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En busca
del Liderazgo

por
Tiberio Yosif Klein
Desde los
tiempos del sultán turco Solimán, llamado en occidente
“El Magnífico”, los musulmanes no tienen un líder
claramente identificado. La búsqueda de eso ha
ocasionado múltiples conflictos entre los países
musulmanes, más que nada los del medio oriente; porque
los grandes países de ese credo del lejano oriente, como
Indonesia, no parecen estar interesados en ser los que
estén al frente de su religión e ideología.
Hace mucho tiempo se ha dado una lucha sorda para
obtener la hegemonía. En el pasado, el presidente, más
bien dictador, de Egipto, Gamal Abdel Naser, intentó por
todos los medios ser el que sobresaliera y fuese seguido
por los otros estados árabes. Incluso creó una alianza
con Siria para ello, pero finalmente no le resultó, y
todos los acuerdos construidos se desmoronaron como
castillo de naipes.
Arabia Saudita ha pretendido obtener ese liderazgo
apoyada en su gran ventaja, que es la de tener en su
territorio a la ciudad sagrada de la Meca - con el cubo
de la Caaba que contiene el aerolito que ha sido
venerado hace miles de años, mucho antes de que
apareciera Mahoma con su nueva religión -. Con un
régimen autoritario y duro, los saudíes mantienen el
orden gracias a su sistema policial tan típico de los
países musulmanes de la región. Cualquier intento de
sublevación o acto terrorista es duramente aplacado. Es
indudablemente líder entre los musulmanes suníes,
justamente por esa ventaja de tener los sitios sagrados
en su territorio. Los suníes, que representan más del
ochenta por ciento de los musulmanes, consideran que la
sucesión de Mahoma, y por lo tanto de la religión misma,
corresponde a un árabe, descendiente de la tribu de
este, los Quraish de la Meca. Sin embargo no han podido
liderar a los países suníes con un mandato político que
les de una preeminencia entre los demás.
Hay que recordar que los países de la zona son nuevos,
por mucho que estén en territorios con historias
milenarias. Fueron los europeos colonialistas los que
los inventaron después de la primera guerra mundial,
específicamente con el tratado secreto entre Francia y
Gran Bretaña, el Siques-Picot, denominado así por sus
signatarios. Esto significa que por mucho que todos sean
musulmanes, dentro de ellos convive una multitud de
etnias diferentes que en su momento fueron convertidos
al Islam por las buenas, y generalmente por las malas.
De manera que muchas veces hay antagonismos entre ellos,
distintos de los que tienen por la religión misma, y eso
dificulta la aceptación de cualquier liderazgo externo a
su propia gente. Porque esos países, por mucho que estén
adoptando la tecnología moderna gracias al dinero
obtenido por el petróleo, están conformados por tribus o
clanes que tienen costumbres propias, muchas veces
diferentes a las de sus coterráneos.
Aparte de lo anterior, la separación del Islam en las
dos corrientes más conocidas, los suníes y los shiítas,
hace que haya dos grupos prácticamente irreconciliables,
según la costumbre de las gentes de la zona, esto es,
odios, vendettas, honores mancillados y todo eso. Esto
viene desde el comienzo mismo del desarrollo de la
religión. Al contrario de lo que los suníes consideraron
como sus líderes, los shiítas eran aquellos que
consideran que Alí, el primo y yerno de Mahoma que fue
el cuarto califa, era aquel líder al cual seguir. Unos
seguían a Muawiya, miembro de la familia de los Omeyas y
gobernador de Siria, y otros a Alí. Se produjo una
batalla en Siffín (657 DC) entre los partidarios de
ambos grupos. Alí aceptó que las diferencias con Muawiya
se resolvieran por un árbitro independiente, que falló
por este. Alí se replegó en Kufa, su capital en el
actual Irak, donde conservó su poder político. Pero
algunos de sus partidarios rechazaron este arbitraje y
abandonaron el campo de batalla; serían conocidos en
adelante como “jarivíes”, “los que salen”. Después
entrarían en guerra con Alí, al que asesinaron en la
mezquita de Kufa en enero de 661. Entonces fue cuando
aparecieron en escena los shiítas, nombre que viene de
“Shiat Alí”, “partido de Alí. Desde ese momento se
produjo una separación entre suníes y shiítas que no
llegará a solucionarse, tanto por lo que lo ocasionó
como por la sicología misma de los árabes. Esto hace
casi imposible que chiitas pudieran aceptar un liderazgo
de suníes, y viceversa.
Durante el auge del Imperio Otomano, este mantuvo un
liderazgo musulmán aparente debido a su dominio sobre el
mundo árabe, el que incluía los lugares sagrados de la
actual Arabia Saudí. Pero esto no era aceptado por sus
súbditos debido a la brutal opresión con que los turcos
mantenían férreamente dominados a estos. De modo que
aunque ellos creyeran que eran los que mandaban en el
Islam, en realidad no lo hacían con nadie.
Hoy en día prosigue el sueño de ser el país dominante
sobre los musulmanes. Este es un resabio de los
comienzos de la religión, durante los que en efecto
había dirigentes y etnias que mandaban sobre los demás.
Como se ha dicho, Egipto lo intentó en el pasado y el
Imperio Otomano lo fue sólo por su opresión. Arabia
Saudita se cree su propio cuento al tener en su
territorio los sitios sagrados, pero no por ello es
aceptada por los demás; para los musulmanes, los lugares
sagrados son un sitio independiente del estado en el que
están, están sobre eso. Y otros países del medio oriente
ni intentan ser los líderes; entre ellos Jordania, Yemen
o el aún cosmopolita Líbano. Y ni que decir de la
supuestamente laica Siria. Irak está convulsionado, y la
guerra civil que se avecina con la salida de las tropas
estadounidenses no presagia nada bueno. En cuanto a
otros países musulmanes más alejados de la zona como
incluso Pakistán, no parecen estar interesados en ningún
tipo de liderazgo.
A Turquía lo tiene en estado de excitación la idea de
ser quien maneje los destinos de los musulmanes, más que
nada basado en su supuesta laicidad, desde la que sin
sutileza ha ido su gobernante derivando hacia un Islam
más abarcador de la sociedad toda. Empero es difícil que
logre su gobernante llegar a eso, más que nada porque el
ejército, fiel a su espejo que es Ataturk, no acepta con
facilidad este giro hacia la religión. Prueba de ello ha
sido la reciente destitución del general que fue acusado
de intentar un golpe de estado; lo que podría ser la
punta de un iceberg de movimiento de sables.
El que ahora está en la carrera por destacarse entre los
gobiernos islámicos está Irán. Con un incontenible deseo
de demostrar su capacidad de liderar a los musulmanes,
hace lo imposible por exhibir un poderío y capacidad de
enfrentar a quienes considera sus enemigos, Israel y
Estados Unidos. El sólo tener la tupé de expresarlo
públicamente hace que sea popular entre el acomplejado
mundo árabe. El problema que Irán tiene para un
liderazgo es que es shiita, y por lo tanto enemigo real
de los países sunitas como Arabia Saudita, Jordania, y
casi todos los demás. Sólo podría lograr ser seguido si
llegara a la aventura de enfrentarse realmente a la
potencia estadounidense, aunque no sería por mucho
tiempo. El ejemplo de lo sucedido con Irak y su “madre
de las batallas” podría ser el resultado de una locura
como esa, ya que Estados Unidos es demasiado poderoso
frente a un Irán que ladra mucho, muerde algo, pero
finalmente terminaría por ceder con pérdidas extremas.
Lo que en todo caso sería muy peligroso para Israel, ya
que tal como en su momento, al ser atacado Irak
bombardeó a Israel con la esperanza de ser seguido por
los otros países árabes, lo que no sucedió.
Lo curioso es que en este caso del Irán shiíta, sus
adversarios en la religión, en especial Arabia Saudita y
Jordania, podrían ver a Israel como su socio en lugar de
enemigo. Y podría suceder la rareza de una alianza entre
los mencionados para enfrentar a un desatado Irán, que
es un peligro potencial para Arabia Saudita en especial.
De manera que a pesar de intentarlo, aún no ha llegado
la hora de un liderazgo regional, y así como van las
cosas no se ve que estén cerca. En cuanto al polvorín
que es medio oriente, donde en cualquier momento puede
estallar un conflicto desde cualquier ángulo, lo más
probable es que este se produjera entre correligionarios
en lugar de que suceda con Israel, lo que empero sería
muy peligroso, doloroso y difícil para el país judío.
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