir al asesinar a un capataz, perdiendo todos sus beneficios y títulos. (Acá debemos hacer un paréntesis: si incluso hoy en día el hijo de un dictador hace lo que quiere, incluso matar, sin que le suceda nada, ¿alguien podría creer que Moshé debió huir por haber matado a un simple capataz? Seguramente lo que sucedió pudo ser una lucha por el poder con su hermano, el que finalmente ganó y terminó siendo el Faraón).

Pero para seguir con su vida, después se convirtió en uno más del clan de Jetro, pastoreando cabras en los cerros y teniendo hijos, seguramente por cantidades. (Nuevamente haremos una reflexión: nadie se enteró nunca de quienes eran, o que fue de su esposa Tzipora, o de cuantos hijos tuvo y como se llamaban. Esto sucede con todos los líderes, ocupados en su proyecto y no en sus hijos. Sucedió con los hijos de Herzl, de Ghandi, de Einstein y tantos otros).

Después Moshé recibe el mandato de D´s y vuelve a Egipto para liberar a su pueblo de esclavos después de los cuatrocientos años que estuvieron subyugados. Incluso reclutó a su recién conocido hermano, Aarón. Notable. Y tras conseguir doblegar al Faraón con las plagas y milagros, se vuelve estadista duro y férreo. Hay que recordar como ejecutó a los que pretendían hacerle un golpe de estado. De manera que terminó siendo el mandatario absoluto de toda esa gente que le seguía, y durante cuarenta años, hasta que murió a los 120 años sin poder entrar a la Tierra Prometida (Otra reflexión: ¿Es posible que D´s lo castigara por golpear y hablarle mal a una piedra de la que quería obtener algún tipo de beneficio? ¿Después de que había liquidado a tantos oponentes, guerreado con tantas tribus del desierto? Extraño).

Cuando fue la Guerra de los Seis Días, Israel era un país débil, acosado por sus enemigos, lo que por lo demás ha sucedido sin parar desde que existe. De manera que al vencer a sus enemigos se transformó en un país heroico. Incluso al llegar a París, rumbo a Israel como voluntario, en el aeropuerto francés, al enterarse la gente y los funcionarios que íbamos a ayudar allá, detuvieron sus trabajos y trámites y nos dieron un aplauso cerrado que nos dejó atónitos. Pero las cosas cambiaron, Israel pudo controlar los territorios que los países árabes no quisieron recibir de vuelta a cambio de hacer la paz, y terminó por hacerse fuerte. Por lo tanto, los débiles pasaron a ser los árabes de esos territorios, que pasaron a llamarse palestinos gracias a lo planeado en su momento por los egipcios y sirios, con la ayuda de la Unión Soviética. De manera que se dio vuelta la moneda una vez más, y por extensión los judíos, antes y siempre perseguidos, por extensión han pasado a ser opresores. Esto ha sido magnífico para los antisemitas de siempre, que han obtenido un pase libre para denostar a los judíos con el rebalse de la crítica a Israel.

Los judíos en Chile estaban convencidos de que la población es tolerante y acogedora, lo que no está alejada de la realidad. Excepto si se trata de judíos. Porque si bien la gente no hace nada en contra, la opinión generalizada del pueblo respecto a los judíos, a los que generalmente no conoce, es atroz. Tanto que en toda reunión, si se saca a colación a los judíos – lo que no sucede con frecuencia, a nadie le interesan demasiado -, la opinión casi unánime es descalificatoria. En cuanto a política, para los de derecha los judíos son “comunistas”; para los izquierdistas, son “capitalistas”. Para los que no son ni uno ni otro, son aprovechadores, avaros, explotadores. Israel dominaría a Estados Unidos; muchos están convencidos de que los judíos quieren dominar el mundo. (Muy ineficientes deben ser los judíos, si en cinco mil años de su historia no lo lograron…). En resumen, la opinión de las personas sobre los judíos son desastrosas, y esto sin que conozcan a ningún judío. A menos de que se trate del típico antisemita que se intenta liberar de esa calificación al argumentar de que “tiene un amigo judío”. Este pobre intento es como el que el antisemita actor y director estadounidense Mel Gibson dio al pretender zafarse de ser calificado de antisemita diciendo que la actriz que hacía de la madre de la Virgen María en su película católica era judía; como si alguien hiciera una película descalificando al catolicismo, y pretendiera argumentar que no es anticatólico porque algún actor o actriz participante fuera de esa religión.

De modo que nuevamente ha habido una vuelta; el país no parece ser tan seguro como ha parecido, el antisemitismo es como la basura bajo la alfombra: no se ve, pero no por eso no existe.

Para los judíos, a lo largo del exilio ha habido altos y bajos. La vida ha sido de dulce y agraz. Muchos ricos que huyeron de las matanzas europeas se volvieron pobres, y algunos de los pobres que lo hicieron terminaron siendo ricos. Las comunidades más asimiladas y que más aportaron a sus países, como las de Alemania, terminaron siendo las más perseguidas por sus connacionales, para su sorpresa. Y aprovechadores y sinvergüenzas como el Schindler de la guerra mundial, terminaron siendo héroes que se arriesgaron para salvar personas judías.

Bien saben los judíos que, como pintaba Chagall, la vida es como la del violinista en el tejado, siempre en equilibrio a punto de caer. No pocos judíos no lo toman en cuenta o no lo saben, como los ultra ortodoxos que siendo minoría discriminan, pretendiendo que otros judíos sigan sus dictatoriales reglas, tal como sucede en Israel; e incluso en este país, donde para los ortodoxos cualquier judío que no lo sea, no es judío, sólo ellos pueden serlo, son los elegidos.

Pero, tal como sucede con los asimilados, e incluso con los conversos, cuando llegase a haber problemas o si llegara a haber alguna persecución antisemita, correrían a pedir protección a las instituciones creadas por los judíos, en las que no participaron y nunca ayudaron, y de las que incluso se burlaron. Lo que también sería el caso de esos ortodoxos intolerantes, que correrían a pedir ayuda a los que no consideraron dignos de ser judíos, que serían los únicos que podrían ayudarles en esos días tormentosos.

Vueltas de la vida.

 

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